martes, junio 01, 2004

Más acerca de las pelis... (iba a hablar del PAN y Calderón, pero lo dejo para un día con menos sueño)...

Hace poco planteaba por aquí que las películas jolibudenses son un buen termómetro del fantaseo gringo con respecto al terror. Aclaro que no soy un cinéfilo, ni sé nada de cine. Al contrario, más bien diría que soy medio naquito en ese aspecto(y en muchos otros). Así es que lo que diga estará marcado por ese sesgo. No voy a hablar aquí de los supuestos "teórico-academicistas" de los que parto. Creo que ésos están en el otro post [que por cierto se llama "Cuando el destino (manifiesto) nos alcance"]...


Pues bien, hoy vi la cinta titulada "El día después de mañana" (curiosamente, la otra película acerca de la que escribí también estuvo protagonizada por Quaid). De entrada, vale más que diga que la dichosa película es un churrototote marca diablo. Aunque tiene sus momentos divertidos: 1. Los gringos pasándose de ilegales a Tijuana y zonas aledañas a los 3000 km de frontera norte; 2. Los mexicanitos cerrando las fronteras porque los vecinos gueritos estaban llegando por carretadas, literalmente y; 3. Los mexicanitos abriendo las fronteras con la condición de que la deuda toda fuera perdonada (y lo fue). "Una migración inversa", decía la reportera que daba cuenta de los hechos desde lo que a mí me parecía, era la frontera con Tijuana. Juro que no me pude aguantar la risa (pido diculpas a los asistentes a la sala cuatro/función de ocho:quince de los Lumiere de acueducto).

Como ya decía, creo que este tipo de películas son adecuadas para sondear esa especie de sustrato que se enraiza en el fantaseo (gringo) con respecto al terror. Sobre todo si uno va al cine mirando como de ladito, y con una actitud un tanto perversona. Así, además del evidente objetivo de corte Malthusiano/Club de Roma/Kyoto/Greenpeace que parece ser el elemento más obvio del argumento, creo que hay detrás, o por encima, una línea más retorcida y que refleja el "santo horror de lo real", por decirlo con Hegel: en toda la estructura ontológica que constituye el poderío estadounidense hay un centro ausente que deriva en un vacío innombrable, indecible, en el absoluto negativo: el terror(ismo). En este caso, el agente que introduce el terror no tiene rostro (es La Naturaleza misma ¿qué mejor Gran Otro?), carece de una identidad en el más puro sentido del término, y por lo tanto, el terror que produce es más efectivo, más profundo. Lo que resulta de esa efectividad terrorífica es aquello a lo que más se le teme en las cúpulas gringas: al vacío de poder. Frente al Uno (E.U.)sólo está el innombrable Gran Otro, y éste no es Irak, ni Afg, ni Osama, ni Caro Quintero, sino la mismísma Madre Naturæ (que en este caso cumple un doble papel: el de la Madre y el del NombredelPadre), y ésta derrumba la arquitectura institucional del país más poderoso del mundo: primero vemos que el presidente muere y, luego el vicepresidente [sobre cuya conciencia recaen buena parte de las muertes,por haber hecho caso omiso de la ciencia], desde un campo de refugiados en Mexicali, asume el "poder"). Lo que queda es un enorme hueco, un centro ausente de la ontología política estadounidense. No quiero aburrir todavía más haciendo alusión a escenas específicas que me parecen significativas para sustentar lo que estoy diciendo ¿Para qué decir que la Estatua de la Libertad, que el mexicano que pule el piso y no se da cuenta de nada hasta que abre aquella puerta?. En fin, la película termina con el nuevo presidente gringo cuasi arrodillado frente al (sic) tercer mundo, agradeciendo su hospitalidad. Detrás de esto hay, creo, un peligroso planteamiento racista/imperialista que hace evidente la necesidad de interrogarse acerca de cómo reaccionarían los mandos neoconservadores estadounidenses en el contexto de una contingencia ambiental. ¿Qué mayor miedo puede derivarse de ese terror? A nosotros nos da risa imaginar siquiera a un gringo atravesando de wetback el Río Bravo... ¿Pero que sentirían los gabachitos al ver esa peli? ¿Verdaderamente E.U. pediría la ayuda del tercer mundo, apelando a su hospitalidad y generosidad? ¿O la actitud sería claramente jalisquilla y jorgenegretesca, es decir, que los E. U. nunca pierden, y cuando pierden, arrebatan? Para decirlo junto con Morpheus (con Zizek too): Bienvenidos al desierto de lo real...

Ræncoria

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