domingo, agosto 22, 2004

(Tro)poesía

Harold Bloom plantea que la poesía es uno de esos raros campos que i-lustran la manera en la que es posible romper la forma para producir un significado. De este modo, el «lustre» de la poesía —o mejor dicho, de la significación poética— radicaría en la desintegración de la forma: en el «estallido de un destello visionario» —señala el mencionado autor. Así, en la medida en que un tropo es metaforizado se tendría siempre un traslado desde el signo a la intención, una transformación casi teleológica en la que el signo encajaría en su propia ausencia, llenándola consigo misma. Ello le otorgaría un sorprendente filo liberador, por ejemplo, a la lectura de la poesía, una especie de desacato como el que movía a las poetizas en la plaza de Tiananmenn, allá a finales de la década de los ochenta. Cuánta magia hay en ello.

Pero ¿y si la poesía es sólo un desierto, un paisaje intimista de relieves y dunas marcado, por ejemplo y en mi caso, por las interminables soledades de vino tinto y manzanas con queso crema, de antiguas habitaciones llenas de vacío y ropa sucia? Pero ¿y si resulta cierto —como dice Luis Chaves— que la poesía no es un oficio, sino una desgracia, una especie de deformación del pensamiento (i. e. «como el padre que a escondidas mete las narices en la ropa íntima de su hija» —Chaves dixit—)? ¿Acaso verdaderamente sucede que cuando el poeta escribe le crece la nariz? Si la poesía es así, qué lástima me da... [no ser un más que un poetry wannabe y compose it in the air].

1 comentario:

Larva ♓ dijo...

"¿Acaso verdaderamente sucede que cuando el poeta escribe le crece la nariz? Si la poesía es así, qué lástima me da... [no ser un más que un poetry wannabe y compose it in the air]."
OPINO COMPLETAMENTE LO MISMO.