Hurgo una vez más en la herida. Vieja ya. Incurable. Rasgadura fundamental en el tejido de esto que soy yo ahora. Me alejo y la contemplo. Fijamente. Me mira. O pienso que me mira. Como el abismo. Sí, abismo y reencuentro. Inacabables ambos. Salto inevitable. Caída en espiral. Hasta el fondo de la herida misma. Vértigo. Hasta el fondo. Temblando. Hecho polvo. Reducido a nada. A menos que nada. Pustuloso. Infecto. Me arrastro, dejando mi pus sobre el ladrillo. Igual que el tiempo. Perdido. Igual que el tiempo. Supuro. Apesto a podrido. Y al final, dejo que el sopor me inunde. Me envuelva. Poco a poco me adormece, calma el dolor.
Afuera el calor, o la lluvia.
No sé.
Y yo estoy tan feliz.
4 comentarios:
Me encantó tu relato, yo también recaigo y me empapo en esos lodazales del recuerdo.
Un saludo y espero que puedas visitarme.
Hacía ya bastante que no me paseaba por aquí, me gusta (excepto el título). Siento como si describieras mis viajes a la memoría en mis ratos de profundo ocio y que estos terminan hasta que pongo atención a la música y tomo un libro.
Saludos.
Erm... La herida es lo constitutivo Sis... Es eso que Zizek, junto con Lacan llaman 'En el (Igor) más que el (Igor)', en su forma material, es la ruptura misma, sin la cual, dejarías de existir. Lo único que queda es comtemplarla (siempre 'de lado', eso si)y aquilatarla.
Ea. Gracias por la visita. Hace mucho que no recibía comentarios. jeje. Ya ni me acordaba qué se sentía que lo leyeran a uno.
Publicar un comentario