martes, marzo 29, 2005
Perros y gatos
miércoles, marzo 23, 2005
Sueño dentro de un sueño
Un hombre de estatura increíblemente pequeña era quien recogía los boletos. Vestía un saco rojo con botones dorados que le quedaba un poco grande. Una cicatriz le atravesaba la mejilla izquierda. «Por aquí, que se divierta», dijo el hombre de estatura increíblemente pequeña al tiempo que abría una pesada cortina de terciopelo. Detrás de la cortina se abría una oscuridad impenetrable. Elisa sintió escalofríos al ver el modo en que sonreía el hombre de estatura increíblemente pequeña, mientras le indicaba el camino hacia el interior de la sala. Entró. Tardó un poco en acostumbrarse e la oscuridad. El lugar estaba impregnado de un aroma peculiar. Nada desagradable. Más bien al contrario. Tanteando las paredes del estrecho pasillo Elisa llegó a una sala no demasiado grande. Al fondo resplandecía levemente la pantalla y parecía que todas las filas estaban ocupadas, salvo la última, en donde no se había sentado nadie. Elisa ocupó el asiento de la hilera central. Las butacas eran bastante cómodas y se preparó a disfrutar lo que viniera.
Hasta entonces se percató que la película ya había comenzado. Era en blanco y negro, con un tono casi amarillento. En la pantalla, la escena mostraba una sala cinematográfica en la que se proyectaba un filme acerca de una sala cinematográfica en la que se proyectaba un filme acerca de una sala cinematográfica en la que se proyectaba un filme acerca de. No había diálogos. Solo una especie de susurro grave, un vaivén sonoro que le produjo escalofríos a Elisa, quien miraba atenta. Ahora, en la pantalla se veía cómo desde la última fila una mujer se inclinaba para interrogar a quien ocupaba el asiento de enfrente. Al tocarle aquel hombro, la mujer sorprendida miraba cómo la cabeza del sujeto en cuestión caía al suelo. En ese momento se encendían las luces y la mujer se daba cuenta aterrorizada que los espectadores no eran sino maniquíes desnudos. Al mismo tiempo, como salido de la nada, aparecía un hombre de estatura increíblemente pequeña que estrangulaba a la mujer sin que ésta pudiera hacer nada. La última escena mostraba un acercamiento extremo a los ojos de la mujer, los cuales poco a poco se iban quedando sin vida. La imagen se desvaneció hasta que la sala quedó sumergida en una oscuridad total. Apareció la palabra FIN. Luego las luces se encendieron abruptamente, pero nadie se movía de su asiento. Afuera se oían voces. Elisa fue la primera en salir. Al fondo del pasillo, cerca de la puerta de entrada, distinguió recortados a contraluz al hombre de estatura increíblemente pequeña y a la mujer enorme que, fuera de la taquilla se veía aún más grande. Parecían discutir entre sí. El hombre de una estatura increíblemente pequeña miró a Elisa con un odio terrible. Bufaba, mientras enredaba el cáñamo entre sus callosas manos.
lunes, marzo 21, 2005
Al fin...
Felices vacaciones (gracias por dejarnos medio vacía la ciudad)...
viernes, marzo 18, 2005
Oooppss.
martes, marzo 15, 2005
Response
No obstante, por jugar un poco y conversar con Noemí e Ivanovish, trataré de “defenderme” (entrecomillo la palabra porque la defensa implica un ataque previo. Y yo, en ningún momento me he considerado atacado, ni creo que las intenciones de N e I fuesen tales). Sé de cierto que es muy raro que en el desarrollo de un filme ocurran accidentes: se deciden hasta los más mínimos detalles y una misma escena se realiza hasta docenas de veces, experimentando con ángulos, distancias, luces y detalles de esos. Por ello, creo que no es gratuito que la chamarra fuese roja, que el brazo fuese el izquierdo, que la bandera fuese nazi, y que el descubrimiento haya tenido lugar en México. En otros textos pegosteados aquí mismo he planteado que el cine gringo (y sobre todo el de corte jolibudense y comercial, porque hay producciones independientes que valen mucho la pena) constituye un acceso pertinente al fantaseo gringo con respecto a aquello que les aterra. Sin duda, el 9/11 constituye un parteaguas y permite ver lo anterior con mayor claridad. Pero desde mucho antes, el cine gringo ha condensado los peores temores de su sociedad. Ejemplos sobran y no vale la pena enumerarlos. Quizá cometo el error de otorgar demasiado crédito a los directores de los filmes que someto a interpretación, aunque he tratado de enfocarme en el filme en sí, y no tanto en las intenciones de los realizadores. Recordemos que toda creación artística tiene un contexto. La creación no ocurre en el vacío, ni los artistas son entes que se colocan por encima de la sociedad y atraviesan el pantano sin mancharse el plumaje. No. Eso es un mito. Particularmente, no creo en el genio kantiano. Menos en la anquilosada e infantil postura de la escuela de Francfort en la que se señala que los medios masivos de comunicación (i. e. el cine) constituyen aparatos ideológicos directos y se asume que el espectador es idiota y todo se lo cree. Más bien, me parece que existen otras instancias analíticas que posibilitan una labor interpretativa de los contenidos. En este sentido, con referencia específica a Constantine (en tanto producto terminado y más allá de las intencionalidades del director), es innegable que los elementos en los que baso mi argumento existen, ahí están, invariables, por más que uno vaya y vea la película una y otra vez. Ahora bien, la interpretación de esos elementos es mía. Soy yo quien atribuye una vinculación entre esa escena y aquello que los gringos consideran como aterrador, peligroso, dañino para su sociedad. En este caso, considero que opera un desplazamiento de la fuente del terror hacia lo mexicano. Y esta opinión tampoco ocurre en el vacío: remitámonos al más reciente libro de Samuel Huntington, o al informe de la CIA citado en mi post. Con mucha razón, Ivanovish señala que América Latina no ha representado ni representará una fuerza opositora como o fue la Unión Soviética, o como lo son China o Corea. Sin embargo, la inmigración ilegal en términos de servicios de salud, empleo, cultura, valores, etc., constituyen una cuestión de seguridad nacional para los EU. Ni qué decir de los movimientos de la Reconquista de Aztlán, o el posicionamiento latino en las altas esferas gubernamentales. Como sabrán, hay sectores gubernamentales WASP que cuestionan fuertemente lo anterior. Si la Guerra Fría que partió al mundo en dos hasta finales de la década de los ochenta se realizó en el terreno económico, creo que las nuevas guerras se librarán en terrenos culturales. Constantine refleja ese argumento de manera clara. Finalmente creo que el cine constituye un buen acceso a esos campos de batalla. No me cabe la menor duda.
PD
Por cierto, Maese Ivanovish, usté quiere patear a los gringos por hacer malas películas. Venga a la muestra de cine mexicano convertida en festival internacional. Aquí se le ponen de modito. Figúrese que están celebrando nada más ni nada menos que a John Waters. Ja.
PD2
¿Alguien sabe cómo diablos le quito el color moradito a los links? Me desespera y no tengo ni la más mínima idea de cómo hacerlo... Je je.
jueves, marzo 10, 2005
Tiempo fuera
*
Patética ironía: quizá las tres mejores maneras de perder el tiempo sean dos: la lectura ávida de los siete [cansadísimos] tomos en los que Proust se divierte buscando, (¡ja!), el tiempo perdido.
domingo, marzo 06, 2005
Busy Week
sábado, marzo 05, 2005
Mara
una gota cae, otra
un asidero al cual se aferraba cada vez que se sentía desaparecer. Para ella vivir [¿vivir?] era más bien una especie de prólogo, un pequeño aperitivo que la preparaba para algo que estaba por venir y que pre-sentía más grande que todo lo que podía ver y tocar. Se imaginaba ese algo como un animal agazapado, siempre detrás o por debajo de las cosas, una sonrisa que de pronto se transforma en mueca, una tarántula debajo de la almohada, y cosas por el estilo. No era horrible, sino al contrario. Ello la situaba como por encima de sí misma, en una especie de distanciamiento que le permitía contemplarse detenidamente, extrañada, pero reconociéndose a veces. Mientras le llegaba aquello a lo que se refería como “la verdadera vida”, Mara simplemente se dejaba llevar. De cuando en cuando tenía “accesos de realidad” —como los había bautizado Mauro— en los que se quedaba absorta mirando fijamente un trozo de papel brillante, en un vidrio rojo o, —aún a riesgo de su integridad física— la planta que da flores lila e insiste en crecer en medio de la carretera a pesar del incesante tráfico.
martes, marzo 01, 2005
domingo, febrero 27, 2005
Constantine
Pd
Acerca de las otras posibles lecturas del filme citado hay mucho qué decir. Quizá lo haga en otros posts. De momento sólo las enuncio.
1. Viéndolo a manera de broma, la escena que ocurre en nuestro país (dos paisanos buscando algo bajo un puente) puede ser vista como una clara ilustración del escenario postelectoral del 2006.
2. Esta lectura es de corte más local: resulta divertido ver las entrañas de la doble moral (t)apatía. Mientras que en las exhibiciones de la película del Padre Amaro el segmento ultraconservador guadalajarense se apoltronó en los cines para protestar ante la “blasfemia” de un cura teniendo relación carnal con una chica de muy buen ver (algo que ocurre verdaderamente todos los días, y lo sé de cierto), en las proyecciones de Constantine no hay señoras con carteles, ni adolescentes enajenados, ni testaferros de Serrano Limón rasgándose las vestiduras por lo que, a mi modo de ver, constituye un indignante agravio para los que son creyentes: eso de pintar a dios como un niño jugando en un hormiguero a mí me parece muy divertido, pero a gente que cree fervorosamente en la mitología cristiana eso les debería doler con ganas. Y sin embargo… nada.
viernes, febrero 25, 2005
Invitación
1. Les guste el metal pesadamente subterráneo.
2. Quieran burlarse un poco de mí (sólo un poco y de mí, que los otros integrantes del grupo no les han hecho nada).
3. Las dos anteriores.
El sábado 26 de febrero Azevrec (la banda de death metal fragmentario y minimalistamente técnico en la que intento rasguear la guitarra) tocará junto con Royal Warriors, Smegma y Kahtahdhen. El lugar se llama La Mancha, en pleno centro de la ciudad (de GDL), en San Felipe No. 329. Hay que llegar como entre ocho y nueve. Ahí se ven. Je.
martes, febrero 22, 2005
Decálogo de la ignominia
Planteado de este modo, el tema resulta un tanto ambiguo. Esto es así porque en la medida en que nombro aquello que no me importa, al instante pasa a ser parte de lo que me es relevante. ¿Si elaboro una lista de lo no importante, acaso no estoy dándole esa categoría de inmediato? ¿Puedo decir que no me importa darle seguimiento al juicio de Michael Jackson y enlistarlo como tal sin que se torne importante? Así son las trampas del lenguaje. En este sentido, pensar la indiferencia no es una tarea menor. Para hacer más claro el asunto, habría, pues, que retomar el ejercicio planteado al inicio de este texto y trastocarlo: más que aquello que yo me llevaría a una isla desierta, resulta pertinente reflexionar acerca de ¿qué desearía yo que perder o abandonar en una isla desierta? Parafraseando a los polivoces, puedo decir que hay cincuenta mil cosas que no me importan o me son indiferentes. He aquí sólo diez de ellas, en estricto desorden jerárquico:
1. Los pececillos dorados como mascotas. He oído decir que contemplar a los peces constituye una práctica relajante y que por ello es conveniente tener una pecera en casa. Nunca he tenido una y, de hecho, los peces me estresan sobremanera. No los necesito. A la isla con ellos.
2. La moda ochentera. Nada hay que desee olvidar tanto como las chamarras de estoperoles, los colores pastel, las camisas de lunares y cuadros, los top sailor y el super punk. Si se llevaran todo eso a una isla desierta, a mí no me importaría.
3. El retorno de la moda ochentera. Peor que la moda ochentera descrita en el punto anterior, es más aterrador el regreso de la década de los ochenta, pero “actualizada”. Que se queden en la isla.
4. Las obras completas de Carlos Cuauhtémoc Sánchez. La educación neoconservadora y moralina es el nuevo opio del pueblo. Seamos iconoclastas y mandémosla a la isla.
5. Los grillos (que no los políticos). La política es un arte. Pero los “políticos”, así, entrecomillados, le dan en la torre. Sin duda la actividad política es una de las más desprestigiadas en el país. Si los grillos de la clase política quedaran atrapados en una isla desierta las cosas serían diferentes. Sin duda.
6. Los programas de espectáculos. Entre La Oreja, Laura de América, Ventaneando, Tempranito y Con Todo, casi no me queda tiempo para ver las telenovelas del canal de las estrellas.
7. Mi terrible esnobismo y mi afán intelectualoide. Ante lo evidente, sobran las palabras.
8. La autocensura. A veces las más infranqueables barreras las erige uno mismo. Si mi capacidad de sonrojarme se quedara abandonada en una isla quizá sería menos infeliz.
9. La voz de Valentín Elizalde. Alguien le dijo a ese señor que podía cantar (horror, horror) y, la neta no.
10. Este me lo reservo. Hay cosas en este universo que no deben saberse. Je.
lunes, febrero 21, 2005
C'mon (de Ultra Deep, Miranda y BFTC)
miércoles, febrero 16, 2005
¿Suprema libertad?
En este sentido, puede decirse que la libertad no existe, sino que se construye a cada momento en el devenir cotidiano. Metáfora que está ahí en lugar de otra cosa [¿quizá del enmascaramiento del garrote y la zanahoria que nos permiten seguir andando?]. Cuando se le evoca y se cree tenerla, la metáfora se diluye en la más pura y opresiva literalidad, dejando sólo un profundo vacío: la libertad como un abismo, como la lejana e inalcanzable línea del horizonte. La búsqueda de la suprema [y efímera] libertad implica reconocer la paradójica imposibilidad de su existencia. Más allá de Berdayev, Locke, Rousseau, Hegel o tantos otros; más allá de cualquier estatuto u orden moral, la libertad es relacional, siempre en oposición a otra cosa, blanquinegro y burlesco ying y yang de la vida diaria. Entre más se busca la libertad más queda uno atrapado en un entramado de palabras [enormes y gastadísimas] que vuelan alrededor de la idea, la rodean, intentan atraparla como si ello fuera la función de las palabras, tarea inaplazable y liberadora [¡Ja!]. La libertad, creo, es otra cosa, algo que se esfuma en el momento mismo de nombrarla. Bella evocación que no es sino pseudo-presente contaminado de pasado o de futuro, virtualidad enorme, la libertad es siempre retrospectiva o prospectiva: no bien termina uno de decir/escribir “soy libre” cuando ello ha quedado atrás, se ha convertido en libertad-ya-fue, y sólo resta la libertad-por-venir. Siempre pasado o futuro, nunca presente. Quizá la libertad suprema implique el reconocimiento de la contingencia, es decir, un algo azaroso que se siente en las vísceras como un golpe seco y caliente, falsa domesticación del caos, caída ineludible en la nada.
Duda: ¿qué tal si al pensar/escribir la libertad suprema hemos equivocado el camino? ¿Qué tal si la verdadera libertad se encuentra en el goce perverso de quien siente en las venas la ansiedad de la cercanía de la jeringa; o en el placer desgarrador de aquél que mete las narices en la ropa íntima de su hija? Gran paradoja: si la libertad dejara de ser tal, quizá nos haría más libres. Tal vez si lográsemos reunir una enorme cantidad de aprisionamiento, la libertad podría cristalizar, de repente, en otro plano. No obstante, habría que reconocer, por último, en que la búsqueda de la libertad es la instancia menos liberadora. Cabría preguntarse si ¿acaso pensar en un momento de suprema libertad no implicaría reificar a golpe de lápiz y papel, o a fuerza de teclado, lo inaprensible? Bah. Seguramente la libertad es la más grande mentira que nos hemos inventado para sentir una seguridad ontológica que, en última instancia, es un acto que intenta la reconciliación con… [¿con? Otra vez las palabras —las malditas palabras—].
martes, febrero 15, 2005
Aquí no pasa nada...
martes, febrero 08, 2005
Martin, Medeski and Wood en Guadalajara
jueves, febrero 03, 2005
Post-literatura húmeda
lunes, enero 31, 2005
"That´s not democracy, stupid"
“No son las palabras de un autócrata ni de un dictador, hay que decirlo, más allá de que el personaje no despierte nuestras simpatías. Desde luego, no faltará quien denuncie el carácter espurio de un régimen patrocinado por el invasor imperialista. Pero, las cosas son lo que son y aquí, en este caso, estamos hablando, primeramente, de democracia, de elecciones […] y, en segundo lugar, de un compromiso expresado públicamente por el presidente de la nación más poderosa del mundo. Si, por ahí, los nuevos gobernantes piden, en efecto, la salida de las tropas de la Coalición y Bush Jr. Cumple su palabra ¿podríamos imaginar situación más asombrosa?”.
Me parece que el tono pseudo irónico del texto oculta un problema que no es menor [que no es de carácter espurio, como lo llama Revueltas]: el de la imposibilidad de construir una democracia fundamentalista basada en el terror. Me explico:
1. A las palabras se las lleva el viento. Decir que lo declarado por Bush no son las palabras de un dictador ni de un autócrata implica negar que existe una brecha entre lo que Bush dice y lo que Bush hace. En nuestro país tenemos un personaje que cojea de la misma bota. Basta revisar dos o tres discursos [de Bush o de su Chesire con botas guanajuatense] para darse cuenta de la validez de sus palabras. Recordemos que, en última instancia, las armas de destrucción masiva fueron sólo palabras que justificaron la invasión del territorio Irakí. Los hechos, señor Revueltas, pongamos atención en los hechos. ¿Que el compromiso fue expresado públicamente? ¿Y? Quién lo hará cumplirlo, ¿la ONU? ¿Usted?
2. Por supuesto que habrá quien denuncie el carácter espurio de un régimen “democrático” como el impuesto por Bush y sus secuaces. Yo me cuento entre ellos. Una democracia a la fuerza, al igual que los zapatos, como reza el dicho popular, no entra. Una democracia que se abre paso a cañonazos es todo menos democracia. “No son las palabras de un dictador ni de un autócrata”, señala Revueltas. ¿Y las acciones tampoco son las de un dictador y autócrata?
3. “…estamos hablando de democracia, de elecciones”. Este punto lo dejo para el final, porque es, a mi modo de ver, el atolladero más profundo del razonamiento de Revueltas.
4. “¿Podríamos imaginar situación más asombrosa?”, se pregunta Revueltas al plantearse la (im)posibilidad de que Bush cumpla su palabra. Más que asombro o incredulidad, la interrogante me remite a la actitud de tierna extrañeza que adoptan los cachorritos mal educados después de hacer sus gracias en medio de la sala: Cómo ¿yo hice eso?, ¿acaso esa cagada es mía?
Ahora sí, con respecto al punto tres…
La idea de lo democrático a la que se adscribe Revueltas es sumamente pobre: “…estamos hablando de democracia, de elecciones”. En esa pequeña frase se lee entrelíneas una concepción fundamentalista de la democracia, la cual, me parece, es necesario rechazar de manera tajante. Al reducir la democracia a la coyuntura electoral, Revueltas deja entrever que su [teleológica] visión implica la existencia de un vínculo entre universalismo, racionalismo y democracia, es decir, que la democracia constitucional representa una etapa en el trayecto ascendente de la Razón, lo cual se imbrica con el surgimiento de formas universalistas de ley y moralidad (a la Habermas). Detrás de la perspectiva reduccionista de Revueltas se observa una rígida distinción entre el ámbito público y el ámbito privado. Con ello, el mencionado autor niega la complejidad de la trama que se teje entre ambas esferas. Sin duda un principio fundamental de la democracia radica en la distinción entre espacio público y espacio privado. Pero dicha distinción es, más bien, heurística: es necesario problematizarla y expresarla de modo que constituya una frontera maleable, inestable, que es atravesada constantemente. Ambas esferas se encuentran entrelazadas de manera inextricable, casi dialéctica más allá de una filosofía moral universal. La política se subjetiva en la medida en la que la subjetividad se politiza y viceversa. Es en este fluir en el que la democracia se construye día con día, socialmente. El análisis de este proceso requiere enfocar la mirada precisamente en el ámbito que media entre ambos pares [entre lo público y lo privado]. Esto no implica en modo alguno un reduccionismo en el que la politización es total, es decir, en el que el tejido de lo colectivo es idéntico a la madeja de lo privado. La politización de la subjetividad no remite a la disolución del ámbito privado en la esfera pública. Más bien implica una apertura analítica que hace énfasis en aspectos que trascienden lo formalmente institucionalizado y se vinculan, también, con el mundo de la vida cotidiana, y no al simplismo aducido por Revueltas. Por ello, el análisis de la construcción social de la democracia requiere romper con la idea de un campo político autónomo, dominio sólo de unos cuantos. La democracia no se reduce a las elecciones. Es necesario dejar de presentar a las instituciones creadas en el mundo occidental como si estas fuesen la solución al problema de la existencia humana. Es preciso, pues, preguntar por cómo viven las personas/sujetos/actores el régimen democrático; cuáles son, sí, las estructuras y reglas que delimitan el juego democrático; pero también como se tuercen y reajustan dichas reglas por aquellos quienes las aplican; cuáles son, sí, los instrumentos a los que los ciudadanos tenemos acceso para participar en [e interpelar al] campo político; pero también necesitamos indagar las maneras en las que los ciudadanos ejercemos una de las libertades políticas fundamentales, es decir, la libertad de la política [el derecho al silencio, como dijera Hannah Arendt]. Luego de unas elecciones marcadas por varios autos bomba, varios muertos, un toque de queda, el cierre de fronteras, la prohibición de reuniones en torno a los colegios electorales... ¿qué puede uno decir? Yo, por mi parte, y tergiversando un poco a (ja) Clinton: “That’s not democracy, stupid”.
PD1.
Honestamente, me hubiera gustado hacer llegar el texto a Publico Milenio, o al autor, pero no tengo idea de por qué medios hacerlos. Si alguien sabe con quién, por dónde, o conoce a Revueltas Retes, no deje de avisarme, plis.
PD2
Feliz cumpleaños a mí.
jueves, enero 27, 2005
A mexican way of life
Relato envíado a Hipertextos
lunes, enero 24, 2005
La solución...
domingo, enero 23, 2005
Welcome to the jungle....
Mientras escribo esto, no puedo evitar una risilla irónica: hace poco me invitaron a una boda en Medellín, a la cual, desafortunadamente, no pude ir. Lo irónico es que pareciera que si yo no voy a Colombia, ésta se viene (con todo) para acá.
lunes, enero 17, 2005
Feliz cumpleaños...
domingo, enero 16, 2005
Más [acerca de la] postliteratura...
sábado, enero 15, 2005
Crónicas de viaje
Eran cerca de las once de la noche cuando finalmente salimos de la casa. Yo hubiera preferido quedarme acostado leyendo, o adivinando figuras en los extraños decorados de las paredes [lo acepto, soy un ermitaño]. Pero era el último día del viaje y las mujeres querían salir a divertirse. Desde el principio, intuí que aquella noche sería un desastre [como verdaderamente lo fue]. Las discusiones para decidir a dónde ir lo confirmaron. Para mí, más de cuatro personas ya es una multitud, todo se convierte en un caos de indecisiones e imposición de voluntades. Hasta la repartición en un dos taxis se torna problemática. Después de varias penosas escenas de gritos y sombrerazos, por fin pudimos dirigirnos al lugar que me había recomendado una amiga [La República]. Yo iba temeroso: la conozco y sé que nuestros gustos son radicalmente opuestos [salvo en TJ, donde ir al As Negro era quite an experience]. Tomé el asiento de adelante. Atrás iban Laclau, Ninin y Marukis. El taxista iba escuchando a Silvio. «Breve respiro», pensé. En el trayecto, el taxi donde iba el resto de grupo se nos perdió de vista. Luego de un rato me anime a preguntar: «Si no los encontramos, ¿conoce un lugar donde podamos estar tranquilos, tomar un buen vino y escuchar ese tipo de música?». Me miró de arriba abajo. «El sitio al que van le va a gustar, joven », me contestó. Finalmente llegamos. Los demás nos esperaban a la entrada. «Parece que está curado el lugar», dijo alguien. Je. El sonsonete de una música idiota llegaba hasta la puerta de entrada. Cuando ingresamos no pude menos que sonreír mientras pensaba en la dulce madrecita de aquél chofer hidrocálido. Mientras los demás bailaban y se divertían, yo, como el good old snob que soy, no pude menos que tomar un montón de servilletas para utilizarlas como cuaderno de apuntes. Llené varias servilletas con notas y dibujos acerca de lo que estaba experimentando, de lo que veía, de las reflexiones que todo aquello me provocaba. Guarde las servilletas en la bolsa lateral de mi pantalón cargo. Estaba seguro de haber escrito algo brillante. Pero cometí un error garrafal: me olvidé por completo que había depositado las notas en el bolsillo. Las encontré hoy, hechas nudo, despedazadas. Solo pude rescatar una servilleta que quedó más o menos legible: la lavadora había sido mi peor verdugo. Je.
Uno de estos días posteo algunas reflexiones acerca de ese patético antro hidrocálido llamado La República.
miércoles, enero 12, 2005
El círculo (fragmentito)
martes, enero 11, 2005
De viaje
lunes, enero 10, 2005
¿De vuelta?
PD
A Betriz Patradox, Humphrey Bloggart, Leticia Cortés y Niña Murciélago: sépanse ustedes que son las personas con mayor potencia narrativa que he encontrado en el mundo del blog. Opinión humilde y personal, pero sin duda compartida por muchos. Gracias por venir. Mariposita, ya sabes que te quiero un montón. De veras.
viernes, diciembre 17, 2004
miércoles, diciembre 15, 2004
La acción social: ¿Entre el futurismo de The Matrix y la guerra de guerrillas de Fight Club? (fragmento)
De algún modo, lo anterior se ha filtrado en la cultura popular actual. El cine de ciencia ficción es una buena muestra de ello. De hecho, dos de las películas más exitosas de la década pasada en este género (The Matrix y Fight Club) fijan su argumento tanto en la existencia de un conflicto central en el seno de la sociedad, como en las movilizaciones tendientes a la nivelación de dicho conflicto. Como ejemplo puede recurrirse una escena del filme The Matrix. Me refiero aquella en la que Morpheus, sentado en un confortable sillón, el cual parece estar suspendido en un universo inmaculadamente blanco y sin perfiles o relieves discernibles, muestra dos sendas cápsulas. Así, Morpheus le expone a Neo lo que a mi modo de ver es uno de los ejes argumentativos de la mencionada película: que la realidad a la que accedemos está siempre mediada, ya sea que se observe a través de un monitor, de una ventana, o de las omnipresentes gafas oscuras de los personajes (¿podríamos hablar de la falsa conciencia, aludiendo a Marx?). De este modo, Morpheus demarca el contexto en el que Neo ha de desempeñar su papel de «elegido», si es que se decide por la cápsula roja. En este sentido, sin mucho esfuerzo, se podría extrapolar el siguiente argumento de Marx, a Morpheus, justo en el momento en que éste le explica a Neo que con dichas cápsulas se plantea el escabroso dilema de tener acceso a la realidad, o seguir en la evanescente virtualidad: darse cuenta, pues, de que estaba siendo brutalmente explotado, atado de por vida a The Source [umbral semántico que remite al capital/la globalización neoliberal ] y actuar en consecuencia, o continuar con la ilusión de una vida satisfactoria a medias. Pensemos en Morpheus citando a Marx:
…en la producción social de su existencia, los hombres entran en relaciones determinadas, necesarias, independientes de su voluntad; estas relaciones de producción corresponden a un grado determinado de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se eleva una superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de vida social, política e intelectual en general. No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser; por el contrario, su ser social es lo que determina su conciencia. En una fase determinada de su desarrollo, las fuerzas productivas de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes […] Entonces se abre una época de revolución social. El cambio que se ha producido en la base económica trastorna más o menos lenta o rápidamente toda la colosal superestructura. Al considerar tales revoluciones importa siempre distinguir entre la revolución material de las condiciones económicas de producción —que se debe comprobar fielmente con ayuda de las ciencias físicas y naturales— y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas; en una palabra, las formas ideológicas bajo las cuales los hombres adquieren conciencia de este conflicto y lo resuelven.
Como podrán darse cuenta quienes hayan visto The Matrix, los hermanos Wachowski nos presentan una visión [postcapitalista] apocalíptica del mundo. En esta inesperada línea de coincidencia entre el cine de ficción de los Wachowski, y el análisis social riguroso de Marx, se observa una sociedad polarizada en dos grandes segmentos. Por una parte, hay un sistema, un deux ex machina que explota a los seres humanos como si éstos fuesen meros insumos industriales; como una materia prima más dentro del proceso de producción. El objetivo de este deux ex machina [equiparable a la idea del capital en el seno del capitalismo] no es destruir al ser humano, sino utilizarlo como fuente de energía para su supervivencia. A cambio de la venta de su fuerza de trabajo —única mercancía capaz de producir valor— los humanos obtienen como recompensa una serie de ilusiones (generadas virtualmente) que les hacen creer que viven una vida más o menos llevadera. Pero lo que realmente están haciendo es trabajar para la máquina: produciendo valor; reproduciendo el capital. Así, The Matrix [el capitalismo] les otorga a los humanos la fantasía de una henchida libertad, mientras lo que sucede es que son alienados, explotados, reducidos a su función. Por la otra parte, se tiene a un pequeño grupo del sector oprimido que ha logrado trascender la conciencia–en sí (se ha dado cuenta de que la realidad a la que accede es una ilusión, es decir, está mediada por una creación virtual; y que están siendo explotados, conectados al cerebro de The Matrix veinticuatro horas al día), y ha alcanzado la conciencia–para sí. Al haber optado por la píldora roja, Neo se transforma en uno de ellos. Pero no en cualquiera, sino en «el elegido». En él se amalgama lo que en términos de Lucien Goldmann sería la noción de sujeto transindividual. De este modo, el grupo rebelde conformado por Neo y compañía decide enfrentarse al sistema, es decir, a la gran computadora omnipotente. Pero este grupo no es equiparable con el proletariado de Marx. Sin pretenderlo, los hermanos Wachowski abren una posible vía para la actualización del marxismo: los sujetos dejan de ser bloques gigantescos y homogéneos, y se transforman en redes diversas. Aunque ello no implica abandonar la idea de Sujeto; más bien, lo que se quiere decir es que la subjetividad se politiza: Neo, además de ser el elegido, es un experto en computadoras; Morpheus es un diestro capitán y excelente piloto; Trinity es una hábil luchadora y estratega. El resto de la población de Zion está dedicada a otros menesteres, tales como producir el oxígeno o el agua que la sociedad consume (en una especie de comunismo futurista). Llevado al extremo, el ejemplo es un reflejo de la realidad actual: en un contexto de globalización, las nuevas formas de movilización social experimentan formas inéditas de articulación, valiéndose para ello de los medios que proporciona aquello que «combaten». En ello radica el carácter inédito de los nuevos modos de acción: en la capacidad de vincular sectores de la población marcados por la diversidad y, muchas veces, por cierto antagonismo, así como el uso de los recursos generados por le propio sistema.
Esta idea puede encontrarse también en la cinta titulada Fight Club, dirigida por David Fincher. En aquélla, Jack (el narrador) es un yuppie hastiado de la vida, que por alguna irónica razón se vuelve adicto a los grupos de autoayuda. Tyler Durden (la otra personalidad de Jack) es un pseudo–terrorista que, entre otras cosas, busca el fin de la civilización a través de la creación de un pequeño ejército llamado Project Mayhem. Específicamente, quiero destacar una escena en la que Tyler habla frente a un grupo de hombres de orígenes diversos: algunos van vestidos de traje y corbata, otros con overol o en mangas de camisa. El único vínculo que los une es el Club de la Pelea. Entre divertido y furioso, caminando entre ellos, mirándolos a los ojos, pero sin dirigirse a nadie en específico, Tyler comienza a reflexionar:
I see the strongest and the smartest men who have ever lived […] and these men are pumping gas and waiting tables. If we could put these men in training camps and finish raising them[…]You have a class of young strong men and women, and they want to give their lives to something. Advertising has these people chasing cars and clothes they don’t need. Generations have been working in jobs they hate, just so they can buy what they don’t really need. We don’t have a great war in our generation, or a great depression, but we do, we have a great war of the spirit. We have a great revolution against the culture. The great depression is our lives. We have a spiritual depression. We have to show these men and women freedom by enslaving them, and show them courage by frightening them […] Imagine, when you call a strike and everyone refuses to work until we redistribute the wealth of the world.
Como se observa, el argumento de Marx citado unos párrafos más arriba, bien podría ser el prólogo a la reflexión de Tyler. En última instancia, la transformación de un club en el que se «sacaban» las frustraciones y culpas a golpes, en un pequeño ejército subversivo llamado Project Mayhem, puede situarse dentro del proceso de adquisición de conciencia–para sí. En este sentido, es fácil imaginar a Tyler finalizando su monólogo con una cita —relatada de memoria— tomada de la Contribución a la economía política de Marx:
…se abre una época de revolución social. El cambio que se ha producido en la base económica trastorna más o menos lenta o rápidamente toda la colosal superestructura. Al considerar tales revoluciones importa siempre distinguir entre la revolución material de las condiciones económicas de producción —que se debe comprobar fielmente con ayuda de las ciencias físicas y naturales— y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas; en una palabra, las formas ideológicas bajo las cuales los hombres adquieren conciencia de este conflicto y lo resuelven.
En última instancia, esta esquemática y apretada exposición permite vislumbrar que, al acercarse al análisis concreto de los movimientos sociales actuales, el escenario que surge es en extremo diverso. No obstante, existe un factor común en buena parte de ellos: desafían los procesos actuales de globalización en nombre de las identidades que han ido construyendo (esto se observa tanto para el análisis social como para el cine de ficción). Pero este desafío se hace a partir de los recursos proporcionados por el mismo proceso de globalización (i. e. Internet). Así, se oponen a las consecuencias sociales, económicas, culturales y medioambientales a las que se ven frecuentemente sometidos. Castells señala —esperanzado— que estos movimientos “…que salpican todo el mundo están poniendo fin a la fantasía neoliberal de crear una nueva economía global, independiente de la sociedad, mediante el empleo de la arquitectura de redes informáticas…”. Sólo habría que poner de relieve que al eliminar la «fantasia neoliberal» también se corre el riesgo de sustituirla por una «fantasía totalitaria» (i. e. Gobierno Mundial, Estado Global, etc.). Recordemos el terrible despotismo burocrático en el que estaba sumergida la Unión Soviética. Es necesario destacar la importancia de captar, pues, los nuevos lugares de «condensación» de los significados políticos. En la actualidad se observan con mayor claridad los procesos de «re–localización» que se oponen a la desterritorialización económica y a la mundialización de la cultura [globalización]. Ello implica que los actores sociales responden a los «flujos globales» dotando de sentido a «nuevos territorios» [comunidades de sentido] (i. e. el grupo, el barrio, el colectivo cultural, etc.). Éstos territorios operan como un «círculo de protección» ante la incertidumbre generada por el vertiginoso «fluir del mundo», el cual supera la capacidad del actor para producir respuestas. El contexto esbozado en los párrafos anteriores permite poner de relieve que la relación entre globalización y democracia ha desbordado los límites tradicionales del campo político, habilitando con ello la construcción de formas distintas de ciudadanía (¿global, virtual?). Sin embargo, en ocasiones las cosas cambian sólo para permanecer iguales: las tendencias a la democratización se ven opacadas por la persistencia de un fuerte autoritarismo. Ello pone de relieve los «grandes temas» que sirven de ejes para las nuevas formas de movilización social, los espacios donde las nuevas ciudadanías condensan sus significados políticos, la persistencia de formas autoritarias de gobierno y, por ende, la incipiente construcción de una democracia con profundos déficit.
jueves, diciembre 09, 2004
Dimebag no era uno de esos intelectuales que piden la paz mundial. Más bien, era un cavernícola que dedicaba sus discos a las taiboleras de los bares que frecuentaba. Sus amigos decían que si te lo encontrabas en una noche de juerga, era mejor sacarle la vuelta. Pero caray, metaleros como él, ninguno. Con un Randall de transistores y una Dean, el tipo hacia maravillas. Ni James Hetfield estaba a su altura. Chingado, ¿por qué no moriste de una sobredósis, como el buen rockstar que eras? ¿Por qué tenían que agarrarte a balazos como a cualquier pseudo gurú jipioso que se las daba de mesías salvamundos? Chale. De verdad. Maese Dimebag, se le va a extrañar.
martes, diciembre 07, 2004
Shhh...
PD
A las tres o cuatro personas que me leen : he estado muy ausente, es cierto. No es por falta de letras. Más bien al contrario, en estas dos semanas he escrito cientos de cuartillas para mis cursos de escuelita. Tal vez pegostee alguno que otro fragmento de mis ensayos bobos por aquí. Sólo me resta por entregar un par de documentos, un coloquio para presentar avances y voilá: termino mi periodo escolarizado . Ah, también se me viene encima una mudanza, la defintiva. Luego, de lleno a la tesis [a seguir sobreviviendo como precario conacyt, gracias por sus impuestos ] Y de vuelta a este maldito vicio de escribir. Ergo: amenazo con volver... Je.
martes, noviembre 30, 2004
Bum
Relato enviado a Hipertextos
miércoles, noviembre 24, 2004
Por fin...
If i was a serial killer i would be Jack the Ripper.
Jack the RIpper's murders are still unsolved. Kill count: 5
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jueves, noviembre 18, 2004
Trabajo de campo
martes, noviembre 16, 2004
NaCo
Pues bien, en uno de esos extraños días en que todo parece confabular para que las cosas salgan bien, yo traía treinta dólares en la bolsa [lateral de mi pantalón cargo, of course] y por casualidad “descubrí”, oculta en el fondo de un estante, una T-Shirt que tenía un pequeño letrerito que decía: “I can’t sleep, clowns will eat me”. Luego encontré otra que rezaba “I feel much better now that I’ve lost all hope”. La primera condensaba el horror que desde siempre les he tenido a los payasos. La segunda describía perfectamente el estado de ánimo que me atravesaba en esa época. Compré ambas playeras [junto con una preciosa figura demoníaca hecha por McFarland toys, de medio metro de altura]. Con el tiempo me hice de una colección de T-Shirts con mensajitos en la parte frontal, negras aquéllas, ácidos éstos (i. e. “Why do people with closed minds always opens their mouths?”). Mi pequeña colección de camisetas redundaría, un lustro después, en una divertidísima fiesta de cumpleaños. Pero esa historia la contaré otro día. Hoy baste con decir que mucha gente se sentía agredida por mi vestimenta. Entre ellos mis profesores, que no entendían cómo un tipo con mis fachas (vans, pantalones cargo, camisetas negras, nada fuera de lo normal), en una institución de excelencia académica, etcétera. Yo, por mi parte, me regocijaba con la bilis de los otros. Era todo un contento. Luego, hace no mucho, en una entrega de premios MTV, los de Molotov hicieron su aparición vistiendo unas camisetas que decían: “Frijolero”, “Na/Co” y cosas por el estilo. La primera impresión que tuve fue bastante grata. Pensé en las posibilidades de resemantización de aquello que constituye la cultura popular mexicana. “Ojalá y pronto se popularicen esas ideas” —pensé—.Tiempo después, me enteré que alguien en Tijuana era el artífice de lo anterior.
Ja. Hay un proverbio que advierte: “cuidado con lo que deseas, porque puede hacerse realidad”. Hoy, parece que todo el mundo tiene una camiseta de esas. Lo que al principio me parecía una buena idea resultó no serlo tanto. Con la proliferación de este tipo de T-Shirts se ha ido “desafilando” el sentido “incendiario” que alguna vez pudieran haber tenido. Está ocurriendo lo que le pasó a la imagen del Che: al ingresar en el mainstream de la mano de Furor, el contenido ideológico de la figura de Guevara se ha ido diluyendo. Es innegable que la línea NaCo tiene diseños excelentes, ideas frescas y originales. Por ejemplo, la simbiosis que se hace de la imagen del Che con el rostro de Cepillín es un ejercicio deconstructivo que a mi parecer raya en lo genial. También es innegable que la cultura popular mexicana ofrece un vastísimo campo para resemantizar y constituir referentes identitarios de, por ejemplo, las formas que adquiere aquello que es ser joven. Sin embargo, lo que en principio parecían formas significativas de reivindicación de lo mexicano [el hecho de que Molotov apareciese en un foro gringo-agringado con camisetas que decían “Frijolero”, resulta bastante ilustrativo. Y esto no lo digo sólo yo, está apoyado en el giro reivindicativo que se deriva de la Queer theory y los estudios post-feministas de Buttler] se ha vulgarizado y pervertido con mensajes del tipo: “Mi vieja me pega”. ¿Esta falta de originalidad se relacionará con el hecho de que los mexicanos leamos menos de un libro al año? ¿O de plano las mencionadas camisetas son un destello de genialidad que no alcanzo a comprender? No sé. Llámenme malinchista o conservador. Tal vez sea que estoy entrando en la vejez. Pero si se trata de camisetas con mensajitos, yo preferiré, siempre, aquella dice “I’m not good enough to have self esteem” sobre la que reza “Qué guapo amanecí hoy, me cae”. Me cae que sí.
viernes, noviembre 12, 2004
Elevador
Parece que ya se atascó este cachivache. Señorita, ¿sería tan amable de presionar el botón
[rojo, míralo que chapeteadote, no puedo creer que se haya puesto así por mí, está todo apenado el pobrecito cura, que por cierto no está nada mal, ¿realmente será
[virgen santa, mira nada más que escote trae esta mujer, no deja nada a la imaginación, quien lo fuera a pensar, de seguro es una
[puta, que bueno que la alarma ya está sonando, ya me anda de las aguas, ojalá vengan a sacarnos de
[aquí huele muy raro, debe ser el perfume dulzón de esta muchacha, me marea, de veras que se ve muy
[fuerte y viril el curita, eh, será muy sacerdote pero bien que me está desvistiendo con la mirada, que no se haga pedazos, si también se le ha de
[parar este maldito elevador, y con la prisa que tengo, no se me vaya a enojar la clienta. Eso de ser chippendale es un trabajo duro. Y todavía me hacen que me ponga esta pinche sotana, viejas pervertidas…]
Vaya, esto se tardó en funcionar menos de lo que pensé. Al piso tres, señorita, por favor. ¿Ah, también usted se baja ahí? Mire que coincidencia, jamás lo hubiera imaginado.
Relato enviado a Hipertextos
miércoles, noviembre 10, 2004
To B.
Puag!