lunes, febrero 20, 2006

Carnes frías

Nel, era carnicero, el güey. Él se creía ganadero, pero ni madres. Chambeaba en una carnicería. No más. Por una puta vaca que vendió en su vida ya se creía el rey de las reses. Andaba con su pinche mandilito sangrado todo el día. Por eso tardaron en darse cuenta. Méndigo panzón. Los domingos le caía a la plazoleta. Esperaba a la Adriana, su morra, a un ladito del quiosco. Todo emperifollado, con su tejana chafa y su cinto piteado. Chale, la tejana tenía una plumita verde, no mames.

[Perdón, no me quería reír.

Y las botas. Las botas estaban re-curadas, con una cabeza de víbora en la punta.

[Deveritas perdón. Me gana la risa.

Ridículo como el sólo. Feo, el cabrón. Y le valía, al güey, siempre de volado con las gatitas del barrio. No tenía pa tragar, pero eso sí, el sonidazo en la camionetilla no le paraba. Sí, pos pura banda. Ni sé… un cabrón que canta re feo, pero que les gusta un chingo a las viejas. Sabe.

Simón, el güey cantoneaba cerca de mi chante. En la casa de la esquina, la de dos pisos. Esa mera, la blanquita con tirol. Dicen que sus carnalas se encueran en un taibol y que a su jefe lo metieron al bote. Quién sabe, la neta. Ahí sí que yo no me meto. Lo que es cierto es que estaban súper buenas, las cabronas. Y el jefe se veía medio mafioso. Pero pos hasta ahí.

La neta no sé. Yo creo que el güey estaba encabronado porque su carnalillo vio una foto de su vieja una vez que fue a mi casa. Ey. Es que cotorreaba con mi carnalito. Entonces yo todavía ni me fajaba a la güera, ni nada. Éramos compas y ya. Le puse un repegoncito de vez en cuando, en la secun, y hasta ahí. Igual que a las otras morras. Después, ya de grandes, nomás platicábamos. Ah, pero al vatillo cómo le encantaba hacerla de pedo. Un día ya se andaba partiendo la madre por querer echarme la camioneta encima. Me vio y le aceleró bien machín. Yo lo que hice fue subirme a la banqueta y el pendejo por poco se embarra en la pared. El Garbanzo iba conmigo, y casi se caga del susto. Pos es que está bien chaparro, y ha de haber visto la méndiga troca bien cabronzota. Nel, él no tiene nada qué ver.

Varias veces estuvimos a punto de trenzarnos, yo y el matapuercos. Lo mas cabrón fue un día que el pendejo ése andaba pedo. Pero su morra lo calmó y se lo llevó quién sabe pa donde. Total que nunca nos agarramos a putazos. Poco faltó, eso sí. ¿Motivos? Pos ese que le digo: una pinche foto. Y ni siquiera estaba encuerada, la güera.

A final de cuentas, la neta, fue el matapuercos el que tuvo la culpa por andar pensando sus chingaderas. Yo ni en el mundo la hacía, a la Adriana. Es más, yo tenía mi vieja. Pero el güey se manchaba y se manchaba: que por qué tiene fotos tuyas el cabrón; que mira donde me de cuenta que sí andas con ése; pinche puta arrastrada, y linduras así, le decía. Se me hace que un día hasta le pegó. Y pos a huevo, la morra me buscaba para contarme, porque estaba preocupada por mí. Lloraba como una magdalena, la condenada. Y en una de esas, pos, toma. Se le hizo.

Y oh sopresa.

Le ponía re-sabroso, la canija. O sea, el pinche matapuercos sí tenía de que preocuparse, la neta. Ya después, hasta me daba lástima. Me lo imaginaba esperándola. Hasta noble me parecía, el güey. Ahí, sentadillo en los cajetes, con su barrigota y su carita de pendejo. Y mientras la morra ocupada acá, en lo suyo. "Usté no hable con la boca llena, mija".

[Otra vez, perdón por la risa. Se me sale.

El caso es que ya entrada, la morra se ponía bien vulgarzota. Le gustaba de todo. Simón, es que me enteré que la Adriana nomás tenía la carita de santa, porque de lo demás, era bien golfilla. Pinche güera. No nomás le ponía conmigo. Andaba con un narquillo de medio pelo. A huevo. Camionetudo y con sombrero. Es que le gustaban vaquerones a la vieja. Y también con un morrito bien mocoso, fresilla. Sí, de allá arriba, de las colonias chidas. Ah, y el Negro, el minibusero, también se la dejaba caer. No si le digo. Navegaba con bandera de pendeja, pero ni al caso. Se las sabías de todas, todas. Sí, perdón.

[Chingada madre. Primero me da risa y luego me dan ganas de chillar.

No sé cómo me fue a embarcar en sus pedos, la Adriana. Ella ya lo tenía planeado todo. Me cae que sí. Hasta achacarle el bebé al mocoso fresilla ése. Quién sabe a dónde se hayan largado. Han de estar en Los. Y es que como decía mi abuelo: jalan más los pelos de una morra que los bueyes de una yunta, me cae. A mí, cuando la güera me lo insinuó, se me hizo fácil. Es que me traía bien enculado. Chale, pos si al final yo fui el que le dijo que lo hiciéramos. Méndiga güera. Ni siquiera le costó trabajo convencerme.

[No, si no estoy llorando. Es sudor.

Total, el méndigo carnicero me caía en la punta de los ésos. Estaba papa, el asunto. Y ya entrados en gastos, hasta me lo quitaba de encima. Y me quedaba con su vieja, jeje. La onda era nomás sacarle un sustillo. Nomás. Que se le quitara lo ojete y punto. Que dejara en paz a la morra. Quién chingados iba a saber que estaba malo del cucharón. Le reventó al cabrón. Puta, no le paraba de brotar sangre del hocico al hijo de su chingada madre. Y yo con el cuchillo ahí, sin saber qué hacer. Ni lo piqué ni nada. Del puritito susto se chingó. Temblaba retefeo. Sí, medio me apendejé. Lo limpié lo mejor que pude. El aserrín tirado en el piso disimulaba las manchotas de mole. Total, en una carnicería, la moronga sobra por todas partes. Ya que quedó más o menos decente lo jalé pa la esquinita. Sí, a su silla. Pos nomás lo senté medio acomodado, junto al refrigerador, donde se echaba la coyotita diaria, después de freir el chicharrón y me fui al carajo. A mi casa, pues. Cuando su patrón llegó al otro día, creyó que el matapuercos andaba pedo, como de costumbre. Lo dejó dormir la mona un rato. Hasta que se dio cuenta que el chicharrón no estaba preparado, y lo quiso despertar pa que se pusiera a chingarle. La comadre de mi jefa se dio color. Andaba desde tempra comprando su kilito de cocido pal caldo de res. Dicen que la doñita se fletó toda la acción, cuando el dueño le grito al méndigo peón: “Ora pinche panzón, ahí está la pastura. Ponte bello”. Y no respondía y no respondía. Dicen que cuando lo tocaron estaba re frío. Y bien tieso. Fue un pedo pa sacarlo de la carnicería. Se armó un escandalazo del demonio. Ambulancias, el SEMEFO y todo el desmadre. Y pues aquí me tiene. Sí, ya sé.

Pinches viejas, me cae.

martes, febrero 14, 2006

Esto sí es un ensayo.

Y es por todo ello que Marx estaba tan fascinado con el dinero qua mercancía.

martes, febrero 07, 2006

Piti

Tuvimos que deshacernos de ella cuando le salió el tercer cuerno. Nos dolió mucho, porque ya era como parte de la familia. Le llamábamos Piti. Todos estábamos acostumbrados a saludarla al levantarnos de la cama, a sacarla a pasear de vez en cuando, a acariciarla antes de la comida, a disfrutar de su compañía. Pero luego del cuerno, haberla tenido un día más era demasiado. Pensamos en liberarla en su hábitat natural, pero sabíamos que siempre regresaría a casa, odiándonos. Era demasiado peligroso; más aún que haberla conservado. Al final, fue como cortarse un brazo o algo así (aunque de cualquier manera, si no la hubiésemos sacrificado, seguro que ella nos lo habría arrancado de un tajo). Nos lo advirtieron cuando la adoptamos: “de pequeñas es imposible identificarlas”; “todas son igualitas, preciosas, pero muy peligrosas”; “muchas veces la gente sólo se da cuenta cuando ya es demasiado tarde”, etc. Como saben, es necesario firmar un acuerdo en el que se libera de toda responsabilidad a la agencia de adopción. Pero el riesgo vale la pena. Verlas retozar al sol, escucharlas cantar, dejarlas enredarse en el cuello de los bebés, mirarlas concentradas tratando de descifrar un acertijo o apreciando las puestas de sol (a la nuestra le fascinaba esto último, sobre todo cuando le acercábamos un cuenco de grasa tibia para que lo lamiera); son un espectáculo hermoso. Si hemos de ser sinceros, debemos decir que la nuestra creció lento, por lo cual estábamos llenos de esperanza [digo la nuestra para referirme a ella y empiezo a sospechar que, más bien, nosotros éramos los que le pertenecíamos]. No fue sino hasta su primer lustro que le brotó la familiar protuberancia roja cerca de la parte más septentrional de su anatomía. Si se la acariciabas enrollaba un poco sus deditos traseros, y producía un siseo que era casi como música. Una década después le salió la siguiente protuberancia. Como es normal, ambas comenzaron a crecerle, cada vez más rojas y brillantes, hasta convertirse en unos hermosos cuernos. Pasaron cerca de siete años más, y todo parecía ir a la perfección. Como sucede con las de su especie, se le fueron cayendo las patitas poco a poco. Teníamos mucha fe en que no fuera como la anterior, que le había costado la vida al tío Adrián. Estábamos tan contentos con ella. Como sabíamos que el tiempo en que le saldría el tercer cuerno (o se le caerían los dos anteriores y se convertiría en algo aún más bello) estaba por llegar, la revisábamos a diario. Cualquier indicio o variación que notáramos se ponía por escrito en la detallada bitácora que controlaba papá. Teníamos turnos para vigilarla día y noche. La verdad es que estábamos muy preocupados. Hasta ayer, en que apareció el desafortunado punto rojo, muy cerca de su fulgorosa cornamenta. Casi al instante ella se volvió violenta, rabiosa. Había odio en sus ojos. Se agitaba horrible. Le tiró un terrible zarpazo a Juanita, quien estaba de guardia junto a ella y se había quedado dormida. Tuvo suerte. Aunque creo que la cicatriz en su rostro le va a durar toda la vida. Entonces papá, con lágrimas en los ojos, acercándose lo menos posible, la desenchufó de la corriente eléctrica. Mamá y las nenas lloraban mientras atendían a Juanita. Yo apenas podía respirar. Los mayores guardaban un pesado silencio, mientras hacían los preparativos para ir a reponerla al día siguiente. No había más qué hacer. Nadie durmió en casa aquella noche. Nadie más comentó el asunto. Todos estábamos tan tristes. Pero sobre todo, teníamos tanto miedo...

miércoles, febrero 01, 2006

Feliz (no) cumpleaños

Primero lo inimaginable: el gato. Por supuesto, lo bauticé como Hegel, porque ¿qué otro nombre se le puede poner a un gato inimaginable y nacido sin cola, sino Hegel? Tal vez Teodoro Adorno, pero… nah. Luego ¿qué otra cosa después de recibir como regalo un minino sino ir al estadio a ver jugar a las chivas con el lo coloco? (por qué el equipo que se dice más mexicano se uniforma con la bandera de Estados Unidos). Tras las lógicas cervezas futboleras y el abultado y birriero marcador de 5 a 3 —gol del Bofo incluido—, se imponían obligatoriamente unos taquitacos allá en tabachines (hasta escribirlo es sabroso), con sus respectivas cocas (salvo el Chiva, que prefirió horchata). Porque hay que recordar siempre: un taquitaco sin coca no es taquitaco. Birria, lengua y pastor. Gracias. La infaltable discusión acerca de que la publicidad de la coca cola metaforiza el modo en que la realidad se construye alrededor de un vacío (ve los anuncios: tú sabes que ahí hay una coca, sin embargo, también sabes que ahí no hay una coca). Finalmente —por qué no— rechazar insistentemente una altamente midnight venta por teléfono [¿será que los adverbios son intencionales? Si es así, por qué]. Y ya rumbo a casa, Laclau emocionada me dio una lección intensiva de alta cocina (espero que no nos corra pronto al Hegel y a mí… es que odia los gatos). Y justo en el delicioso momento en que aún no se está dormido por completo, pero tampoco se está despierto, entendí, por fin, que un cumpleaños no significa un año más de vida, sino uno menos.
_____Vaya que me divertí en serio. Lo que todavía no me queda claro es exactamente cuánto.

jueves, enero 26, 2006

Heteronomías

«Ha aparecido en mí mi maestro», decía Pessoa —palabras más, palabras menos— al referirse a Alberto Caeiro. Sin duda, de sus más de setenta heterónimos (y de entre sus tres más conocidos) éste último es el más enigmático y espinoso, todo aquello que Pessoa no era, y quizá el núcleo desde donde se originarían, luego, las voces de Ricardo Reis y de Álvaro de Campos. Pessoa no se explica sin Caeiro al igual que Hitler no se explicaría sin Cristo. Hay en ello una especie de visión paralática, una actualización de la dialéctica en la que Caeiro y Pessoa sólo pueden estar unidos mediante un cortocircuito: no son dos entes separados, sino el anverso y el reverso de la misma moneda.
____Sin duda, la raíz poética de Caeiro evidencia la tremenda pesadez de la levedad de lo cotidiano. Pareciera que en principio, el ejercicio del oficio poético constituye, para Caeiro, una especie de vía dolorosa, un peregrinar errante, ineludible. Él no hace poesía; la poesía le ocurre a él: si Caeiro escribe porque padece, también padece porque escribe. Porque se escribe, porque se disecciona a sí mismo en cada palabra, debido a que se abre en diagonal en cada verso. La poesía lo atraviesa en la misma medida en que él atraviesa por la poesía. Y quizá esta apertura tenga como límite, como punto de contacto, la vida misma. Ésta es, tal vez, una posible clave de lectura para entender la raíz poética de este querido heterónimo: tal como decía Octavio Paz: Caeiro no cree en nada: simplemente existe

de esta manera o de la otra,

como si vivir fuese la obsesión más pura, una vía de acceso a algo intangible, al núcleo duro. La vida como una puerta. Y conexión de Caeiro con la vida no significa, siempre, una reconciliación. Más bien al contrario: es un proceso tortuoso, que por momentos lo aleja de la Razón, es decir, lo lleva bordeando el desfiladero de la locura, lo hace escribir

con tino o sin tino,


a veces a patadas y echando espuma por la boca, con un terrible dolor en el vientre. Desesperado. La poesía como un infierno histérico. ¿Será entonces que la verdadera cercanía con la vida, con lo Real de la vida, es en ocasiones horrenda? ¿Acaso más que librarse de las ataduras, la libertad no radica en reconocer precisamente una brecha irreducible y constitutiva de uno mismo? Pero en otras, cuando la distancia entre Caeiro y la vida se reduce, y sus palabras son certeras y dan en el clavo, le parece que ha logrado traducirse

diciendo a veces lo que pienso,

____Aunque esto no siempre es así. Escribir, para Caeiro, pone de relieve una especie de incompletud, que lo obliga a reconocer que sus ideas nacen en ocasiones limpias y transparentes, pero, inevitablemente también las ideas se abortan, nacen muertas unas, y

Otras a medias y con impurezas,


____A ello se suma una especie de impulso incontrolable, una obsesión que le obliga a reconocer la pesadez que le provoca la escritura, el contacto con eso que imbécilmente creemos que es la voluntad, la razón. Por eso a Caeiro no le es difícil decir:

Escribo mis versos sin querer,

aceptando la liviana cotidianidad del lenguaje, desmitificando al mismo tiempo el oficio del poeta/escritor. De modo que lo sitúa como un padecimiento, como algo que (le) ocurre sin desearlo. El heterónimo se deja habitar, pues, por el yugo de la poesía como una parte más de su identidad, de ese contacto con la vida que lo obliga a no pensar, sino a existir, como si la poesía no fuese una mentira,

Como si escribir no fuese algo hecho de gestos,
Como si escribir no fuese algo que me acontece,

Tan natural [¿pero acaso hay algo verdaderamente natural?]

Como tomar el sol si salgo.


____¿Acaso lo anterior no implica un posicionamiento radical que deja entrever que la poesía vive a Caeiro y no a la inversa, que ésta le emerge de manera visceral, más allá de toda Razón? De forma que el entrañable heterónimo nos aclara:

Procuro decir lo que siento,
Sin pensar en lo que siento,

Escribir sería entonces, para Caeiro, una especie de instinto, algo que forma parte de su existir. Para demostrarlo, se deshace del vínculo entre Razón [pensamiento] y Mundo [palabra], por eso nos dice:

Procuro encastrar las palabras en la idea,
Sin usar el corredor,
Del pensamiento a las palabras


Así,

tras mucho divagar mi pensamiento cruza a nado el río
le pesan los vestidos impuestos por los hombres

El pensamiento nada, fluye, vestido de la razón, como si ésta fuera su ropa, atravesando el río de los convencionalismos: la idea de un perro tiene que hacer referencia a un perro; las buenas costumbres nos dicen que es incorrecto decir perro y pensar en una mariposa. El río está ahí. Es esta pesada vestidura la que nos hace pesado el nado.

Por ello, lo más sensato es

Olvidar el modo de recordar que me enseñaron,

Borrar la tinta con que me pintarrajearon los sentidos

¿Acaso no es ésta una metáfora bellísima, en la que el sujeto es entintado por el color de la buena costumbre? Caeiro decide deshacerse de eso, y como un buen loco verdaderamente cuerdo, prefiere y procura olvidarlo. De modo que junto con el nos invita a

desencajonar mis emociones verdaderas

Luego de despojarse de todo lo sabido, Caeiro se concentra en lo visceral, en lo opuesto a la razón. Saca sus verdaderos sentimientos de dónde se los habían encajonado los mismos que le tachonearon los sentidos. ¿Quiénes son estos graffiteros de la mente?

Desembrollarme y ser yo –no Alberto Caeiro,
Sino un animal humano, un producto natural,

Pareciera que abrirse, desencajonar sus sentidos, sus verdaderas emociones, implica una reconciliación con la vida. Aquí puede aducirse que adoptar la locura es, entonces, el medio para encontrarse con aquello que es verdadero en uno mismo, en ese animal humano que es en Alberto Caeiro más que Alberto Caeiro mismo, es decir,

El argonauta de las verdaderas sensaciones,
Sabiendo claramente y sin que lo vea

Pero Caeiro llega a su fin, al retorno del viaje, a la destemplada vuelta a la realidad. Ser un animal y dejar de ser Alberto Caeiro es, sólo, ¡solo! Poesía, es decir, una mentira idiota. Amanece. Pueden verse ya las puntas de los dedos del sol. Pero y quizá más importante, hay una terrible vuelta al camino iluminado de la razón, al reconocimiento de que la locura sólo le era temporal, que el deseo de convertirse en animal humano era una quimera, y nada más. Nada más. Caeiro, poeta que se escribe a sí mismo a través de la poesía, quizá el más querible de los histéricos y el más histérico de los queribles. Pessoa no es nada sin Caeiro. Caeiro es. Y ya.

lunes, enero 23, 2006

¡Aguevo!



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viernes, enero 13, 2006

Esperanza

A primera vista, pareciera obligado enarbolar un sentimiento de indignación ante la designación del Dr. Simi(o) como candidato a la presidencia de la república por parte de Alternativa Socialdemócrata y Campesina. Sin duda, en los próximos días la crítica que se pretende mordaz aducirá que este movimiento constituye un golpe de estado no sólo al mencionado partido, sino a la política mexicana en general. Se hablará del retroceso que ello implica en términos del proceso democrático; que la política nacional es un circo, una mascarada, una carpa de cómicos [coloque aquí usted su propio adjetivo (des)calificativo],[1] etcétera. “¿Cómo es posible que tipos como ése lleguen a ser candidatos?”, se preguntarán algunos. “¿Acaso no implica hipotecar el destino del país en caso de que Víctor González llegue a ganar?”,[2] se preguntarán otros. Habrá varios que se desgarren las vestiduras cuando escuchen acerca del “Simisocialismo”, o que el eje de la agenda del Dr. Simi consiste en una bizarra justicia distributiva desde la que se pretende hacer más ricos a los ricos sin desamparar a los pobres, que “impulsa un capitalismo con rostro humano”. “¿Cómo es posible que alguien que hace una distinción vulgar entre mujeres “simibonitas” y mujeres “simicapaces” logre la candidatura (por supuesto, anteponiendo 100 millones de simipesos)?”.[3] Estas preguntas serán el epítome de la antesala al caos. Sigan los medios y verán. Me corto un cabello si no ocurre así. Sin embargo, desde mi perspectiva, uno de los signos más positivos de la actual contienda política consiste, precisamente, en la toma de protesta como candidato efectuada hoy por Víctor González Torres. Habrá que esperar a la resolución del IFE, y ver en qué acaba el asunto Patricia Mercado-Dr. Simi-Alternativa. De cualquier modo, una lectura más atenta de este evento podría darnos mayor confianza en nuestro sistema político. Revelaría que finalmente hemos arribado, ahora sí, a la democracia plena. Si para algunos la candidatura del Dr. Simi constituye una afrenta, un horror democrático, se equivocan. El verdadero horror estaría en la negación de su candidatura. Recordemos que la democracia consiste, precisamente en que tipos como él, incapaces, cortos de entendimiento y miras, puedan acceder a las más altas esferas del poder [recordemos hasta hoy ningún político había tenido esas características]. La postulación oficial del Dr. Simi ya no como independiente sino al interior de un partido representa, tal vez, la única luz en el oscuro horizonte político actual. Hace tanto tiempo que no tenía ninguna esperanza en el régimen; el desencanto y la apatía me carcomían de dentro hacia fuera. Antes se abría frente a nosotros el abismo de la incertidumbre. Pero hoy tenemos al Dr. Simi. Ya no estamos solos. Gracias a quien haya que darlas por esto. Ahora, a votar, por favor.

____Por cierto ¿alguien sabe cuáles son los signos ortográficos del sarcasmo?



[1] Pero ¿se da cuenta que al descalificar la candidatura del Dr. Simi y calificar negativamente a la política nacional forma parte de aquello que se pretende crítica mordaz y, por ende, objeto de crítica? Recuerde que el que se lleva se aguanta.

[2] Ojo: las posibilidades de que esto ocurra no son remotas en modo alguno.

[3] Como si Montiel no hubiese querido comprar la suya.

miércoles, enero 11, 2006

Solución

Lo que deberíamos hacer es erigir una barda dos veces más grande (el que le entendió le entendió).

martes, enero 10, 2006

Nuevo año...

...nueva cara.

lunes, diciembre 26, 2005

Near life experience

Soy adicto a sentir la vida pegadita al hueso. A sorberle la médula, como al mole de espinazo con verdolagas que hacía mamá. Muy de vez en cuando, y casi siempre por azar, logro agarrarla por el pescuezo y retorcerla, exprimirla e irla escupiendo letrita por letrita. Despacito. Puag. Retorcida. Puag. Por supuesto, al admitir mi adicción no me refiero al cliché aventurero del adorador de los deportes extremos. Es cierto que durante mi juventud anduve en bicicleta haciendo figurines, saltando en rampas que cada vez eran más altas. Hasta que una caída terriblemente fuerte, una lesión de consideración en mi rodilla, etc. En este sentido, es probable que arrojarse al fondo de un desfiladero, atado sólo a una cuerda, represente para algunos el acceso directo y sin escalas a la verdadera vida. Para mí, por lo menos hoy, el asunto es distinto: además de mis gigantescas güeva y panza, estoy cierto que, como decía Kundera (uno más de los autores que resulta políticamente incorrecto decir que está sobrevaloradísimo), la vida, la verdadera vida, está en otra parte. Se la encuentra uno al ladito del tipo que usualmente se sienta en el fondo de cualquier cantina, que a duras penas mantiene los ojos abiertos, y habla consigo y con su sombra; yace en las fotografías que se esconden en las entrañas de cualquier cajón de escritorio y que detonan el recuerdo o cuando menos una sonrisa; se escurre entre las líneas de la nota que hallamos por casualidad en el fondo del bolsillo y que nos salvan, paradójicamente, (de) la vida.
De tal suerte, en estos días me encontré de cerca con la vida en una posada. Usualmente no asisto a esas celebraciones navideñosas, porque me resultan un poco chocantes. Sobre todo porque la mayoría de la gente se instala en un la buena ondez, y anda repartiendo abrazos, felicitaciones y regalitos por todas partes. Se perdonan las rencillas, aparentemente todo lo malo se va dejando de lado, junto con el año que se acaba, y los sentimientos están, casi como en ninguna otra época del año, a flor de piel. Chale. ¿Acaso esta especie de hipersensibilidad no nos hace quedar mal a aquellos que somos hipócritas durante los 365 días? Como sea. El lugar donde se celebraría la posada estaba semi vacío. Debí haber sabido que la falta de quórum era un signo positivo. Pero bueno, todavía no soy capaz de ver en el futuro. En fin, había apenas unas cinco personas, que ocupaban sólo una de las muchas mesas. Me sorprendió ver en una especie de improvisado escenario, unos amplificadores viejísimos, y una tarola bastante traqueteada, todo como olvidado en una esquina. Después me di cuenta que más al fondo estaban dos guitarras, micrófonos y algunos cables. Si las posadas me dan flojera, aquellas en las que hay un grupo musical de por medio me resultan, de plano, intolerables —pensé—. Irme de ahí no era una opción [así como no haber ido tampoco lo era], por lo que dispuse el ánimo para “sufrir” un poco.

—¿Una cerveza?
—¡Por favor! ¡Por favor! [dije en tono suplicante].

Luego de un rato de small talk, saludos y presentaciones corteses, me concentré en los tipos que estaban arreglando el sonido. Eran tres y ya estaban entrados en edad. Bastante entrados. Uno de ellos se peleaba con la afinación de una guitarra monstruosa de ocho cuerdas que no sonaba tan mal. Otro probaba los micrófonos. El último fumaba, arrugando en entrecejo, mientras colocaba la tarola en medio de los amplificadores. Comencé a sospechar.

—Sí, bueno, sí. Uno, dos, tres. Probando. Somos el grupo Mandalay. Buenas noches.

Y luego, sonó la música. Acapulco Tropical, Mike Laure, La Santanera, La Matancera. Salvo Laclau, nadie entendía porque yo tenía una sonrisa gigantesca plantada en el rostro. Era la vida, my friend, la verdadera vida.

PD
King Kong es una gran comedia (casi estoy seguro que Peter Jackson se revolcó de la risa la primera vez que la vio terminada). El Umbral (Stay) y I Love Huckabees son, por mucho, las mejores películas (que vi) en este año.

PD.
Con éste me retiro. Luego de una prolongada estancia en el sur oaxaqueño, ¿qué mejor que el norte tijuanero? Si andan por allá, nos vemos. Si no, nos vemos por acá en enero. Abur.

martes, diciembre 13, 2005

Yo (me) acuso

Eres un merolico. Tienes una incapacidad crónica para establecer relaciones afectivas en corto, cara a cara. “Amigos los tonfiates, y no se hablan”, dices. [Crees imbécilmente que] disfrutas hablar en público. Piensas que eres adicto al sudor de las manos, al vértigo en el estómago, a la carga de adrenalina que te invade cuando saludas, invariablemente, con un “qué tal”, para saber si el balance de agudos y graves es el correcto, para calibrar la distancia adecuada entre tu voz y el micrófono. Nunca has podido acercarte y entablar conversación con un extraño, pero no tienes dificultad alguna para decir pendejadas frente a cientos de personas. Te transformas. Te dejas llevar por ése que te posee cuando tienes enfrente a un espectador. Hablas sin parar, creyendo ser articulado, coherente. Hay veces en que piensas que dices cosas, incluso, brillantes. Pendejo. Luego retornas destempladamente a este tipo que en verdad eres, opaco, promedio, gris. Regresas al silencio. Al enclaustramiento snob de pretensiones intelectualoides. Te dices narrador del presente y no eres más que un comentarista futbolero con pretensiones de sublimación. Hablas frente al público porque hacerlo así equivale a mantener tu tan preciado anonimato, a una conservar esa especie de cerrazón que dices valorar tanto, pero que no es otra cosa que un remedo de de diálogo frente al espejo, un ruego, una necesidad de atención. Exhibicionista de clóset. Debería darte vergüenza. Gesticulas como si ello le diera mayor profundidad a tus argumentos. ¿Acaso no sabes que te ves un tanto idiota? Tus ademanes no refuerzan nada. Más bien muestran tu nerviosismo disfrazado de seguridad. Merolico y mimo. Chafa y corriente. ¿Qué hay detrás de la apariencia? Nada. Solo el viento y nada más.
Y todavía te jactas. Shame on you.

miércoles, diciembre 07, 2005

Qué bueno

Odio la FIL. No me malinterpretes. La odio porque mientras dura la gente actúa como si la cultura importara. De pronto, ser nerd es cool. La raza no te mira feo si vas caminando por la calle (como sueles hacerlo diario) leyendo un libro. Más bien al contrario, hasta te saludan y te abren paso; los automovilistas no te echan encima el carro si por equivocación te atraviesas en una esquina sin poner atención; incluso, hay güeyes que te sonríen. Carajo, hasta ser fan de Laura Bozo es una cualidad. Por favor. Lo bueno es que ese infierno ya se terminó. Ahora, la cultura vuelve al lugar marginal y sin importancia que le corresponde. Ahora eres el méndigo freak de siempre, ése que lee mientras camina. Ahora los automovilistas ya te vuelven a gritar: "pendejo, parece que desayunaste ligas" cada vez que pones un pie abajo de la banqueta. Ya no suena El Cóndor Pasa en cada pinche anuncio radiofónico que se pretende culturoso. Ahora vuelve a ser un estigma ver Laura en América. Ahora ya no humillan a las cholitas peruanas haciéndolas decir "¡Que chido!" o "Torta Ahogada". Qué bueno. Ahora sólo falta librarnos de (horror, horror) Zapopum. No mames.

lunes, diciembre 05, 2005

Innegable

Un pino
—pasa navidad—
Un cadáver

viernes, noviembre 18, 2005

Tercera

Primero era un rumor entre los personajes de todas las literaturas. Se comentaba en sus sobremesas, se utilizaba para obligar a los pequeños a irse a la cama, se discutía en coloquios, de cuando en cuando aparecía un documental en televisión, pero nada más. Luego, con el tiempo,[1] el rumor fue adquiriendo consistencia. Fue el profesor Alberto Gaarder, el primero en confirmar de manera científica lo que todos sospechaban: había una tercera dimensión. Las consecuencias del descubrimiento fueron poco destacables al principio, accesibles solo para el reducido círculo científico: a las conocidas y familiares dimensiones de largo y ancho, había que agregarle una nueva: la altura. Ahora la materia tendría un volumen, el mundo de la literatura sería, desde ya, un espacio tridimensional.[2] Por supuesto, el conocimiento acerca de todo ello estaba en pañales, habría que irlo ajustando, hacer más investigación. Pero lo importante, lo verdaderamente trascendental, era que la tercera dimensión existía. El horizonte se presentaba, pues, lleno de esperanzas. La inminente crisis derivada de la escasez de recursos (debida sobre todo a la sobrepoblación producida por un incremento desmedido de personajes malísimos… pero de eso casi nadie hablaba, porque era políticamente incorrecto), había orillado a los dirigentes de las altas esferas gubernamentales a pensar en la Conquista de esa tercera dimensión. Y entre ellos se acordó mantener, en la medida de lo posible, el descubrimiento en secreto.
____Y se organizó, entonces, la Operación Conquista.
Todo marchaba acorde al plan. Los científicos habían llegado a conclusiones sorprendentes: contrario a lo que se pensaba, el mundo era cuadrado, más bien, rectangular; el tiempo, en la tercera dimensión, adquiría corporeidad, se condensaba, los días se iban acumulando en una masa tangible: en la medida en que el tiempo ocupaba un espacio, tampoco era infinito. Esto cambiaba de tajo todos los postulados de la física conocidos entonces. Pero lo más sorprendente fue confirmar la existencia de un creador. Y como era inevitable, luego de algunas décadas, vino la catástrofe, cuando este conocimiento se hizo público.[3] Los primeros en utilizarlo en su beneficio, fueron los ministros de todas las religiones. Para ellos, desde su dogma, la existencia de esta tercera dimensión era como una confirmación de la divinidad. Ahora, el acceso por la vía científica al dios que de antemano adoraban, les otorgó un poder inusitado. Confirmaron que efectivamente había un creador, que los destinos de todos y cada uno de los personajes tenían su origen y destino en aquél. La religión, cualquiera que ésta fuera, se convirtió en el centro alrededor del cual giraba la vida en aquellas sociedades. De inmediato, se canceló la Operación Conquista (los jerarcas gubernamentales eran ambiciosos, pero ir en contra de la divinidad era impensable). Sólo el Dr. Gaarder desconfiaba. Arruinado, prácticamente dilapidó su fortuna por continuar sus investigaciones.[4] De hecho, fue el único que logró atravesar las fronteras de su mundo bidimensional, gracias a sus más recientes descubrimientos. Lo que se encontró allá fue terrible: no había tal creador (o en todo caso, había tantos dioses como autores); la vida, tal como la conocían sus coterráneos, era pura ficción. Ello le planteó un gran dilema: regresar y contar lo que sabía y arruinarle la vida a los personajes de todas las literaturas, o permanecer del otro lado para siempre, dueño de un conocimiento inútil. ¿Volvería? ¿Escribiría un post para fijar la memoria, para no olvidar?
No. Sí. No. Sí (ad nauseaum).
________________________

[1] Pero el tiempo es relativo (duh): los personajes de todas las literaturas sabían que su día duraba exactamente lo que dura una página. No les era extraño, tampoco, que enana página conviviesen diferentes temporalidades y especialidades (el siglo XVI español podía coexistir —sin ocupar el mismo espacio al mismo tiempo— con el año 90,237, centenario de la independencia de una pequeña comunidad plutoniana, sin hacer estallar el estatuto de realidad de la literatura). De lo que no tenían idea era de que una página podía extenderse, casi, una eternidad.
[2] Aunque habría que agregar que la tercera dimensión sólo existía de manera virtual, y se podía llegar a ella sólo mediante una serie de complejas ecuaciones. Se intuía, se sentía su devenir, a la manera en que se experimentaba el tiempo.
[3] Nadie supo nunca desde dónde se había filtrado la información. Se desató una “cacería de brujas”, donde hubo incontables muertes, pero nadie nunca lo supo. Hasta hoy.
[4] A él no le gusta admitirlo, pero por ello, por su obsesión con la tercera dimensión, murieron dos de sus hijos (de hambre al quedar en la miseria total); lo dejó su esposa. En fin, se le acabó la vida.

viernes, noviembre 11, 2005

62. En el borde

Éste es el primer capítulo de la novela que nunca publicaré
Dentro de unos minutos estaré muerto.
___Qué estupidez.
___La realidad me llega toda de golpe, amplificada. Justo ahora percibo cómo una gota de sudor me resbala por la sien. Es como si al mismo tiempo de sentirla, la estuviese observando desde fuera de mí.[1] De cerca. Muy de cerca. Casi puedo ver los poros de mi rostro. Humedad superficial, a flor de epi-dermis. Baja por la mejilla y se atora en la comisura del labio. Intuyo el sabor salino.[2] La gota se condensa con otras que había ahí, y sigue su viaje hasta el mentón. Transluce. Tiembla. Luego cae. Yo [¿él?] no puedo moverme. Otra gota va naciendo para repetir el trayecto. Ahora resbala una desde de la frente. Ahí va otra, saliendo de la parte posterior del cuello. Siento la camisa empapada. Qué asco. Tengo una profunda conciencia de mi cuerpo, de mi respiración, de mis latidos. Los colores se ven más vivos, las sensaciones son más intensas.
___Visión Superlativa.
___¿No se te [me] ocurren otras palabras?
___No.
___Pendejo.
___Pendejo tú.
___Allá al fondo el sol comienza a ocultarse [todo es tan raro. Parece como si el paisaje entero diese pequeños saltos, no, más bien parecen espasmos, estertores, y luego…es como si todo regresara a la normalidad. Fuck. ¿Normalidad? No puedo explicarme mejor. Parpadeo un par de veces. ¿Será que…?]. Las nubes van adquiriendo un tranquilizador tono violáceo [¿recuerdas el cuerpo horriblemente amoratado de? Sumamente tranquilizador]. El viento se vuelve cada vez más frío y me revuelve el cabello. A pesar de ello sigo sudando.
___Copiosamente.
___Pendejo.
___Pendejo y asqueroso.
___Pendejo tú.
___¿Cuánto tiempo hace que estoy aquí? Aprieto los puños. Ante mí los edificios se extienden como una alfombra de concreto hasta perderse en el horizonte. Es curioso: el paisaje no es monótono y gris, como pudiera pensarse. En los techos hay cosas inimaginables [cacharros, ropa, antenas, gente] que le dan al entorno un caótico aire de tapete persa [qué lenguaje, qué impudor]. Un tapete muy duro, eso sí.
___«¡Salta de una vez, con una chingada!», grita.
___Escucho su voz muy cerca. Muy. Siento como si en mi estómago se agitase una roca fría. ___Tengo miedo de voltear hacia donde proviene su voz. Agacho la cabeza.
___Humillado.
___Pendejo y asqueroso.
___Veo cómo mis pies descalzos se mueven un poco, indecisos, cada vez más cerca del borde. ___Carajo, tengo las uñas largas. Con mugre. Pinches garras, de haber sabido me las hubiera cortado. Gruesome. Disgusting. La cornisa, cubierta de moho, está demasiado resbalosa. La pegajosa sensación me produce náuseas. No puedo controlar el temblor de mi cuerpo. Si pudiera ver la expresión de mi rostro, seguro que me doblaría de la risa. Ja, tengo la ciudad a mis pies. Estoy en el borde. Qué estupideces se me ocurren en momentos como éste. Diablos, creo que voy a llorar.
___«¡Que saltes, pendejo!», grita otra vez.
___Luego escucho murmullos. Voces apagadas, como detrás de un muro.
___Respiro profundo.
___Me atrevo y lo miro fijamente a los ojos.
___Sonríe… ambos sonríen.
___Dentro de unos minutos [menos que hace un rato] estaré muerto.
___Narración en tiempo real. ¿Cool, no?
___Pero esperen. Esto no comienza aquí:






¡REW! (it’s an order, in case you didn’d cacht it before) .[3]





_________________
[1] Va, desde ya, una clave de lectura: la disociación entre el Uno y el Otro marca el entramado que se irá tejiendo a lo largo de estos textos [con el objeto de arruinar(me), también desde ya, toda posibilidad de linealidad interna del relato].
[2] Los principales componentes del sudor son sales minerales y agua. Su producción está regulada por el sistema nervioso, y se genera en las glándulas ecrinas, situadas en la piel de todo el cuerpo. Una vez en la superficie se mezcla con el sebo o grasa procedente de las glándulas sebáceas, lo cual dal lugar al manto hidrolipídico, también conocida como emulsión epicutánea.
[3] Incierto lector o lectora: piense, por favor, en lo que ocurre cuando presiona el botón de REW en el control remoto de su videocasetera, mientras corre la película. ¿Logró visualizar las imágenes en retroceso y a alta velocidad? Bien, va muy bien. Ese es el efecto que se buscaba. Ahora presione STOP. Genial. Luego PLAY. Así, gracias. Vea a un tipo recostado en su cama. Duerme. En su cara hay una expresión de desasosiego. Es fácil observar el REM [Rapid Eye Movement, por sus siglas en inglés] en sus parpados. Gracias. Ahora puede pasar al capítulo siguiente, o al capítulo cero, como usted prefiera. [¿Por qué le hablas de usted al lector, pendejo? ¿No que a ti las reglas, las buenas costumbres, y el respeto, te la pelan?] ¡Cállate! Usted (dis)cúlpenos, (no) era nuestra intención.

martes, noviembre 08, 2005

Examen [de con-ciencia]

Si sabes de quién es el texto que se presenta a continuación, no arruines la sorpresa. Si no sabes ¿Cuál es tu opinión (obvio, acerca del texto)? ¿Considerarías que tiene una fuerte raíz poética? ¿Te atreverías a decir que es un genio, que condensa en sí la voz de una generación completa?:


I wake up in the morning
And I raise my weary head
I got an old coat for a pillow
And the earth was last night’s bed

I don’t know where I’m going
Only God knows where I’ve been
I’m a devil on the run
A six gun lover
A candle in the wind

When you’re brought into this world
They say you’re born in sin
Well at least they gave me something
I didn’t have to steal or have to win
Well they tell me that I’m wanted

I’m a wanted man
I’m colt in your stable
I’m what Cain was to Abel
Mister "catch me if you can"

You ask about my consience
And I offer you my soul
You ask if I’ll grow to be a wise man
Well I ask if I’ll grow old

You ask me if I known love
And what it’s like to sing songs in the rain
Well,I’ve seen love come
And I’ve seen it shot down
I’ve seen it die in vain

Each night I go to bed
I pray the lord my soul to keep
No I ain’t looking for forgiveness
But before I’m six foot deep
Lord,i got to ask a favor
And I’ll hope you’ll understand
’cause I’ve lived life to the fullest
Let the boy die like a man
Staring down the bullet
Let me make my final stand

martes, noviembre 01, 2005

Hey!

Feliz Cumpleaños. Verdaderamente Feliz.

viernes, octubre 28, 2005

Va


Todo porque creo que si logramos sacar a la tierra de su órbita, existe en ello la remotísima posibilidad de que llegue el fin del mundo. Y yo quiero ser testigo de primera fila. Saltemos, pues.

miércoles, octubre 26, 2005

¿Apolo-gía?

Excelentes comentarios que le hicieron a mi post anterior. En relación con los chayotazos que le tiré a Facundo y Bisogno, Yohualli, por ejemplo, duda que exista una propuesta de nueva televisión que esté emergiendo de TV Azteca. Comparto plenamente su opinión. Es más, a diferencia de mi estimado amigo blogger y doctorante, me atrevería a decir que, incluso ni siquiera en los canales de cable locales hay un movimiento que pueda definirse como alternativo, o nueva televisión. Pero eso es harina de otro costal. Si me referí a Facundo y a Bisogno, no era tanto para señalar que existía una propuesta concreta para hacer una tele alterna, sino para evidenciar que éstos, con sus prácticas, señalaban, sin proponérselo, una buena vía para desarmar y desmitificar el infernal oficio de escribir. Estaba, en otros términos, aludiendo a las consecuencias no deseadas de su acción. Dudo mucho que Facundo y Bisogno estén conscientes de que hacen una tele adelantada a su tiempo [en donde hacer tele adelantada no equivale a formar parte de un movimiento que tenga como objetivo la conformación de una tele nueva]. Pero es innegable que en pocos años, ellos van a ser la regla y no la excepción.
____Ahora bien, Yohualli me señala adecuadamente que no alcanza a comprender mi propuesta, cuando aludo a la idea de narrar, desde otra perspectiva, a Rayuela. Lo más probable es que no fui lo suficientemente claro. Además, ni siquiera es una idea nueva. Cervantes, en el prólogo/introducción de El Quijote muestra unas estrategias excelentes para desarmar la literatura. Para seguir con esta obra, Pierre Menard como (re)autor del Quijote arroja nueva luz sobre el asunto. Borges, refiriéndose a libros inexistentes, también. En fin, la lista es larguísima. ¿Acaso los muñecos que presenta Facundo, imitando a las estrellas del canal de las idem, no es una situación homóloga a las que plantean los autores mencionados, es decir, que el núcleo de la literatura está compuesto de pura apariencia, y nada de sustancia, y que basta un cambio pequeñito de enfoque para tener una visón totalmente nueva? ¿Realmente la Real Academia de la Güera Limantour no constituye la radicalización total de la deconstrucción, en el sentido de que un bato naco encarna a una morra grotesca y todavía más naca, que ofrece lecciones para hablar un español correcto? Imagina las puertas que ello abre para la (post)literatura. Siguiendo con esta idea, debe ser delicioso leer Rayuela contada por la Maga. O El Quijote narrado por el Ventero. O Fight Club desde la perspectiva de Marla. Re-armar la Biblia teniendo como frase central, como nudo de la trama, la frase: ¿dios mío, por qué me has abandonado? [en lugar del amaos los unos a los otros]. Todo ello sería, perfectamente, literatura. Muerta. Y viva al mismo tiempo. ¿Me explico? La creación de estereotipos que [por accidente] derrumben a los estereotipos es el núcleo de la postliteratura. No así la idea de generar una especie de movimiento. Recordemos que hasta la acción más subversiva tiende a reificar lo establecido. Sin embargo, las consecuencias no deseadas de la acción son, muchas veces, más poderosas, por llamarlas de algún modo.
____En este sentido, el Maese Chiva tiene razón cuando señala acertadamente que desde los antiguos hay vanguardias que han hecho de la ruptura una tradición. No puedo estar más de acuerdo que, más que poner atención en aquello que emerge de la ruptura, es más pertinente abordar la ruptura en sí, la brecha que se genera, el abismo, la herida que no sana. Es en esta imposibilidad de sutura en donde radica, precisamente, la postliteratura. No la de los antiguos, sino la de los nuevos, por parafrasear en algún sentido a Nietzsche, ese viejillo vitalista y loco. Caen unos pilares, y surgen otros—dice el buen Chiva—, y la creación, tan campante. Sin duda alguna.
____El Leprosario, por su parte, aporta vías que me parece indispensable explorar (i. e. Barney y los Teletubbies, ambos de cierto corte obsceno, por asexuados e inexpresivos, y perversos, etc.). Excelentes sugerencias, mi estimado. Finalmente, el Gkrtr duda que Facundo sea consciente de la destrucción que promueve. Comparto plenamente su idea, y le señaló, además, que no importa tanto si Facundo es consciente o no, sino la lectura que uno hace de él: más que mirar el mundo, la destrucción televisiva, la postliteratura, como un proceso objetivo, ajeno a mí, habría que pensar en que, sin desearlo, lo están haciendo. Tal como te decía el otro día con respecto a la filosofía, carnalillo: el núcleo problemático de toda filosofía está en la pregunta que interroga por la Verdad. Hasta ahora, los filósofos han descubierto dos grandes vías para responder (la Verdad se devela, o la verdad se construye), y con ello han abierto una enorme brecha. Me parece que desde hace 2500 años la pregunta ha estado mal planteada: no hay que indagar los extremos (no hay que poner el foco del análisis en el absolutismo totalitario hegeliano o en el subjetivismo heiddegeriano; no importa tanto si Bisogno o Facundo son conscientes de que están desmadrando la tele), sino en la brecha que se abre entre ellos, la cual, en última instancia, es constitutiva del orden simbólico, del campo social (i. e. en las puertas que desde la tele se abren para la literatura). ¿Me explico?
____Y como siempre, Biba Bizancio.

jueves, octubre 20, 2005

¡Chido!

Pudiera pensarse, con razón, que buena parte de las ideas que he expuesto aquí acerca de la postliteratura hunden sus raíces en alguna tradición literaria concreta (o mejor aún, en muchas). No dudo que la lectura de Cortázar, Borges, Palahniuk, Chaves, Cervantes Mailer, y tantas otras que pudieran enumerarse de manera igualmente caótica, han influido de modo fundamental en ello. Pero el otro día, debido a mi afán snob e intelectualoide y, sobre todo a que disponía de unos minutos de inútil ocio, intenté rastrear «la ruta» por la que he llegado a toparme con la [urgente necesidad de una] postliteratura [¿y eso a quién carajos le importa?]. Obviamente, todo esto ocurrió mientras me chutaba La Parodia, en la televisión. Me sorprendió ver, en dicho programa, la imitación de un personaje que encarna a la perfección el singular-universal del teporocho: el so called Changoleón. Unos días después, me tocó observar en la pantalla el sublime momento en que al Changoleón verdadero le presentaban a su monigote. Ser testigo de La Presencia del Changoleón auténtico frente a su [botarga] Real casi socavó por completo la [particular] ontología changoleonezca: era ver como la sombra de una sombra, atestiguar el momento en el que se abre una brecha sin posibilidad de sutura, un acceso a la liquidación total, a la nada. Días después ocurrió algo similar con Jolette y Daniel Bisogno. Fue fabuloso. Entonces entendí: si, de acuerdo con lo que he insistido en otras partes, los efectos preceden a la causa [sí, tal como lo lees], entonces encontré el enclave de la postliteratura, irónica y precisamente, en la televisión. Sobre todo de la mano de Facundo y de Bisogno, esos dos personajes de la tele que, desde mi punto de vista, son (casi) lo único (im)presentable y (des)honroso de dicho medio. Digo esto, claro, con mucho cariño. Desde que Facundo hacía Depasónico, en Telehit, hace ya algunos años, lo he considerado un tipo genial. Hoy, con Incógnito, su programa más reciente, está logrando lo que a mi modo de ver debería ser el propósito último de toda (post)literatura: des(cons)truir brutalmente aquello que sirve de pilar, ejercicio y soporte, es decir, acabar con la televisión desde la televisión [destruir la literatura desde la literatura misma]. Daniel Bisogno, desde la Cuchufleta y ahora en Ventaneando, hace lo mismo: derriba a diestra y siniestra a cuanto pilar se le pone enfrente. Sin duda, ambos tipos están (re)haciendo, hoy, la televisión del futuro. Están adelantadísimos a su tiempo. ¿Qué si no puede inferirse al contemplar a Changoleón frente a su doble? ¿Acaso presentar lo impresentable (i. e. un teporocho, caguama en mano, mugroso y chimuelo) no rompe con el estereotipo que ha plagado desde siempre a la esfera televisiva? [claro, sólo para formar nuevos estereotipos... Pero esa es en última instancia la idea ¿Captas?]Para el caso de la literatura: ¿por qué no contar Rayuela desde la perspectiva de Pola, o Babs, o el viejecillo reclamón del piso de arriba, justo el día en que murió bebé Rocamadour? ¿Realmente la Güera Limantour no constituye la antítesis de toda fémina/estrella televisiva [y lo mejor de todo, es encarnada por un bato]?. Ni hablar, Facundo y Bisogno nos están mostrando el camino para la des(cons)trucción total de la literatura. Chido güeyes.