martes, septiembre 09, 2008

De trip(a)

Laclau y yo tenemos la costumbre [nada benéfica para nuestros bolsillos] de explorar la ciudad para buscar un restaurante, fonda, local, puesto, o puestito en el que no hayamos comido antes. Procuramos dedicar por lo menos un día de la semana a esta actividad. A veces nuestra guía es algún suplemento gastronómico de esos que publican los diarios locales. Otras, nos dejamos llevar por el instinto o la intuición: simplemente nos trepamos al carro y conducimos sin rumbo fijo hasta ver algún lugar que nos atraiga. Así, hemos “descubierto” algunas joyitas alimentarias, como cierto puesto de menudo allá por el Mercado de Abastos. Yo no soy un gran fan de este platillo, pero la verdad es que valieron la pena los veinte minutos que tuvimos que esperar para poder conseguir una silla (por cierto: no es aconsejable llevar carriola). Aparte de las tortillas recién hechas, el exquisito picante, y la sazón de la cocinera, el sabor del menudito se adereza con una atmósfera repleta de gritos, música, gente, colores, olores, etc. Podría afirmar que esto, es decir, que la circunstancia y el contexto ejercen un efecto fundamental en la determinación del gusto, ocurre en infinidad de establecimientos. Mi voluminosa panza, eco de una vida dedicada a los menesteres de la degustación, me autoriza a aseverar lo anterior. Así, por ejemplo, podría mencionar los tacos campechanos hechos por las mágicas manos de Doña Mary, allá por la casa de mi padre; o la famosísima catedral de la birria, ubicada en la zona del aeropuerto; o el requesón que sirven como botana en las carnes asadas, allá por la misma zona; o las tostadas de ceviche de aquel local rinconero en Chapala; o el coctel campechano (camarón y pulpo) que sirven más acá, cerca de la Basílica, en Zapopan; o el platón de carnitas y queso fundido de aquella cantina, también zapopana, donde sesionaba El Club No Tan Secreto de la Araña Capulina, para conspirar contra el mundo.
También así, por pura intuición, nos ha tocado visitar lugares “más decentes”, como ese restaurante argentino que está por la calle Ladrón de Guevara, o este otro italiano, que está sobre Av. México, casi en esquina con Yaquis. En ambos se sirven platos abundantes, generosos, y se bebe bien. Muy bien. A veces, hasta es posible acompañar un buen vaciado con el mejor vino del mundo, es decir, el bajacaliforniano. Sobra decir que las cuentas, sobre todo en las ocasiones en que visitamos este tipo de lugares, terminan por ser astronómicas. A Laclau a veces le da remordimiento, porque el sentido común le dicta que debería ahorrar, o cambiar de guardarropa, o qué se yo, en lugar de estar engrosando las cuentas de los dueños de los establecimientos de alimentos. Pero yo la (mal) aconsejo para que se deshaga de esos pensamientos. Y me resulta, porque, igual que a mí, a ella le brillan los ojitos cuando llega su crème brulée junto con el café, como remates de una buena comilona. Entonces sé que he triunfado, y que ha valido la pena el despilfarro.
Cuando vamos en estas expediciones, para Laclau y para mí, uno de los aspectos fundamentales sobre el que ponemos atención es el servicio. Éste puede arruinar el mejor plato del mundo, o remediar una cocina mediocre. No miento: hemos abandonado varios restaurantes porque se tardan cinco minutos en atendernos. O porque no tienen el platillo que se nos había antojado (aunque aparezca en el menú). A mí me da un poco de pena hacer estas cosas. Pero Laclau no se tienta el corazón. Por el contrario, procuramos dejar una propina generosa aún si las verduras estaban frías, siempre y cuando el mesero o mesera en turno nos haya atendido a nuestras anchas. Como esta última vez, en la que se nos metió en la cabeza no ir al lugar de siempre, en Plaza Pabellón (porque era domingo y en ese día en particular, it is too crowded). Yo propuse que nos lanzáramos al lugar supuestamente australiano que está en Galerías, pero Laclau quiso buscar un rato. Así que nos subimos en “la bala”, y ella condujo por las calles donde viven los riquillos del barrio, con la esperanza de encontrar algún lugar donde vendieran lasagna. Al final de cuentas llegamos a un lugar de reciente apertura, especializado en carnes. La experiencia no fue muy grata. Pedimos arrachera y vaciado, las cuales tenían un excelente sazón, y estaban cocidas al término en que las habíamos pedido. Pero el servicio fue relativamente frío, y se notaba la falta de experiencia, y la poca previsión (no pensaron que tendrían tanta gente, por lo que a las cuatro de la tarde ya no tenían algunos platillos del menú).
Finalmente, como le decía a una entrañable amiga el otro día, Laclau y yo somos animalitos de prácticas muy arraigadas, ya que después de muchas infructuosas búsquedas, casi siempre terminamos en los mismos sitios. Es probable que esto tenga que ver con que en ciertos lugares, los meseros nos reconocen y nos prestan especial atención sobre otros comensales. Ese tipo de distinciones lo hace a uno sentirse muy a gusto. Es como comer en casa.

viernes, septiembre 05, 2008

Para una mejor ocasión

Publicado en Metatextos

Lo recuerdo bien. En aquella época yo tendría unos dieciséis años. En medio de la calle, una mujer gritaba tan fuerte que parecía que las venas del cuello le reventarían: ¡Es Él, es Él! ¡El Hijo del hombre ha llegado! ¡Mira al cielo! ¡Contémplalo en su Santa Gloria! ¡Teme su furia, porque como lo profetizó en Apocalipsis 3:3, hoy viene como un ladrón, montado en su carro de fuego! ¡Mateo 24:44! ¡Reyes 2:11! ¡Viene por nosotros, los elegidos! ¡Oremos! ¡Arrepintámonos! ¡Pidamos piedad y roguemos por nuestras almas! ¡Dejémonos guiar al Paraíso!… Quienes nos habíamos aglutinado a su alrededor mirábamos sorprendidos cómo detrás de las nubes comenzaba a vislumbrarse algo que no sé describir sino como la aparición de un segundo sol, que descendía en caída libre sobre nosotros. Conforme el inmenso objeto se acercaba, la mujer intensificaba sus chillidos. Parecía estar en éxtasis. No me avergüenza decir que, como muchos de los que estábamos ahí, casi me infarto del miedo. Igual que ella y el resto de la multitud, caí de rodillas, no sé bien por qué. El objeto dejó de preocuparme; mi mirada estaba fija en ella, quien repetía, ya sin gritar, con voz temblorosa: “el rapto, el rapto”. El objeto se detuvo un momento antes de aplastarnos. Emitió un sonido ensordecedor. La mujer estaba en el piso, como desmayada. Instantes después, aquella cosa se alejó, o más bien, debería decir que desapareció de nuestras miradas, como si se hubiera esfumado. Atónitos, nos levantamos, sacudiendo nuestras ropas, mirándonos entre sí, extrañados. La muchedumbre comenzó a dispersarse. Yo esperé unos segundos, hasta que la mujer se levantó. Miraba al cielo, extrañada, como buscando una explicación. En su rostro había duda y decepción. Se alejó caminando aprisa. No lloraba. Seguía aquí, como todos, pero ya no lloraba…

jueves, agosto 28, 2008

Metalenguaje

Has sido mi fantasma. Desde siempre. Te he pensado como una evocación constante, la eterna e infinita puesta en abismo. Ese lugar vacío en el que cualquier imagen se convierte en pura perspectiva, en la imposibilidad del retorno. En agridulce desazón y ausencia profunda. Eres todo menos recuerdo, porque para recordar es preciso haber olvidado primero. Encarnas aquello que no nombro por temor a que se esfume entre las vocales de una palabra. A pesar de que estoy cierto de que nombrar es crear. Y quizá por eso no te nombro, porque tal vez me horrorice la posibilidad de que aquello que una vez puse por escrito se vuelva realidad. Y que seas tú quien porte el mensaje. Porque todo puede ocurrir. Me resisto a escribir esto, pero ya ves. Es inútil. La compulsión es grande. ¿Será porque, aunque no lo acepte, te he buscado incesantemente? ¿Será eso? No lo sé. Lo cierto es que a veces, sobre todo en los días lluviosos, me da la impresión de que estarás a la vuelta de cualquier esquina. Esperando. Acechando. Y yo aceptaré el encuentro. A pesar del miedo. Fingiré sorpresa. Y dejaré que me tomes de la mano. Me estremeceré por el tacto terriblemente gélido. Y permitiré que me guíes. Dócil. Porque sabré que ha llegado la hora, y no hay nada qué hacer. Ignoraré el dolor y la sangre. Caminaré detrás de ti, elevando la mirada, sintiendo la lluvia en el rostro, permitiendo que inunde esos otros rastros de agua, porque nadie debe saber. Nadie debe saber. Nadie.

miércoles, agosto 20, 2008

Pendejo

Iluso. Te crees un intelectual indispensable para el fluir de nuestro tiempo. Piensas que tu voz resuena con fuerza, que tus palabras hacen eco en las masas que te leen y que te escuchan, emocionadas. Te sientes un pilar central en la civilización occidental (sí, la occidentalidad aquí tiene una doble lectura). Pendejo. No te has dado cuenta que la civilización murió hace décadas. No eres sino uno más de los gusanos que pululan y se arrastran por el cadáver pestilente. Carroñero de la cultura. Apestas. Me das una flojera infinita. Mírate al espejo. Enfrenta tu realidad. Recuerda que no eres diferente del narrador de un partido de futbol: le describes a la gente qué es lo que está mirando en sus pantallas. Eres un accesorio. A lo mucho, un subtitulador de imágenes. Un pie de página. Te asumes como central, y resultas ser un terrible periférico. Qué pena. Verdaderamente, qué pena. Das asco. Y verguenza.

jueves, agosto 14, 2008

Identidad

Cuando terminamos de armarlo nos dimos cuenta que habíamos extraviado una pieza. La buscamos por todas partes durante meses, porque nos interesaba que al final estuviera completito. Pero luego el asunto dejó de tener sentido, puesto que la pieza era diminuta y el hueco que había dejado era perceptible sólo si lo abrías. Además, las pruebas (caseras) que hicimos demostraron que nuestro error casi no afectaba su desempeño, así que decidimos echarlo a andar. Sabíamos que una vez puesto en marcha sería imposible desactivarlo. Así, poco a poco se fue integrando al resto de nosotros, hasta hacerse uno más del grupo. Juntos parecíamos, ahora sí, una totalidad. Nos gustaba pensarnos (a los pocos que quedamos aún nos gusta, a pesar de lo mal que salió todo) como una “encarnación de lo absoluto”. Durante mucho tiempo todo pareció ir de maravilla. Pero siempre, entre algunos de los más viejos se notaba algo como una sospecha, una duda o quizá algo parecido al temor. De cuando en cuando, designábamos comisiones secretas para supervisarlo, procurando que él no se diera cuenta de lo que hacíamos. Por ello pudimos constatar que, de hecho, sólo si lo mirabas desde un cierto ángulo era posible percibir algo extraño, fuera de lo común, aunque innombrable, en el modo de caminar, o en el brillo que adquirían sus ojos cuando una paloma se posaba sobre su cabeza o los jueves en que todos teníamos que vestir el uniforme gris. Nada que nos pareciera grave, eso sí. Teníamos la esperanza de que estas “asperezas” de su carácter se fueran eliminando conforme se involucrara con nuestras actividades cotidianas. Pero ocurrió a la inversa, puesto que fuimos nosotros los que casi sin admitirlo terminamos por acostumbrarnos a sus pequeñas excentricidades.

Hasta que fue demasiado tarde.

Hasta que esa noche perdió el control.

Y… ocurrió aquello.

Hoy todos han desaparecido o muerto.

Aquí dentro sólo estoy yo.

Y él.

Que repta lento.

Que me busca.

Que me encontrará tarde o temprano.

¿Quién puede culparlo?

Conversación (cont.)

-¿Y si llega la felicidad, y tú estás dormidote?
-Díganle que estoy trabajando. Que venga otro día a buscarme.

lunes, agosto 11, 2008

Conversación

-¡Despierta de una vez! ¿Qué le exiges tú a la vida? ¡Habla, con un carajo!
-Que no mame y que deje dormir.

viernes, agosto 08, 2008

Qué placer

martes, julio 29, 2008

Minifix

Intentaba librarse violentamente de las ataduras que la mantenían sujeta a la camilla. Se agitaba y gritaba como nunca habían oído gritar a nadie: "¡Kill me! ¡Kill me! ¡This thing inside of me will eat you all!", escupía. Pero en ese hospital tercermundista nadie hablaba inglés. Pobres. Quedaron horrorizados cuando una niebla horripilante salió de la boca de aquella mujer y comenzó a rodearlos a todos.

martes, julio 22, 2008

Me moría de la risa


Por favor, alguien que me regale esta T-Shirt. La ando buscando como loco. No puedo esperar más para tenerla. Cuando la vi, me moría de la risa.

viernes, julio 18, 2008

Fue lo deportivo, ¡estúpido!

Siempre me han resultado fastidiosos en extremo los ejemplillos baratos que intentan definir la mentalidad de una sociedad completa. No son sino exaltaciones de una visión estereotipada; un conjunto de ideas “sombrilla”, nociones huecas de lo absoluto, que al intentar abarcar en su seno al todo, terminan por reventar, por vaciarse por completo. Quizá el más recurrente de estos ejemplos es aquel que alude a las diferencias entre una cubeta repleta con cangrejos mexicanos, y otra llena con cangrejos norteamericanos. En la primera, ocurre que cuando uno de estos horripilantes animalejos busca llegar al borde de la cubeta para salir de ésta, el resto lo jala hacia abajo, impidiéndole que logre su objetivo. En la segunda, el panorama se presenta como distinto: los crustáceos tienden a organizarse para que por lo menos uno de ellos alcance la cima, y desde ahí, logre ayudar a ascender a los que quedan debajo. A partir de recurrir a este tipo de ejemplos algunos pretenden explicar el atraso/avance económico, tecnológico, cultural, etc., de un pueblo/nación/raza. Lo peor es que lo anterior se está convirtiendo en una tendencia bastante recurrente. [1]

Ahora bien, si los ejemplos en sí son molestos, aquellos entes que los utilizan son verdaderamente insoportables. Desde hace mucho, uno de los personajes adscrito a esta tendencia es, sin duda, Hugo Sánchez Márquez. Hace un tiempo, cuando éste rogaba que le fuera otorgado el mando deportivo de la Selección Mexicana, ponía de relieve que la ineficacia de nuestro futbol radicaba sobre todo en la dimensión cultural, en la incorporación a nuestra cosmovisión de las perspectivas estereotipadas condensadas en elementos como el ejemplo mencionado en el párrafo anterior. En consecuencia, para los mexicanos, lo único que mediaba entre la mediocridad futbolera y el campeonato mundial era un simple cambio de actitud. Había pues que pensarse campeones del mundo, considerarse aptos para tal proeza. Él, Hugo, se percibía a sí mismo como la más pura encarnación de tal cambio de actitud. El fracaso (porque es un fracaso y no otra cosa) que representa la incapacidad para calificar a los próximos juegos olímpicos a efectuarse en Beijing demuestra que el asunto tiene una raigambre más profunda. También pone de relieve que Hugo es el más mexicano de los mexicanos (a pesar del patético acento).

¿Por qué?

Para explicar lo anterior refirámonos a otro de los despreciables ejemplos aludidos al principio de este texto: al típico “Yo no fui”, cuyo corolario es el tan conocido “Así estaba cuando yo llegué”. Resulta que en una entrevista ofrecida a ESPNDeportes Radio, el former técnico de la Selección Verde aseguraba no haber tenido la culpa de no haber clasificado a los juegos olímpicos. Más bien, el pentapichichi asegura haber sido víctima de un complot. Dice Hugo:

"Y pasó como pasa en México: hubo traición, algo que en México existe muchísimo. De frente te dicen que te van ayudar y te volteas y te clavan la puñalada por la espalda […] Yo no soy el culpable de lo que pasó".

Frente a esto, es preciso echarle un ojo a los resultados obtenidos por Sánchez en sus 16 meses al frente del equipo mexicano. Perdimos la final de la Copa de Oro contra Estados Unidos (o sea, así o más), ocupamos el tercer sitio en la Copa América y no logramos la clasificación a Beijing en un preolímpico, para variar, en Estados Unidos. ¿Será, como dice Hugo, que fue traicionado? No dudo que el factor comercial haya incidido de manera significativa para su vergonzoso despido. Pero él asegura que el cese de su contrato no tuvo motivos deportivos. ¿En serio? ¿Eso piensa Huguinho? Válgame. Una vez más, para recurrir al despreciable ejemplo descrito al principio: ese es el discurso típico de los cangrejos. No cabe duda que las declaraciones de Sánchez sugieren la necesidad de un ensayo profundo que analice la práctica de “echarse la bolita” (y no en un sentido futbolero) como un elemento definitorio de la mexicanidad. Para situarme en el mismo (bajísimo) estatus ontológico de Hugo, tendríamos que decir que ésta es una práctica terriblemente acogida entre nosotros. En fin, en todo caso habría que parafrasear a Clinton, y decirle a Hugo: fue lo deportivo, ¡estúpido!



[1] He visto y escuchado a intelectuales y académicos de altos vuelos que recurren una y otra vez, precisamente, al tan llevado y traído ejemplito.

lunes, julio 07, 2008

Aphorism

The Writer, that print-oriented bastard.

martes, junio 24, 2008

De música ligera

Hace mucho que la música no me producía tanto placer. Y en las últimas semanas, el gozo me ha tocado por partida doble. En primer lugar, recientemente llegó a mis manos la producción de Ximena Sariñana, titulada Mediocre. Como era de esperarse, mi primera reacción fue el escepticismo. Antes de prestarle atención, el disco reposó en mi escritorio por varios días. Por alguna estúpida razón, pensé que probablemente sería una burda imitación de Belinda o de alguna artistucha de esas prefab. Hasta que una madrugada, aburrido de leer, se me ocurrió buscar algo de esta niña en YouTube. Tras un desganado click en el primer link que arrojaron los resultados, bam. Shock. Bam again. Rewind. En la pantalla aparece una chica de pelo corto, con lentes enormes, una blusa café, sin mangas, divirtiéndose enormidades, dejando que la síncopa la penetre por todas partes. What a freak, pensé. Lovely. Luego de la primera gratísima impresión, fui por los audífonos (la experiencia me ha hecho saber que aún cuando tengo cerrada la puerta de mi estudio, las tres de la madrugada no son la mejor hora para escuchar música a un volumen considerable), y una vez cierto de que me había despabilado, puse más atención en la voz. What a feeling. Qué Belinda ni qué la chingada. Esta niña tiene algo. Click en el siguente video. Una versión jazzeada de El Triste, de Roberto Cantoral. Es cierto que no es la interpretación más afortunada de este tema. Pero cómo lo goza, la Sariñana. Finalmente, una (ésta sí, genial) It don’t mean a thing (if it ain’t got that swing), de Duke Ellington y The man I love (la cual sólo se la he escuchado a Ella Fitzgerald). Para entonces, el escepticismo se había disipado por completo. Pump up the volume, dude. Y entonces, puse Mediocre. La primera vuelta me dejó más que satisfecho. Las siguientes han sido, cuando menos, muy placenteras. Digo, no sé cuántos años tenga esta niña, ni me interesa. Lo que presenta es un producto más o menos maduro. A pesar de que la mayor parte de las piezas que componen el disco tienen una estructura muy básica, muestran cierta profundidad, un aroma añejo, que deja entrever los reflejos de un alma vieja (más allá del pop fácil). Y la voz. Deleita. No es única, y en ocasiones es muy similar a (guess who). Y sin embargo [se mueve]. En algún lado me pareció leer que la chica en cuestión participa de lleno en la composición de sus temas. Si es así, esto es un plus. En fin, lo verdaderamente importante es que, cosa rara ahora en esta época de post-rock atormentado y sí, verdaderamente mediocre, Sariñana se divierte con la música, la goza, y en este sentido, se convierte en el vehículo del goce del Otro. Tarea nada fácil.

Por si esto fuera poco, en días pasados vi, luego de postergarla un par de semanas, la peli titulada Into the Wild. Esta cinta dirigida por Sean Penn tiene un par de momentos brillantes, y una fotografía espectacular. Desde mi punto de vista, la dirección es impecable, y ello queda demostrado en la medida en que Penn logra convertir un guión terriblemente predecible y plano, en una obra bastante aceptable. Más allá de la posible pseudocrítica cinéfoba que pudiera emitir este simple ovejero, lo que realmente me impactó fue el soundtrack. Me parece que es el primer disco en solitario de Eddie Vedder. Sin duda, este señor tiene larga vida más allá de Pearl Jam. Luego de que terminó la película, ya de madrugada (¿por qué casi todo lo bueno me pasa justo en esa hora del día?) me empeñé minuciosamente en buscar y bajar el disco. Uf. Otro golpazo. Puro goce. Definitivamente, tendré que comprar el original. Todos y cada uno de los quince cortes (según dicen, el disco original trae solo doce, pero vivo que soy, también bajé los bonus tracks) valen la pena y se sostienen por sí solos. El conjunto, desde mi nada humilde perspectiva constituye, lo que se dice, una joyita auditiva. El toque folk, la voz aguardientosa y desafinada de Vedder hacen de la escucha de este disco un trip bastante ligero, sumamente refrescante. Sobre todo si uno se plante frente al nada, nadita, nada agradable panorama musical contemporáneo, en el que los “ídolos” son gueyes con mascaritas de conejo que muy apenas saben tocar una guitarra. Asco.

In extremas res

Justo cuando terminaba de escribir estas líneas, por puro accidente, descubrí a The Detroit Cobras. Tengo apenas unas cinco canciones, y todas, absolutamente todas, me han resultado muy divertidas. Desde luego, no son mi estilo (sobre todo si pensamos que yo soy un tipo al que Pig Destroyer le parece una de las bandas más innovadoras de la última década), sino que se acercan más al lado de Laclau. No obstante, Sariñana, etc.

viernes, junio 20, 2008

Lleva dedicatoria

La reacción normal sería golpearlos, deshacerles el rostro, patearlos hasta el cansancio. Como en aquella ocasión tan divertida, podría hacerlos que coloquen su boca, abierta, sobre el filo de la banqueta. Bam. Dejar caer la pierna con fuerza sobre sus cráneos. Mirarlos estallar. Desde luego, podría hacerlo con total impunidad, como ya ha ocurrido en muchas otras ocasiones. Pero eso sería terriblemente primate, elemental, burdo. En una palabra: sería terriblemente fácil. Y no. Hoy no. Las cosas no van por ahí. Aquí se impone otra estrategia. No por nada la crueldad es quizá el único arte que se enriquece mientras más se somete a la razón. Por eso, hay que pensar. Se precisa elaborar algo más sutil. Es necesario desarrollar una estrategia que cumpla el objetivo, sin que ellos se den cuenta por donde llegó el golpe. Hay que sonreír, primero. Luego asentir, como si se estuviera de acuerdo. Hacerles creer, poco a poco, concienzudamente, con minuciosidad, que se está más de aquel lado que de este. Con tranquilidad. Con la mayor serenidad posible. No importa el tiempo que transcurra. Desafortunadamente para ellos, suelo ser muy paciente. Habrá que elevarlos, alimentar su ego, inspirarles confianza. Hacerlos creer que soy un más de su clan. Y entonces sí. A erosionar sus cimientos. A destrozarlos poco a poco. Despacito. De la manera más placentera posible. Exterminarlos milímetro a milímetro. Y al final, sólo entonces, revelar la causa. Mostrarles, cuando ya no haya otra salida más que el llanto y la desolación, toda la dimensión de la tragedia en la que están inmersos; el error que cometieron al haber hecho esto que hicieron hoy.

miércoles, junio 18, 2008

¡Feliz cumpleaños, sista!


Cómo no, si te quiero un chingo. Jeje. Un abrazo, carnalito.

lunes, junio 16, 2008

¡Feliz Cumpleaños!


Hace un año Yo pretendía ser tu guía para enseñarte el mundo. Lo que son las cosas: resulta que eres tú, así de pequeñita, quien ha venido a dirigir mis pasos, no sólo por el mundo, sino por el Universo entero. Me has llevado de la mano descubriéndolo. Y al mismo tiempo me descubro por completo, transparente, frente a ti. Me haces encontrarme en cada sonrisa de cuerpo entero que me ofreces. Me muestras la mismísima arquitectura de lo absoluto cuando acaricias mi rostro y me regalas el misterio enorme de tu mirada. Me descubro diferente, renovado, cada vez que me llamas, que me nombras en nuestro propio y casi indescifrable lenguaje. Sí. Eres tú. Una vez más, mi centro. Mi hogar. Me felicito por el privilegio de estar contigo cada día. Y te reitero mi promesa: siempre estaré ahí, fiel, tuyo desde ya, desde antes, desde hoy. Te amo tanto, tatatita.

miércoles, mayo 28, 2008

ñ_ñ












Ah, cómo te quiero, condenada.

martes, mayo 13, 2008

Diálogo

-Sea hombre, tome cerveza.

-Usté sea postmoderno, use metáforas.

sábado, mayo 10, 2008

Becoming

Eres nada. Menos que nada. Quizá caca. C-a-c-a-. Y decir eso ya es mucho. Eres una espinilla en el culo. La verruga en la verruga de la pata de una mosca. Una distrofia. Una mera dislocación, la envoltura seca y sucia de aquello que alguna vez fue algo. Semejanza. Apariencia. Fantasma. Te acercas como una sombra tenue, buscando esperanza en el hueco en el que se ha convertido esto que eres ahora. Hurgas en tus llagas; intentas limpiarlas, pero los gusanos insisten en permanecer en ti. Pululan en cada herida, en cada poro de tu leprosa piel. Apestas. Apestas. ¡Apestas! Mátate, te, te. Embrace the nothingness that you have become. Es lo mejor para ti y para todos. Salta al vacío. Despójate de todo, conviértete en el vacío que te rodea. Silba tu melodía favorita y sonríe mientras te untas tu sangre y tu mierda en los ojos. Revuélcate en tu vómito. Ahógate en él. Usa tus orines para tragar la píldora azul. Lanza la roja lejos. Lejos. Explota en dos mil pedazos. Desvanécete. Piensa y luego deja de existir. Desconéctate. Acaba ya con esto. Ahora repite conmigo. Eres nada. Menos que nada. Así ad nauseam.

miércoles, mayo 07, 2008

The end is near

Válgame. Para beneplácito (y asombro) de todos los que somos rojinegros de corazón, ahora estamos entre los mejores 16 equipos de Latinoamérica. Le duela a quien le duela. Y como correlato, Salinas de Gortari asegura en su último libro que su gobierno no fue neoliberal. No cabe duda que el fin está cercano.

martes, abril 29, 2008

Dije: ¡Renuncia!, estúpido

En su columna de hoy (en tres patadas, aparecida en el diario Público-Milenio), Diego Petersen Farah comenta que no importa tanto cuántos nos hemos sentido ofendidos con la mentada de madre que nos hizo a bien brindarnos [literalmente] el etílico gobernador del estado, en días pasados. Luego de ese recíproco y adelantado [recordatorio del] 10 de mayo, Petersen llama a la cordura, puesto que observa que el nivel del conflicto ha llegado al límite, y es preciso encontrarle alguna salida. Probablemente él tenga razón. Sin embargo, las vías que sugiere para reparar los daños me parecen inadecuadas. ¿Por qué? En primer lugar plantea que el gobernador puede seguir como si nada hubiera pasado, apostando a que en el balance resulte favorecido (quizá su desliz no le pegue tanto en las encuestas). La segunda vía implica “meter freno”, y diseñar una estrategia para restablecer la relación entre gobierno y gobernados. El común denominador entre estas propuestas consiste en que ninguna va al fondo del asunto, es decir, no se toca a la figura del gobernador. El problema con los argumentos de Petersen radica en que abordan el asunto desde una óptica equivocada: sugieren olvidar y perdonar. Ello equivale a querer curar el cáncer a aspirinazos. En otras palabras, el columnista sensatamente se centra en la resolución del conflicto, en la necesidad de restañar la herida. Pero al proceder de ese modo, no toma en cuenta la verdadera significación del acto cometido por el gobernador González. En primera instancia, debido a la incapacidad (pendejez, le llamó un benévolo López Dóriga en la misma edición) de Emilio de sobrellevar dignamente una borrachera, se evidencia la profundización de la fractura entre gobierno y gobernados, generada en su momento por la macrolimosna (y el resto de donativos a las televisoras, el placazo, y el largo etcétera). ¿Qué otros aspectos se ponen de relieve a partir del desliz alcohólico del gobernador? Sin duda, como reza el viejo adagio, los niños y los borrachos tienden a decir la verdad. Y la ‘veldá’ del gobernador alude a que se siente dueño de una envestidura soberana, dictatorial y autoritaria, avalada desde las más altas esferas de la grey católica local. Los aplausos otorgados por el Cardenal a las soeces ocurrencias del mandatario así lo demuestran. Algunos dirán que es mejor malo por conocido que bueno por conocer. Mediocres. Quien piense que la democracia no está en peligro, que tire la primera piedra. En manos de estos personajes se encuentran los destinos (y los desatinos) de nuestra entidad. A contracorriente de lo sugerido por Petersen, dudo mucho que ya hayamos llegado al límite. Las cosas pueden ponerse verdaderamente feas. Quizá en lo único que acierta el columnista es que no se puede cambiar el estilo personal de gobernar ni la forma de pensar de Emilio. Efectivamente: no podemos cambiar AL gobernador; lo que debemos hacer es cambiar DE gobernador (¿habría que transitar del en sí al para sí, acaso?). Desde mi perspectiva, lo he dicho ya aquí, la única salida digna de este atolladero es que Emilio renuncie. O en su defecto, que proponga una iniciativa que posibilite la revocación de su mandato. No hay más.

viernes, abril 25, 2008

Chingas a la tuya

Querido Emilio:

El que se lleva aguanta. No le saques y a lo hecho (dicho) pecho. A estas alturas, cualquier acto de retractación no es sino una vil cobardía. ¿De qué otra manera se le puede llamar al que tira la piedra y esconde la mano, sino zacatón (por decir lo menos)? Ahora no tienes otra salida más que atragantarte de toda la caca encarnada en la generosa lluvia de epítetos que te espera. Luego del patinazo, te paras ante la prensa, pones cara de mustio y blasfemas una disculpa hueca, carente de todo sentido. ¿Por qué? Porque ya no sientes lo duro sino lo tupido. Dices:

"Mis comentarios han sido, fueron una opinión coloquial sin destinatario, por eso la disculpa también es así, abierta, porque no llevaba intención de ofender"

y te equivocas. Personalizaste la agresión. La mentada de madre fue perfectamente dirigida. Sugerir siquiera que lo tuyo fue una opinión coloquial y sin destinatario es una falacia, un acto fallido y hueco. O en caso contrario, ¿será entonces que ése es el signo de tu gobierno? ¿Me estás diciendo que manejas los destinos de nuestra entidad a tientas y a locas, es decir, de manera coloquial y sin destinatario, desde la más pura ineficacia? ¿Quieres darle sustancia a tu disculpa? Ve y toca la puerta de cada persona a la que insultaste. Casa por casa. A ver si realmente te parecemos pocos los que no estamos de acuerdo con tus despropósitos.

Por otra parte, intentas [sin éxito] justificarte aduciendo lo siguiente:

“Me ganó la emoción, utilicé un lenguaje inapropiado, indigno de Jalisco, impropio de un Gobernador. No suelo hablar así, no es la educación que recibí, no es el ejemplo que quiero dejar a mis hijos”.

Patético. No hay nada más pueril que escudarse detrás de los hijos. Usarlos para matizar tus desatinos es un acto terrible, digno apenas de Michael Jackson. Pareciera que piensas que aducir tus yerros a un carácter emocional incontrolable te sitúa como un personaje más humano pero, una vez más, te equivocas. Ocurre todo lo contrario. Más bien, pones de relieve todas tus incapacidades. Aunque he de reconocer que tienes razón en algo: tus actos son impropios de un gobernador, y son indignos de Jalisco. Sin duda es cierto. Los jaliscienses no merecemos que nos gobierne alguien como tú.

Renuncia ya.

Lo Otro

Abrirse a lo otro, captar su fluir, convertirse en Otro. Rodeado de rostros que se devoran y revuelven en sí mismos como un Ouroboros decadente, videoráfaga, alfa y omega, principio y fin de todo. Lo otro es uno mismo, todo y la misma cosa. Deshacer los pasos, andar el mundo desde un escritorio. Volver hacia atrás. Pero el regreso es siempre, en alguna medida, también una fuga, una huída que no tiene destino; que no tiene sentido. Una vez más, lo otro se erige frente a uno. Se escribe así, con minúscula porque reconoce su pequeñez, se da cuenta de los terribles cuestionamientos que pesan sobre toda intención de mayúscula. Erosión. Eros. Ión. Enfretar lo otro implica hacerse a un lado, estrategia oblicua, evasión de lo otro porque es muchas veces el reflejo horripilante de lo uno, de todo aquello que es uno, de todo lo que es uno cuando se mira en lo otro. Y no es sino hasta ese enfrentamiento con lo otro que el uno se vuelve problemático. Se resuelve. Se revuelve. Y punto. Abrir una puerta es siempre abrir una puerta y siempre es, también, otra cosa.

jueves, abril 24, 2008

Nuevo Rostro

Bueno, pues ya le hacía falta una renovada a este polvoso blog. Sigo buscando algún template que me guste. Por lo pronto, veré si me acostumbre a éste. Si no, ya lo iré cambiando con el paso de los días.


I.

martes, abril 15, 2008

(Dis)enchanted

Cada vez que me estafan se descascara un poco más la escasísima confianza que tengo en el ser humano. Sobre todo cuando actúo de buena fe y termino estampando el rostro contra muros del más puro cinismo. Me explico: hace unos días, mientras trabajaba a altas horas de la madrugada, de pronto, mi máquina se apagó. Y ya no pude encenderla. Estaba dañada la conexión a la energía eléctrica. Preocupado, decidí irme a la cama. Luego de algunos ronquidos, en cuanto despuntó el alba (o sea, cerca de las diez de la mañana), llevé el aparatejo a la Plaza de la Tecnología para que lo diagnosticaran y, en su caso, le dieran la medicina correspondiente. Pues bien, la chica que me recibió fue muy amable, y me comentó que el costo de la reparación era de alrededor de $475.00 pesos (moneda nacional). Como era más o menos lo que tenía presupuestado, me pareció razonable. Procedí a sacar un billetote de a quinientos de mi cartera y se lo entregué a la chica. Ella me regresó el cambio correspondiente y me mandó a que llevara la laptop a un local que estaba enseguida, el cual fungía como una especie de taller, mientras ella me hacía un recibo. Regresé a decirle que todo estaba listo. Enseguida, me entregó un recibo en el que se estipulaba la cantidad que me había cobrado. Pero, convenientemente, olvidó ponerle el sello de “pagado”. Por supuesto, jamás me di cuenta. Al día siguiente, luego de impartir mis clases y degustar unas frías aguas de cebada con mis alumnos (Laclau: qué pena con Camacho, vas a ver), me dirigí a la afformentioned Plaza. Cuando llegué al local, me informaron que mi máquina estaba más que lista. Incluso la encendieron para demostrármelo. Yo estaba muy contento con el trabajo, así que sonriente, procedí a guardar el aparato en mi mochila. Al hacer esto, el joven que me hacía entrega me dijo: “son 475.00”. Entonces, obvio, yo contesté: “Ah sí, ya pagué. Le di el dinero a ella”. Por supuesto, señalaba a la chica que me había atendido. “¿A míiiiiiiii?”, dijo ella, con cara sorprendida. “Sí, ayer por la mañana ¿no recuerdas? Me diste este recibo”, contesté yo, todavía sonriendo. Mientras esto ocurría, el joven me arrebataba hábilmente la laptop de las manos. “No. A mí no me diste nada. Déjame ver tu recibo […] No, no tiene el sello”. Entonces me di cuenta de lo que ocurría: me habían chingado con todas las de la Ley (o mejor dicho, fuera de ésta). Para no hacer el cuento largo (¿más?) escalé todas las jerarquías de la empresa, hasta hablar con el dueño, y nada. La única solución fue que tenía que pagar otra vez. Y desde luego, debo de aprender no ser tan pendejo para ocasiones próximas. Chale. Como si la pendejez fuera gripa y se quitara.

viernes, marzo 21, 2008

¿Minifix?

Entonces decidí dejar de correr. Después de tanto huir, por fin iba a permitir que me alcanzaran mis demonios.

martes, marzo 18, 2008

Imágenes





A veces, sólo a veces, una imagen dice más que mil palabras. Aquí van cuatro mil (aprox.).

viernes, febrero 29, 2008

Change

Hurgo una vez más en la herida. Vieja ya. Incurable. Rasgadura fundamental en el tejido de esto que soy yo ahora. Me alejo y la contemplo. Fijamente. Me mira. O pienso que me mira. Como el abismo. Sí, abismo y reencuentro. Inacabables ambos. Salto inevitable. Caída en espiral. Hasta el fondo de la herida misma. Vértigo. Hasta el fondo. Temblando. Hecho polvo. Reducido a nada. A menos que nada. Pustuloso. Infecto. Me arrastro, dejando mi pus sobre el ladrillo. Igual que el tiempo. Perdido. Igual que el tiempo. Supuro. Apesto a podrido. Y al final, dejo que el sopor me inunde. Me envuelva. Poco a poco me adormece, calma el dolor.

Afuera el calor, o la lluvia.

No sé.

Y yo estoy tan feliz.

domingo, enero 27, 2008

El Orfanato


No soy crítico de cine. Ni de nada. Hacer crítica (literaria, filosófica, cinematográfica, en fin, intelectualoide), me parece una actividad parasitaria [because those who can’t do, criticize]. Basta recordar que hasta el criticón o criticona más subversivo no hace sino reificar el sistema sobre el que dirige sus diatribas. Dicho esto, pasemos a lo que sigue. Hace mucho que no iba al cine. Más de lo debido. Sin embargo, luego de arduas gestiones, logramos que el Roger nos cuidara a la Naila; así que el viernes pasado Laclau y yo pudimos escaparnos a los Lumiere. Estábamos indecisos entre “Soy Legenda”, y “El Orfanato”. Al final nos decidimos por esta última. Como lo he dicho aquí cientos de veces, mi género preferido es el Terror, por lo que entré a la sala dispuesto a reírme como loco. Y así lo hice un par de veces. Pero la risa fue provocada porque me divierten las desgracias ajenas, y no tanto porque la película fuera absurda o ridícula. Más bien, el filme de J. A. Bayón está bien conducido, y produce los efectos que busca. No obstante, abusa un poco del bu fácil, del fantasmazo, del portazo a las espaldas y el arrastrado de cadenas, recursos típicos del género. Pero aparte de eso, el conjunto es coherente consigo mismo y con la tradición de este tipo de cine: atmósferas oscuras, el eterno retorno al hogar, la búsqueda de respuestas, niños desamparados [y muertos], malicia, etc. Quizá el mayor logro de El Orfanato se que ya hacia la última parte logra situar el horror en el mundo terrenal. Nada de fantasmas. La realidad que J. A. Bayón nos muestra es tan terrible, tan abrumadora, tan posible, que provoca un miedo innombrable. En una secuencia que dura cuando mucho un par de minutos, el director logra plasmar el horror del dolor más puro, cuando Laura (Belén Rueda), descubre el cadáver de Simón, su hijo adoptivo.

Sin embargo… Desde mi particular punto de vista, la película debió haber terminado ahí. Cuando la culpa y la desolación inundan todo el entorno. Pero no. El filme siguió, armando un final asqueroso. El típico happy ending lanza al caño todo el desarrollo anterior. Simplemente no es posible que una película de terror termine en abrazos lindos. No, no y no. Me resisto. Es completamente vomitivo. Al grado de que tuve que sacar a rastras de la sala a Laclau, porque no pude soportarlo más. Fuera de eso, la peli me gustó. Además, el costume de Simón es bastante espeluznante.

Duh.

domingo, enero 20, 2008

Mantras sueltos

Yo soy el vacío que amenaza con devorarme.
El núcleo de mi ser es aquello que obtengo a cambio de mi sacrificio: nada.
Una vez más, yo soy el vacío. Mis características empíricas costituyen el contenido positivo de mi persona y en este sentido no son sino variables contingentes.
El sujeto se encuentra a sí mismo justo en el momento en que la negación deja de ser determinada y se convierte en absoluta; en otras palabras: la mirada del sujeto está inscrita de manera fundamental en el objeto percibido.
________

La Literatura (con mayúscula), al igual que la Filosofía, (qua disciplina institucionalizada) no es sino uno más de los múltiples discursos del Amo, del Gran Otro.
La posición de las palabras lo DETERMINA todo; es preciso transformar la reflexión determinada en la determinación reflexiva. Hay que trasladarse de las posturas verdaderas a la verdad que habla.
Los tres grandes secretos de todo escritor (con minúscula)que se precie de serlo son dos: la lectura (voraz).

domingo, enero 13, 2008

Evanescencias

¿Qué queda después de todo esto? ¿Qué es lo que sigue? Preguntas justas. De entrada se me ocurre que, desde este lado de la acera, habrá un aferramiento al recuerdo, un anclaje profundo en la nostalgia. No habrá más qué hacer que contemplar cómo poco a poco se irá difuminando tu rostro, cómo tus ojos se desvanecerán, como cerrándose; y la sensación de estar en ti, de tu tacto y tu sabor, serán domesticadas mansamente por la memoria. Me interrogaré si aquello era así objetivamente, o si mi subjetividad lo transformaba en magia, en un abismo pleno. Despacio repetiré cada uno de tus nombres, como para invocar esa mirada de miel y avellana que me atravesaba por completo, intentando situar el olor de tu cuerpo en alguna parte del mío, fijarlo irrevocablemente para que permanezca ahí, eterno y dulce, sin abandonarme más. Me sorprenderé reviviéndote frente a un minúsculo rectángulo rojo, pretendiendo decidir entre la ausencia y el olvido, y refugiándome de cualquier modo en una inevitable sonrisa provocada por la tristeza. Recorreré los sitios cotidianos donde te veía, casi inmutable, pensando quizá en una fotografía, en un puente, en una sombra o en un pliegue de piel. Abriré una puerta, seguro de un encuentro casual, en alguna parte. Y detrás no habrá nada, sólo yo, y quizá un espejo, y una flor amarilla que será una vez más el ancla, el elemento coagulante, el detonador de tu presencia. Esto es así, me insistiré, buscando minuciosamente una palabra que no deseo articular, pero que resuena fuerte, poderosamente, y que rasga de manera brutal, abriendo una herida inmensa, intangible, como esos nombres que quizá no vuelva a pronunciar.

miércoles, enero 09, 2008

Ay, no mames

Factum brutum: no hay afirmación más ideológica que aquella que postula que vivimos en una época en la que la ideología ha sido superada. Sin embargo, dicha afirmación resulta cada vez más adecuada. A todas horas y en todo lugar, uno se encuentra inmerso hasta el cogote en el ámbito de lo ideológico. No hay escapatoria. Aún en los sitios más inesperados: tanto en el más inocente consejo que brinda la abuela, como en los programas gubernamentales más profundos y progresistas. La vida cotidiana está plagada de ejemplos. Tomemos algo tan simple como un viaje en avión. ¿Acaso la sonrisa implantada en todos y cada uno de los que componen el personal de abordo no ejerce una profunda labor de ocultamiento? Recordemos que cada vez que ingresamos en la cabina de uno de estos aparatejos estamos propensos al más terrible desastre. Confiamos en que la sonrisa del piloto o la sobrecargo esté originada por la seguridad de que llegaremos bien a nuestro destino. Sin embargo, la eterna sonrisa de estos personajes tiende a enmascarar lo horripilante de la situación. “Bienvienidos”, nos dicen cuando atravesamos la pequeña puerta con nuestras mochilas o maletines. Haría falta que complementaran la frase: “Esperemos no morir hoy”. Luego, una vez con los cinturones abrochados y a punto del despegue, comienza el ballet del horror: con movimientos gráciles, elaborados, las sobrecargo comienzan a señalar las puertas de salida y los procedimientos de emergencia. Pareciera que la labor de estas personas es hacernos más placentero el viaje. No obstante, su verdadera función consiste en presentarnos de manera bonita lo espeluznante que puede ser un accidente aéreo. Ideología pura.

lunes, enero 07, 2008

Jump

Este que ves aquí no soy yo, sino mi sombra. Menos que eso. Apenas el contorno de lo que solía ser. La copia de una copia de una copia ad nauseaum. Espejo roto. Trapo hervido. Desgastado y confuso. Borroso. Un mero intento. El inacabamiento más conspicuo. Cada día que pasa soy un poco menos. Me miro con nostalgia desde este lado del abismo. Veo a aquel que se está quedando allá. Y me observa, con algo de desprecio o indiferencia. Agacho el rostro. Imposible sostener la mirada. Sólo queda el vértigo del salto. Y con suerte. Con suerte…

lunes, diciembre 17, 2007

Naila



Tus primeros seis. Y los míos, chaparrita. Y los míos.

domingo, diciembre 02, 2007

El primer texto de Naila

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domingo, noviembre 25, 2007

Uno

Metatextos cambió de casa. Ahora están acá. He aquí mi contribución.

—A ver, Donchuy. Platíquenos lo que le pasó con aquel compita suyo, que dizque ya se había muerto. Yo le invito su mezcal si nos lo cuenta.

—¿Para qué? ¿Para burlarse? —El ebrio agachó el rostro y volvió a hundirse en sus pensamientos. El joven le ordenó entonces a la mesera que le llevara dos vasos de mezcal a aquel sujeto.

Luego del primer sorbo, el ebrio comenzó a balbucear: —Andaba fuera del pueblo, cuando me avisaron que mi amigo había muerto. Llegué tres días después. Cuando me vio en la puerta, la hermana de mi amigo me abrazó, gritando: “¡está muerto, Jesús, está muerto!”. Me acerqué hasta donde estaba él, y lo contemplé un rato largo. Parecía dormido. Para entonces yo ya tenía algo de fama como mago/adivinador. “Hacedor de maravillas”, me decían. Así que me pareció normal gritarle que se levantara. Llorando, le grité una vez más. Abrió los ojos. Intentó erguirse. ¡Lázaro!, gritó una de sus hermanas. Ella se desmayó. Casi me cago del susto. No terminaba de acostumbrarme a lo que podía hacer. Ya ves, a eso me dedicaba yo en aquellos tiempos. Pero ahora…

La burla del grupo no se hizo esperar: “¿Entonces se levantó y andó?”, preguntó el joven. “¡Anduvo, pendejo!”, le contestó otro, siguiendo el juego. “Bueno, sí anduvo pendejo un rato, pero ya después se compuso”, contestó éste, completando la broma. El estallido de risas fue generalizado. El joven sacó un billete de 50 pesos de su cartera. Lo arrugó y lo lanzó al piso. Todos reían a carcajadas. —A ver Donchuy. ¡Ahora baile! —El ebrio, terriblemente humillado, recogió el dinero. Éste era el precio de la inmortalidad, la insignificancia de ser dios.

Le dio un sorbo a su mezcal, cerró los ojos y —sin llorar, casi— se puso a bailar.

martes, noviembre 13, 2007

i latina

Este es el ejercio 6 de Metatextos. A ver qué tranza:


Desafío: intentar escribir varias líneas utilizando mi signo favorito. Definámoslo: I latina. Bellísimo signo. Minúsculo. Casi insignificante. Línea. Puntito. Medianía. Duplicidad ¿Sería posible satisfacer mi desafío? ¿Ejercicio literario estúpido? Quizá, pensaría alguien. ¿Mi perspectiva? Difícil cumplirlo, sí. Indudablemente. Casi. Ji, ji. Obstinación, obstinación. Graciosa obstinación. Comenzaría escribiendo figuras, adornitos metafóricos típicos, infaltables invitados literarios: paisajismo intimista, insalvable abismo, mirada infinita, brutalidad minimalista, fluir infame. ¿Haríamos literatura sin ti, i latina? Sí. Literatura baratísima, letrina. Mira: contigo, i latina, transito hacia territorios impensables, relacionados intrínsecamente, sin siquiera decidir si sigo intentando, si continúo así, deshaciendo signos, deshilvanando significados, pretendiendo integrar horizontes disímiles, parodiando, disimulando mi terrible incapacidad literaria. I latina: seguiré fingiendo, haciendo coincidir artificialmente letritas, letreritos, gerundios, diminutivos, infinitivos. ¿Sí entiendes, querida i latina? Escribiré minuciosamente, sin incidencias, sin estridencias, conduciré mis líneas haciendo malabarismos, fijando asideros, practicando variaciones temáticas, difundiendo historias mínimas, sobrevivencias. ¿Quieres finalizar aquí? Interrogación inútil. Seguiré siempre, siendo paria literario. Gracias i latina. Mi letrita favorita.

martes, octubre 16, 2007

Conversación (real)

—¿Es usted comunicólogo? —Me preguntó entre sorprendido y admirado. Yo no supe si me lo decía a manera de insulto o de cumplido.
—¡Claro que no! Yo sí estudié. —Le dije.
—Ah. ¿Y qué estudió?
—Cómo hacer y presentar estas vistosas figuritas y adornos de macramé.
—Con razón.
—Así es.

...

[silencio grillesco. aire denso]

viernes, octubre 12, 2007

Concubia Nocte

Miró la carátula de su reloj. Estaba rota. Con el último golpe que le había propinado al hombre, el minutero se había detenido en el minuto cincuenta. En su cara se dibujó una mueca (su mejor intento de sonrisa). Contempló el cuerpo inerme a sus pies. Lo pateó una vez más. Bufó. Ya todo había comenzado. Salió de la habitación y se dirigió a la de los gemelos. La madre aún permanecía amordazada en la silla del fondo. Ella había sido quien más trabajo le había dado. Pero ya todo estaba solucionado: ahora contemplaba horrorizada al hombre aquel, al dirigirse al cuarto de sus bebés, orando por un milagro que los salvara. Pero nada. El extraño se detuvo frente al espejo del corredor; éste le retornó una imagen monstruosa, deforme, de sí mismo. Palpitaba. Hizo una caravana teatral. Se sintió satisfecho. Disfrutaba atacar a sus presas. Bendita lucidez. Era un cazador y estaba de fiesta, feliz como un niño en una confitería. Luego, ocuparse de los gemelos fue más fácil. Bastó encender la luz para que ambos se paralizaran por el miedo. La pequeña fue quien recibió el primer golpe. El chico quiso gritar al ver que su hermana era arrojada de bruces contra la pared. Pero un martillazo en pleno rostro lo impidió. Ars adivinatoria, quiromancia, deducción imbécil: faltaba hacerse cargo de la mujer. Y también faltaba construir una cárcava para esconder los cuerpos. Mucho trabajo por hacer. Pero Él estaba al mando. Él era el productor del miedo. Aterrorizaba. Así que ella trabajaría. Una vez decidido esto, bajó hasta la cocina. Sacó unos chilaquiles del refrigerador. Les untó crema. Los metió en el microondas y luego se dispuso a cenar. Estaba melancólico, meditabundo. Afuera, una libélula perdida, (está emborucada, pensó) golpeaba una y otra vez la ventana.



Pubicado en Metatextos 2.0. El ejercicio fue muy interesante.

martes, octubre 09, 2007

Puro Madrazo

Es curioso. Al principio da un poco de pena ajena darse cuenta que Roberto Madrazo, ilustre ex candidato a la presidencia de nuestro lustroso país, hizo trampa en una maratón en días pasados en Berlín. «¿Cómo es posible?» Se pregunta uno. «¿En qué cabeza cabe?». Luego viene el enojo: «¿Trampa? ¡No mames!». Posteriormente llega al cuerpo un poco de indignación mezclada con algo más bien indefinible, muy cercano a la incredulidad: «¡Y en Alemania! De plano no se puede con esta gente», termina uno por decir. Pero poco a poco, todo ello deja de ser tal y se va convirtiendo en algo más, en algo sustancioso, más significativo, más propio y familiar. Así, el acto del tabasqueño deja de ser penoso y se transforma en un verdadero referente simbólico, en un excelente estandarte para una posible campaña política, puesto que condensa en sí la forma de ser de una nación entera. Los estrategas de ese señor deberán sacarle el mayor partido a los actos de su jefe. Seguro que no hay mexicano que no se identifique con ese chilanguísimo modo de ser.[1] Y si los hay, son pocos, y medio hipócritas. Si Madrazo hubiera hecho esto un poco antes de las elecciones de julio de 2006, de verdad que no hubiera perdido de manera tan estrepitosa la presidenta; por lo menos mi voto hubiera sido para él. Y estoy seguro que el de muchos ciudadanos también.

¿Por qué?

Es bastante simple. He estado leyendo tanto en blogs como en diferentes diarios muchas opiniones cargadas de encono, exacerbadas porque el ex candidato supuestamente nos “ha dejado en vergüenza frente al mundo”. “Si esos son los que se postulan como gobernantes, imagínate cómo es el resto de la población”, se lee por toda la Internet. Pero una revisión más atenta indica la verdadera profundidad del acto: al tomar un atajo y ganar el maratón, Madrazo no hace sino ilustrar una estrategia para dar el paso del en sí al para sí, encarna en sí mismo al superhombre nietzschiano, al Sujeto (con mayúscula) planteado por Touraine y muchos otros. El tabasqueño con su hacer nos está mostrando el verdadero camino a seguir, la única salida que existe para ser competitivo en un entorno terriblemente competido. Uno de nuestros mejores recursos consiste en el famosísimo ingenio, reconocido a escala mundial. Es preciso que tal ingenio deje de ser en sí, y se transforme en para sí, en un algo capaz de hacernos sobresalir en el concierto de naciones. Madrazo encarna, pues, esa transformación. Sin duda. Lo único reprochable es lo tardío del acto. Si hubiera sabido que él era capaz de eso en el 2006, hubiera tenido mi voto. Como reza el viejo y conocido refrán: el problema, en última instancia, no es la trampa, sino el descubrimiento de ésta. Pero fuera de eso, ¡gracias Madrazo por mostrarnos el camino!

Ajá.



[1] Por favor, que no se me malinterprete. Lo chilango es una forma de ser, que no [sólo] remite a las personas que habitan el defectuoso. Con ello me refiero a la bonita actitud de “me chingas o te chingo” que prevalece en buena parte del país. Así, hay chilangos originarios de Jalisco tanto como hay chilangos de Oaxaca o Chiapas o de cualquier parte de la República. Es más, de hecho, yo he conocido finlandeses bastante chilangos.

domingo, septiembre 23, 2007

Naila

La más pura apertura al mundo. La capacidad de asombro más transparente. Ojalá y nunca la pierdas, Naila.

viernes, septiembre 14, 2007

Saudade

Añorarse, esperarse a uno mismo con el anhelo no tan secreto de re-encontrarse, de descubrirse en alguna parte de estos despojos, casi como casualmente, para guardar las apariencias. Es paradójico: conforme me acerco a esto que ahora soy yo, me alejo cada vez más de mí mismo. Hay en ello una brecha, un atisbo de nostalgia, la desazón que produce no saberse pero intuirse, de no reconocerse en el espejo aún a sabiendas de que ese perro viejo no es sino una de las versiones de uno mismo, es decir, la copia de una copia de una copia de una copia ad nauseaum. Todo intento de capturarse prueba ser la más ineficaz vía para el auto-reconocimiento, un abismo de nada pura, una falla conspicua. El sinsentido más radical. Habría que implementar una estrategia, postular la desaparición última, el olvido. Deshacerse de todo esto, de cada uno de los finos hilillos, cortarlos de tajo, y dejar que el cuerpo languidezca, flácido, no más títere, no más bufón, no más nada. Nada. No más nada.

martes, agosto 28, 2007

Ajá

Estoy hasta la madre de observaciones sociológicas. Me dan hueva. Sobre todo porque no soy capaz de evitar hacerlas. Ni modo. Es que… Pudiera pensarse que las cifras macroeconómicas son el mejor indicador del desarrollo de una nación. Sin duda, hay razones para ello. Pero enfocarse sólo en lo anterior constituye un error brutalmente garrafal. Habría que desplazar la mirada y contemplar otras aristas, para tener un panorama más certero. Una de ellas, quizá la más adecuada, radica en observar y ponderar aquellos temas que resultan más escandalosos para una sociedad. O dicho de otro modo, en considerar la pérdida de la capacidad de asombro como un síntoma del subdesarrollo. La relación entre el grado de desarrollo y el escándalo es bastante sencilla: entre más insignificantes, más triviales, sean las temáticas que escandalizan a la gente, se hace visible un menor grado de desarrollo. Si se atiende a lo anterior, se abre un panorama bastante más complejo, es decir, se rompe la primacía economicista. Así, por ejemplo, hace unos meses, en Argentina por poco y destituyen al presidente cuando hubo una leve ola de secuestros. Apenas unos cuantos. En cambio, en nuestro país, los secuestros son el pan de cada día. En Gran Bretaña la sociedad está indignada por el asesinato de un niño de 11 años. Para los Estados Unidos —quizá el país con el mayor índice de subdesarrollo, visto en estos términos— el escándalo seguramente consistirá en que la sociedad inglesa se escandalice por algo que en Norteamérica ocurre cada tercer día.

Pinches gringos.

viernes, agosto 24, 2007

Welcome back, dude

Una vez más ha vuelto este ser sombrío que tanta nostalgia me producía. De nuevo el rostro adusto, la mueca retorcida, el encrespamiento total. Otra vez la terrible desazón, la inquietud de sí, la sensación de no estar del todo en ninguna parte. Ha traído consigo la noción de estar ligeramente excentrado. Hay en él un abismo, una vuelta al vacío, a lo negro más profundo, al más puro cinismo. Como siempre, postula la ironía y el sarcasmo como el único modus vivendi posible [y deseable]. Lo había visto de manera esporádica, por instantes. Pero esta vez ha regresado por completo, con más bríos, con una fuerza inaudita que me debería hacer temerle [sospecho que esta vez desea quedarse]. Lo recuerdo a la perfección: la última vez que lo vi con claridad, —hace ya algunos años— era un ser borroso, opaco, débil; cuando mucho una fase a punto de agotarse. Pero hoy, frente al espejo, supe que había vuelto. Inmenso. Lo intuí primero en sus ojos, en los oscuros rastros del insomnio. Después lo corroboré por todas partes. Lo miro (no puedo dejar de hacerlo) y sé que ahora tiene perfiles afilados, bien definidos, casi peligrosos. Ha refinado sus métodos: antes llegaba a patadas y echando espuma por la boca. Hoy es discreto, silencioso. Se desliza de manera subrepticia; te acecha; y cuando menos lo esperas, salta a la yugular, rasgándola con sus putrefactos dientes. Sin duda ha cambiado, es cierto: por fuera hay algo, no sé bien qué, que es diferente; pero adentro, horriblemente adentro, sigue siendo él: aún hierve. Aún sulfura. Aún duele.

Lo había esperado tanto.

Bienvenido.

martes, julio 17, 2007

Tiyei

Tarea placentera y difícil a un tiempo la de poner por escrito, en un par de cuartillas, las impresiones y recuerdos acerca de mi habitar Tijuana, de mi estar en el Colegio de la Frontera Norte. Más aún si se piensa que escribo esto desde aquí, y ahora. Por otro lado, ¿acaso para recordar no es preciso apelar —primero y minuciosamente— al olvido? ¿Podré recordar entonces aquello que no he olvidado? ¿Cómo abordar en consecuencia la memoria, en su densidad aparentemente impenetrable? Intuyo que toda rememoración es un viaje infructuoso, un esfuerzo que intenta domesticar cronológicamente el pasado. Pero el itinerario es caprichoso y parece elegir al azar los puntos que constituyen su trayecto.
Considerando lo anterior, lo más correcto sería iniciar esta crónica con mi llegada al Aeropuerto Internacional de la ciudad de Tijuana; con las sensaciones que experimenté al bajar del avión; con el orgullo que me infundía —e infunde— sentirme parte del Colegio de la Frontera Norte; con el primer desconcierto que me provocó enfrentarme al pollero que intentaba convencerme de que sus precios eran los mejores, y de que con él, el paso al otro lado estaba garantizado. Quizá debería mencionar que la situación geográfica de las instalaciones del Colef me resultó espectacular, privilegiada, idónea, y que esa sensación nunca me abandonó durante los cinco años que rondé por ahí. Sería pertinente hablar de la enorme calidad de las cátedras (verdaderas conferencias magistrales) que recibí en las aulas, de las discusiones en los pasillos, e incluso, de los enormes debates establecidos en la cafetería, a la hora de comer. Sin duda, resultaría fundamental retratar la atmósfera reinante, por lo menos la de mi generación, la cual era una mezcla de la bohemia más radical con el compromiso estudiantil más profundo.
Pero no siempre se comienza por el principio o por lo aparentemente más importante. Además, sería incoherente de mi parte pretender someter a un supuesto orden la experiencia de una ciudad inaprensible, caótica, que se esfuma en cuanto se intenta capturarla, y que aparece cuando pretendemos olvidarnos de ella. A veces, enfocarse en los pequeños detalles resulta más productivo que ofrecer una mirada panorámica. En este sentido, rescato del olvido algunos momentos que me marcaron de manera profunda. Por ejemplo, la soledad brutal de mi primer resfriado en tierras tijuanenses: aniquilado en el frío exilio de un colchón de tercera o cuarta mano, que escupía resortes por todos lados, escuchando el rugir de los obligados fuegos artificiales que demarcan cada 16 de septiembre. Otro momento: el descubrimiento de que el departamento de Playas, donde vivía, tenía vista al mar; esto gracias a un extraño día soleado entre tantas semanas pletóricas de neblina. Uno más: las interminables y sabrosísimas noches que transcurrían en La Ballena, La Estrella o El Dandy del Sur, lugares donde el aire se tornaba duro, y la realidad dejaba de ser imaginaria.
Ahora que ha transcurrido casi una década de que saliera un día domingo de Guadalajara, con la mira de llegar al norte, comprendo que experimentar Tijuana, que vivirla, al menos del modo en el que yo lo hice, exigía una triple apertura. Por una parte, quizá situada en el centro de mi estar allá, se ubica la férrea disciplina y las demandas del mundo académico. Estudiar una maestría en el Colef realmente requería una entrega y un compromiso totales. Puedo decir, con orgullo, que en sus aulas —y también, de manera significativa, en los pasillos— conocí y conversé con la gente más lúcida e interesante con la que me haya topado nunca. Sus huellas están aquí por todas partes, indelebles, en esto que soy ahora. Y todo lo apr(h)endido ha mostrado ser eficaz en otros contextos, más allá del ámbito académico. Suena a cliché, pero haber vivido en Tijuana es lo que podría denominarse como a near life experience. Hay una anécdota de esas que se cuentan como si le hubieran ocurrido a uno, que resume a la perfección la vida [muchas veces monacal] en el Colef: luego de varios días y noches de observar las actividades de un grupo de jóvenes, uno de los guardias de la institución pidió audiencia con el director. Ello con el objeto de hacerle saber a éste que tales sujetos eran unos desobligados y que debería pensar en despedirlos. ¿Por qué? Porque no trabajaban ni hacían nada. Permanecían en las instalaciones hasta altas horas de la madrugada, improductivos, y a lo único que se dedicaban era a estar ¡leyendo y escribiendo día y noche! Eran estudiantes.
Por otro lado, más hacia la periferia de mi estar allá, emergía la necesidad de sorber la médula de Tijuana, ciudad rizoma, fragmentada, viva. Aquí lo que me viene a la memoria son los detalles ínfimos, como mi primer y pequeñísimo departamento, sin un solo mueble, ni gas ni energía eléctrica, en el que al principio nos apretujábamos seis estudiantes. Además, recuerdo con añoranza las septentrionales e intensas discusiones hasta altas horas de la madrugada, aderezadas con vino tinto y Carlos Gardel. Éstas, casi siempre giraban alrededor de los temas menos trascendentes [y por ello importantísimos] que puedan imaginarse: desde la ineficacia conspicua de la Selección Mexicana de Futbol, las múltiples lecturas de The Simpsons o Friends, hasta las ingenuidades garrafales cometidas por Habermas en su Teoría de la Acción Comunicativa. Así era mi habitar Tijuana, mi estar en el Colef. Por último, en el fondo o detrás, casi como una presencia ominosa, estaba la sensación de no estar del todo ahí, la escisión entre dos mundos, la urgencia de un eterno pero impreciso retorno. Insisto, escribo desde aquí, ahora, acerca de ese pasado que persiste, que aún está presente. Epítome de la nostalgia, juego de espejos, Tijuana ya no es para mí una ciudad. Es más bien una metáfora; una paradójica forma de ser, un estado mental, el puerto al que siempre es posible llegar. No me cabe duda: yo viví el Colef apenas un lustro, pero el Colef, al igual que Tijuana, me habitará para siempre.

miércoles, julio 11, 2007

P. N.

Por favor, no me dejes ser salvo. Permíteme reconocer que la búsqueda de redención no es más que un enmascaramiento, la estupidez más grande. Ayúdame a comprender que intentar librarse de algo, de cualquier atavío, no hace sino enfatizar la dependencia; que contribuye a profundizar el vasallaje. Indícame, en consecuencia, que habría que regodearse por completo en ti. Sumérgeme en el núcleo más perverso de todas tus doctrinas. Asfíxiame con tu falsa pretensión de libertad, hasta el punto sublime de la esclavitud y la sumisión absolutas. Sé que sólo así te haré feliz. Sitúame a tu izquierda, a tus pies. Aniquila todas mis ideas, deshazte de ellas para siempre. No me sirven. Prefiero que pienses por mí. Yo no importo. Lo dejo todo en tus manos. Beberé y comeré como un caníbal cualquier cosa que me pidas hasta el final de mis días, perpetuando así un pacto inútil con la nada. Ignoraré el muro de silencio y pretenderé que estás ahí, escuchándolo todo; sabiéndolo todo, perdonándolo todo.

Ajá.

jueves, julio 05, 2007

Mucho cuidado

A veces, las cosas ocurren precisamente como uno lo desea.

viernes, junio 29, 2007

Llueve

Una vez más la lluvia. Vieja conocida, anclaje de la nostalgia. Tus tranquilos rastros de agua son como pasajes de la memoria. Así, cada gota tuya se va transformando en un recuerdo, en un forzoso rescate del olvido. Cada pequeño fragmento de ti, cielo líquido, condensa en sí quizá una copa de vino, un tango, un aroma, el roce de una piel. Eres, quizá, el más grande cliché de lo prístino, purificadora de ciudades que se desperezan (pretendiendo ser lomos de ballena que emergen a la superficie) ante tu tenaz insistencia. Es suficiente con que te asomes por cualquier lado para hacer huir al vulgo que no disfruta de tu compañía, los acorralas, los obligas a la sombrilla, o al roñoso café que los salva de tu humedad. Rompes sus anquilosados órdenes como ha sucedido siempre desde aquella primera y ancestral gota. No saben que la vida está afuera, contigo, como infinita cómplice del disimulo, basta caminar un instante entre tus frágiles ráfagas, y levantar el rostro, para dejarse ir, sin que nadie sepa, sin que nadie se de cuenta que, sin que nadie note que la verdadera lluvia está aquí dentro.

sábado, junio 16, 2007

Naila


Bienvenida. Éste es el mundo. Ya lo iremos descubriendo juntos, lo construiremos al nombrarlo, lo iremos iluminando con los colores de tu mirada, con tus llantos y tus sonrisas, y tus dedos y los míos. Poco a poco lo recorreremos, guiándonos juntos, aprendiendo a conocernos, dejándonos huellas indelebles, pequeñitas las tuyas, y precisamente por ello, inmensas e inabarcables. Inventaremos un lenguaje propio, íntimo, para contarnos nuestros secretos. Sabremos de antemano que casi todo lo que hagamos tendrá un aire de iniciación, de misterioso ritual personalísimo, de búsqueda y encuentro. Llave universal, llegas a mi vida en el momento justo. Te presentas como un tornado fascinante, como una sonrisa de cuerpo entero, como un caos fundamental oculto bajo un ropaje dulcemente frágil. Pequeña revolución condensada en llanto, trastocas toda noción de orden, todo esquema, toda estructura. Te multiplicas por todas partes, delimitando un territorio, articulando un antes y un después en mí. Centro prístino, ahora todo esto que soy gira en torno tuyo. Día a día. Desdoblando el futuro, nos reconoceremos allá tal como aquí. Sabremos que tú eres en mí eso indefinible que es más que yo mismo, que me atraviesa por completo y me devuelve mi propia e imposible mirada. Y es en este estallido, en esta especie de umbral, en el que, al observarte, me descubro en ti, completo, circular. Total. Y sabré entonces que era cierto, que yo había estado aquí por ti y para ti. Y que estaré siempre. Pase lo que pase. Que no te quepa duda, bonita, eres mi particular vuelta al origen; mi infinito retorno. Mi causa. Mi promesa. Mi reencuentro. Mi verdadero hogar.

jueves, junio 07, 2007

Más instrucciones para ser feliz

Hace mucho que desterré de aquí (índice señalando sien) el deseo de protagonismo. No soy nada, nunca seré nada. Lo sé y lo acepto. Dejo la luz pública para otros. A mí, de plano no me interesa. ¿Por qué? Sencillo. Pienso que replegarse a la esfera privada, a la ínfima parcela personal, es una tarea titánica, descomunal. Sé que más de alguno dirá que la medianía es una práctica acomodaticia, facilona. Nada más equivocado. Ser del montón requiere disciplina, fuerza de voluntad, ánimo y destreza. No cualquiera lo logra. Hay que ser un genio para intentar ser nadie. Quien se cae y se levanta una y otra vez no hace sino mostrar su enorme estupidez, no su fortaleza. Ponerse de pie (o su variante piadosa: poner la otra mejilla) no hace sino revelar que la idiotez es la marca conspicua de los triunfadores. El conformista tiene todas las batallas ganadas, porque ya está donde desea, quiere y/o puede. Aquellos que luchan por llegar más alto han perdido la guerra desde un principio. Recordemos que bastan un par de triunfos más o menos significativos (el área o campo en el que se obtengan no es de importancia) para considerarse un ganador nato. Ello no tiene detrás mérito alguno. En cambio, ser un fracasado requiere de tenacidad y constancia: dejar de hacer, dejar pasar, una y otra vez, no es fácil. Permanecer en el suelo, soportando todas las embestidas, sin hacerle frente a nada. Eso es lo verdaderamente destacable. Desafortunadamente hemos sido educados con los valores equivocados (por lo menos yo y mi círculo más cercano). Nos han inculcado la grandeza como aspiración, haciéndonos olvidar que lo divertido está en el fango, en la decadencia. Y no en las alturas. Venga, dejemos atrás lo bonito, que ya de por sí está choteado. Exorcicemos la belleza y el triunfo. Adoptemos (y aceptemos) el fracaso, la falla estructural, la terrible escisión que nos hace ser esto que somos.

lunes, junio 04, 2007

Te esperamos...

Naila: Ya está todo listo. Sólo es cuestión de que llegues. Nosotros, aquí, te esperamos con un placer enorme.

Te amo.

miércoles, mayo 30, 2007

¿?

A veces, sólo a veces, mirarse al espejo constituye un terrible peligro: se corre el riesgo de toparse con uno mismo.

lunes, mayo 28, 2007

Sospecha

Cada vez más estamos ciertos de que yo y este otro que soy no estamos solos en este cuerpo. ¿Que haremos con tantas voces? ¿Ahora a cuáles les haremos caso?

viernes, mayo 25, 2007

Qué poca

¡Qué poca madre! ¡De verdad, qué poca madre! Resulta que ayer por la noche fui a comprar una medicina a las Farmacias Guadalajara que están cerca de casa. Hasta ahí todo bien. Sólo que al querer tomarme la pastilla esta mañana, me di cuenta de que la caja estaba ¡vacía! Luego de descartar las posibilidades obvias de desintegración, combustión espontánea, traslado a otra dimensión, etc., decidí ir a reclamar. Supuse que en las FG entenderían y me cambiarían mi cajita de pastillas sin mayor trámite. Pero al llegar allá, lo que obtuve como respuesta a mi queja fue un: “nosotros revisamos siempre la mercancía antes de que salga de la farmacia. Si usted no lo hace así, es su problema”. Desde luego, si hubieran sido aspirinas, me hubiera dado risa. Pero resulta que cada paquete me cuesta casi quinientos pesos, y sólo trae catorce pastillitas. Así que cómico, lo que se dice cómico, no me era. Y menos frente a la impotencia que me provocó la actitud de la gerente de turno. El caso es que, pobre, le dije hasta de lo que se iba a morir. Ni modo. A ella le tocó los platos rotos. Y a mí, otro quinientón, porque no puedo estar sin la dichosa medicina. ¿Y?

martes, mayo 22, 2007

Instrucciones para ser feliz

Desvanecerse. Desaparecer hasta quedar reducido a nada. Ir dejando jirones de uno mismo en cada letra, como un acto voluntario de purificación inextricable; como un reencuentro con el vacío abismal que llama y enaltece todo aquello que decae. Pero antes, es preciso revolcarse en el borde, disfrutando la suciedad y la podredumbre. Permitir que el vértigo tome el control, y se transforme en una piedra terriblemente fría en un lugar indeterminado, pero casi siempre cerca del estómago. Dejarse consumir hasta el hueso, roerse uno mismo ignorando el dolor y la incertidumbre. Reptar, invocando toda nostalgia del futuro, apreciar toda imprecación, volverse uno con la nada.

sábado, mayo 12, 2007

Megaforismo

Toda universalización requiere, para ser tal, de una excepción estructural, de una apertura imposible de suturar que anule toda posibilidad de universalización. Es precisamente este vacío, esta brecha inherente, el elemento constitutivo alrededor del cual se arquitectura cualquier noción de absoluto. En este sentido, la verdadera consecución de un objetivo se encuentra, precisamente, en cada uno de los intentos fallidos, en los esfuerzos por conseguirlo. O mejor aún, en convertir cada serie de fracasos en un triunfo. Así, no hay mejor ejemplo que las minúsculas victorias del perro sobre su cola, las cuales no radican, en consecuencia, en lograr alcanzársela alguna vez, sino en los círculos estúpidamente interminables que dicho animal da para ello. Eah.

Insomnia

Dejar que fluya. Sin pensar. Incoherencias. Lo demás no importa. Escribo porque me da la gana. Nada más. Dejar que fluya. Pensar en cosas es anular el pensamiento. Lo importante es el texto. Dejar que fluya. Abrir los sentidos para entender todo esto que es en mí algo más que yo mismo. Histeria colectiva. Desgranar palabras sin saber su significado. Y qué importa. Mejor dicho: a quién. Como si valiera la pena. El asunto consiste en dejarse ir, en mirar esa mancha oscura que se abre frente a nuestros pies y dejarse ir, entender que no es sino un abismo, una consecuencia del insomnio, la mordedura de un perro rabioso, el cáncer que crece bajo ese bonito lunar. Dejar que fluya. Aprovechar la falta de sueño. Despreocuparse. Excentrarse. Ser incoherente es la representación misma de la coherencia. Daño irreparable. Animadversión. Palabras estúpidas. Lo importante es no detenerse, continuar llenando de letras esta interminable hoja en blanco (que no es sino otra representación del abismo). Abrazar el vértigo, recibirlo con los brazos abiertos. Vomitar si es preciso. Vomitarlo todo. Aquí o en otro lado, pero lo crucial es vomitar. Deshacerse de todo lastre. Viaje profano. Sospecha de la inmundicia. Decaimiento, erosión de los pilares. Metáforas insulsas. ¿Por qué el rodeo? ¿Por qué no llamar a las cosas por su nombre? Dejar que fluya. Parece un mantra. Anotación en diario. Tan triste como una niña recién bañada para asistir al funeral… de su madre. Deberíamos de seguir esta línea, esta alusión a la madre, precisamente hoy. Pero qué flojera dan los psicologismos baratos. Terminaría hablando de Elektras y Edipos. Y hoy no. Ahora se precisa escribir. Dejar que fluya. Sin importar el contenido. Vomitarlo todo de un tirón. No retroceder. Domesticar el insomnio. Insomnio. Me gusta cómo suena. Me gusta cómo se ve esta palabra si uno entrecierra los ojos (¿acaso hay mejor indicación de que es preciso volver a la cama?). Saborear la falta de sueño. Martirizarse al pensar que el día va a ser largo. Pero antes, vomitar, como cualquier adolescente. Dejar que fluya. ¿Por qué la fluidez como trama? Una vez más, hay que estar alerta con los psicologismos de feria de pueblo. ¡Aléjate, aléjate! Vade Retro. Debo dejar de pensar. Y dejar que fluya. Pero ¿para qué? Ni siquiera vale la pena. Y quizá precisamente por eso. Pero las causas perdidas me dan más flojera aún. Basta ya. Volver. ¿A ser yo mismo? No. Eso no se vale. Por favor, no dejes que me salve. Me perdonaría todo, menos ser salvo.

Adiós. Me voy a la cama.

viernes, mayo 11, 2007

Estrategias para el olvido

Ni hablar. Habrá que ir desangrando esto poco a poco. Deshaciéndose de ello. Lavándose, despojándose, casi como una lenta purificación, como un ritual de paso. Minuciosa y aplicadamente caminar hacia ninguna parte, recorrer haciendo de la memoria una ficción, un olvido o algo peor.

viernes, mayo 04, 2007

Aviso

Hoy casi todo tiene la apariencia de un sutil simulacro, de un extraño distanciamiento, como si la realidad hubiese sido rasgada y se escapase de sí misma, gota a gota, por la mortal herida. Desde la extraña llave que encontré camino al trabajo, hasta el sujeto espantosamente tuerto que me siguió durante más de dos horas, mientras conducía mi auto. No sé cómo explicarlo. Pareciera como si debajo de las cosas se agitara algo, quizá un presagio, un aviso, el anuncio previo antes de… de… ¿qué? No sé. No sé. Aquí se percibe algo. Se cierne algo terrible. Ominoso.

Venga.

miércoles, mayo 02, 2007

Sí. Soy un intolerante

Laclau siempre está insistiendo en que debería ser más tolerante. Y yo, como siempre, me monto en mi macho y por supuesto, nunca le hago caso. ¿Por qué? Pues porque la tolerancia no es sino un eufemismo que tiende a enmascarar la tibieza de aquellos que no se atreven a adoptar una postura. En este sentido, hace unos días, publiqué un post relativo al aborto. Un estimado anónimo furioso me puso en la sección de comentarios lo siguiente:


“Que facilmente demagógicos tus argumentos... y que falsos...

«Que las mujeres puedan decidir»... que la iglesia defiende su poder... ¡¡¡PAMPLINAS PROGRESISTAS DE IZQUIERDAS PARA JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE: EL ASESINATO DE INOCENTES.
Si ser progresista consiste en defender lo indefendible... prefiero no serlo”.

Desde luego, después de que dejé de reírme a carcajadas, le contesté por el mismo medio en estos términos:

Estimad@ anónim@: Primero, habría que conocer lo que significa demagogia. Palabras más, palabras menos, ésta remite a aquellas estrategias que interpelan a las emociones (tales como la culpa) de los sujetos para ganar el apoyo popular. You do the math. Ahora, no basta parafreasear a Lucerito para contradecir un argumento que, sin duda, es fácilmente demagógico. Ojalá y para la próxima le eches más ganas ¿sale? Yo sé que puedes. Ah, y una última pregunta ¿cómo se le llama a aquel que tira la piedra y esconde la mano?

Y ¡bum! Que se enoja más. Entonces, me escribió lo siguiente, a lo que iré contestando intolerantemente, punto por punto, para ponerle punto final a este comadreo que la verdad, me da harta flojera:

Pues como decimos en el foro “Ya que te gusta el arroz con leche…por debajo de la puerta te paso un ladrillo”:

Demagogia: Según la definición del DRAE: Uso político de halagos, ideologías radicales o falsas promesas para conseguir el favor del pueblo (en este caso el beneplácito de tus lectores).

Exacto, estimado anónimo. Eso es precisamente lo que está haciendo la Iglesia, al apelar a la culpa de los pobres cristianos, para posicionarlos en contra del aborto. Recuerda que quienes promueven la despenalización son transparentes en sus argumentos (y para colmo, aluden a la ciencia, mi estimado). Me acusas de demagogia y sí, estás en lo cierto. Es más, te lo tomo como un cumplido. Excepto por la partecita donde me dices que lo hago para beneplácito de mis lectores (que por cierto, son a lo mucho dos o tres). Ahí estás errado completamente. Y tú mismo eres la prueba viviente de ello: aunque sea una vez, pero me has leído, estimado, y hasta donde entiendo, no te solazas ni disfrutas ni apruebas mis opiniones. Luego dices:



“Y al final de tus argumentos, que contradigo repitiendo el término PAMPLINAS que tanto te ha gustado, no se desprende otra cosa que:


a.- radicalismo, pues tal es la invocación al miedo a perder su poder por los que llamas jerarcas de la Iglesia católica.

b.- halagos , pues tal es la invocación al derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos con olvido de que el nasciturus es desposeído de todo derecho)

y c.- falsas promesas ---o más bien falsas conclusiones--- pues no es de recibo la ecuación que formulas según la cual si se deja a las mujeres decidir sobre sus cuerpos todos podrán decidir sobre lo que conviene o lo que no)

Radicalismo, halagos o falsas conclusiones tendentes todos ellos a lograr el beneplácito de tus lectores hacia tus posiciones ideológicas.

Por cierto tu contracrítica responde a los tics propios de la descalificación del adversario (“..en la próxima échale más ganas…yo se que puedes…” o “¿Cómo se llama quien tira la piedra y esconde la mano?” recriminandome el comentarte como anónimo, cuando en tu blog tan solo te identificas como IGor…) actitud tendente a la elusión de la crítica, muy propia del progresismo dogmático intolerante de la izquierda radical al que tan acostumbrados estamos quienes mantenemos posiciones ideológicas diferentes.

Insisto, si por progresismo entendemos defender lo indefendible y argumentar no esencialmente sino instrumentalmente, prefiero no ser progresista.

Efectivamente en tu escrito los argumentos favorables al aborto son meramente utilitaristas, pues no defiendes el aborto en su propia esencia sino por lo que tu valoras de utilidad “liberadora” de su implantación.

Insisto: PAMPLINAS, que según el propio DRAE significa TONTERIAS”.

En a.- me acusas de radical y más risa me da. Pregunta a quienes me conocen: soy la persona más conservadora del mundo. Quizá más que tú. La única diferencia es que me guío por la razón y no por el oscurantismo religioso y dogmático al que pareces aferrarte. Estimado, sería más sencillo y responsable reconocer que, en definitiva, no existe dios. De ahí en adelante, la vida es más fácil. Trata y verás. Así, no tendrías este tipo de conflictos internos.

En b.- ¿Halagos? [más risas]

En c.- ¿Falsas conclusiones? Me malinterpretas. No estoy apelando a la anarquía total, en la que cada quién hace lo que le pega la gana. Más bien al contrario, lo único que señalo es la necesidad de cumplir y hacer cumplir la ley. Y entonces sí, que gente como tú, se preocupe por decidir entre abortar o no abortar, apelando a sus propios valores y creencias. Siempre bajo el marco de la ley. Lo otro, el argumento anarquista, es propuesto por ti y los tuyos de manera totalitaria, queriendo imponer sus creencias a como de lugar. Y no se vale. Simplemente no.

Por lo demás, en cuanto a mi anonimato, en más de una ocasión he publicado aquí mis datos. Sin ir más lejos, aquí abajito aparece un link que dirige hacia un artículo mío que apareció en la Gaceta Universitaria. Ahí están mis nombres y apellidos. Estoy a tus órdenes para lo que se te ofrezca. Con respecto a lo que dices de tics y eso, pues ¿qué puedo hacer sino reir?