martes, junio 24, 2008

De música ligera

Hace mucho que la música no me producía tanto placer. Y en las últimas semanas, el gozo me ha tocado por partida doble. En primer lugar, recientemente llegó a mis manos la producción de Ximena Sariñana, titulada Mediocre. Como era de esperarse, mi primera reacción fue el escepticismo. Antes de prestarle atención, el disco reposó en mi escritorio por varios días. Por alguna estúpida razón, pensé que probablemente sería una burda imitación de Belinda o de alguna artistucha de esas prefab. Hasta que una madrugada, aburrido de leer, se me ocurrió buscar algo de esta niña en YouTube. Tras un desganado click en el primer link que arrojaron los resultados, bam. Shock. Bam again. Rewind. En la pantalla aparece una chica de pelo corto, con lentes enormes, una blusa café, sin mangas, divirtiéndose enormidades, dejando que la síncopa la penetre por todas partes. What a freak, pensé. Lovely. Luego de la primera gratísima impresión, fui por los audífonos (la experiencia me ha hecho saber que aún cuando tengo cerrada la puerta de mi estudio, las tres de la madrugada no son la mejor hora para escuchar música a un volumen considerable), y una vez cierto de que me había despabilado, puse más atención en la voz. What a feeling. Qué Belinda ni qué la chingada. Esta niña tiene algo. Click en el siguente video. Una versión jazzeada de El Triste, de Roberto Cantoral. Es cierto que no es la interpretación más afortunada de este tema. Pero cómo lo goza, la Sariñana. Finalmente, una (ésta sí, genial) It don’t mean a thing (if it ain’t got that swing), de Duke Ellington y The man I love (la cual sólo se la he escuchado a Ella Fitzgerald). Para entonces, el escepticismo se había disipado por completo. Pump up the volume, dude. Y entonces, puse Mediocre. La primera vuelta me dejó más que satisfecho. Las siguientes han sido, cuando menos, muy placenteras. Digo, no sé cuántos años tenga esta niña, ni me interesa. Lo que presenta es un producto más o menos maduro. A pesar de que la mayor parte de las piezas que componen el disco tienen una estructura muy básica, muestran cierta profundidad, un aroma añejo, que deja entrever los reflejos de un alma vieja (más allá del pop fácil). Y la voz. Deleita. No es única, y en ocasiones es muy similar a (guess who). Y sin embargo [se mueve]. En algún lado me pareció leer que la chica en cuestión participa de lleno en la composición de sus temas. Si es así, esto es un plus. En fin, lo verdaderamente importante es que, cosa rara ahora en esta época de post-rock atormentado y sí, verdaderamente mediocre, Sariñana se divierte con la música, la goza, y en este sentido, se convierte en el vehículo del goce del Otro. Tarea nada fácil.

Por si esto fuera poco, en días pasados vi, luego de postergarla un par de semanas, la peli titulada Into the Wild. Esta cinta dirigida por Sean Penn tiene un par de momentos brillantes, y una fotografía espectacular. Desde mi punto de vista, la dirección es impecable, y ello queda demostrado en la medida en que Penn logra convertir un guión terriblemente predecible y plano, en una obra bastante aceptable. Más allá de la posible pseudocrítica cinéfoba que pudiera emitir este simple ovejero, lo que realmente me impactó fue el soundtrack. Me parece que es el primer disco en solitario de Eddie Vedder. Sin duda, este señor tiene larga vida más allá de Pearl Jam. Luego de que terminó la película, ya de madrugada (¿por qué casi todo lo bueno me pasa justo en esa hora del día?) me empeñé minuciosamente en buscar y bajar el disco. Uf. Otro golpazo. Puro goce. Definitivamente, tendré que comprar el original. Todos y cada uno de los quince cortes (según dicen, el disco original trae solo doce, pero vivo que soy, también bajé los bonus tracks) valen la pena y se sostienen por sí solos. El conjunto, desde mi nada humilde perspectiva constituye, lo que se dice, una joyita auditiva. El toque folk, la voz aguardientosa y desafinada de Vedder hacen de la escucha de este disco un trip bastante ligero, sumamente refrescante. Sobre todo si uno se plante frente al nada, nadita, nada agradable panorama musical contemporáneo, en el que los “ídolos” son gueyes con mascaritas de conejo que muy apenas saben tocar una guitarra. Asco.

In extremas res

Justo cuando terminaba de escribir estas líneas, por puro accidente, descubrí a The Detroit Cobras. Tengo apenas unas cinco canciones, y todas, absolutamente todas, me han resultado muy divertidas. Desde luego, no son mi estilo (sobre todo si pensamos que yo soy un tipo al que Pig Destroyer le parece una de las bandas más innovadoras de la última década), sino que se acercan más al lado de Laclau. No obstante, Sariñana, etc.

viernes, junio 20, 2008

Lleva dedicatoria

La reacción normal sería golpearlos, deshacerles el rostro, patearlos hasta el cansancio. Como en aquella ocasión tan divertida, podría hacerlos que coloquen su boca, abierta, sobre el filo de la banqueta. Bam. Dejar caer la pierna con fuerza sobre sus cráneos. Mirarlos estallar. Desde luego, podría hacerlo con total impunidad, como ya ha ocurrido en muchas otras ocasiones. Pero eso sería terriblemente primate, elemental, burdo. En una palabra: sería terriblemente fácil. Y no. Hoy no. Las cosas no van por ahí. Aquí se impone otra estrategia. No por nada la crueldad es quizá el único arte que se enriquece mientras más se somete a la razón. Por eso, hay que pensar. Se precisa elaborar algo más sutil. Es necesario desarrollar una estrategia que cumpla el objetivo, sin que ellos se den cuenta por donde llegó el golpe. Hay que sonreír, primero. Luego asentir, como si se estuviera de acuerdo. Hacerles creer, poco a poco, concienzudamente, con minuciosidad, que se está más de aquel lado que de este. Con tranquilidad. Con la mayor serenidad posible. No importa el tiempo que transcurra. Desafortunadamente para ellos, suelo ser muy paciente. Habrá que elevarlos, alimentar su ego, inspirarles confianza. Hacerlos creer que soy un más de su clan. Y entonces sí. A erosionar sus cimientos. A destrozarlos poco a poco. Despacito. De la manera más placentera posible. Exterminarlos milímetro a milímetro. Y al final, sólo entonces, revelar la causa. Mostrarles, cuando ya no haya otra salida más que el llanto y la desolación, toda la dimensión de la tragedia en la que están inmersos; el error que cometieron al haber hecho esto que hicieron hoy.

miércoles, junio 18, 2008

¡Feliz cumpleaños, sista!


Cómo no, si te quiero un chingo. Jeje. Un abrazo, carnalito.

lunes, junio 16, 2008

¡Feliz Cumpleaños!


Hace un año Yo pretendía ser tu guía para enseñarte el mundo. Lo que son las cosas: resulta que eres tú, así de pequeñita, quien ha venido a dirigir mis pasos, no sólo por el mundo, sino por el Universo entero. Me has llevado de la mano descubriéndolo. Y al mismo tiempo me descubro por completo, transparente, frente a ti. Me haces encontrarme en cada sonrisa de cuerpo entero que me ofreces. Me muestras la mismísima arquitectura de lo absoluto cuando acaricias mi rostro y me regalas el misterio enorme de tu mirada. Me descubro diferente, renovado, cada vez que me llamas, que me nombras en nuestro propio y casi indescifrable lenguaje. Sí. Eres tú. Una vez más, mi centro. Mi hogar. Me felicito por el privilegio de estar contigo cada día. Y te reitero mi promesa: siempre estaré ahí, fiel, tuyo desde ya, desde antes, desde hoy. Te amo tanto, tatatita.

miércoles, mayo 28, 2008

ñ_ñ












Ah, cómo te quiero, condenada.

martes, mayo 13, 2008

Diálogo

-Sea hombre, tome cerveza.

-Usté sea postmoderno, use metáforas.

sábado, mayo 10, 2008

Becoming

Eres nada. Menos que nada. Quizá caca. C-a-c-a-. Y decir eso ya es mucho. Eres una espinilla en el culo. La verruga en la verruga de la pata de una mosca. Una distrofia. Una mera dislocación, la envoltura seca y sucia de aquello que alguna vez fue algo. Semejanza. Apariencia. Fantasma. Te acercas como una sombra tenue, buscando esperanza en el hueco en el que se ha convertido esto que eres ahora. Hurgas en tus llagas; intentas limpiarlas, pero los gusanos insisten en permanecer en ti. Pululan en cada herida, en cada poro de tu leprosa piel. Apestas. Apestas. ¡Apestas! Mátate, te, te. Embrace the nothingness that you have become. Es lo mejor para ti y para todos. Salta al vacío. Despójate de todo, conviértete en el vacío que te rodea. Silba tu melodía favorita y sonríe mientras te untas tu sangre y tu mierda en los ojos. Revuélcate en tu vómito. Ahógate en él. Usa tus orines para tragar la píldora azul. Lanza la roja lejos. Lejos. Explota en dos mil pedazos. Desvanécete. Piensa y luego deja de existir. Desconéctate. Acaba ya con esto. Ahora repite conmigo. Eres nada. Menos que nada. Así ad nauseam.

miércoles, mayo 07, 2008

The end is near

Válgame. Para beneplácito (y asombro) de todos los que somos rojinegros de corazón, ahora estamos entre los mejores 16 equipos de Latinoamérica. Le duela a quien le duela. Y como correlato, Salinas de Gortari asegura en su último libro que su gobierno no fue neoliberal. No cabe duda que el fin está cercano.

martes, abril 29, 2008

Dije: ¡Renuncia!, estúpido

En su columna de hoy (en tres patadas, aparecida en el diario Público-Milenio), Diego Petersen Farah comenta que no importa tanto cuántos nos hemos sentido ofendidos con la mentada de madre que nos hizo a bien brindarnos [literalmente] el etílico gobernador del estado, en días pasados. Luego de ese recíproco y adelantado [recordatorio del] 10 de mayo, Petersen llama a la cordura, puesto que observa que el nivel del conflicto ha llegado al límite, y es preciso encontrarle alguna salida. Probablemente él tenga razón. Sin embargo, las vías que sugiere para reparar los daños me parecen inadecuadas. ¿Por qué? En primer lugar plantea que el gobernador puede seguir como si nada hubiera pasado, apostando a que en el balance resulte favorecido (quizá su desliz no le pegue tanto en las encuestas). La segunda vía implica “meter freno”, y diseñar una estrategia para restablecer la relación entre gobierno y gobernados. El común denominador entre estas propuestas consiste en que ninguna va al fondo del asunto, es decir, no se toca a la figura del gobernador. El problema con los argumentos de Petersen radica en que abordan el asunto desde una óptica equivocada: sugieren olvidar y perdonar. Ello equivale a querer curar el cáncer a aspirinazos. En otras palabras, el columnista sensatamente se centra en la resolución del conflicto, en la necesidad de restañar la herida. Pero al proceder de ese modo, no toma en cuenta la verdadera significación del acto cometido por el gobernador González. En primera instancia, debido a la incapacidad (pendejez, le llamó un benévolo López Dóriga en la misma edición) de Emilio de sobrellevar dignamente una borrachera, se evidencia la profundización de la fractura entre gobierno y gobernados, generada en su momento por la macrolimosna (y el resto de donativos a las televisoras, el placazo, y el largo etcétera). ¿Qué otros aspectos se ponen de relieve a partir del desliz alcohólico del gobernador? Sin duda, como reza el viejo adagio, los niños y los borrachos tienden a decir la verdad. Y la ‘veldá’ del gobernador alude a que se siente dueño de una envestidura soberana, dictatorial y autoritaria, avalada desde las más altas esferas de la grey católica local. Los aplausos otorgados por el Cardenal a las soeces ocurrencias del mandatario así lo demuestran. Algunos dirán que es mejor malo por conocido que bueno por conocer. Mediocres. Quien piense que la democracia no está en peligro, que tire la primera piedra. En manos de estos personajes se encuentran los destinos (y los desatinos) de nuestra entidad. A contracorriente de lo sugerido por Petersen, dudo mucho que ya hayamos llegado al límite. Las cosas pueden ponerse verdaderamente feas. Quizá en lo único que acierta el columnista es que no se puede cambiar el estilo personal de gobernar ni la forma de pensar de Emilio. Efectivamente: no podemos cambiar AL gobernador; lo que debemos hacer es cambiar DE gobernador (¿habría que transitar del en sí al para sí, acaso?). Desde mi perspectiva, lo he dicho ya aquí, la única salida digna de este atolladero es que Emilio renuncie. O en su defecto, que proponga una iniciativa que posibilite la revocación de su mandato. No hay más.

viernes, abril 25, 2008

Chingas a la tuya

Querido Emilio:

El que se lleva aguanta. No le saques y a lo hecho (dicho) pecho. A estas alturas, cualquier acto de retractación no es sino una vil cobardía. ¿De qué otra manera se le puede llamar al que tira la piedra y esconde la mano, sino zacatón (por decir lo menos)? Ahora no tienes otra salida más que atragantarte de toda la caca encarnada en la generosa lluvia de epítetos que te espera. Luego del patinazo, te paras ante la prensa, pones cara de mustio y blasfemas una disculpa hueca, carente de todo sentido. ¿Por qué? Porque ya no sientes lo duro sino lo tupido. Dices:

"Mis comentarios han sido, fueron una opinión coloquial sin destinatario, por eso la disculpa también es así, abierta, porque no llevaba intención de ofender"

y te equivocas. Personalizaste la agresión. La mentada de madre fue perfectamente dirigida. Sugerir siquiera que lo tuyo fue una opinión coloquial y sin destinatario es una falacia, un acto fallido y hueco. O en caso contrario, ¿será entonces que ése es el signo de tu gobierno? ¿Me estás diciendo que manejas los destinos de nuestra entidad a tientas y a locas, es decir, de manera coloquial y sin destinatario, desde la más pura ineficacia? ¿Quieres darle sustancia a tu disculpa? Ve y toca la puerta de cada persona a la que insultaste. Casa por casa. A ver si realmente te parecemos pocos los que no estamos de acuerdo con tus despropósitos.

Por otra parte, intentas [sin éxito] justificarte aduciendo lo siguiente:

“Me ganó la emoción, utilicé un lenguaje inapropiado, indigno de Jalisco, impropio de un Gobernador. No suelo hablar así, no es la educación que recibí, no es el ejemplo que quiero dejar a mis hijos”.

Patético. No hay nada más pueril que escudarse detrás de los hijos. Usarlos para matizar tus desatinos es un acto terrible, digno apenas de Michael Jackson. Pareciera que piensas que aducir tus yerros a un carácter emocional incontrolable te sitúa como un personaje más humano pero, una vez más, te equivocas. Ocurre todo lo contrario. Más bien, pones de relieve todas tus incapacidades. Aunque he de reconocer que tienes razón en algo: tus actos son impropios de un gobernador, y son indignos de Jalisco. Sin duda es cierto. Los jaliscienses no merecemos que nos gobierne alguien como tú.

Renuncia ya.

Lo Otro

Abrirse a lo otro, captar su fluir, convertirse en Otro. Rodeado de rostros que se devoran y revuelven en sí mismos como un Ouroboros decadente, videoráfaga, alfa y omega, principio y fin de todo. Lo otro es uno mismo, todo y la misma cosa. Deshacer los pasos, andar el mundo desde un escritorio. Volver hacia atrás. Pero el regreso es siempre, en alguna medida, también una fuga, una huída que no tiene destino; que no tiene sentido. Una vez más, lo otro se erige frente a uno. Se escribe así, con minúscula porque reconoce su pequeñez, se da cuenta de los terribles cuestionamientos que pesan sobre toda intención de mayúscula. Erosión. Eros. Ión. Enfretar lo otro implica hacerse a un lado, estrategia oblicua, evasión de lo otro porque es muchas veces el reflejo horripilante de lo uno, de todo aquello que es uno, de todo lo que es uno cuando se mira en lo otro. Y no es sino hasta ese enfrentamiento con lo otro que el uno se vuelve problemático. Se resuelve. Se revuelve. Y punto. Abrir una puerta es siempre abrir una puerta y siempre es, también, otra cosa.

jueves, abril 24, 2008

Nuevo Rostro

Bueno, pues ya le hacía falta una renovada a este polvoso blog. Sigo buscando algún template que me guste. Por lo pronto, veré si me acostumbre a éste. Si no, ya lo iré cambiando con el paso de los días.


I.

martes, abril 15, 2008

(Dis)enchanted

Cada vez que me estafan se descascara un poco más la escasísima confianza que tengo en el ser humano. Sobre todo cuando actúo de buena fe y termino estampando el rostro contra muros del más puro cinismo. Me explico: hace unos días, mientras trabajaba a altas horas de la madrugada, de pronto, mi máquina se apagó. Y ya no pude encenderla. Estaba dañada la conexión a la energía eléctrica. Preocupado, decidí irme a la cama. Luego de algunos ronquidos, en cuanto despuntó el alba (o sea, cerca de las diez de la mañana), llevé el aparatejo a la Plaza de la Tecnología para que lo diagnosticaran y, en su caso, le dieran la medicina correspondiente. Pues bien, la chica que me recibió fue muy amable, y me comentó que el costo de la reparación era de alrededor de $475.00 pesos (moneda nacional). Como era más o menos lo que tenía presupuestado, me pareció razonable. Procedí a sacar un billetote de a quinientos de mi cartera y se lo entregué a la chica. Ella me regresó el cambio correspondiente y me mandó a que llevara la laptop a un local que estaba enseguida, el cual fungía como una especie de taller, mientras ella me hacía un recibo. Regresé a decirle que todo estaba listo. Enseguida, me entregó un recibo en el que se estipulaba la cantidad que me había cobrado. Pero, convenientemente, olvidó ponerle el sello de “pagado”. Por supuesto, jamás me di cuenta. Al día siguiente, luego de impartir mis clases y degustar unas frías aguas de cebada con mis alumnos (Laclau: qué pena con Camacho, vas a ver), me dirigí a la afformentioned Plaza. Cuando llegué al local, me informaron que mi máquina estaba más que lista. Incluso la encendieron para demostrármelo. Yo estaba muy contento con el trabajo, así que sonriente, procedí a guardar el aparato en mi mochila. Al hacer esto, el joven que me hacía entrega me dijo: “son 475.00”. Entonces, obvio, yo contesté: “Ah sí, ya pagué. Le di el dinero a ella”. Por supuesto, señalaba a la chica que me había atendido. “¿A míiiiiiiii?”, dijo ella, con cara sorprendida. “Sí, ayer por la mañana ¿no recuerdas? Me diste este recibo”, contesté yo, todavía sonriendo. Mientras esto ocurría, el joven me arrebataba hábilmente la laptop de las manos. “No. A mí no me diste nada. Déjame ver tu recibo […] No, no tiene el sello”. Entonces me di cuenta de lo que ocurría: me habían chingado con todas las de la Ley (o mejor dicho, fuera de ésta). Para no hacer el cuento largo (¿más?) escalé todas las jerarquías de la empresa, hasta hablar con el dueño, y nada. La única solución fue que tenía que pagar otra vez. Y desde luego, debo de aprender no ser tan pendejo para ocasiones próximas. Chale. Como si la pendejez fuera gripa y se quitara.

viernes, marzo 21, 2008

¿Minifix?

Entonces decidí dejar de correr. Después de tanto huir, por fin iba a permitir que me alcanzaran mis demonios.

martes, marzo 18, 2008

Imágenes





A veces, sólo a veces, una imagen dice más que mil palabras. Aquí van cuatro mil (aprox.).

viernes, febrero 29, 2008

Change

Hurgo una vez más en la herida. Vieja ya. Incurable. Rasgadura fundamental en el tejido de esto que soy yo ahora. Me alejo y la contemplo. Fijamente. Me mira. O pienso que me mira. Como el abismo. Sí, abismo y reencuentro. Inacabables ambos. Salto inevitable. Caída en espiral. Hasta el fondo de la herida misma. Vértigo. Hasta el fondo. Temblando. Hecho polvo. Reducido a nada. A menos que nada. Pustuloso. Infecto. Me arrastro, dejando mi pus sobre el ladrillo. Igual que el tiempo. Perdido. Igual que el tiempo. Supuro. Apesto a podrido. Y al final, dejo que el sopor me inunde. Me envuelva. Poco a poco me adormece, calma el dolor.

Afuera el calor, o la lluvia.

No sé.

Y yo estoy tan feliz.

domingo, enero 27, 2008

El Orfanato


No soy crítico de cine. Ni de nada. Hacer crítica (literaria, filosófica, cinematográfica, en fin, intelectualoide), me parece una actividad parasitaria [because those who can’t do, criticize]. Basta recordar que hasta el criticón o criticona más subversivo no hace sino reificar el sistema sobre el que dirige sus diatribas. Dicho esto, pasemos a lo que sigue. Hace mucho que no iba al cine. Más de lo debido. Sin embargo, luego de arduas gestiones, logramos que el Roger nos cuidara a la Naila; así que el viernes pasado Laclau y yo pudimos escaparnos a los Lumiere. Estábamos indecisos entre “Soy Legenda”, y “El Orfanato”. Al final nos decidimos por esta última. Como lo he dicho aquí cientos de veces, mi género preferido es el Terror, por lo que entré a la sala dispuesto a reírme como loco. Y así lo hice un par de veces. Pero la risa fue provocada porque me divierten las desgracias ajenas, y no tanto porque la película fuera absurda o ridícula. Más bien, el filme de J. A. Bayón está bien conducido, y produce los efectos que busca. No obstante, abusa un poco del bu fácil, del fantasmazo, del portazo a las espaldas y el arrastrado de cadenas, recursos típicos del género. Pero aparte de eso, el conjunto es coherente consigo mismo y con la tradición de este tipo de cine: atmósferas oscuras, el eterno retorno al hogar, la búsqueda de respuestas, niños desamparados [y muertos], malicia, etc. Quizá el mayor logro de El Orfanato se que ya hacia la última parte logra situar el horror en el mundo terrenal. Nada de fantasmas. La realidad que J. A. Bayón nos muestra es tan terrible, tan abrumadora, tan posible, que provoca un miedo innombrable. En una secuencia que dura cuando mucho un par de minutos, el director logra plasmar el horror del dolor más puro, cuando Laura (Belén Rueda), descubre el cadáver de Simón, su hijo adoptivo.

Sin embargo… Desde mi particular punto de vista, la película debió haber terminado ahí. Cuando la culpa y la desolación inundan todo el entorno. Pero no. El filme siguió, armando un final asqueroso. El típico happy ending lanza al caño todo el desarrollo anterior. Simplemente no es posible que una película de terror termine en abrazos lindos. No, no y no. Me resisto. Es completamente vomitivo. Al grado de que tuve que sacar a rastras de la sala a Laclau, porque no pude soportarlo más. Fuera de eso, la peli me gustó. Además, el costume de Simón es bastante espeluznante.

Duh.

domingo, enero 20, 2008

Mantras sueltos

Yo soy el vacío que amenaza con devorarme.
El núcleo de mi ser es aquello que obtengo a cambio de mi sacrificio: nada.
Una vez más, yo soy el vacío. Mis características empíricas costituyen el contenido positivo de mi persona y en este sentido no son sino variables contingentes.
El sujeto se encuentra a sí mismo justo en el momento en que la negación deja de ser determinada y se convierte en absoluta; en otras palabras: la mirada del sujeto está inscrita de manera fundamental en el objeto percibido.
________

La Literatura (con mayúscula), al igual que la Filosofía, (qua disciplina institucionalizada) no es sino uno más de los múltiples discursos del Amo, del Gran Otro.
La posición de las palabras lo DETERMINA todo; es preciso transformar la reflexión determinada en la determinación reflexiva. Hay que trasladarse de las posturas verdaderas a la verdad que habla.
Los tres grandes secretos de todo escritor (con minúscula)que se precie de serlo son dos: la lectura (voraz).

domingo, enero 13, 2008

Evanescencias

¿Qué queda después de todo esto? ¿Qué es lo que sigue? Preguntas justas. De entrada se me ocurre que, desde este lado de la acera, habrá un aferramiento al recuerdo, un anclaje profundo en la nostalgia. No habrá más qué hacer que contemplar cómo poco a poco se irá difuminando tu rostro, cómo tus ojos se desvanecerán, como cerrándose; y la sensación de estar en ti, de tu tacto y tu sabor, serán domesticadas mansamente por la memoria. Me interrogaré si aquello era así objetivamente, o si mi subjetividad lo transformaba en magia, en un abismo pleno. Despacio repetiré cada uno de tus nombres, como para invocar esa mirada de miel y avellana que me atravesaba por completo, intentando situar el olor de tu cuerpo en alguna parte del mío, fijarlo irrevocablemente para que permanezca ahí, eterno y dulce, sin abandonarme más. Me sorprenderé reviviéndote frente a un minúsculo rectángulo rojo, pretendiendo decidir entre la ausencia y el olvido, y refugiándome de cualquier modo en una inevitable sonrisa provocada por la tristeza. Recorreré los sitios cotidianos donde te veía, casi inmutable, pensando quizá en una fotografía, en un puente, en una sombra o en un pliegue de piel. Abriré una puerta, seguro de un encuentro casual, en alguna parte. Y detrás no habrá nada, sólo yo, y quizá un espejo, y una flor amarilla que será una vez más el ancla, el elemento coagulante, el detonador de tu presencia. Esto es así, me insistiré, buscando minuciosamente una palabra que no deseo articular, pero que resuena fuerte, poderosamente, y que rasga de manera brutal, abriendo una herida inmensa, intangible, como esos nombres que quizá no vuelva a pronunciar.

miércoles, enero 09, 2008

Ay, no mames

Factum brutum: no hay afirmación más ideológica que aquella que postula que vivimos en una época en la que la ideología ha sido superada. Sin embargo, dicha afirmación resulta cada vez más adecuada. A todas horas y en todo lugar, uno se encuentra inmerso hasta el cogote en el ámbito de lo ideológico. No hay escapatoria. Aún en los sitios más inesperados: tanto en el más inocente consejo que brinda la abuela, como en los programas gubernamentales más profundos y progresistas. La vida cotidiana está plagada de ejemplos. Tomemos algo tan simple como un viaje en avión. ¿Acaso la sonrisa implantada en todos y cada uno de los que componen el personal de abordo no ejerce una profunda labor de ocultamiento? Recordemos que cada vez que ingresamos en la cabina de uno de estos aparatejos estamos propensos al más terrible desastre. Confiamos en que la sonrisa del piloto o la sobrecargo esté originada por la seguridad de que llegaremos bien a nuestro destino. Sin embargo, la eterna sonrisa de estos personajes tiende a enmascarar lo horripilante de la situación. “Bienvienidos”, nos dicen cuando atravesamos la pequeña puerta con nuestras mochilas o maletines. Haría falta que complementaran la frase: “Esperemos no morir hoy”. Luego, una vez con los cinturones abrochados y a punto del despegue, comienza el ballet del horror: con movimientos gráciles, elaborados, las sobrecargo comienzan a señalar las puertas de salida y los procedimientos de emergencia. Pareciera que la labor de estas personas es hacernos más placentero el viaje. No obstante, su verdadera función consiste en presentarnos de manera bonita lo espeluznante que puede ser un accidente aéreo. Ideología pura.