lunes, abril 23, 2007

Ab(s)orto

Quizá como nunca, el aborto se ha puesto de moda entre la sociedad jalisciense. En estos días, en tanto tópico, ocupa un lugar central en el espacio público. Da un gusto enorme ver a diversos sectores sociales manifestándose para defender sus posiciones. Casi hasta me siento esperanzado, y con ganas de creer, una vez más, en las potencialidades de la movilización social. Sin embargo, resulta patético ver cómo se polariza un tema verdaderamente sencillo de resolver: si bien es cierto que el asunto no permite tibiezas y obliga a adoptar una postura, se vuelve terriblemente espinoso cuando se nos hace creer que sólo se puede estar o a favor, o en contra. No hay mayor estupidez que esa. Es preciso aprender a contar, cuando menos, hasta tres, en lugar de rasgarse las vestiduras y balbucear un vade retro cada tres minutos. Usualmente, los izquierdosos me dan güeva, porque muchas veces recitan panfletariamente sus ideologías arcaicas y huecas. Y lo peor es que lo hacen sin conocimiento de causa, como periquitos nada más [conozco muchos y muchas así]. Pero en este caso, no puedo sino estar de acuerdo con ellos: habría que ponerle un alto a tanto encono fundamentalista suscitado por parte de las facciones más conservadoras [las cuales, por cierto, se han ido adueñando peligrosamente de zonas neurálgicas en diversos ámbitos de poder].

Urge.

Basta ya de la visión oscurantista que se pretende imponer a como de lugar, llamando asesino a todo aquel que apoye la despenalización del aborto. No es posible. Simplemente no es posible. Reclamo, desde ya, que sea respetado mi derecho a decidir y pensar por cuenta propia. Yo no soy asesino, idiotas. Pinche Marx, cuánta razón tenías, cuando nos platicabas que ellos no eran sino el meritito opio del pueblo. Y tan bonito que es andar todo adormecido. En fin, el caso es que, por ejemplo, ayer, en un supuesto[1] debate televisivo, acusaban de incoherente e incongruente a un pobre muchacho del PSD que, hasta el momento, ha expuesto la perspectiva más lúcida en torno a este debate: estar a favor de la vida, en la misma medida en la que se impulsa la legislación que despenalizará el aborto. Frente al agotamiento de lo maniqueo, la única salida es pararse en el espacio intersticial, en la brecha que se abre entre [y separa] ambas posiciones. Se puede, perfectamente, estar a favor y en contra, al mismo tiempo. ¿Cómo? Decía al principio que el asunto era bastante más sencillo de resolver, y hoy más que nunca aludo a la propia experiencia para, por lo menos, señalar mi posicionamiento: en unos meses me convertiré en padre. Y estoy completamente cierto que jamás, jamás, me hubiera perdido de esta experiencia. Yo no promuevo el aborto. Es más, estoy profundamente en contra de éste. Sin embargo, me resulta impensable tratar de imponerle a cualquier otra persona lo que pienso. Y menos aún aludiendo a argumentos moralinos y enclenques cuyo sustento no es más que un dogma. Igual que exijo mi derecho a decidir, también exijo que se respete el derecho del Otro (o en este caso, de la Otra). Y por favor, no se recurra aquí a la salida simplona tachándome de que me contradigo porque no estaría promoviendo los derechos del producto, porque sabemos que no es así.

En fin, usualmente no hablo en serio aquí, ni tiro netas, porque este espacio me parece demasiado sagrado como para macularlo con esas pendejadas. Y cuando lo hago, trato de ser lo más irónico y sarcástico posible. Pero en este caso, nomás no se puede. No seamos insensibles. No abortemos, pues, la legislación que despenalizaría el aborto.



[1] Quien haya visto Foro al Tanto, este domingo 22, por canal cuatro, se habrá dado cuenta de la cantidad de sesgos que plagaron al programa. Basta con recordar quién fue el que abrió y el que cerró el “debate”, así, entre comillas, para darse cuenta hacia dónde se inclinaba la balanza.

jueves, abril 12, 2007

Preludio en A menor

Me pedirás un abrazo y yo te recorreré el rostro con la vista, lo acariciaré rozándolo apenas con la punta de los dedos, como dibujándolo, recreándolo nuevo con cada mirada. La cercanía de nuestros labios me hará dudar un poco, retrocederé, y tu me dirás hazlo ya, tontito, mitad orden y mitad reclamo, y yo me perderé en lo profundo de tus ojos de avellana, en tu interminable y blanca sonrisa, intuiré el sabor de tu boca mientras prolongo el placer de esta pequeña distancia. Hurtaré el aroma que se desprende de tu cuello. Hará frío. Lloverá ligero y la lluvia nos humedecerá la cara y las manos y la espalda. Desde luego que lloverá, y será tal vez en un estacionamiento, en un parque, en una habitación, o en cualquier parte, donde nos miraremos de cerca, muy de cerca, cada vez más cerca, hasta que el abrazo nos funda en algo que es más que tú y yo juntos, hasta que nuestros labios se busquen ansiosos, hasta que se encuentren y se reconozcan y se deseen cada vez más. Temblaremos un poco, y trataremos de fingir que es el frío, la lluvia, o lo que sea. Pero terminaremos por aceptar que es el ineludible deseo que nos atraviesa, ese sutil calor, que es imposible de localizar y que sin embargo está ahí, tal vez en el vientre o más abajo, o en los dedos o en los oídos, quién sabe, pero eso sí, presente como nunca. Y yo querré saber todo de ti, y haré preguntas idiotas acerca de temas inevitables como la música y los libros, tantas coincidencias, pero también tantas discrepancias, y discutiremos sobre la inmensa apertura hacia lo otro, tópico ineludible, el abismo metafísico de la subjetividad, las ilusiones de la identidad, las caricaturas como un método adecuado para interpretar el mundo, de las delicias como el café, la soledad, y la carne. Averiguaré que prefieres la cerveza obscura y tú entenderás que odio bailar, te diré que prefiero la noche y el frío, tú me dirás que duermes desnuda y que te gusta estar descalza, nos sorprenderemos diciendo cosas que sabíamos obvias y que tal vez por ello creíamos imposibles de decir. Y quizá nos mentiremos un poco, porque también a veces es necesario mentir, y mientras la lluvia nos inunda pensaremos que aquí, juntos, cuerpo a cuerpo, se está bien. Que aquí metido entre tus brazos se está tan bien.

Caminaremos, buscaremos la intimidad que el cuerpo nos reclama, hasta encontrar el sitio preciso. Quizá estacionaremos el auto y nos quedaremos ahí, tal vez buscaremos una habitación y entraremos tratando de domesticar los nervios. Te besaré los ojos y los labios. Veré cómo se te arruga la nariz cada vez que sonríes. Te besaré en el cuello y en los hombros. Te acariciaré el cabello. Recorreré tu espalda con mis manos. Te quitaré la blusa despacio porque querré repetir este momento cientos de veces en mi memoria. Luego mis manos explorarán tu cintura, te desabotonarán el pantalón y casi sin darte cuenta estarás terriblemente desnuda. Te llevaré hasta la cama y te recostaré. Tal vez me aleje un poco para contemplarte así, tan libre, rodeada de esa especie de aura que hace parecer por momentos que brillas, tendrás un poco de pena y me pedirás que me acerque para abrazarnos, y te besaré de nuevo en el cuello y en los labios, y te acariciaré el vientre y mis manos buscarán tus manos para que me sirvan de guía, y tendré sed de ti, y buscaré saciarla en tu pecho, y mis dedos dibujarán la figura de tus pezones, y quizá te besaré ahí, y nombraré cien veces cada lunar, cada pequeño pliegue, y tus manos se enredarán en mi cabello. Mientras tú fingirás que intentas impedir que siga el viaje hacia el sur, y me detendrás cerca de tu ombligo, y querrás que regrese a tu boca, y reirás, y te besaré en los labios sólo para escaparme una vez más, y me deslizará oliéndote toda, saboreándote, y tratarás de impedírmelo de nuevo, aunque finalmente cederás porque sí, porque tú también lo deseas, y sentirás mis manos quemándote los muslos, paseándose por tu cintura, y te besaré en aquella otra boca despacio, y sentiré cómo tu espalda se arquea involuntaria, regalándome el abrazo de tus piernas, y me recorrerás la espalda con tus pies, y querrás verme, y no querrás verme, y me dirás que pare, y me dirás que siga hasta que ya no puedas más y necesites sentirme cerca, y yo me aprenderé de memoria tu sabor hasta que me obligues a subir lento, y te besaré en el vientre, y los pechos, y tú querrás tocarme, y yo dejaré que el instinto me guíe por cada palmo de tu geografía, y tú me esperarás y querrás sentirme dentro de ti, y yo querré no salir nunca de ti, y te acariciaré los pies y apretaré tu cintura para acercarme más a ti, y quedaremos a merced de esto que no sabremos cómo llamar después, a la hora de la razón, pero no nos importará porque realmente no nos importará, y será como un fuego blando que se desliza.

Afuera

Adentro

y te enredarás entre mis manos

Afuera

Adentro

y pensaré que no quiero perderte

Afuera

Adentro

y que tampoco quiero perderme de ti

Afuera

Adentro

y que quiero perderme en ti

Afuera

Adentro

y que quiero quedar colgado de tu cintura

Afuera

Adentro

y que deseo saber cómo te ves por las mañanas, despeinada

Afuera

Adentro

y que deseo verte caminar desnuda

Afuera

Adentro

y que deseo estar dentro de ti de todas las maneras posibles

Afuera

Afuera

y algo estará a punto de estallar

Adentro

Afuera.

y

Adentro

Afuera

Adentro

ADENTRO

Y al final sabremos que todo esto es mentira. Que tanta palabrería no es sino una anticipación, un preámbulo de algo que posteriormente sonará como a un Ciao, a un Bye Bye, a un Au Revoir, a una evocación descendente de algo que nunca fue. En fin, sonará a un preludio en La menor, digno de la más dulce (y gastadísima) de las despedidas.

¿Adiós?

miércoles, abril 11, 2007

Facing...

Es 11 de abril y son las doce del día. Comienzo a escribir esto no sé bien por qué. Se me vienen a la mente mentiras como la catarsis o el conjuro. Quizá el motivo sea la incertidumbre que provoca esperar el resultado de unos análisis para confirmar o aplazar lo que ya sé de cierto, puesto que es el más archisabido de los clichés: que más tarde o más temprano me voy a morir. Igualito que tú. El caso es que una vez más, la muerte. Aparece así, de frente y de cerquita. Por lo menos en potencia y me pone de plazo las cinco de la tarde de hoy para desatar este nudo. Maldita raigambre. Días previos, frente a otro médico, llegó la nostalgia de manos de una frase (“posible desenlace fatal si no/Se requieren análisis más profundos”). Desde luego, fue inmediata la evocación del recuerdo de mamá, detonado por las mismas y exactas palabras dichas por un especialista, interrogándola si había vivido una vida plena. Y zas, un mes después, entendí el significado de lo que era un verdadero desenlace fatal. No pude menos que esbozar una sonrisa cuando hoy, la mujer que me pidió que me quitara la camisa para retratar mis pulmones, regresó con una radiografía al acecho. La miro y pienso (a la radiografía) como un animal agazapado listo a dar el primer zarpazo. La escena me resulta tan familiar. Miro a la doctora y se hace un silencio entre nosotros, que se adueña y calla a todo, que se nos impone. “Hay algo raro en esta placa”, dice ella, señalando un punto en aquello que a mí me parece más bien algo como nubes sobre fondo negro. Río. Y lo hago casi sin ironía, casi sin sarcasmo. ¿Por qué? No lo sé. Es así. Estoy seguro de que si los resultados son positivos, es decir, que muestren la negatividad en mí, me reiré a carcajadas. No puedo hacer más ante lo que ya esperaba. Dicen que encarar la propia mortalidad no es tarea fácil. Aunque seamos sinceros: tampoco es nada difícil. Basta cerrar los ojos y recurrir a la misma apatía de siempre, a la que he venido postulando y promoviendo frente a todo. Es suficiente con reír un poco, con burlarse de sí mismo y continuar hasta donde tope. Total, no se puede ir más allá porque no lo hay. Supongamos que se hacen las cinco de la tarde y me dicen que voy a morir

¿y?

Cuánta gracia me hace este asunto. Y lo digo terriblemente en serio. Ja.



Update del día siguiente: pues las cosas todavía tienen remedio. Al menos, eso parece en primera instancia.

miércoles, marzo 28, 2007

martes, marzo 27, 2007

En favor de nada

A pesar de que suena como un lugar común, no cabe duda que el campo político mexicano está atravesado por fuertes transformaciones. Esto se entiende mejor si se toma en cuenta que muchos de los aspectos pertenecientes al ámbito de lo íntimo, de lo personal y privado, se están tornando —cada vez con más fuerza— en parte de la agenda pública. El tópico más reciente con respecto a ello, es el aborto (y apenas unos días antes las preferencias sexuales estaban en el centro del debate). Frente a esto, es difícil no tener una postura. Yo, por ejemplo, si fuera mujer, sé de cierto que no recurriría a ello, sin importar las circunstancias. Sin embargo, estoy a favor de que cada quien decida por sí mismo. Sobre todo en lo que refiere a tu propio cuerpo. Desde esta perspectiva, resulta tentador calificar los reclamos de la jerarquía católica como fascistas, puesto que intentan imponer sus puntos de vista sobre el resto de los mexicanitos y mexicanitas, por vida de dios. En última instancia, nos permiten ver el verdadero rostro del régimen, ya que desvelan el la farsa democrática en la que estamos inmersos.

Sin embargo, adoptar una postura así, de movilización social, contestataria y radical en apariencia, es la salida fácil, el posicionamiento cómodo. De hacerlo así, lo único que se logra es legitimar al sistema (observa lo que le pasó al Peje). El verdadero radicalismo estaría en alejarse de la situación, en recular, en el retorno a lo íntimo, en —insisto una vez más— plegarse a la más rigurosa ortodoxia individualista. Recordemos que uno de los mayores lugares comunes (en la literatura relativa al caso) remite a la idea de que aún el posicionamiento más apolítico y distanciado tiene un marcado componente político. Esto es: aún cuando decidamos apartarnos por completo de la vida política, estamos adoptando una postura frente a algo que nos interpela. Lo anterior condensa en sí el núcleo temático de la más pura actividad política. No cabe duda que en nuestro país es urgente contar con un manual que nos enseñe cómo estar a favor de nada.

(y qué hueva me doy cuando escribo).

miércoles, marzo 07, 2007

Au Revoir


Uno más que muerde el polvo. (Zizek, don't die on me, yet).

martes, marzo 06, 2007

Frente al espejo

Antes, hace unos meses, la escritura era para ti como una compulsión, como una sed (de neurosis) inacabable que quemaba, que te obligaba a vomitar letra tras letra hasta quedar vacío. Sacabas las grandes palabras de sus cajoncitos, las sacudías, las empequeñecías al escribirlas en minúsculas, las reducías a su mínima expresión. Y te gustaba. Vaya que te gustaba. Antes toda página en blanco era un desafío, una invitación propiciatoria a atravesar los límites de cualquier campo; representaba la Única Pureza que valía la pena pervertir. Hoy hasta escribir tu nombre te cuesta trabajo. Todo lo que escribes apesta. Carece de sentido. Es una lástima. Una verdadera lástima. Llenas párrafos enteros (como éste) de caca. De nada más que caca. ¿Acaso no te da vergüenza? Antes veías una escalera y la metaforizabas. Un ventanal era la frontera que te permitía definir el adentro y delimitar lo que ocurría afuera de ti mismo. Hoy, una escalera es sólo una escalera. Una ventana es sólo una ventana. ¿Y tú? Un títere de traje y corbata que sólo se dedica a firmar papeles y a sonreír. ¡A sonreír! Hueco. Vacío. Falso.

Y sin embargo.

Y sin embargo está Naila. Y estoy seguro que pronto no hablarás más que de ella.

Ya lo verás.

miércoles, febrero 28, 2007

N.N. (as in Nocturnal Napalm)

La nostalgia

y

el insomnio
mezclados[1]
en las
cantidades
adecuadas
pueden llegar
a ser
mortíferos
[¡ah, qué bonita palabra!]
e
incendiarios
(Y ¿por qué no?
propiciatorios)



[1] No trates de mezclar, nunca, jabón neutro y petróleo, en partes iguales. Por favor, no lo hagas. Puede resultar peligroso. Menos aún hagas ralladura de jabón (tampoco procures que éste no contenga perfumes ni aditivos cremosos) y la combines agitando lentamente con el petróleo, hasta que quede una masilla consistente y uniforme. De ahí no puede surgir nada bueno. Ah, tampoco intentes sustituir el jabón por aceite de motor. No. Y no. No trates de introducir este compuesto en un envase que contenga aire comprimido. Y por último, no le pongas, jamás, un encendedor enfrente.


lunes, febrero 19, 2007

Manos libres

Al entrar al túnel, del otro lado de la línea telefónica Julián escuchó algo como ruido blanco, saturación, un leve silbido. Después, casi al salir, en el auricular sonó una respiración densa, pausada. La conversación que sostenía con uno de sus colegas se había perdido. O mejor dicho, había sido sustituida por otra más interesante:

La cosa es así:dijo el hombre, en un tono rasposo, casi seco —Me observaba, como desde arriba, sentado en un silloncito café, y me veía mirarte. Tú me habías pedido eso: que no te despegara la vista y no perdiera detalle. Yo, desde la distancia, estaba más atento que nunca. Habías prometido que me dejarías boquiabierto (con un susurro en mi oído). Luego de besarme en los labios me diste la espalda y caminaste lento hacia la cama. Parecías flotar por la alfombra, sin prisa, dejándome contemplar tu cuerpo. Volteaste un instante para asegurarte que tenías mi atención. Desde luego, yo estaba hipnotizado por ese extraño tatuaje en tu cintura, por tus caderas, por el movimiento de tus piernas. Llegaste a la altura de la cama y te recostaste bocabajo.

Julián no comprendía qué pasaba, pero lo divertía asumirse como testigo de algo que no estaba destinado a presenciar, como un intruso, como un voyeur telefónico. Por ello seguía atento a la conversación aparentemente ajena. Sin embargo, había algo en la voz le resultaba familiar. Terriblemente familiar.

—¿Yo? Sería incapaz de algo así —dijo una voz femenina, con una inocencia evidentemente fingida. Luego rió.

—El hombre continuó susurrando: miraste una vez más hacia atrás, desde la cama, como midiendo la distancia entre los dos, y me di cuenta que en tu rostro se había dibujado una amplia sonrisa. Intuí que te la había provocado la expresión de mi rostro cuando tu mano izquierda se posaba sobre tus caderas. La otra, la derecha, buscaba tu vientre, debajo de tu cuerpo. Arqueaste la espalda cuando tus dedos traviesos alcanzaron tu pubis. Suspiraste profundo. Yo intenté acercarme y me sugeriste que no lo hiciera. Era como si tus manos estuvieran reconociendo el territorio de tu propio cuerpo, y a la vez era como si tú misma te fueras descubriendo al permitirme ser testigo de tanta intimidad. Juego de espejos en el que lo contemplado no existe sin la acción del espía. Tu cintura se movía en círculos lentísimos, al ritmo de tus dedos, que parecían tener vida propia, independencia, y te recorrían suavemente arriba, abajo, sintiendo el calor y la humedad y el placer, todo ello al tiempo que el mundo desaparecía y en ese momento sólo importaba la habitación, tus manos, tus dedos, tu respiración agitada, el extraño que te observaba desde un sillón. La voz

La voz femenina había emitido un gemido. Julián prestaba más atención que nunca. Aún no entendía qué era lo que le parecía tan familiar en la voz del hombre aquél.

—Luego que te recostaste sobre tu espalda y me pediste que me acercara. Al llegar hasta donde estabas, me ofreciste tus dedos para saborearlos, los paseaste por mis labios, invitándome a saberte, a reconocerte también como tú lo

Julián ahora caía en la cuenta

habías hecho segundos antes, de esa manera tan íntima y propiciatoria. Luego tomaste mi rostro con ambas manos y lo acercaste con delicadeza a tu cuello, dirigiendo, señalando la ruta, estableciendo el ritmo, me conducías por el territorio de tu cuerpo, eras la guía perfecta de mi boca, que te recorría el pecho, se detenía en tus pezones, te convertía en palabras, se apropiaba de tu sabor, bajaba lento por tu vientre, dejando un leve rastro, robándose tu olor, pausado, disfrutando todo, se detenía en tu ombligo por un instante, esperando,

esa voz era la suya

hasta que tus manos me dirigían hacia abajo, muy despacio, indecisas, sí, no, mientras tus piernas se abrían ligeramente, se doblaban de modo que acariciabas mi espalda con tus pies, y dirigías mis labios a tu boca vertical, y me pedías que te besara profundo, despacio, indicándome el camino, ahí, ahí no, ahí sí, no deberías tocarme ahí, pero mejor sí,

indiscutiblemente, esa voz era la suya

despacio, así, suspirabas lento, mientras mis manos apretaban tu cintura, acariciaban tus muslos, recorrían tus caderas, te tocaban, se deslizaban por tus pies.

Hasta que me pediste que me recostara.

—Sigue, por favor —dijo la mujer.

Te paraste sobre la cama haciendo un puente con tus piernas, teniéndome debajo de ti. Sonreías con todo el cuerpo, cada movimiento tuyo era una enorme sonrisa. Dudaste un poco. Luego fuiste bajando lento, doblando tus rodillas, dejando que te viera. Me buscabas, retardabas a propósito tu descenso hasta que me sentiste cerca de tu pubis. Te detuviste. Me guiabas con tu mano para encontrar el camino, pero no me dejabas

soy yo, no mames, puta madre, ¡soy yo!

entrar en ti por completo. Sonreías. Una y otra vez te retirabas de mí para no permitirme sentirte y te causaba gracia mi desesperación. Hasta que por fin te decidiste, apoyaste tus manos en mi pecho y quedaste en cuclillas, tu sobre mí, yo dentro de ti, tú moviendo tus caderas, en círculo, hacia delante y hacia atrás, despacio primero, luego más despacio, cerrabas los ojos, echabas la cabeza hacia atrás, subías, bajabas un poco, me apretabas el pecho, te mordías los labios, suspirabas, me sentías dentro,

¿qué carajos?

Julián extrajo el celular de la bolsa delantera de su saco. Miró el número en la pequeña pantalla, y su rostro se transfiguró en una mueca espantosa.

profundo, luego salía un poco, abrías los ojos y me mirabas fijamente, sonreías, tenías las mejillas rojas, yo apretaba fuerte tu cintura, sostenía con firmeza tus caderas, paseaba mis dedos inquietos por tu pubis, te acariciaba, subía por tu vientre, acariciaba tus pezones, tú te movías más aprisa, adelante, atrás, arriba, en círculos, abajo, suspirabas, gemías, ambos sudábamos, yo te tocaba, y cada vez eran más frenéticos nuestros movimientos, como si perdiéramos el control, y nuestros cuerpos se dejaran ir por su cuenta, dominados por ese calor que se sentía en el vientre, que recorría la espina dorsal, que estallaba en todas direcciones…

Hasta que las cosas se fueron calmando poco a poco.

Una luz brillante. Las manos aferrándose al volante. El freno hasta el fondo. Rechinar de llantas. Olor a quemado. Silencio brutal. Fuego. El auricular seguía funcionando:

Yo seguía dentro de ti, con la respiración agitada. Tú permanecías montada sobre mí, con los ojos cerrados y los labios apretados. Querías recostarte pero yo te lo impedí: tomé tus caderas con fuerza, me deslicé por debajo de ti, una vez más, por el puente de tus piernas, lento, hasta que mis labios quedaron a la altura de tu pubis, y comencé a besarte otra vez, profundo, tú reías, yo te exploraba despacio, de cerca, muy de cerca, tú apoyaste las manos en la cabecera de la cama, arqueaste la espalda para que yo pudiera besarte mejor, deseando ambos que todo comenzara de nuevo…


lunes, febrero 12, 2007

Amorcito Corazón

Puts. Este texto se veía mejor impreso. Ni modo, lo dejo así, a ver si no causa prúrito (acordaos que la forma no es sino el fondo).

«No importa», le dijo Marcela a la voz del otro lado del teléfono. «Yo voy a tu casa; lo que necesito es verte», insistió ella.

«Has lo que quieras», sentenció la voz. Su tono reflejaba molestia.

Clic.

Estática.

Sonido agudo.

Marcela colgó el auricular. Había tenido un día terrible en la oficina y necesitaba relajarse

no le gustaba que lo interrumpieran, pinche mocosa de mierda, qué se cree, que soy

un poco. ¿Sería por eso que había llamado a Alonso? Tal vez. Como quiera que haya sido,

su pendejo, con lo que me caga la madre que venga y se meta en mi cama, ésta parece ya su

se imaginaba ya de pie, frente a la puerta del departamento de éste. Se veía a sí misma ahí,

casa, si no fuera porque coje a toda madre ya la hubiera mandado a la chingada, méndiga

rubia, esbelta, con su traje gris oscuro, de entalle perfecto, la blusa negra y escotada, y los

perra arrabalera, jeje, viciosa y golosa como pocas, pero algún día tendré que deshacerme

zapatos impecables, del mismo tono que el bolso. También lo vio a él, de pie frente a ella,

de ella, ni modo, yo la previne, le dejé claro que se estaba metiendo entre las patas de los

con su característica adustez dibujada en el rostro, desaliñado, con la ropa (invariablemente

caballos, y aún así quiso aventarse esta bronca, por caliente, nomás, porque conmigo no

negra) manchada de pintura, café, sangre. Se vio besándolo en la boca, profundamente,

tiene ningún futuro, sabe perfectamente que yo soy sólo para un rato, un juguetito y ya,

acercándose a él; casi podía sentirlo recorriéndola con las manos, enredándose ansioso en

un simple revolcón, sabroso, eso sí, pero revolcón al fin y al cabo, nada más, pero nada

su cintura, apretándole las nalgas, como si quisiera aprendérsela de memoria, aprisionarla,

menos, nada más de acordarme se me pone todo tieso, chales, pinche Marcela, eres una

no dejarla escapar nunca. Sintió un ligero estremecimiento que le sacudió todo el cuerpo.

bueno, para qué te digo, estás super mami, jeje, riquísima, como para chuparse los dedos.

En sus ojos había un brillo extraño. ¿Era llanto? Si era así ¿se le habían humedecido los ojos debido a la alegría que sentía? ¿Estaba triste? Aún no lo había decidido.

Salió de la oficina y se dirigió al estacionamiento. Hacía frío. Extrajo un pequeño estuche color rosa de su bolso. Acarició los bordes de la inicial grabada: M3. Marcela Mernaus Marquís. M3. Abrió el estuche y se miró al espejo. Se encontró cansada. «Tengo cara de estrés», pensó y se alisó el cabello. Se maquilló un poco. Sonrió, y su sonrisa se transformó de inmediato en una mueca indescifrable. Presionó un botón perfectamente disimulado en el estuche. Se abrió un minúsculo compartimiento secreto. Dentro había un fino polvo blanco. Lo tomó con una de sus uñas (era bello el contraste entre el rojo brillante de sus uñas y el aura blanquecina del polvillo). Lo aspiró. La humedad de sus ojos se intensificó. Tosió. Instantes después percibió cómo su rostro se iba entumeciendo. Extrajo de su bolso las llaves de su auto. Presionó el botón que desactivaba la alarma y al mismo tiempo abría las puertas. Las luces del auto se encendieron un instante.

Marcela sonrió al saberse enamorada.

Bip-bip.

miércoles, enero 31, 2007

Feliz...




....cumpleaños ¡A mí!

(por cierto, toda esta serie de fotos [salvo la de los globitos] proviene de uno de los pocos no-lugares que todavía quedan por ahí: la fantasía surrealista de Edward James, en Xilitla, SLP).

____________________

Pinche Slavoj, lo vino a decir hasta ahora... jajajaj...

"Concibo la noción de lo político en un sentido muy amplio. Algo que depende de un fundamento ideológico, de una elección, algo que no es simplemente la consecuencia de un instinto racional. En este sentido, sostengo que nuestras creencias privadas, en el modo en que nos comportamos sexualmente o en lo que sea, son políticas, porque es siempre el proceso de elecciones ideológicas y nunca es simplemente naturaleza. En este sentido diría que la cultura popular es eminentemente política, y me interesa justamente por eso. Si usted mira los grandes filmes de Hollywood, en un principio parecerían ser absolutamente apolíticos, pero en la trilogía Matrix está absolutamente claro que bajo la excusa de un entretenimiento se apunta a los más profundos temas políticos. Matrix es una especie de metáfora gigante de cómo estamos controlados por un anónimo poder. Estoy cada vez más interesando en la manera en que hasta el más ínfimo divertimento despliega un mensaje que es siempre utópico. El mensaje verdadero, por lo menos en cierta lectura marginal, es que sólo en condiciones de una inminente catástrofe se puede concebir una especie de nueva solidaridad, en la que todas las luchas son olvidadas y todos pugnan por ayudar al prójimo. El mensaje de todos estos filmes es muy perverso: nuestra sociedad está tan dispersa en la competencia que necesitamos una gran catástrofe para lograr imaginar una nueva forma de solidaridad y cooperación".

martes, enero 30, 2007

Sospecha



La sospecha de que existen otras vías, otros accesos, siempre ha estado ahí. Indistinguible, como siempre. Inenarrable, como nunca. Pero omnipresente, sin duda. Basta pensar en esa sensación a nivel de las vísceras, a partir de la que sólo queda decir que frente a uno hay una puerta de entrada que se abre sólo para dar paso a un abismo, y que el inevitable salto no es sino el modo de entrar en algo que no se sabe bien qué es, y que invita a pesar de que resulta aterrador.

¿Te suena familiar?

[a quién le preguntas, imbécil. A mí. ¿A mí? No, a mí. Ah, Ok.]

lunes, enero 29, 2007

Esto no es una escalera

Una escalera,

el vértigo

la (deliciosa, inquientante, invitante)

caída

lunes, enero 22, 2007

Una mano

lunes, diciembre 11, 2006

Sí...

...las Chivas son campenas. Pero el Atlas es, sin duda, una condición necesaria del futbol mexicano. He dicho.

viernes, noviembre 17, 2006

miércoles, noviembre 01, 2006

Feliz

cumpleaños

lunes, octubre 30, 2006

El ensayista escribe y le crece la nariz

Escribo, como siempre, para contradecirme. Despotrico contra la Literatura, como siempre. Y por Literatura (así, con mayúscula) entiendo todo aquello que es pensable y, por ende, con posibilidad de ser (d)escrito. ¿Para qué? ¿Por qué? Me parece que la única forma de otorgarle la pureza a cualquier cosa es, desde luego, pudriéndola. Estoy convencido de que la única vía para llegar al fondo de algo radica en la destrucción total. ¿Cuál es la forma que adquiere lo anterior? Supongamos un cuento. Cualquiera. Supongamos además que dicho cuento se estructura alrededor de un vacío, cuyo eje no es precisamente el de la lógica occidental, sino su excentro implica que el desenlace del relato conlleva a una especie de bucle temporal, que no preexiste a sus efectos, sino que es retroactivamente postulado por éstos. Podría decirse que es a través de sus ecos dentro de la estructura significante que el final se convierte en lo que siempre-ya era. Ello implica, un posicionamiento ético con respecto a toda narración: pensemos que todo enfoque directo, constituido por la lógica narrativa del antes y el después, del inicio, nudo y desenlace, falla necesariamente si se trata de aprehenderlo de modo directo, sin tener en cuenta sus efectos posteriores. Al hacerlo de ese modo, al recurrir a la Literatura (como hacen esos pendejetes que se asumen como generación del Crak), nos quedaríamos atrapados dentro de la lógica tradicional del ejercicio literario, inmersos en el más puro factum brutum sin sentido.


PD.

Por eso es que tiene mucho sentido volver a postear esto:

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Diálogo a una sola voz

Hay quienes creen que leer a Cervantes [ponga usted aquí el nombre de su Escritor favorito] es una condición necesaria e ineludible para tener acceso a la Literatura. Autor imprescindibilísimo, le dicen, adoptando una pose de autosuficiencia erudita mientras citan —de memoria— algún pasaje oscuro de “La llegada a Barcelona” o de “La Cabeza encantada”. Yo al único Cervantes que conozco es al que religiosamente vendía tacos de birria todas las mañanas en la plaza de mi barrio [hasta que le destazaron el voluminoso vientre por un misterioso lío de faldas]. Dicen que tenía el hígado del tamaño de su inseparable botella de mezcal. Su vida sí que era literatura de la buena. Literatura o literatura, he ahí el dilema. Cuántos prejuicios pueden ocultarse detrás de una simple mayúscula ¿no? Habría, pues, que agarrar a martillazos a esa gran “L” hasta resquebrajarle los cimientos, adelgazarla hasta que quede en el anoréxico y precario equilibrio de una “l” que a duras penas se sostiene. Desdivinizar la Literatura implicaría hacer estallar el Olimpo literario al que sólo los Escritores pueden entrar por derecho propio [¿por derecho propio?]. ¿Por qué no convertirse, pues, en escritores así, con minúscula, [patos] terroristas que le tiran a las grandes letras [escopetas] sostenidas por una sociedad mafiosa de Escritores que no se han enterado de su propia muerte? Ese día la Literatura habrá dejado de ser tal. Ese día vivirá la literatura.

Es muy probable que nunca publique nada de esto en ningún lado [salvo en mi blog] y sólo pueda dialogar a una sola voz… conmigo. No importa. Yo no quiero ser Escritor. Es más, no quiero ser nada. No puedo querer ser nada. Aparte de eso, sólo quiero escribir, es decir, adoptar una especie de “nomadismo de la reflexión”, como llama Lapierre a esa necesidad de enfrentarse siempre al bloque macizo de lo conocido, al mito de la Razón [en este caso literaria], rompiéndose los dientes si es preciso. Un nomadismo tal que implica proceder a saltos, desarrollando una idea por aquí y otra por allá, revolcándola, tanteándola, olvidándola por un rato para luego retomarla si nos apetece. ¿Por qué no hacer un cuento a modo de disertación filosófica o presentar una disertación filosófica escrita en tono de novela light? Quizá habría que hacer de toda literatura un ensayo [literario], atravesando las fronteras de cualquier género. De este modo, no resultaría difícil encontrar en algún verso de raíz poética las claves para pensar el papel del escritor y al mismo tiempo impensar la Literatura: “el poeta [el escritor] hurga en su corazón/como quien busca pan en la basura —dice Luis Chaves—/ la poesía [la literatura] moja el colchón/ y en las páginas del diccionario/ de la real academia/ escribe el teléfono de la esposa/ de su mejor amigo”. ¿Captas? Así, más que puntos de llegada [más que textos encerrados en sí mismos], habría que establecer «campamentos provisionales», abiertos, que inviten a la ludicidad, sí, pero también a la (auto)crítica [intertextual]. Más que al autor —como sugería Barthes—, habría que dar muerte al Escritor. La Literatura agoniza; el tiro de gracia habrá de dispararlo el escritor. Pero como el buen desencantado y apático que soy, estoy casi seguro que hasta la acción más subversiva tiende a reificar los órdenes establecidos. Ante ello, como siempre, surge la bendita duda: ¿acaso todo lo anterior no es más que el reverso de una patética súplica en la que quien esto escribe implora ser reconocido como un Escritor? ¿Acaso el rechazo de todo aquello que representa la Literatura no es sino la más pura literalidad de la metáfora que involucra al ardor que mató al quemado? Quizá. Quién sabe. Lo que es cierto es que [solo] sólo escribo para contradecirme y, cuando escribo, me crece la nariz.



miércoles, octubre 18, 2006

Nieblas

En un vistoso comentario dejado al calce de uno de estos textos, una amable lectora me incita a que publique un libro. Durante el último par de años he pensado mucho en ello. Desde luego, el campo profesional en el que me desenvuelvo me obliga a estar publicando constantemente. Aunque las cosas que publico no están, ni por equivocación, relacionadas con la literatura (en oposición a lo académico). Sin embargo, no puedo negar que la idea me atrae sobremanera (me refiero a publicar un libro no necesariamente académico). Y la rumio y la mastico y le doy vueltas una y otra vez. Y siempre llego a la misma conclusión: ¿para qué? ¿Para ser leído? Tal vez. Pero luego pienso que difícilmente cualquier libro que publique será abierto por 9 mil personas distintas, como sí ha ocurrido con el blog. ¿Por un viejo romance con lo impreso? Probablemente. Pero lo impreso, qua materia, es finito, se acaba y pronto. Los bits ni siquiera tienen existencia en el ámbito real. Prevalecen. Ergo, tampoco es por tener el libro impreso. Sólo queda el ego, la terrible vanidad y la más profunda autocomplacencia. En este sentido, publicar un libro ¿no sería el equivalente de un narcisismo extremo, a un onanismo brutal, a la perversión misma de la publicidad (en su acepción relativa al espacio público) mediante un acto eminentemente privado? Más de alguna vez he insistido aquí en la necesidad de destruir la literatura desde la literatura misma. Si publico algún libro alguna vez, será con ese fin. Por lo pronto, este blog me es suficiente.

Hinspiradora, la niebla que se cierne sobre la ciudad.

sábado, octubre 14, 2006

Llave.

Nada más propiciatorio que una llave. Recorrer un pasillo repleto de puertas. Solicitar una llave, dar una llave, recibir una llave. La conexión es más que lógica: pasillo; llave; puerta; apertura (¿pero a qué o para qué?). Lejos del psicologismo facilista, la llave como objeto cotidiano, usualmente metal de bolsillo, pero que cuenta con una resonancia simbólica fundamental. Lo que esto nos deja en claro es que la mejor estrategia para ocultar algo radica en hacerlo evidente, en mostrarlo a todas luces y a los cinco vientos. La llave siempre ha estado ahí; sólo es preciso atreverse a usarla. En este sentido, los ecos de una llave resuenan en planos inaudibles. Una llave: medio de acceso, ostentación del poder y del control. Varias llaves: la definición misma de la divinidad (San Pedro, etc.). Cruzar el umbral de la mano de una llave (o con la llave en la mano). El papel y la importancia de toda llave quedan claros. Hasta que insertamos el pequeño adminículo en la cerradura y damos vuelta. Es entonces cuando se suscita toda clase de problemas (al intentar definir/entender aquello que se abre) y preferimos[1] retornar a la llave, hacerla objeto de nuestra reflexión, desentenderlos de lo otro, de lo verdaderamente importante, y pensamos en que no hay nada más propiciatorio que una llave.[2]



[1] No hay que confundirse. Hablo en plural pero no me refiero al género humano, sino a mí y a estos otros que también soy yo.

[2] ¿Ves cómo una vez más el círculo, etc.?

miércoles, octubre 04, 2006

Memoria (me-morìa)

Abrir un cajón (pero abrir un cajón no es sino otro nombre, otro eufemismo para la nostalgia) y descubrirte ahí, toda imagen y semejanza, con el cabello húmedo y los ojos matutinos, destilando algo como luz o miel, aniquilando el olvido (pero magnificando al mismo tiempo tus silencios), desplazándote por la memoria con la inmovilidad del instante atrapado entre simulacros de plata y gelatina, que me mira desde el fondo del cajón, pero sin mirarme, porque soy yo el que al verte imagina tu mirada (una vez mas comienzo a hablarte, a hablarle a tu imagen que es más bien como establecer un diálogo con el recuerdo, y que es más bien como conversar, en última instancia, conmigo; algo como un histérico monólogo a dos voces, la locura que le dicen), como si pudieras verme desde esa habitación en donde estás como recién salida de la ducha y frunciendo el ceño, con esos ojos bellísimos que traspasan y tienden un puente (imaginario, una vez más) entre esto que soy yo y que te piensa y te escribe, con tu flor, y con tu imagen y tu vestido negro y tu silueta que se dibuja tan bien, es decir, te hablo de esto que bien pudiera llamarse deseo, pero que es algo más que el deseo puro, y que es menos que el puro deseo. Y caigo en la cuenta de que todo esto que te digo (y que me digo) es como si, como si, como si ¿qué? Abro un cajón, ergo ¿existes? Sí, pero todo esto es tal vez una especie de sustitución, un intento de llenar el vacío de tanta ausencia y tanto silencio con esto que no sé si nombrar como un recuerdo, como el mecanismo que detona un recuerdo, como la oquedad constitutiva, la que no es sino la fantasía de alguien que abre un cajón con la esperanza de, con la esperanza de, con la esperanza (a secas), con la esperanza de ¿qué? Ni hablar (esperanza = flatus vocis).

sábado, septiembre 30, 2006

Círculo (circulo)

El círculo es una figura que me persigue últimamente. Todo se me presenta en las formas circulares más variadas (como si hubiese otras además de grandes y pequeñas, con líneas perimetrales gordas o flacas): desde la mancha pardusca que deja el café caliente sobre mi escritorio, hasta la vuelta al punto de partida y el ciclo que termina y comienza una vez más, casi infinitamente. Hay en ello una extraña mixtura de déjà vu y eterno retorno, de volantín vertiginoso, de paramnesia y reconciliación, de piedra arrojada al centro de un tranquilísimo lago. Es innegable que giro las mismas llaves y abro las mismas puertas, camino por los mismos pasillos y me encuentro con los mismos rostros de siempre. Esclavo de este patético círculo, pero ahora girando desde otro eje, desde un desplazamiento mínimo pero significativo, desde una visión paralática (otra de las obsesiones que me acosan). Antes sospechaba que qua bípedos implumes dejábamos un rastro etéreo conforme íbamos muriendo, un rastro que dibujaba figuras caóticas y azarosas (el azar, flatus vocis) a la manera de las babosas en el cemento. Ahora lo dudo. Y me asusta un poco que, tomando cierta distancia, tales figuras adquieran una clarísima forma circular, cíclica, de engranaje donde todo calza y todo está ya visto y dicho. El dilema no radica en ser o no ser. Postularlo así no es más que una payasada literaria glorificada. ¿Será que el verdadero dilema se sitúa precisamente entre aceptar y no aceptar esta maldita circularidad?

miércoles, septiembre 27, 2006

Volver

Es cierto: la vuelta es la ida en más de un sentido, y viceversa. Caminar tanto para llegar al mismo punto. Desde luego, llegar convertido en otra cosa, en algo diferente de aquello que se fue hace casi una década, quién sabe si más o menos, pero diferente. Escribo, sí, pero ahora desde este otro lado, con todas estas otras cosas, y todo esto es aparentemente críptico y sin sentido. Pero precisamente por ello es tan ilustrativo de lo que está pasando aquí; de por qué; de cuándo, etc. Regreso a la escritura compulsiva (y no sólo a la escritura compulsiva), y me aferro a ella como un ancla, como un punto fijo en esta rueda hamsteriana e infinita que es la ida la vuelta la ida la vuelta, como para sentir que a pesar del largo trayecto, de la circularidad de perro persiguiéndose la cola, soy el mismo y al mismo tiempo alguien distinto. La ida es la vuelta, sí, pero el lugar de retorno no es igual. Ahora, de este otro lado, el pasto es quizá un poco más verde, y el llanto de la chica de ayer así me lo confirma. Y el mundo es así, pero no es así, y etc. Devoré letras los últimos veinticinco años. ¿Será ya el tiempo de vomitarlas?

martes, septiembre 26, 2006

Nostalgia

La nostalgia como fundamento ontológico alude a una sospecha ineludible de estar siempre en el lugar incorrecto, a la hora imprecisa. En vivir a destiempo. Evoca un pasado distante o un futuro lejano, pero nunca se sitúa en presente. Detrás de todo ello se extiende una sed de excentramiento, una búsqueda infructuosa (zas, con la palabrita) de esa perspectiva panóptica que permita ver el instante en que uno va cayendo en el pozo infinito que es, también, uno mismo. Juego de espejos, mirada paralática, oblicua, que alude a un ligero desplazamiento. Reconocimiento del vacío constitutivo alrededor del cual se forja el ser y, que por ende, produce sujetos escindidos, huecos, que a diferencia de lo que canta el poeta, deshacen el camino al andar. Pareciera que hay un destino fatal, una aceptación tácita de lo que le acontece a quien es atravesado por dicha nostalgia. Pero no, hay más bien una elección, la adopción de una postura, una decisión que en lugar de señalar: “así fue”, aduce: “así lo quise”, y postula al mismo tiempo la búsqueda (de algo que no se sabe bien qué es) como una marca identitaria (qué lenguaje, qué impudor).

jueves, septiembre 21, 2006

Sí.

Pronto de vuelta...

lunes, septiembre 04, 2006

BANG

martes, agosto 22, 2006

Nada

Nada. Nada. Nada. Reiteración de una palabra. Inútil. Desesperantemente inútil. Recorrer este camino como si fuera la primera vez. Dejar que las letras fluyan. Que caigan como lluvia. Letras. Lluvia. Qué estupidez. Habrá que irse de aquí. Abandonarlo todo, dejarlo atrás a que el rencor lo pudra lentamente. Encontrar un sitio seguro donde sea posible recoger los pedazos y rearmarse de la mejor manera. A relamerse las heridas como un maldito perro. Mejor aún: abandonarse. Deshacerse de todo aquello que aparentaba ser importante, y meter en una maleta todo este conocimiento que no sirve para nada, nada, nada. Alejarse. Tomar distancia. Pero ¿cómo distanciarse de la propia e insistente sombra que persiste en permanecer justito aquí, al lado mío? Explorar otros cauces ¿valdrá la pena? Hace mucho que dejé de permitir que todo ideal me fuera significativo. Ahora sé que estuve en lo correcto. Justo ahora que aposté equivocadamente y perdí. Exacto. Hacer de la suma de derrotas una victoria. La victoria consiste en salir derrotado una y otra vez. Una. Y otra vez.

jueves, agosto 10, 2006

4

Cuatro años ya, Chatita. Y te seguimos extrañando tanto... Nos haces tanta falta...

lunes, julio 10, 2006

Welcome to postméxico

Uno de los primeros actos de gobierno de Vicente Fox consistió en modificar el logotipo de la Presidencia de la República. De un día para otro, por decreto presidencial, la archi-reconocida aguilitaparadasobreunnopaldevorandounaserpiente quedó demediada, partida por la mitad gracias a una discreta guillotina tricolor, dejando visible sólo la parte más septentrional de la citada imagen. En su tiempo, este dislate blanquiazul provocó malestar entre algunos sectores de corte patriotero en varias regiones del país. Vaya, hasta los intelectualillos que fungen como parásitos de Televisazteca protestaron durante varias semanas. Pero como suele suceder en nuestro [hoy más azul y bendito que nunca] postméxico, pronto se nos olvidó el asunto. Con el tiempo, esta construcción simbólica se coló en el imaginario nacional, y nos acostumbramos a ver el aguilita mocha por todas partes: en la tele, en los diarios, en los libros, en los programas y planes de gobierno, etc. Así hasta el cuasifinal del primer bluesexenio. Hasta aquí, el asunto carecería de importancia [salvo para los pocos patrioteros que aún pululan por ahí] si no fuera por las resonancias simbólicas que tiene ese primer acto de Fox.

En primer lugar, el rediseño de imagen que operó el equipo publicitario de Fox Inc. sobre el logotipo de la Presidencia no sólo alude a una cuestión estética. Detrás de ello subyace una profunda dimensión ética. Y por ende, política. Pensemos que la dichosa aguilita no sólo es un simple sello, sino que funge como un eje aglutinante de la mexicanidad, como el mismo gesto fundacional de nuestra nación. De modo que la estrategia mediática del primer presidente de alternancia debe ser leída en ese nivel ontológico, es decir, como un nuevo gesto fundacional, como la emergencia de un nuevo país (obviamente, postméxico). Esto fue dicho muchísimas veces por Fox. Pero el brillo de lo aparentemente nuevo nos segó/cegó, evitando que captáramos en su verdadera dimensión las palabras del presichente. Así, el corte efectuado sobre el águila no fue, pues, sino un anuncio que no supimos o no quisimos interpretar en su momento, cuya intención principal consistía en prepararnos para lo que estaría por venir en las elecciones del 2006. En otras palabras, la eliminación de la parte austral del signo definitorio del preméxico tiene una relación estrictamente homóloga con la profunda división que han dejado los recientes comicios. Basta mirar cualquier mapa que muestre la distribución del voto para darse cuenta de ello. Al igual que con el sello presidencial, la facción que quedó pintada di blue será la única que adquirirá visibilidad e importancia por lo menos durante los primeros años del próximo sexenio. Veremos que sucede por ahí del 2008. En fin, si el neoconservadurismo mexicano es coherente consigo mismo, el mensaje inicial de Fox, y su necia insistencia en la necesidad de continuar sobre el mismo caballo ¿sugiere en consecuencia que el destino de la sección amarilla (del país, no la telefónica) será igual que el de las patitas del águila? Vaya bestiario el nuestro.

Ja.


PD.

Cuando vivía en Tijuana me jactaba de tener la frontera a unos cuantos pasos. Nomás me sentía deprimido y me iba de compras al extranjero. O ya de perdis, invitaba al Monsiváis a tomar un capuchino Venti al Starbucks con los compitas de Hillcrest. Ja. Luego de las elecciones me doy cuenta que estaba equivocado. El mapa que muestra la distribución del voto señala, también, hasta dónde llegan ahora los yunaites, y desde dónde comienza Centroamérica. Chale, la pinche movilidad de las fronteras me trae loco.

PD2.

Insisto. Todo intento de impugnar las elecciones será un esfuerzo inútil. El TRIfe no se arriesgará jamás a deslegitimar al árbitro de la contienda. Habrá que olvidarse de ello. Lo más sensato radica en organizarse, en irse preparando para el 2010 ¿Captas? Si es así ¿de qué lado estarás cuando todo comience?

jueves, julio 06, 2006

¡No!


¡No! Y el mío es un no rotundo frente al oscurantismo inquisitorial que se cierne sobre nosotros (mexicanos en general, y zapopanos jaliscienses en particular). ¡No! Yo no voté por Calderón porque considero que tenerlo a él como gobernante es lo peor que le puede pasar al país. ¡No! Mi voto tampoco fue para López porque no creo que una izquierda anquilosada y prehistórica pueda sacar a México del pozo en el que está sumergido. Mi idea de proyecto de nación no tiene qué ver ni con el PAN ni con el PRD (mucho menos con el PRI o el PANAL, ¡asco!). Y sin embargo...
¡No! Nunca he deseado tanto equivocarme, pero tengo la terrible certeza de que nos espera uno de los peores sexenios de nuestra historia. Desde luego que ante la indignación que me provoca lo que acontece en la arena política nacional se imponen las lógicas inmediatas de la protesta, por un lado, y de la apatía y el desentendimiento, por el otro.[1] Pero ojo: recordemos que tanto la pasividad más profunda como la acción más subversiva tienden a reificar el orden instituido. El único resultado posible de toda rebeldía no es sino la legitimación última del pseudotriunfo panista. En este sentido, lo importante no radica en posicionarse a toda costa en contra del sistema. La verdadera protesta consiste en situarse del lado de la más pura ortodoxia, en adoptar de manera radical y hasta el límite los más enraizados preceptos blanquiazules de crucifijo y sotana. Más que un sano repliegue hacia la estabilización de la esfera privada, se precisa acercarse histéricamente al mismísimo núcleo de lo público, penetrarlo hasta el hueso hasta sorber la médula ultraconservadora. Habría, pues, que enrolarse en las filas del PAN, y adoptar como bandera cada uno de sus mandatos, cumplirlos sin rechistar, hasta convertirse en un ser más panista que Sandoval Iñiguez. Y si los contactos lo permiten, habría que llegar hasta el fondo y entrometerse en El Yunque, plagarlo con nuestra presencia, seguir al pie de la letra cada dictado y cumplir con el deber que se nos imponga. ¿Libertad de pensar y elegir? ¿Para qué? Es mejor vivir feliz y contentillo, contemplando estúpidamente una bandera azul con lindos terminados fascistas en las esquinas.

Alcemos todos la mano derecha y saludemos al [bendito] triunfador. Hail, Felipe.


(¡No!)



[1] Dentro de estas categorías está incluida, también, la movilización social virtual, es decir, aquella que nos interpela a enviar cadenas y cadenas de correos sin destinatario, en donde el botón de “enviar” y el “mouse” adquieren el mismo estatus ontólogico que el fusil y las cananas revolucionarias. Puag.

lunes, julio 03, 2006

Al averno

Sí. Directito al averno. Este país se está yendo al caño aceleradamente. ¿Seré un tipo inteligente como las ratas que abandonan la nave, o me comportaré como un vil estúpido con aires capitanescos que no huye sino hasta que todo pasajero ha sido rescatado? ¿Será ya el tiempo de hacer las maletas y partir a cualquier lugar de extranjia o quedarse a recoger los restos de lo que quede de este postméxico? La indecibilidad, como siempre...

miércoles, junio 14, 2006

Deconstructing politics

El proton pseudos —la «mentira primordial» de los histéricos, según argumentan distintos güeyes— permite discernir el tránsito de lo constitución subjetiva de la mentira hacia una especie de mentira objetiva, la cual estaría inscrita precisamente en el seno más profundo de la realidad social. Es más que evidente la relación de lo anterior con la idea ‘martzista’ (Gkrtr dixit) que anuncia el «fetichismo de las mercancías», y con respecto a ello podrían decirse un montón de cosas. Pero resulta bastante más interesante trasladar esta noción al análisis de la arena política nacional. De manera específica, un spot reciente hecho por sabrá el diablo qué publicistas enloquecidos para la campaña de Roberto Madrazo, está que ni mandado a hacer. Recordemos que el proton pseudos no es sino Der falsche logische Schein, es decir, la llegada a conclusiones falsas por medio del razonamiento lógico. En otras palabras, es posible inferir que el orden de los factores sí altera el producto: una ilusión aparentemente subjetiva hunde sus raíces en una mentira que en sí da cuerpo a la realidad objetiva. Veamos si no.

En el spot referido, el cual remite al combate a la delincuencia, aparece, en este orden, lo siguiente:

(1) Un grupo de maleantes recién capturados, riéndose porque saben que pronto van a salir de la cárcel;

(2) Madrazo con un rostro duro/endurecido, amenazante, casi obligando a (la audiencia a) que continúe con la burla. “Síganse riendo”, dice;

(3) Madrazo de nuevo, recitando la letanía de medidas que tomará para combatir la delincuencia;

(4) Un primer plano del rostro de uno de los bribones, el cual adopta poco a poco una expresión de terror;

(5) El mismo tipo (el maleante, no Madrazo) termina por orinarse;

(6) Se cierra el spot con un anuncio que reza: “con Madrazo te va a ir muy bien”.

En términos muy sintéticos, ésa es la estructura que subyace a varios de los panfletos madracistas recientes (i. e. la puesta en escena del mal-síntoma, el desanudamiento del núcleo traumático, y la emancipación final). Pero el problema, el proton pseudos, la mentira primordial, radica, sin duda, en la aparente lógica con la que son mostradas las distintas secuencias que conforman el mencionado spot. Una lectura más cuidadosa nos permitiría discernir que la disposición en que éste está presentado no es la correcta. El orden en que realmente (es decir, en la realidad social) se suceden los eventos (desordenados) en el spot es el siguiente:

(4) (2) (3) (6) (1) (5)

Ésta es precisamente la clave de lectura para interpretar la propaganda madracista: al principio, en el momento de su captura, los maleantes están lógicamente aterrados (y no precisamente porque el sistema judicial funcione, sino porque a nadie le gusta pasar un tiempo encerrado). Luego, frente a las propuestas que hace Madrazo para combatir la delincuencia, y tomando en cuenta el origen de éste, es decir, la más pura expresión del antiguo régimen, no pueden evitar reírse a carcajadas porque tienen la certeza de que van a conseguir su libertad impunemente. Esto llega al extremo de que ante tanta diversión, uno de ellos termina por orinarse (ojo: debido a la risa y no por el miedo). Tiene razón Madrazo que al votar por él el camino que se transitaría va desde el sufrimiento al goce. Lo que en su spot no se señala es que el mensaje es dirigido, precisamente, a los maleantes. En consecuencia, la lectura que no debe pasarnos de lado por ningún motivo es la siguiente: [estimado ladrón/delincuente/y demás agremiados]: “con Madrazo te va a ir muy bien”.

Je.


jueves, junio 08, 2006

Con límite de tiempo

Afuera
Una pequeña revienta en llanto
Porque alguien le ha robado el reloj
Que había enterrado meses antes
Justo en el centro del jardín

[¡—Era una cápsula del tiempo, mamá—!]

Grita
Como si en ello se le fuera la vida
Toda mejillas encendidas y rastros de agua
¡Era el de corazoncitos, mamá! —dice—
Se limpia el rostro con sus manitas
Suspira profundo, solloza, gime

Adentro
Alguien mira desde su ventana
Y piensa que pensar se vuelve
Un acto vil y sospechoso
Limpia la carátula con precisión
Sacude la arena húmeda
Ajusta la correa

Todavía es lunes [de pared a pared]

Sonríe
Sin culpa, casi
Sonríe

viernes, junio 02, 2006

...

"I need to watch things die.. from a good safe distance.
Vicariously I live while the whole world dies.
You all feel the same so..."

JMK

¿Cómo puede uno simplemente no estar de acuerdo?

martes, mayo 30, 2006

Haciendo Memoria

Hace unos catorce años que tuve mi primer encuentro con Tool. Fue un viernes, después de medianoche. Intentaba domesticar el insomnio viendo un poco de televisión. Justo en ese momento terrible en el que uno está sumergido en ese sutil abismo que separa el sueño de la vigilia, sonaron los primeros acordes de Sober. En la pantalla apareció una especie de muppet monstruoso, un ser patético que provocaba al mismo tiempo unas infinitas compasión y repulsa, envuelto en la búsqueda de ese algo que no se sabe bien qué es, pero que interpela, que obliga a permanecer buscando. Para entonces, Rayuela ya era mi libro de cabecera (esa vieja primera edición cubana que estúpidamente le regalé a una europea desabrida), y la figura del perseguidor me acechaba minuciosamente. No pude, en consecuencia, más que identificar de alguna manera al Mesías de Sober con you know who. Entonces me sentí oscuramente iluminado. Así. Y no me había vuelto a pasar. Hasta ayer. En que escuché completito el 10,000 days, la más reciente producción de Tool (afortunadamente Cortázar está muerto). La experiencia fue brutal. Yo creía que a mi edad ya no.

Y sí.

Todavía.

No me gusta recomendar música. Así que esto no es una recomendación. Lo que sí puedo decir es que diez mil días es un album sumamente profundo, introspectivo. La ejecución es brillante en cada corte. Sin duda, será uno de los cds de referencia (en mi colección). Estoy seguro que igual que sucede con Undertow (el segundo disco de Tool), seguiré escuchando 10,000 days después de quince años con igual o mayor placer que ayer.

(Y todo esto sólo para dejar en claro que no tengo nada que decir, que la hinspiración me ha abandonado por completo).

lunes, mayo 29, 2006

Juegos de rutina

Somos animales de costumbres. Endurecidos. Y al mismo tiempo, somos trayectorias vagas de lo impreciso. Seres ablandados por la baba de tantos siglos que pesan sobre nuestros hombros. Pisadas húmedas en la arena. Rastros de caracol que se inscriben en el orden establecido. Rodajas de humo acomodaticias, de esas que rasgas fácilmente con un dedo. Tú, de tu lado del abismo. Yo, en medio de este imperio insulso de la nada. Del no ser nada. Del no querer ser nada. Escrituras automáticas plasmadas en un baño público. Cuando mucho. Obras de arte dibujadas en el aire. Es cierto: digo Tú o Yo, ustedes, nosotros, pero ¿quién es este tú y quién es este yo del que hablo? No son Nadie. Nada más que las irrupciones de una metáfora en un texto terriblemente limpio. Metástasis del uno mismo. Retruécanos apesadumbrados todos. Didácticas que no enseñan más que los límites de la ignorancia. Paréntesis. Aperturas hacia lo infinito. Hacia lo otro. Inacabados. Puntos suspensivos abismales, que conducen a ningún lugar. Ojos cerrados. Precipitaciones abruptas hacia un interior que descubrimos vacío. Sillones elegantísimos en medio del desierto. Alegrías de bolsillo, desechables. Pañales sucios. Un camión lleno de marranos, rodeados de más y más marranos. Y quizá por ello es que nos queremos tanto.

miércoles, mayo 24, 2006

¡Cuidado!








Todos sabemos que éstos son hombres pequeños [sobre todo de mente, es decir, son ínfimos en propuestas]. Terriblemente pequeños. Precisamente por ello es por lo que representan, sin duda, un peligro para el país. Si no me crees, compruébalo por ti mismo. Aquí están sus plataformas electorales. Analízalas e interrógate dónde entras tú dentro de sus "proyectos de nación" (?). Entonces te darás cuenta de algo que supongo ya intuías: que el entorno político del país parece una carpa de circo. Como dice el buen amigo Luis Chaves: en el centro de la pista hay un hombre desnudo (i. e. el ciudadano común y corriente), y las butacas están repletas: de payasos (i. e. de políticos). Recordemos que lo cómico emerge justo en el momento en que la situación es tan terrible que sobrepasa los límites de lo trágico. Y la nuestra es horripilantemente jocosa.
Ja. Ja. Ja.
PD.
Por supuesto, frente a lo anterior sólo quedan dos vías. Yo ya tengo decidida la mía. ¿Y tú?

jueves, abril 27, 2006

Unos días...

Pues bien, el autor de este blog y yo (y yo también) tienen que terminar el último capítulo de una tesis doctoral que, por fin, va saliendo. En consecuencia, habremos de tomarnos unos días no para dejar de escribir, sino para escribir en demasía. Ojalá y al regreso estén ustedes por acá. Nos vemos pronto. Prontito.

I.

martes, abril 04, 2006

(Im)pensar la (post)literatura

Imposible resistir la tentación y no re-postear este texto

La primera vez que supe de la existencia de las bitácoras personales (weblogs/blogs) fue en un episodio de Los Simpson. En éste, Homero acude a trabajar, como siempre, pero se encuentra con que la planta nuclear no ha abierto sus puertas. La duda lo inmoviliza kieerkegardianamente. Por casualidad, Jenny y Carl pasean por el lugar y al ver a Homero le hacen saber que a todo el personal le fue informado del cierre por medio de un memorando difundido por correo electrónico. Como resulta obvio, Homero nunca se enteró. Al sentirse marginado decide comprar una computadora. Frente a la ya característica incapacidad homeresca, Lisa entra al rescate y le instala la PC. Desde su primer ingreso en Internet, el querido Kwyjibo queda atrapado en la red. Las posibilidades le parecen infinitas. Para explorarlas decide elaborar un weblog en el que sube el material que se piratea de otros sitios. Para darle mayor dramatismo al asunto [y evitar, de paso, toda demanda legal], Homero adopta el nombre de Mr. X. En sus post, Mr X. se dedica principalmente a ventilar las intimidades de los habitantes de Springfield (a la Chapoy). Cuando se le agotan las ideas y su página deja de recibir visitas, Homero decide inventarse las historias. Así, por ejemplo, esparce el rumor de que el Alcalde Diamante se ha gastado el presupuesto público en construir una piscina en el patio de su casa; o que el Sr. Burns trafica con uranio y lo vende los terroristas islámicos. Sobra decir que los rumores resultaron ser ciertos, por lo que la bitácora de Mr. X se convirtió en un éxito rotundo, al grado de que le fue otorgado un Pulitzer.
Desde hace poco más o menos un año yo he entrado, también, en el mundo de los blogs. Ello me ha hecho ver que la escritura es una de mis compulsiones más queridas. Escribir sin ser capaz de detenerse, narrar las sutilezas de la vida cotidiana, radicar en la inmediatez del hipertexto. Todo ello ocurre cuando se escribe en un blog. Las fronteras entre los géneros se difuminan, dejan de tener sentido. O mejor aún, se hacen visibles para poder ser atravesadas (a patadas y echando espuma por la boca). Sospecho, incluso, que al postear se crea un nuevo y efímero género: la postliteratura. No hablo de una idiotez como la literatura postmoderna, sino de una literatura del post. En la postliteratura lo escrito condiciona muy poco lo que se está escribiendo: se abre la posibilidad de de(con)struir la literatura desde la literatura misma.
Con la postliteratura el Uno irrumpe en los Otros [y viceversa] haciendo estallar la dicotomía escritor/lector. A diferencia de lo que ocurre con los textos impresos, en el blog es posible que los lectores dejen —por escrito— sus comentarios virtualmente en tiempo real, convirtiéndose así en algo más que testigos de la obra. El texto no existe salvo en la medida en que el lector-escritor lo (re)construye y se transforma en su artífice. Si la postliteratura es un género literario en gestación, requiere de un nuevo tipo de lector, uno que quizá rompa con el mito cortazariano del lector-hembra, una especie de lectoescriturista. Éste no es un híbrido estéril, sino que produce y (se) reproduce en el (hiper)texto. Por ello, la postliteratura es indigesta: exige la participación activa de los ácidos de este nuevo lectoescriturista; requiere ser convertida en una especie de bolo en el que lo literario, a final de cuentas, o se aprovecha o queda hecho otra cosa (en alguna asquerosa secreción, como ocurre con mucha literatura). Ello obliga a la toma de posturas por parte de quien lee: exige cierta complicidad del lectoescritor, un acomodamiento o una desazón, pero siempre un movimiento.
La postliteratura es efímera, fugaz, en la medida en que la retroalimentación ocurre en tiempo real. En los blogs no puede dejarse para mañana lo que se pueda leer hoy. La producción de posts es tal que el tiempo simplemente no alcanza. Y esto no es una desventaja. Al contrario, exhibe al escritor y lo coloca bajo una mirada inquisidora, como en un circo en el que el primer acto es un hombre desnudo y la gradería está repleta de payasos. En la postliteratura se reconoce que la creación literaria implica tanto al texto como al que lee [así como el hecho de abrir la puerta vincula tanto al que abre la puerta como a la puerta]. Por ello, la postliteratura es degradante en la medida en que desdiviniza al yo literario (a la figura del escritor). Permite arrojarse absurdamente a la literatura con la (des)esperanza de caer abiertos, vulnerables en la postliteratura. Al bajar del pedestal a quien escribe [o al subir al pedestal a quien lee], las bitácoras personales rompen con la idea de que la literatura es un campo autónomo, perteneciente al dominio de unos pocos. La postliteratura es y existe sólo en el momento que se lee, nunca antes ni nunca después. Puro presente, sin contaminación del pasado o del futuro. Todo aquél que tenga dos dedos de frente (y diez pesos para una hora en cualquier cybercafé) es capaz de hacer postliteratura. Por ello, ésta atenta contra las ortodoxias literarias, contra los cánones que se acomodan en los consabidos estancos: esto es una novela, aquello es un cuento, este es un ensayo, etc. Los textos postliterarios no se agotan en sí mismos, son abiertos y se reconstruyen a partir de las intersubjetividades. La postliteratura se tensa en la ambigüedad de lo post [pero sobre todo del post]: fluctúa entre ese ámbito dinámico que está más allá de la literatura [que ni siquiera es literatura] y el momento de fijar en letras las ideas.
En última instancia, la postliteratura es verborrea jeroglífica, martillar de palabras, agolpamiento de ideas. Esto es así porque escribir no es otra cosa que un juego de espejos, un hegelianismo baratísimo en el que la negación de la negación sólo afirma de manera más radical el punto de partida: hoy la literatura se postea, el post se (re)vuelve literatura y todo deviene en ¿ ? Ahora caigo en la cuenta: Barthes estaba equivocado y Homero Simpson se lo ha escupido en el rostro: no es el autor quien ha muerto, sino la literatura. Viva, pues, la postliteratura. ¡Do’h!