martes, julio 29, 2008
Minifix
martes, julio 22, 2008
Me moría de la risa
viernes, julio 18, 2008
Fue lo deportivo, ¡estúpido!
Siempre me han resultado fastidiosos en extremo los ejemplillos baratos que intentan definir la mentalidad de una sociedad completa. No son sino exaltaciones de una visión estereotipada; un conjunto de ideas “sombrilla”, nociones huecas de lo absoluto, que al intentar abarcar en su seno al todo, terminan por reventar, por vaciarse por completo. Quizá el más recurrente de estos ejemplos es aquel que alude a las diferencias entre una cubeta repleta con cangrejos mexicanos, y otra llena con cangrejos norteamericanos. En la primera, ocurre que cuando uno de estos horripilantes animalejos busca llegar al borde de la cubeta para salir de ésta, el resto lo jala hacia abajo, impidiéndole que logre su objetivo. En la segunda, el panorama se presenta como distinto: los crustáceos tienden a organizarse para que por lo menos uno de ellos alcance la cima, y desde ahí, logre ayudar a ascender a los que quedan debajo. A partir de recurrir a este tipo de ejemplos algunos pretenden explicar el atraso/avance económico, tecnológico, cultural, etc., de un pueblo/nación/raza. Lo peor es que lo anterior se está convirtiendo en una tendencia bastante recurrente. [1]
Ahora bien, si los ejemplos en sí son molestos, aquellos entes que los utilizan son verdaderamente insoportables. Desde hace mucho, uno de los personajes adscrito a esta tendencia es, sin duda, Hugo Sánchez Márquez. Hace un tiempo, cuando éste rogaba que le fuera otorgado el mando deportivo de la Selección Mexicana, ponía de relieve que la ineficacia de nuestro futbol radicaba sobre todo en la dimensión cultural, en la incorporación a nuestra cosmovisión de las perspectivas estereotipadas condensadas en elementos como el ejemplo mencionado en el párrafo anterior. En consecuencia, para los mexicanos, lo único que mediaba entre la mediocridad futbolera y el campeonato mundial era un simple cambio de actitud. Había pues que pensarse campeones del mundo, considerarse aptos para tal proeza. Él, Hugo, se percibía a sí mismo como la más pura encarnación de tal cambio de actitud. El fracaso (porque es un fracaso y no otra cosa) que representa la incapacidad para calificar a los próximos juegos olímpicos a efectuarse en Beijing demuestra que el asunto tiene una raigambre más profunda. También pone de relieve que Hugo es el más mexicano de los mexicanos (a pesar del patético acento).
¿Por qué?
Para explicar lo anterior refirámonos a otro de los despreciables ejemplos aludidos al principio de este texto: al típico “Yo no fui”, cuyo corolario es el tan conocido “Así estaba cuando yo llegué”. Resulta que en una entrevista ofrecida a ESPNDeportes Radio, el former técnico de la Selección Verde aseguraba no haber tenido la culpa de no haber clasificado a los juegos olímpicos. Más bien, el pentapichichi asegura haber sido víctima de un complot. Dice Hugo:
"Y pasó como pasa en México: hubo traición, algo que en México existe muchísimo. De frente te dicen que te van ayudar y te volteas y te clavan la puñalada por la espalda […] Yo no soy el culpable de lo que pasó".
Frente a esto, es preciso echarle un ojo a los resultados obtenidos por Sánchez en sus 16 meses al frente del equipo mexicano. Perdimos la final de la Copa de Oro contra Estados Unidos (o sea, así o más), ocupamos el tercer sitio en la Copa América y no logramos la clasificación a Beijing en un preolímpico, para variar, en Estados Unidos. ¿Será, como dice Hugo, que fue traicionado? No dudo que el factor comercial haya incidido de manera significativa para su vergonzoso despido. Pero él asegura que el cese de su contrato no tuvo motivos deportivos. ¿En serio? ¿Eso piensa Huguinho? Válgame. Una vez más, para recurrir al despreciable ejemplo descrito al principio: ese es el discurso típico de los cangrejos. No cabe duda que las declaraciones de Sánchez sugieren la necesidad de un ensayo profundo que analice la práctica de “echarse la bolita” (y no en un sentido futbolero) como un elemento definitorio de la mexicanidad. Para situarme en el mismo (bajísimo) estatus ontológico de Hugo, tendríamos que decir que ésta es una práctica terriblemente acogida entre nosotros. En fin, en todo caso habría que parafrasear a Clinton, y decirle a Hugo: fue lo deportivo, ¡estúpido!
[1] He visto y escuchado a intelectuales y académicos de altos vuelos que recurren una y otra vez, precisamente, al tan llevado y traído ejemplito.
lunes, julio 07, 2008
martes, junio 24, 2008
De música ligera
Hace mucho que la música no me producía tanto placer. Y en las últimas semanas, el gozo me ha tocado por partida doble. En primer lugar, recientemente llegó a mis manos la producción de Ximena Sariñana, titulada Mediocre. Como era de esperarse, mi primera reacción fue el escepticismo. Antes de prestarle atención, el disco reposó en mi escritorio por varios días. Por alguna estúpida razón, pensé que probablemente sería una burda imitación de Belinda o de alguna artistucha de esas prefab. Hasta que una madrugada, aburrido de leer, se me ocurrió buscar algo de esta niña en YouTube. Tras un desganado click en el primer link que arrojaron los resultados, bam. Shock. Bam again. Rewind. En la pantalla aparece una chica de pelo corto, con lentes enormes, una blusa café, sin mangas, divirtiéndose enormidades, dejando que la síncopa la penetre por todas partes. What a freak, pensé. Lovely. Luego de la primera gratísima impresión, fui por los audífonos (la experiencia me ha hecho saber que aún cuando tengo cerrada la puerta de mi estudio, las tres de la madrugada no son la mejor hora para escuchar música a un volumen considerable), y una vez cierto de que me había despabilado, puse más atención en la voz. What a feeling. Qué Belinda ni qué la chingada. Esta niña tiene algo. Click en el siguente video. Una versión jazzeada de El Triste, de Roberto Cantoral. Es cierto que no es la interpretación más afortunada de este tema. Pero cómo lo goza, la Sariñana. Finalmente, una (ésta sí, genial) It don’t mean a thing (if it ain’t got that swing), de Duke Ellington y The man I love (la cual sólo se la he escuchado a Ella Fitzgerald). Para entonces, el escepticismo se había disipado por completo. Pump up the volume, dude. Y entonces, puse Mediocre. La primera vuelta me dejó más que satisfecho. Las siguientes han sido, cuando menos, muy placenteras. Digo, no sé cuántos años tenga esta niña, ni me interesa. Lo que presenta es un producto más o menos maduro. A pesar de que la mayor parte de las piezas que componen el disco tienen una estructura muy básica, muestran cierta profundidad, un aroma añejo, que deja entrever los reflejos de un alma vieja (más allá del pop fácil). Y la voz. Deleita. No es única, y en ocasiones es muy similar a (guess who). Y sin embargo [se mueve]. En algún lado me pareció leer que la chica en cuestión participa de lleno en la composición de sus temas. Si es así, esto es un plus. En fin, lo verdaderamente importante es que, cosa rara ahora en esta época de post-rock atormentado y sí, verdaderamente mediocre, Sariñana se divierte con la música, la goza, y en este sentido, se convierte en el vehículo del goce del Otro. Tarea nada fácil.
Por si esto fuera poco, en días pasados vi, luego de postergarla un par de semanas, la peli titulada Into the Wild. Esta cinta dirigida por Sean Penn tiene un par de momentos brillantes, y una fotografía espectacular. Desde mi punto de vista, la dirección es impecable, y ello queda demostrado en la medida en que Penn logra convertir un guión terriblemente predecible y plano, en una obra bastante aceptable. Más allá de la posible pseudocrítica cinéfoba que pudiera emitir este simple ovejero, lo que realmente me impactó fue el soundtrack. Me parece que es el primer disco en solitario de Eddie Vedder. Sin duda, este señor tiene larga vida más allá de Pearl Jam. Luego de que terminó la película, ya de madrugada (¿por qué casi todo lo bueno me pasa justo en esa hora del día?) me empeñé minuciosamente en buscar y bajar el disco. Uf. Otro golpazo. Puro goce. Definitivamente, tendré que comprar el original. Todos y cada uno de los quince cortes (según dicen, el disco original trae solo doce, pero vivo que soy, también bajé los bonus tracks) valen la pena y se sostienen por sí solos. El conjunto, desde mi nada humilde perspectiva constituye, lo que se dice, una joyita auditiva. El toque folk, la voz aguardientosa y desafinada de Vedder hacen de la escucha de este disco un trip bastante ligero, sumamente refrescante. Sobre todo si uno se plante frente al nada, nadita, nada agradable panorama musical contemporáneo, en el que los “ídolos” son gueyes con mascaritas de conejo que muy apenas saben tocar una guitarra. Asco.
In extremas res
Justo cuando terminaba de escribir estas líneas, por puro accidente, descubrí a The Detroit Cobras. Tengo apenas unas cinco canciones, y todas, absolutamente todas, me han resultado muy divertidas. Desde luego, no son mi estilo (sobre todo si pensamos que yo soy un tipo al que Pig Destroyer le parece una de las bandas más innovadoras de la última década), sino que se acercan más al lado de Laclau. No obstante, Sariñana, etc.
viernes, junio 20, 2008
Lleva dedicatoria
La reacción normal sería golpearlos, deshacerles el rostro, patearlos hasta el cansancio. Como en aquella ocasión tan divertida, podría hacerlos que coloquen su boca, abierta, sobre el filo de la banqueta. Bam. Dejar caer la pierna con fuerza sobre sus cráneos. Mirarlos estallar. Desde luego, podría hacerlo con total impunidad, como ya ha ocurrido en muchas otras ocasiones. Pero eso sería terriblemente primate, elemental, burdo. En una palabra: sería terriblemente fácil. Y no. Hoy no. Las cosas no van por ahí. Aquí se impone otra estrategia. No por nada la crueldad es quizá el único arte que se enriquece mientras más se somete a la razón. Por eso, hay que pensar. Se precisa elaborar algo más sutil. Es necesario desarrollar una estrategia que cumpla el objetivo, sin que ellos se den cuenta por donde llegó el golpe. Hay que sonreír, primero. Luego asentir, como si se estuviera de acuerdo. Hacerles creer, poco a poco, concienzudamente, con minuciosidad, que se está más de aquel lado que de este. Con tranquilidad. Con la mayor serenidad posible. No importa el tiempo que transcurra. Desafortunadamente para ellos, suelo ser muy paciente. Habrá que elevarlos, alimentar su ego, inspirarles confianza. Hacerlos creer que soy un más de su clan. Y entonces sí. A erosionar sus cimientos. A destrozarlos poco a poco. Despacito. De la manera más placentera posible. Exterminarlos milímetro a milímetro. Y al final, sólo entonces, revelar la causa. Mostrarles, cuando ya no haya otra salida más que el llanto y la desolación, toda la dimensión de la tragedia en la que están inmersos; el error que cometieron al haber hecho esto que hicieron hoy.
miércoles, junio 18, 2008
lunes, junio 16, 2008
¡Feliz Cumpleaños!
Hace un año Yo pretendía ser tu guía para enseñarte el mundo. Lo que son las cosas: resulta que eres tú, así de pequeñita, quien ha venido a dirigir mis pasos, no sólo por el mundo, sino por el Universo entero. Me has llevado de la mano descubriéndolo. Y al mismo tiempo me descubro por completo, transparente, frente a ti. Me haces encontrarme en cada sonrisa de cuerpo entero que me ofreces. Me muestras la mismísima arquitectura de lo absoluto cuando acaricias mi rostro y me regalas el misterio enorme de tu mirada. Me descubro diferente, renovado, cada vez que me llamas, que me nombras en nuestro propio y casi indescifrable lenguaje. Sí. Eres tú. Una vez más, mi centro. Mi hogar. Me felicito por el privilegio de estar contigo cada día. Y te reitero mi promesa: siempre estaré ahí, fiel, tuyo desde ya, desde antes, desde hoy. Te amo tanto, tatatita.
miércoles, mayo 28, 2008
martes, mayo 13, 2008
sábado, mayo 10, 2008
Becoming
Eres nada. Menos que nada. Quizá caca. C-a-c-a-. Y decir eso ya es mucho. Eres una espinilla en el culo. La verruga en la verruga de la pata de una mosca. Una distrofia. Una mera dislocación, la envoltura seca y sucia de aquello que alguna vez fue algo. Semejanza. Apariencia. Fantasma. Te acercas como una sombra tenue, buscando esperanza en el hueco en el que se ha convertido esto que eres ahora. Hurgas en tus llagas; intentas limpiarlas, pero los gusanos insisten en permanecer en ti. Pululan en cada herida, en cada poro de tu leprosa piel. Apestas. Apestas. ¡Apestas! Mátate, te, te. Embrace the nothingness that you have become. Es lo mejor para ti y para todos. Salta al vacío. Despójate de todo, conviértete en el vacío que te rodea. Silba tu melodía favorita y sonríe mientras te untas tu sangre y tu mierda en los ojos. Revuélcate en tu vómito. Ahógate en él. Usa tus orines para tragar la píldora azul. Lanza la roja lejos. Lejos. Explota en dos mil pedazos. Desvanécete. Piensa y luego deja de existir. Desconéctate. Acaba ya con esto. Ahora repite conmigo. Eres nada. Menos que nada. Así ad nauseam.
miércoles, mayo 07, 2008
The end is near
martes, abril 29, 2008
Dije: ¡Renuncia!, estúpido
En su columna de hoy (en tres patadas, aparecida en el diario Público-Milenio), Diego Petersen Farah comenta que no importa tanto cuántos nos hemos sentido ofendidos con la mentada de madre que nos hizo a bien brindarnos [literalmente] el etílico gobernador del estado, en días pasados. Luego de ese recíproco y adelantado [recordatorio del] 10 de mayo, Petersen llama a la cordura, puesto que observa que el nivel del conflicto ha llegado al límite, y es preciso encontrarle alguna salida. Probablemente él tenga razón. Sin embargo, las vías que sugiere para reparar los daños me parecen inadecuadas. ¿Por qué? En primer lugar plantea que el gobernador puede seguir como si nada hubiera pasado, apostando a que en el balance resulte favorecido (quizá su desliz no le pegue tanto en las encuestas). La segunda vía implica “meter freno”, y diseñar una estrategia para restablecer la relación entre gobierno y gobernados. El común denominador entre estas propuestas consiste en que ninguna va al fondo del asunto, es decir, no se toca a la figura del gobernador. El problema con los argumentos de Petersen radica en que abordan el asunto desde una óptica equivocada: sugieren olvidar y perdonar. Ello equivale a querer curar el cáncer a aspirinazos. En otras palabras, el columnista sensatamente se centra en la resolución del conflicto, en la necesidad de restañar la herida. Pero al proceder de ese modo, no toma en cuenta la verdadera significación del acto cometido por el gobernador González. En primera instancia, debido a la incapacidad (pendejez, le llamó un benévolo López Dóriga en la misma edición) de Emilio de sobrellevar dignamente una borrachera, se evidencia la profundización de la fractura entre gobierno y gobernados, generada en su momento por la macrolimosna (y el resto de donativos a las televisoras, el placazo, y el largo etcétera). ¿Qué otros aspectos se ponen de relieve a partir del desliz alcohólico del gobernador? Sin duda, como reza el viejo adagio, los niños y los borrachos tienden a decir la verdad. Y la ‘veldá’ del gobernador alude a que se siente dueño de una envestidura soberana, dictatorial y autoritaria, avalada desde las más altas esferas de la grey católica local. Los aplausos otorgados por el Cardenal a las soeces ocurrencias del mandatario así lo demuestran. Algunos dirán que es mejor malo por conocido que bueno por conocer. Mediocres. Quien piense que la democracia no está en peligro, que tire la primera piedra. En manos de estos personajes se encuentran los destinos (y los desatinos) de nuestra entidad. A contracorriente de lo sugerido por Petersen, dudo mucho que ya hayamos llegado al límite. Las cosas pueden ponerse verdaderamente feas. Quizá en lo único que acierta el columnista es que no se puede cambiar el estilo personal de gobernar ni la forma de pensar de Emilio. Efectivamente: no podemos cambiar AL gobernador; lo que debemos hacer es cambiar DE gobernador (¿habría que transitar del en sí al para sí, acaso?). Desde mi perspectiva, lo he dicho ya aquí, la única salida digna de este atolladero es que Emilio renuncie. O en su defecto, que proponga una iniciativa que posibilite la revocación de su mandato. No hay más.
viernes, abril 25, 2008
Chingas a la tuya
El que se lleva aguanta. No le saques y a lo hecho (dicho) pecho. A estas alturas, cualquier acto de retractación no es sino una vil cobardía. ¿De qué otra manera se le puede llamar al que tira la piedra y esconde la mano, sino zacatón (por decir lo menos)? Ahora no tienes otra salida más que atragantarte de toda la caca encarnada en la generosa lluvia de epítetos que te espera. Luego del patinazo, te paras ante la prensa, pones cara de mustio y blasfemas una disculpa hueca, carente de todo sentido. ¿Por qué? Porque ya no sientes lo duro sino lo tupido. Dices:
"Mis comentarios han sido, fueron una opinión coloquial sin destinatario, por eso la disculpa también es así, abierta, porque no llevaba intención de ofender"
y te equivocas. Personalizaste la agresión. La mentada de madre fue perfectamente dirigida. Sugerir siquiera que lo tuyo fue una opinión coloquial y sin destinatario es una falacia, un acto fallido y hueco. O en caso contrario, ¿será entonces que ése es el signo de tu gobierno? ¿Me estás diciendo que manejas los destinos de nuestra entidad a tientas y a locas, es decir, de manera coloquial y sin destinatario, desde la más pura ineficacia? ¿Quieres darle sustancia a tu disculpa? Ve y toca la puerta de cada persona a la que insultaste. Casa por casa. A ver si realmente te parecemos pocos los que no estamos de acuerdo con tus despropósitos.
Por otra parte, intentas [sin éxito] justificarte aduciendo lo siguiente:
“Me ganó la emoción, utilicé un lenguaje inapropiado, indigno de Jalisco, impropio de un Gobernador. No suelo hablar así, no es la educación que recibí, no es el ejemplo que quiero dejar a mis hijos”.
Patético. No hay nada más pueril que escudarse detrás de los hijos. Usarlos para matizar tus desatinos es un acto terrible, digno apenas de Michael Jackson. Pareciera que piensas que aducir tus yerros a un carácter emocional incontrolable te sitúa como un personaje más humano pero, una vez más, te equivocas. Ocurre todo lo contrario. Más bien, pones de relieve todas tus incapacidades. Aunque he de reconocer que tienes razón en algo: tus actos son impropios de un gobernador, y son indignos de Jalisco. Sin duda es cierto. Los jaliscienses no merecemos que nos gobierne alguien como tú.
Renuncia ya.
Lo Otro
jueves, abril 24, 2008
Nuevo Rostro
I.
martes, abril 15, 2008
(Dis)enchanted
viernes, marzo 21, 2008
¿Minifix?
martes, marzo 18, 2008
viernes, febrero 29, 2008
Change
Hurgo una vez más en la herida. Vieja ya. Incurable. Rasgadura fundamental en el tejido de esto que soy yo ahora. Me alejo y la contemplo. Fijamente. Me mira. O pienso que me mira. Como el abismo. Sí, abismo y reencuentro. Inacabables ambos. Salto inevitable. Caída en espiral. Hasta el fondo de la herida misma. Vértigo. Hasta el fondo. Temblando. Hecho polvo. Reducido a nada. A menos que nada. Pustuloso. Infecto. Me arrastro, dejando mi pus sobre el ladrillo. Igual que el tiempo. Perdido. Igual que el tiempo. Supuro. Apesto a podrido. Y al final, dejo que el sopor me inunde. Me envuelva. Poco a poco me adormece, calma el dolor.
Afuera el calor, o la lluvia.
No sé.
Y yo estoy tan feliz.






