viernes, julio 22, 2005
Diálogo a una sola voz
Es muy probable que nunca publique nada de esto en ningún lado [salvo en mi blog] y sólo pueda dialogar a una sola voz… conmigo. No importa. Yo no quiero ser Escritor. Es más, no quiero ser nada. No puedo querer ser nada. Aparte de eso, sólo quiero escribir, es decir, adoptar una especie de “nomadismo de la reflexión”, como llama Lapierre a esa necesidad de enfrentarse siempre al bloque macizo de lo conocido, al mito de la Razón [en este caso literaria], rompiéndose los dientes si es preciso. Un nomadismo tal que implica proceder a saltos, desarrollando una idea por aquí y otra por allá, revolcándola, tanteándola, olvidándola por un rato para luego retomarla si nos apetece. ¿Por qué no hacer un cuento a modo de disertación filosófica o presentar una disertación filosófica escrita en tono de novela light? Quizá habría que hacer de toda literatura un ensayo [literario], atravesando las fronteras de cualquier género. De este modo, no resultaría difícil encontrar en algún verso de raíz poética las claves para pensar el papel del escritor y al mismo tiempo impensar la Literatura: “el poeta [el escritor] hurga en su corazón/como quien busca pan en la basura —dice Luis Chaves—/ la poesía [la literatura] moja el colchón/ y en las páginas del diccionario/ de la real academia/ escribe el teléfono de la esposa/ de su mejor amigo”. ¿Captas? Así, más que puntos de llegada [más que textos encerrados en sí mismos], habría que establecer «campamentos provisionales», abiertos, que inviten a la ludicidad, sí, pero también a la (auto)crítica [intertextual]. Más que al autor —como sugería Barthes—, habría que dar muerte al Escritor. La Literatura agoniza; el tiro de gracia habrá de dispararlo el escritor. Pero como el buen desencantado y apático que soy, estoy casi seguro que hasta la acción más subversiva tiende a reificar los órdenes establecidos. Ante ello, como siempre, surge la bendita duda: ¿acaso todo lo anterior no es más que el reverso de una patética súplica en la que quien esto escribe implora ser reconocido como un Escritor? ¿Acaso el rechazo de todo aquello que representa la Literatura no es sino la más pura literalidad de la metáfora que involucra al ardor que mató al quemado? Quizá. Quién sabe. Lo que es cierto es que [solo] sólo escribo para contradecirme y, cuando escribo, me crece la nariz.
miércoles, julio 20, 2005
Qué divertido
jueves, julio 14, 2005
Impaciencia
martes, julio 12, 2005
1. ¿Qué libro(s) estás leyendo actualmente?
Usualmente soy incapaz de leer un sólo libro a la vez. Tampoco puedo leer dos al mismo tiempo. Lo que quiero decir es que siempre tengo cuatro o cinco textos a la mano. Casi todos de cuestiones académicas, aunque de vez en cuando (sobre todo en el recóndito lugar a donde los hombres siempre van solos) trato de leer algo diferente. En cuanto a cuestiones de orden más litearario tengo cerca tres textos: 1. Diario, de Chuck Palahniuk; 2. Glamourama, de Bret Easton Ellis y 3. La eternidad por fin comienza un lunes, de Eliseo Alberto. En lo académico hay tres textos que no puedo dejar ir: 1. El espinoso sujeto. El centro ausente de la ontología política, de mi santo patrono Slavoj Zizek; 2. Deconstrucción y pragmatismo, editado por Chantal Mouffe; y 3. Contingencia, ironía y solidaridad, de Richard Rorty.
2. ¿Cuántos libros tienes?
La neta no los cuento. Pero calculando en términos de la multiplicación de las filas y columnas de los libreros, pienso que alrededor de unos mil quinientos, aprox.
3. ¿Cuáles son los últimos libros que comprastre?
1. Avoiding politics. How americans produce apathy in everyday life, de Nina Eliasoph; 2. Talking about politics. Informal groups and social identity in american life, de Katherine Cramer; y 3. Modernity and Self-Identity: self and society in the late modern age, de (mi otro sensei) Anthony Giddens. Todos compraditos en Amazon.com.
4. Cinco libros que definitivamente hayan cambiado el rumbo de tu vida, o que por alguna razón los traigas siempre presentes en las cavidades de tu memoria.
Son libros que no sólo están en las cavidades de mi memoria, sino en mi escritorio o en mi mochila: 1. Rayuela, de Cortázar; 2. Los animales que imaginamos, de Luis Chaves (un librito chiquitito de algo así como poesía, pero cuya profundidad es inagotable) y; 3. Porque no saben lo que hacen. El goce como un factor político, de Slavoj Zizek.
5. ¿A quién le pasas la estafeta?
A quien guste agarrarla (sin albur).
Estos días...
AQUELLA MAÑANA
¡Yo no lo podía creer! Afuera de mi casa, entre el pasto descuidado y algo de basura de la noche, un billete de color azul, medio doblado, solitario, lleno de rocío. Tirado ahí seguramente en la noche de un día antes o arrastrado por el viento ¡Qué se yo! El caso es que ahora estaba frente a mi, como diciendo “tómame”.
Por un momento pensé en mis necesidades más apremiantes. Un pago que debía a uno de mis pocos conocidos, miré mis zapatos raídos y viejos y supuse que pedían su jubilación, recordé mis dolores de cabeza por falta de anteojos, y pensé que ésta era una excelente oportunidad de hacerme de unos lentes que me dejaran ver bien. Al mismo tiempo, sentí de repente otras necesidades en las que no había pensado antes: ¿cuánto tiempo había intentado regalarle una tarjeta postal a Sandra, la chica del puesto de frutas? Y es que siempre que nos encontrábamos, sentía vértigos y me sonrojaba cuando me miraba sonriente y me decía: Adiós Pánfilo, alargando las últimas letras al pronunciar mi nombre, lo cual me hacía pensar que le caía bien.
Recordé que alguna vez, mi madrina había dicho que yo no me casaría, que la acompañaría por el resto de mi vida atendiendo la iglesia como lo habíamos hecho hasta ahora. Me lo dijo un día que le pregunté ¿por qué a mi nadie me invitaba para ser chambelán?, ella sonrió y dijo que yo sería su chambelán para siempre. Ella se levantaba en la madrugada para hacer el aseo y cambiar el agua aceda de las flores del altar. Yo era el campanero. Levantarme temprano, subir las gradas en la oscuridad. Casi siempre sentía el aleteo siseante de los murciélagos y sus toques suaves con las alas en mis manos o cara, al ir subiendo a la torre. Luego lo más emocionante, dar las campanadas del ángelus: tan, taaan, taaaaan; después, la misa de seis. Acá entre nos, ese trabajo me gustaba. A veces esperaba la salida del sol ahí en la bóveda de la torre, entre manadas de palomos que con el pecho inflado y en fila, esperaban que se alumbrara el suelo de la plaza para bajar a comer lo que hubiera.
Tomé el billete en mis manos, lo acaricié. Sentí mucha fe de repente en ese pedacito de papel. Decidí que debía ir a decirle a mi madrina. Pero, en el camino pasan cosas. Había dado la vuelta en la esquina del callejón rumbo hacia la casa donde ella vive, y de repente dos figuras se fueron aclarando en mi vista borrosa. Con su pelo al hombro y con su blusa de florecitas, pero más por la voz, supe que era Sandra la chica que iba pegada a la pared, como queriendo no hacer mucho ruido con su voz cortita y sonriente. Pensé que esta vez no iba vendiendo nada. A su lado, Jaime el panadero, de vez en cuando le pasaba la mano por la cintura y le acercaba su voz al oído de ella, mientras con la otra mano jalaba su bicicleta cargada con pan en el canasto.
Por un momento no creí lo que veía. Luego, decidí dudar de lo que sentía por ella, y por último dudé que esa mañana a la salida de mi casa, en el pasto de la banqueta hubiese encontrado un billete de color azul, y me dio risa sólo de pensar que por un momento no haya creído en las palabras de mi madrina, acerca de que había nacido para campanero y que nunca me casaría.
jueves, julio 07, 2005
lunes, julio 04, 2005
Nos vemos pronto, tía...
viernes, junio 24, 2005
(Im)pensar la (post)literatura
Desde hace poco más o menos un año yo he entrado, también, en el mundo de los blogs. Ello me ha hecho ver que la escritura es una de mis compulsiones más queridas. Escribir sin ser capaz de detenerse, narrar las sutilezas de la vida cotidiana, radicar en la inmediatez del hipertexto. Todo ello ocurre cuando se escribe en un blog. Las fronteras entre los géneros se difuminan, dejan de tener sentido. O mejor aún, se hacen visibles para poder ser atravesadas (a patadas y echando espuma por la boca). Sospecho, incluso, que al postear se crea un nuevo y efímero género: la postliteratura. No hablo de una idiotez como la literatura postmoderna, sino de una literatura del post. En la postliteratura lo escrito condiciona muy poco lo que se está escribiendo: se abre la posibilidad de de(con)struir la literatura desde la literatura misma.
Con la postliteratura el Uno irrumpe en los Otros [y viceversa] haciendo estallar la dicotomía escritor/lector. A diferencia de lo que ocurre con los textos impresos, en el blog es posible que los lectores dejen —por escrito— sus comentarios virtualmente en tiempo real, convirtiéndose así en algo más que testigos de la obra. El texto no existe salvo en la medida en que el lector-escritor lo (re)construye y se transforma en su artífice. Si la postliteratura es un género literario en gestación, requiere de un nuevo tipo de lector, uno que quizá rompa con el mito cortazariano del lector-hembra, una especie de lectoescriturista. Éste no es un híbrido estéril, sino que produce y (se) reproduce en el (hiper)texto. Por ello, la postliteratura es indigesta: exige la participación activa de los ácidos de este nuevo lectoescriturista; requiere ser convertida en una especie de bolo en el que lo literario, a final de cuentas, o se aprovecha o queda hecho otra cosa (en alguna asquerosa secreción, como ocurre con mucha literatura). Ello obliga a la toma de posturas por parte de quien lee: exige cierta complicidad del lectoescritor, un acomodamiento o una desazón, pero siempre un movimiento.
La postliteratura es efímera, fugaz, en la medida en que la retroalimentación ocurre en tiempo real. En los blogs no puede dejarse para mañana lo que se pueda leer hoy. La producción de posts es tal que el tiempo simplemente no alcanza. Y esto no es una desventaja. Al contrario, exhibe al escritor y lo coloca bajo una mirada inquisidora, como en un circo en el que el primer acto es un hombre desnudo y la gradería está repleta de payasos. En la postliteratura se reconoce que la creación literaria implica tanto al texto como al que lee [así como el hecho de abrir la puerta vincula tanto al que abre la puerta como a la puerta]. Por ello, la postliteratura es degradante en la medida en que desdiviniza al yo literario (a la figura del escritor). Permite arrojarse absurdamente a la literatura con la (des)esperanza de caer abiertos, vulnerables en la postliteratura. Al bajar del pedestal a quien escribe [o al subir al pedestal a quien lee], las bitácoras personales rompen con la idea de que la literatura es un campo autónomo, perteneciente al dominio de unos pocos. La postliteratura es y existe sólo en el momento que se lee, nunca antes ni nunca después. Puro presente, sin contaminación del pasado o del futuro. Todo aquél que tenga dos dedos de frente (y diez pesos para una hora en cualquier cybercafé) es capaz de hacer postliteratura. Por ello, ésta atenta contra las ortodoxias literarias, contra los cánones que se acomodan en los consabidos estancos: esto es una novela, aquello es un cuento, este es un ensayo, etc. Los textos postliterarios no se agotan en sí mismos, son abiertos y se reconstruyen a partir de las intersubjetividades. La postliteratura se tensa en la ambigüedad de lo post [pero sobre todo del post]: fluctúa entre ese ámbito dinámico que está más allá de la literatura [que ni siquiera es literatura] y el momento de fijar en letras las ideas.
En última instancia, la postliteratura es verborrea jeroglífica, martillar de palabras, agolpamiento de ideas. Esto es así porque escribir no es otra cosa que un juego de espejos, un hegelianismo baratísimo en el que la negación de la negación sólo afirma de manera más radical el punto de partida: hoy la literatura se postea, el post se (re)vuelve literatura y todo deviene en ¿ ? Ahora caigo en la cuenta: Barthes estaba equivocado y Homero Simpson se lo ha escupido en el rostro: no es el autor quien ha muerto, sino la literatura. Viva, pues, la postliteratura. ¡Do’h!
martes, junio 21, 2005
Ah, qué risa...
jueves, junio 16, 2005
: soledad
hurgo en mi nariz
busco un secreto
saco la lengua
escupo
le digo
días
buenos al
extraño que
me mira y hace
muecas desde el espejo
y eso es suficiente
para desandar
el Laberinto
inútilmente
inútil
en el que
con lugar a
dudas tantas
palabras tantas
(tan pequeñas como
enormes piojos)
no bastan para decir una
[sola:
------
Chale. Yo no sé de poesía, ni soy poeta, ni sé qué me pasa. Ofrezco mis disculpas a todo aquel poeta o poetiza verdaderos que puedan sentirse ofendidos por mis recientes intromisiones. Ajá.
miércoles, junio 15, 2005
Qué risa
martes, junio 14, 2005
Minifix
jueves, junio 09, 2005
martes, junio 07, 2005
Aturdir la soledad
Hoy es suficiente
imaginarte así
minuciosamente descalza
terriblemente desnuda
con tus palabras pequeñas y
una flor atada en el tobillo
como si tu hogar fuera éste
en el que falta espacio
para los balcones
y las preguntas.
Hoy basta con revolver
con violencia los cajones
de esta habitación polvosa
y obscura —la memoria—
para inventarte, para
mitigar el olvido y
no volverme loco (¿no volverme loco?)
Pero entonces se abre
una herida en el aire
-hay cosas que poco a poco
nos van salvando la vida-
y todo esto es mentira:
y llueve de pared a pared
de ti sólo la ausencia
de mí sólo (solo) el deseo
y el deseo es precisamente eso:
lluvia, ausencia
[sed de ti.
domingo, junio 05, 2005
Por fin
Sí. La idea me la volé de esta película genial, pero... ¿acaso no han escuchado la vieja buena nueva?: el autor ha muerto.
viernes, junio 03, 2005
Vale la pena!!
El viernes 10 de junio se realizará, en mi escuelita, una mesa redonda titulada "Autores, libros y lectores", coordinada por Carlos Guzmán Moncada. En ella participarán Luis Vicente de Aguinaga, Teresa González Arce y Felipe Ponce. Las hostilidades comenzarán a eso de las 12:45 pm. Al día siguiente, el sábado 11, Alain Touraine impartirá la conferencia titulada "Unidad y diversidad en los procesos de modernización", a eso de las once de la mañanita. Ambos eventos pintan super chidos. Si alguien le cae, pues sirve que nos conocemos.
Abur.
La dirección de mi escuelita es: Calle 5 de mayo, no. 321, en pleno Zapopan (cerquita del ISSSTE).
¡Válgame la virgen santa!
miércoles, junio 01, 2005
Suertudas
"What the hell am i?
Thousand eyes, a fly
Lucky then I’d be
In one day deceased"
AIC
martes, mayo 31, 2005
lunes, mayo 30, 2005
Fragmento
En plena postdemocracia mexicana, el significante cambio/transición en tanto que designa todo aquello que no ocurrió se percibe como vacío. La brecha entre dicho significante y la multitud de contenidos particulares se sitúa dentro de lo particular en sí, es decir, entre la universalidad y aquello que la socava. De ello se desprende la existencia de tres niveles analíticos que sirven de bisagra para el desarrollo de nuestros argumentos: 1. El universal vacío (la transición a la democracia); 2. El contenido particular que hegemoniza al universal vacío (la legitimación del relato que la narra; la institucionalidad que constituye la «oferta juvenil» proveniente del Estado) y; 3. Lo individual que socava el contenido hegemónico (las conversaciones y los silencios juveniles que vinculan el universal vacío con las biografías personales). Así, lo político no se reduce al ámbito específico en el que se toman las decisiones concernientes a la administración de los asuntos públicos. Tampoco quiere decir que lo político impregne hasta los ámbitos más íntimos de la vida, lo que equivaldría a señalar que la percepción misma de algo como apolítico no es otra cosa que una decisión política en disidencia. Un reduccionismo de lo político de este tipo deja de lado una idea crucial: que la misma exclusión de algo del campo político constituye un gesto político en sí, es decir, aquello de lo que (no) hablamos cuando (no) hablamos de política constituye una vía para indagar la manera en la que se construye socialmente la democracia.
jueves, mayo 26, 2005
Las caricaturas (no) me hacen llorar
lunes, mayo 23, 2005
Horror Vacui
De esto hace dos meses. Ya no sé qué hacer.
jueves, mayo 19, 2005
Ajá.
martes, mayo 17, 2005
“
al respecto lo unico que puedo decir es....QUE ES CIERTO... la comunidad latina esta realizando los trabajos que la comunidad negra (afro-americana, to be policitally correct) no quiere hacer. la cuestion es sencilla, un sueldo de 5.50 dolares la hora? solo es tomado por latinos...aun mas, solo por latinos indocumentados. Los negros y latinos documentados? no, ellos buscand trabajos de 7, 8 dolares la hora minimo...pro 5.50 o 6 dolares? no, mejor van a la oficina del desempleo a recibir compensacion del gobierno por no trabajar. Hace dias en una ponencia escuchaba a un presentador decir que el latino es la nueva forma de esclavitud, gente que trabaja por salarios minimos y en condiciones que nadie mas aceptaria. Pero volviendo al punto de fox, lo que dijo a mi no me parece un error, se trata, una vez mas amigo, de una de esas frases que es leida de manera diferente para poder satisfacer las intenciones y los argumentos de diferentes personas o grupos politicos
”
Ni duda cabe. El maese Ivanovish, como siempre, es certero en su comentario. Aún cuando el brete de irme de mojado nunca se me dio, las vicisitudes del fenómeno migratorio no me son ajenas. La mitad de mis mejores amigos o están allá en calidad de indocumentados, o están pensando en irse al otro lado para mejorar sus vidas. Sin duda, por las condiciones en las que emigra, la población mexicana indocumentada se ve obligada a aceptar términos de trabajo bastante deplorables. Ni hablar, el comentario hecho por Fox no está equivocado. No obstante, me parece que la estupidez de Chente radica en el modo de decir. Recordemos que a pesar de su ingenuidad, la idea McLuhaniana de que el medio es el mensaje sigue teniendo validez: un presidente, por más tonto que sea, no puede darse el lujo de dejar que se le vaya la lengua como lo hizo Chente. No es lo mismo “los huevos de la araña que aráñame los huevos”, como tampoco es lo mismo “ni siquiera los negros” que “otros grupos minoritarios”. Si el presidente no fuera tonto, ahorita nadie le estuviera exigiendo que ofreciera una disculpa pública. ¿Me explico? Imagínese, Maese Ivanovish, si a Fotz de pronto se le ocurre referirse de manera similar a los indígenas, a los homosexuales, a los adultos en plenitud, etc. Al pobre vocero de la presidencia no se le va a agotar la chamba…
domingo, mayo 15, 2005
Chales...
PD.
Chales. Me gustaría abordar el tema con verdadera profundidad, pero ando hasta el queque de trabajo... en estos días tengo que entregar cuatro capítulos de la tesis y otro que probablemente forme parte de un libro... ¿o... no será que soy un pinche y tradicional mocho y le saco al parche? Quién sabe...
miércoles, mayo 11, 2005
No me gusta abandonar tanto este blog, pero en estos días he tenido demasiado poco tiempo para escribir. Por ello me autofusilo uno de los primeros post que coloqué en este blog. A ver qué le parece a quien no lo haya leído.
Es de noche
entre simulacros
de ausencia y de tristeza
ella habita
a golpe de recuerdo
las horas, los minutos
en donde aún
después de tanto tiempo
sus olores merodean por la memoria
Llueve
y el eco de su voz
tan amargamente tierna
suena en cada gota
en cada línea
mientras su alma asustada
se refugia en el papel
y se le escapa por las manos
letra a letra, lento
Alguien
allí mismo bebe
de los nombres y
de las imágenes
bajo una lámpara
donde a contraluz las palabras
se iluminan hacia dentro
frágiles y mínimas
como aquella voz
recorriéndole la piel
Piensa
que detrás de los deseos
y de la carne
el miedo entra por los ojos
y los huesos
que alimenta al olvido
hace espacio en la habitación
por si la soledad regresa acompañada
Luego
el colchón reclama su presencia
cosa de cansancio
hay que trabajar por la mañana
—se dice—
como quien quiere escapar
de sí mismo cerrando los párpados
y apretando los puños
bajo las sabanas
No existe
—concluye—
el ritual adecuado
ni la música precisa
para que en esos momentos
el laberinto de la noche
le conduzca a alguna parte
donde sus voces se encuentren
tocando con palabras
sus insomnios
miércoles, mayo 04, 2005
De película...
Ahora bien, más allá del profundo goce que me provocó su contemplación, creo que hay un factor común que de algún modo vincula ambos filmes. En un plano estético, considero que ambas tienen muy buena fotografía y están conducidas casi a la perfección. En las dos hay escenas que por sí solas hacen que valga la pena ir a verlas, aún si el resto de cada cinta no fuese bueno. En Birth, por ejemplo, aparece una toma del rostro de Anna (Kidman) en primer plano, mientras de fondo se escucha in crescendo el momento más álgido de lo que a mí me pareció era algo como Berlioz. La armonía de la escena es rota un par de veces por el prometido de Anna, quien se acerca a ella para susurrarle algo al oído. Esto transcurre por un par de largos y tensos minutos sin que pase nada más, con resultados estremecedores. Por otra parte, en The Machinist, Trevor (Bale), convertido en casi un esqueleto, danza de manera macabra frente a Stevie (Jennifer Jason Leigh), una prostituta que le servía de confidente. Simplemente aterrador. Ambas también se desarrollan en una atmósfera casi monocromática acorde con la psicología de los personajes. En fin, vale la pena ir a verlas.
Pero hay algo más en ellas. Algo aterrador. Algo que se mueve en las dos cintas y que remite a aspectos más profundos que cuestionan el logos mismo de nuestra época. Dichos filmes dan cuenta de lo que a mi modo de ver constituye el más grande peligro de este periodo histórico: la disolución total. No me refiero al temor abstracto derivado las armas de destrucción masiva o de cataclismos naturales al que se enfrenta constantemente la humanidad. No. El peligro radica en un lugar más íntimo: me refiero a la disolución del Ser. La trama de ambas cintas se centra en la terrible pérdida de sí mismo, en la falta de sustancia, de cualquier cimiento para la construcción del Yo. Sin asidero alguno, el amor, otrora un sentimiento puro, el rasgo de la divinidad en lo humano, se vuelve desastroso: luego del amor, el ser transita por la vía de la locura, de la indestructibilidad cartesiana hacia una autodestrucción casi lúdica. El Yo, que alguna vez fuese totalidad con funciones bien delimitadas se transforma en un caos fragmentado de biografías imposibles de narrarse de manera coherente. El ser se ahoga en una multiplicidad de signos, en un océano de significados. En ambas películas hay un antes y un después que fácilmente puede asociarse con la terrible duda ontológica que es la marca de buena parte de mi generación: antes en el mundo de la vida se establecían fronteras claras y bien delimitadas. Había una distancia entre los objetos y las imágenes, era posible establecer la diferencia entre la representación y lo representado, entre la simulación y la verdad. Hoy todo está mezclado de manera intrincada, irremediablemente. La textura del tejido social aparece como algo caótico, fuera de lugar. El sentido del mundo se disuelve. El ser se disuelve. Ni siquiera las palabras bastan, ya no se acomodan a las cosas que hay qué decir. No queda nada más qué: ¿?
domingo, mayo 01, 2005
lunes, abril 25, 2005
Threesome!!!!
Poema
de pronto la obscuridad se hizo presente y la mujer se vio rodeada de sombras, una a una las negras figuras se acercaban; le marcaron la piel con golpes, le hirieron el alma con palabras, inundaron sus oídos con justificaciones, le robaron sus orgasmos y la libertad de sentir placer, la bañaron en inseguridad y la vistieron de miedo. Y en un segundo su rostro se había quedado sin luz, sin brillo, sin ganas de vivi,r la mirada clavada en el piso, los ojos inundados de lágrimas. Una garganta enmudecida, cansada de dar gritos que no eran escuchados.
De pronto mi cuerpo comenzó a dolerme y me di cuenta que la mujer era yo, podía sentir un cuerpo sobre el mío, y mi rostro de dolía, comencé a llorar... me quieres, me tienes pa placer tuyo, no soy mas que un muñeco de trapo entre tus dedos, ¿no lo entiendes? me lastimas, y sin embargo lo disfrutas... me duele el alma. La rabia me hace gritar y la sombras quieren callarme, al no lograrlo me lastiman mas, veo a mi alrededor y sé q no soy la única, ¡alguien tiene q despertar! ¡alguien que me haga despertar, estoy muriendo!.
Cuando logro abrir los ojos, lanzo un grito desesperado... sólo se oye silencio
No me veas como una amenza, no soy superior y mucho menos inferior a ti, estoy a tu nivel. No quieras verme débil porq sabes q no lo soy, sin miedo acepta q soy capaz de disfrutar, de decidir, de ser libre. No te pido igualdad, te pido respeto.
¿No que muy machos?
En este sentido, la relación que se establece entre lo masculino y lo femenino no ha quedado exenta de este proceso. Al conectar analíticamente las relaciones de género con la exploración de la mexicanidad se establecen varios marcajes. El primero y quizá el más evidente de ellos se observa en el lenguaje. Más allá de las reglas gramaticales [que quizá también sirvan para poner de relieve la hegemonía del Hombre], resulta cuando menos curioso que para (d)escribir «el ámbito que pertenece a la mujer» sea necesario acudir, pues, al género masculino [decimos «el campo de lo femenino» y no «la campa de la femenina»]. Ello coloca, de entrada, a las relaciones de género en una clara posición favorable al hombre. Si se invierte el signo de lo anterior se pone de relieve otro de estos marcajes: la sanción negativa que se le otorga a la homosexualidad abierta. Estos aspectos constituyen, sin duda, una arista que, aún cuando ha sido muy explorada, todavía tiene mucho qué ofrecer.
Ahora bien, siguiendo con esta idea puede decirse que los vínculos que se tienden de lo masculino a lo femenino se condensan en dos figuras que simbolizan nuestra particular mixtura de lo dionisiaco con lo apolíneo: el Macho y el Caballero. Los apóstoles de la mexicanidad han encontrado en estas figuras una fuente inagotable para sus disertaciones. Así, entre la caballerosidad churrigueresca del tipo lanchero acapulqueño, y un machismo neandertal de “pégame pero no me dejes”, buena parte de los mexicanos y las mexicanas van tejiendo sus relaciones en el mundo de la vida cotidiana. Ejemplos hay por miles. Mientras que el macho es capaz de mandar en camión a su mujer, o a pie si es preciso, por la ropa ajena que tiene qué lavar; el caballero le abre la puerta del auto a su dama para llevarla a cenar. Mientras que el macho le grita a la mujer desde la sala, entre el ruido de las luchas en la tele, el destape de las cervezas y los eructos: «sírveme los frijoles, pendeja»; el caballero invita a su dama a cenar al carrito de hot dogs, y además no se agüita si su aquellita no come cebolla. Mientras que el macho se levanta los domingos al mediodía para curarse la cruda; el caballero ya tiene listo el desayuno a las ocho de la mañana, y se lo lleva a la cama a su dama. Mientras el macho [coloque aquí usted su práctica preferida], el caballero [idem]. Así ad nauseaum.
Visto así, parece que el asunto no tiene mayores dobleces. Las actuaciones del macho se sancionan de manera negativa en sociedad porque humillan a la mujer, la colocan en una situación inferior con respecto al hombre. Preguntarse qué ocurre de puertas para adentro, en la especificidad de cada hogar abriría, creo, una línea de investigación que ya la quisiera la PGR. El caballero actuaría, por antonomasia, bien [“¡Ah, qué buen muchacho: todo un caballero!”, dicen las suegras cuando el yerno les lleva flores a las hijas]. Nadie dudaría que la caballerosidad y el machismo son, de este modo, dos nociones antagónicas. Pero, recordemos que los extremos siempre terminan tocándose en algún punto. Más allá del simplismo facilista que señala que hay machos caballerosos y caballeros bastante machos, si uno hace una lectura ideológica del tema puede encontrar otras aristas más profundas. Así, tal vez lo que parezca una conducta adecuada y razonable (la del caballero) sólo esté perpetuando de manera legitimada el papel subordinado de la mujer. ¿Acaso abrirle la puerta del coche a la dama no implica asumir cierta incapacidad de su parte? ¿Es que no resulta humillante para las mujeres que de entrada sea calificada positivamente una forma de actuar que las considera como entes menores que necesitan de cuidados especiales? ¿Es que verdaderamente la caballerosidad no es el rasgo más marcado de la discriminación de género? Recordemos que el macho desde un comienzo expone su evidente misoginia. Pero en esta misma medida ¿acaso la caballerosidad no ejerce una terrible labor de ocultamiento [conciente e inconsciente] del modo en el que verdaderamente ocurren las relaciones de género desiguales? De ser así, esta labor de enmascaramiento es tal que la desigualdad promovida por la caballerosidad es socialmente aceptada. Al argumentar lo anterior no quiero decir que el macho sea mejor que el caballero. Más bien, mi intención radica en señalar que ambos son igualmente peligrosos, y que la distancia que los separa es mínima. Nada más. Quisiera abundar sobre ello, pero la verdad es que Laclau está por llegar de su oficina y tengo que preparar la comida, barrer y trapera la casa. A ver si me alcanza el tiempo.
miércoles, abril 20, 2005
Provida
Ahora bien, el hecho de que una organización ultra-conservadora sea pillada en prácticas fraudulentas a raíz de la compra de lencería de encaje es, cuando menos, comiquísimo. Sin embargo, más allá de las irónicas aristas del caso y su significación en términos simbólicos, existen otras lecturas subyacentes. La publicidad con la que se anuncian los detergentes permite ilustrar lo anterior. En casi cualquier spot televisivo el mecanismo es similar: los agentes activos de la sustancia jabonosa penetran en lo profundo de las pequeñas manchas, arrancándolas de raíz, sin dañar el resto del tejido. Luego de esta operación la ropa queda casi como nueva, restituida y sin mayores daños. ¿Qué tal si en el caso de Provida opera esta especie de «lógica de detergente»? ¿Qué tal si al lavar «la mancha» generada por dicha institución se ejerce una labor de preservación que deja intacta al resto de la prenda? Recordemos que hay detergentes que dejan la ropa con un blanco casi azul. ¿Acaso el ataque frontal a la ultraderecha no estaría legitimando las acciones que se toman con respecto al otro lado del espectro político? ¿No será que en lugar de presenciar la reafirmación de la democracia estamos frente a uno de los gestos más autoritarios del régimen?
miércoles, abril 13, 2005
¿?
No obstante, quizá el aspecto más destacable de los signos de interrogación radique en la potencia subversiva que los caracteriza. Basta con colocar entre ellos una palabra o una frase cualquiera para desatar su temible facultad destructora. Y las consecuencias de lo anterior no son menores. Recordemos que en el espacio que se abre entre los signos de interrogación caben desde una letra hasta una vida; o el universo entero si se quiere. Si se está de acuerdo wittgensteinianamente en que nada hay fuera del lenguaje, los signos de interrogación son capaces de hacer estallar casi cualquier certeza. Veamos, por ejemplo, el vocablo «Yo». Así, a secas, define a la primera persona del singular. También constituye el referente identitario por excelencia, fundamento de la Razón Moderna, tal como Descartes lo implica en su famoso Cogito ergo sum. Pero basta con situar este «Yo» entre unos signos de interrogación para que opere una especie de desplazamiento histérico. Al llevar a cabo lo anterior, el «Yo», centro fundamental de la ontología occidental, es convertido en un «¿Yo?», es decir, en un frágil absoluto que se desmorona ante la duda, que se derrumba frente el abismo que los signos de interrogación abren a sus pies. Si la frase «Yo Soy» designa la más pertinaz afirmación del ser humano, el modo interrogativo «¿Yo Soy?» plantea la más profunda de las dudas existenciales. Vocablos como «dios», «libertad», «literatura» experimentan el mismo efecto. Todo estalla ante el encierro de estos dos signos aparentemente insignificantes.
Quizá, sin pretenderlo, los niños y los ironistas sean quienes utilizan la facultad destructiva de los signos de interrogación con mayor eficacia. Los pequeños, por ejemplo, nos desarman ante la terca insistencia de sus eternos «¿por qué?». Cuando anteponen esta pregunta a cualquier afirmación abren un proceso recursivo de corte gödeliano que no tiene final. Sea niño por un rato: lea de nuevo este texto e inserte un «¿por qué?» luego de cada frase. Verá que sí funciona. Los ironistas, por su parte, hacen gala de astucia. Si alguien les dice: «atropellaron a tu perro» o «tu mujer te engaña», sólo contestan «¿Y?». Esta actitud teflonesca desarma hasta al más pintado. Sin duda, preguntar(se) es un ejercicio peligroso. La sabiduría popular, que casi nunca se equivoca, bien lo señala cuando dice: «la ignorancia es felicidad» o «el que busca, encuentra». Recordemos que en última instancia, los signos de interrogación condensan en su forma más pura La Caída: ¿Acaso no fue la curiosidad lo que hizo que Adán comiera del fruto del árbol de la sabiduría; o lo que verdaderamente mató al gato? En fin, los signos de interrogación constituyen siempre una puerta que se abre hacia la incompletud, la marca indeleble de los perseguidores. Yo por mi parte, a pesar de que echo de menos mis signos de interrogación y los busco, prefiero no preguntar. Je.
martes, abril 12, 2005
Respuesta
“
1.- Que Síi, el Pejelagarto fue movido de la carrera por la presidencia porque así le conviene al grupo de CSG, hoy por hoy el grupo más poderoso política y económicamente de México. Y al mismo tiempo decir que nadie puede estar por encima de la Ley. AMLO, en su enorme soberbia, cometió el error de darles un motivo para poderle jugar una marranada como esta. La política no perdona y si te puede chingar, te chinga! Y más cuando todo lo maneja don Carlitos, ese wy nunca se anduvo con mamadas.
2.- Que lo que Rencoria llama en su post incipiente “democracia” (si, con comillas) no es nada mas que los intentos de una sociedad civil que permaneció dormida por mas de 60 años y que de pronto despierta hasta cierto punto (mas bien solo entreabre los ojos) para darse cuenta que la política sigue siendo la misma burra pero revolcada. Fox y sus amigos no pueden cambiar en 4, 5 o 6 años lo que se fraguó por más de 60. Menos aun cuando al final de cuentas sabemos que los actores manejando la política tras bambalinas siguen siendo los mismos.
3.- No, la izquierda no gana elecciones (tampoco la extrema derecha). La izquierda gana revoluciones. El PRD, a fin de cuentas un partido creado de los reproches del PRI, me parece un partido que enarbola la bandera izquierdista por necesidad. Ni ellos mismos acaban de creérsela y poco a poco se acercan al punto medio politico sacrificando ideales con el fin de de ganar gubernaturas. La presidencia del Pejelagarto en el 2006, necesaria para que se consolide el Bloque Rojo (del que hablaba el Maesse Rencoria) necesitaría de un pueblo desnutrido, mal atendido y que halla sufrido por larguísimos años de un gobierno que los trate pinchurrientamente. ¿Qué así es como esta México? Si, pero nos falta la conciencia cívica para poder hacer algo.
Termino con la frase que alguna vez leí en alguna parte y que siempre me ha hecho reflexionar en demasía: Cada pueblo tiene el gobierno que se merece.
Ps. Y he aquí mi formación financiera que sale a relucir para aclarar algo: No se confunda Maesse Rencoria, Los movimientos Financieros en la Bolsa de Valores y en los indicadores macroeconómicos la mayoría de las veces están condicionados por determinantes financieros como vencimientos de deudas, tiempos bursátiles y obligaciones económicas, tanto como gubernamentales como de empresa privada, que con política mexicana
”
Yo diría, con respecto al punto uno: de acuerdo. Pero antes de emitir un juicio con respecto a si fue un error por parte del Peje, me parece prudente esperar hasta que el asunto termine. Porque desde mi perspectiva, lo de AMLO va más allá de una soberbia ciega: puede constituir una estrategia de capitalización de la situación al punto de que, creo, se le estaría entregando la presidencia en bandeja de plata. No creo que AMLO esté a la altura de Muñoz Ledo en tanto estadista (pero quizá sí en tanto megalómano), pero de que es un gran estadista, lo es. Ni duda cabe. Habría que esperar a ver si verdaderamente lo eliminan del escenario electorero del 2006. En lo que refiere al punto dos: me parece que hablar de la “sociedad civil” constituye un mito, en el sentido en el que lo plantea Barthes. Hardt y Negri se refieren a ello como una lucha entre Imperio y Multitud. Los libritos de estos señores han vendido horrores. Gente que admiro dice que reescribieron el manifiesto comunista y lo actualizaron. Vamos, no se puede ser tan ingenuo como los mencionados autores. La sociedad civil como tal, como un “en sí” kantiano, no existe. Por supuesto que hay espectros que recorren el mundo. Pero así, en plural. Con la idea de “incipiente democracia” no me refiero a los estertores de la sociedad civil. Aludo a la bizarra convivencia de un régimen autoritario que no acaba de desaparecer, y un régimen democrático [más allá de lo formal], el cual, cada vez más, se ve como un horizonte lejano. En lo que hace al punto tres: el Maese Ivanovish se refiere al punto medio de la política con cierto desdén. Yo al contrario. A mí me parece que este país necesita un gobierno social demócrata. Ni el Peje, ni Creel ni Madrazo constituyen una oferta política adecuada para las demandas actuales. En el escenario político no alcanzo a ver a nadie que verdaderamente sea el o la candidata que requiere el país. Finalmente, en lo que refiere a la posdata dirigida a mí, le pregunto, Maese Ivanovish: ¿Acaso no resulta un tanto ingenuo pensar que el campo político y el campo económico están desvinculados? ¿Verdaderamente la pretendida autonomía de ambas esferas es algo más que un mito de la modernidad? Sin duda los factores que usted menciona inciden en la determinación de los indicadores económicos. Pero el más grande error de los economistas ha sido pensar en la esfera económica como un ente con existencia y reglas propias. Dicha esfera está constituida por personas de carnita y hueso que son las que toman las decisiones con base en los “entornos políticos”. Si no, ¿por qué existen denominadores tales como los del riesgo-país? Buena parte de los determinates de dicho indicador son políticos y juegan un papel crucial en la inversión extranjera directa. Hablamos, pues, de economía política. Basta recordar, estimado maese Ivanovish, que en los tres o cuatro días previos al desafuero, la Bolsa Mexicana acumuló una pérdida/caída de más o menos el 12 %. Las cifras para hacer el cálculo están disponibles por todas partes. El rastro de las decisiones políticas que hay detrás es más difícil de trazar, pero no imposible. La tendencia a la alza sólo se dio justo después de que el Peje llamara a la resistencia pacífica, en pleno zócalo defeño. Sé que no hay ninguna certeza con respecto a la manera en que lo económico y lo político se relacionan (i. e. no existe una ecuación que devele a ciencia cierta las causalidades recíprocas entre ambas esferas). Habría qué hacer un análisis multivariado y ponderar el peso de cada uno de los factores que usted menciona, pero a mí me da hueva. Lo que es cierto es que decir que los mercados financieros son independientes de lo que ocurra en el campo político formalmente instituido, pues…
domingo, abril 10, 2005
Ah que la...
viernes, abril 08, 2005
Ani-versario
jueves, abril 07, 2005
Chale...
lunes, abril 04, 2005
sábado, abril 02, 2005
Redundando en lo obvio
viernes, abril 01, 2005
Descubrimiento (duh)...
PD
I have chosen the later...
miércoles, marzo 30, 2005
Notas sueltas
*
Jaguares/Caifanes nunca me han gustado: no son más que el reverso de la más patética banda que haya existido jamás: Maná (horror, horror).
martes, marzo 29, 2005
Perros y gatos
miércoles, marzo 23, 2005
Sueño dentro de un sueño
Un hombre de estatura increíblemente pequeña era quien recogía los boletos. Vestía un saco rojo con botones dorados que le quedaba un poco grande. Una cicatriz le atravesaba la mejilla izquierda. «Por aquí, que se divierta», dijo el hombre de estatura increíblemente pequeña al tiempo que abría una pesada cortina de terciopelo. Detrás de la cortina se abría una oscuridad impenetrable. Elisa sintió escalofríos al ver el modo en que sonreía el hombre de estatura increíblemente pequeña, mientras le indicaba el camino hacia el interior de la sala. Entró. Tardó un poco en acostumbrarse e la oscuridad. El lugar estaba impregnado de un aroma peculiar. Nada desagradable. Más bien al contrario. Tanteando las paredes del estrecho pasillo Elisa llegó a una sala no demasiado grande. Al fondo resplandecía levemente la pantalla y parecía que todas las filas estaban ocupadas, salvo la última, en donde no se había sentado nadie. Elisa ocupó el asiento de la hilera central. Las butacas eran bastante cómodas y se preparó a disfrutar lo que viniera.
Hasta entonces se percató que la película ya había comenzado. Era en blanco y negro, con un tono casi amarillento. En la pantalla, la escena mostraba una sala cinematográfica en la que se proyectaba un filme acerca de una sala cinematográfica en la que se proyectaba un filme acerca de una sala cinematográfica en la que se proyectaba un filme acerca de. No había diálogos. Solo una especie de susurro grave, un vaivén sonoro que le produjo escalofríos a Elisa, quien miraba atenta. Ahora, en la pantalla se veía cómo desde la última fila una mujer se inclinaba para interrogar a quien ocupaba el asiento de enfrente. Al tocarle aquel hombro, la mujer sorprendida miraba cómo la cabeza del sujeto en cuestión caía al suelo. En ese momento se encendían las luces y la mujer se daba cuenta aterrorizada que los espectadores no eran sino maniquíes desnudos. Al mismo tiempo, como salido de la nada, aparecía un hombre de estatura increíblemente pequeña que estrangulaba a la mujer sin que ésta pudiera hacer nada. La última escena mostraba un acercamiento extremo a los ojos de la mujer, los cuales poco a poco se iban quedando sin vida. La imagen se desvaneció hasta que la sala quedó sumergida en una oscuridad total. Apareció la palabra FIN. Luego las luces se encendieron abruptamente, pero nadie se movía de su asiento. Afuera se oían voces. Elisa fue la primera en salir. Al fondo del pasillo, cerca de la puerta de entrada, distinguió recortados a contraluz al hombre de estatura increíblemente pequeña y a la mujer enorme que, fuera de la taquilla se veía aún más grande. Parecían discutir entre sí. El hombre de una estatura increíblemente pequeña miró a Elisa con un odio terrible. Bufaba, mientras enredaba el cáñamo entre sus callosas manos.
lunes, marzo 21, 2005
Al fin...
Felices vacaciones (gracias por dejarnos medio vacía la ciudad)...
viernes, marzo 18, 2005
Oooppss.
martes, marzo 15, 2005
Response
No obstante, por jugar un poco y conversar con Noemí e Ivanovish, trataré de “defenderme” (entrecomillo la palabra porque la defensa implica un ataque previo. Y yo, en ningún momento me he considerado atacado, ni creo que las intenciones de N e I fuesen tales). Sé de cierto que es muy raro que en el desarrollo de un filme ocurran accidentes: se deciden hasta los más mínimos detalles y una misma escena se realiza hasta docenas de veces, experimentando con ángulos, distancias, luces y detalles de esos. Por ello, creo que no es gratuito que la chamarra fuese roja, que el brazo fuese el izquierdo, que la bandera fuese nazi, y que el descubrimiento haya tenido lugar en México. En otros textos pegosteados aquí mismo he planteado que el cine gringo (y sobre todo el de corte jolibudense y comercial, porque hay producciones independientes que valen mucho la pena) constituye un acceso pertinente al fantaseo gringo con respecto a aquello que les aterra. Sin duda, el 9/11 constituye un parteaguas y permite ver lo anterior con mayor claridad. Pero desde mucho antes, el cine gringo ha condensado los peores temores de su sociedad. Ejemplos sobran y no vale la pena enumerarlos. Quizá cometo el error de otorgar demasiado crédito a los directores de los filmes que someto a interpretación, aunque he tratado de enfocarme en el filme en sí, y no tanto en las intenciones de los realizadores. Recordemos que toda creación artística tiene un contexto. La creación no ocurre en el vacío, ni los artistas son entes que se colocan por encima de la sociedad y atraviesan el pantano sin mancharse el plumaje. No. Eso es un mito. Particularmente, no creo en el genio kantiano. Menos en la anquilosada e infantil postura de la escuela de Francfort en la que se señala que los medios masivos de comunicación (i. e. el cine) constituyen aparatos ideológicos directos y se asume que el espectador es idiota y todo se lo cree. Más bien, me parece que existen otras instancias analíticas que posibilitan una labor interpretativa de los contenidos. En este sentido, con referencia específica a Constantine (en tanto producto terminado y más allá de las intencionalidades del director), es innegable que los elementos en los que baso mi argumento existen, ahí están, invariables, por más que uno vaya y vea la película una y otra vez. Ahora bien, la interpretación de esos elementos es mía. Soy yo quien atribuye una vinculación entre esa escena y aquello que los gringos consideran como aterrador, peligroso, dañino para su sociedad. En este caso, considero que opera un desplazamiento de la fuente del terror hacia lo mexicano. Y esta opinión tampoco ocurre en el vacío: remitámonos al más reciente libro de Samuel Huntington, o al informe de la CIA citado en mi post. Con mucha razón, Ivanovish señala que América Latina no ha representado ni representará una fuerza opositora como o fue la Unión Soviética, o como lo son China o Corea. Sin embargo, la inmigración ilegal en términos de servicios de salud, empleo, cultura, valores, etc., constituyen una cuestión de seguridad nacional para los EU. Ni qué decir de los movimientos de la Reconquista de Aztlán, o el posicionamiento latino en las altas esferas gubernamentales. Como sabrán, hay sectores gubernamentales WASP que cuestionan fuertemente lo anterior. Si la Guerra Fría que partió al mundo en dos hasta finales de la década de los ochenta se realizó en el terreno económico, creo que las nuevas guerras se librarán en terrenos culturales. Constantine refleja ese argumento de manera clara. Finalmente creo que el cine constituye un buen acceso a esos campos de batalla. No me cabe la menor duda.
PD
Por cierto, Maese Ivanovish, usté quiere patear a los gringos por hacer malas películas. Venga a la muestra de cine mexicano convertida en festival internacional. Aquí se le ponen de modito. Figúrese que están celebrando nada más ni nada menos que a John Waters. Ja.
PD2
¿Alguien sabe cómo diablos le quito el color moradito a los links? Me desespera y no tengo ni la más mínima idea de cómo hacerlo... Je je.
jueves, marzo 10, 2005
Tiempo fuera
*
Patética ironía: quizá las tres mejores maneras de perder el tiempo sean dos: la lectura ávida de los siete [cansadísimos] tomos en los que Proust se divierte buscando, (¡ja!), el tiempo perdido.
domingo, marzo 06, 2005
Busy Week
sábado, marzo 05, 2005
Mara
una gota cae, otra
un asidero al cual se aferraba cada vez que se sentía desaparecer. Para ella vivir [¿vivir?] era más bien una especie de prólogo, un pequeño aperitivo que la preparaba para algo que estaba por venir y que pre-sentía más grande que todo lo que podía ver y tocar. Se imaginaba ese algo como un animal agazapado, siempre detrás o por debajo de las cosas, una sonrisa que de pronto se transforma en mueca, una tarántula debajo de la almohada, y cosas por el estilo. No era horrible, sino al contrario. Ello la situaba como por encima de sí misma, en una especie de distanciamiento que le permitía contemplarse detenidamente, extrañada, pero reconociéndose a veces. Mientras le llegaba aquello a lo que se refería como “la verdadera vida”, Mara simplemente se dejaba llevar. De cuando en cuando tenía “accesos de realidad” —como los había bautizado Mauro— en los que se quedaba absorta mirando fijamente un trozo de papel brillante, en un vidrio rojo o, —aún a riesgo de su integridad física— la planta que da flores lila e insiste en crecer en medio de la carretera a pesar del incesante tráfico.