martes, mayo 31, 2005
lunes, mayo 30, 2005
Fragmento
En plena postdemocracia mexicana, el significante cambio/transición en tanto que designa todo aquello que no ocurrió se percibe como vacío. La brecha entre dicho significante y la multitud de contenidos particulares se sitúa dentro de lo particular en sí, es decir, entre la universalidad y aquello que la socava. De ello se desprende la existencia de tres niveles analíticos que sirven de bisagra para el desarrollo de nuestros argumentos: 1. El universal vacío (la transición a la democracia); 2. El contenido particular que hegemoniza al universal vacío (la legitimación del relato que la narra; la institucionalidad que constituye la «oferta juvenil» proveniente del Estado) y; 3. Lo individual que socava el contenido hegemónico (las conversaciones y los silencios juveniles que vinculan el universal vacío con las biografías personales). Así, lo político no se reduce al ámbito específico en el que se toman las decisiones concernientes a la administración de los asuntos públicos. Tampoco quiere decir que lo político impregne hasta los ámbitos más íntimos de la vida, lo que equivaldría a señalar que la percepción misma de algo como apolítico no es otra cosa que una decisión política en disidencia. Un reduccionismo de lo político de este tipo deja de lado una idea crucial: que la misma exclusión de algo del campo político constituye un gesto político en sí, es decir, aquello de lo que (no) hablamos cuando (no) hablamos de política constituye una vía para indagar la manera en la que se construye socialmente la democracia.
jueves, mayo 26, 2005
Las caricaturas (no) me hacen llorar
lunes, mayo 23, 2005
Horror Vacui
De esto hace dos meses. Ya no sé qué hacer.
jueves, mayo 19, 2005
Ajá.
martes, mayo 17, 2005
“
al respecto lo unico que puedo decir es....QUE ES CIERTO... la comunidad latina esta realizando los trabajos que la comunidad negra (afro-americana, to be policitally correct) no quiere hacer. la cuestion es sencilla, un sueldo de 5.50 dolares la hora? solo es tomado por latinos...aun mas, solo por latinos indocumentados. Los negros y latinos documentados? no, ellos buscand trabajos de 7, 8 dolares la hora minimo...pro 5.50 o 6 dolares? no, mejor van a la oficina del desempleo a recibir compensacion del gobierno por no trabajar. Hace dias en una ponencia escuchaba a un presentador decir que el latino es la nueva forma de esclavitud, gente que trabaja por salarios minimos y en condiciones que nadie mas aceptaria. Pero volviendo al punto de fox, lo que dijo a mi no me parece un error, se trata, una vez mas amigo, de una de esas frases que es leida de manera diferente para poder satisfacer las intenciones y los argumentos de diferentes personas o grupos politicos
”
Ni duda cabe. El maese Ivanovish, como siempre, es certero en su comentario. Aún cuando el brete de irme de mojado nunca se me dio, las vicisitudes del fenómeno migratorio no me son ajenas. La mitad de mis mejores amigos o están allá en calidad de indocumentados, o están pensando en irse al otro lado para mejorar sus vidas. Sin duda, por las condiciones en las que emigra, la población mexicana indocumentada se ve obligada a aceptar términos de trabajo bastante deplorables. Ni hablar, el comentario hecho por Fox no está equivocado. No obstante, me parece que la estupidez de Chente radica en el modo de decir. Recordemos que a pesar de su ingenuidad, la idea McLuhaniana de que el medio es el mensaje sigue teniendo validez: un presidente, por más tonto que sea, no puede darse el lujo de dejar que se le vaya la lengua como lo hizo Chente. No es lo mismo “los huevos de la araña que aráñame los huevos”, como tampoco es lo mismo “ni siquiera los negros” que “otros grupos minoritarios”. Si el presidente no fuera tonto, ahorita nadie le estuviera exigiendo que ofreciera una disculpa pública. ¿Me explico? Imagínese, Maese Ivanovish, si a Fotz de pronto se le ocurre referirse de manera similar a los indígenas, a los homosexuales, a los adultos en plenitud, etc. Al pobre vocero de la presidencia no se le va a agotar la chamba…
domingo, mayo 15, 2005
Chales...
PD.
Chales. Me gustaría abordar el tema con verdadera profundidad, pero ando hasta el queque de trabajo... en estos días tengo que entregar cuatro capítulos de la tesis y otro que probablemente forme parte de un libro... ¿o... no será que soy un pinche y tradicional mocho y le saco al parche? Quién sabe...
miércoles, mayo 11, 2005
No me gusta abandonar tanto este blog, pero en estos días he tenido demasiado poco tiempo para escribir. Por ello me autofusilo uno de los primeros post que coloqué en este blog. A ver qué le parece a quien no lo haya leído.
Es de noche
entre simulacros
de ausencia y de tristeza
ella habita
a golpe de recuerdo
las horas, los minutos
en donde aún
después de tanto tiempo
sus olores merodean por la memoria
Llueve
y el eco de su voz
tan amargamente tierna
suena en cada gota
en cada línea
mientras su alma asustada
se refugia en el papel
y se le escapa por las manos
letra a letra, lento
Alguien
allí mismo bebe
de los nombres y
de las imágenes
bajo una lámpara
donde a contraluz las palabras
se iluminan hacia dentro
frágiles y mínimas
como aquella voz
recorriéndole la piel
Piensa
que detrás de los deseos
y de la carne
el miedo entra por los ojos
y los huesos
que alimenta al olvido
hace espacio en la habitación
por si la soledad regresa acompañada
Luego
el colchón reclama su presencia
cosa de cansancio
hay que trabajar por la mañana
—se dice—
como quien quiere escapar
de sí mismo cerrando los párpados
y apretando los puños
bajo las sabanas
No existe
—concluye—
el ritual adecuado
ni la música precisa
para que en esos momentos
el laberinto de la noche
le conduzca a alguna parte
donde sus voces se encuentren
tocando con palabras
sus insomnios
miércoles, mayo 04, 2005
De película...
Ahora bien, más allá del profundo goce que me provocó su contemplación, creo que hay un factor común que de algún modo vincula ambos filmes. En un plano estético, considero que ambas tienen muy buena fotografía y están conducidas casi a la perfección. En las dos hay escenas que por sí solas hacen que valga la pena ir a verlas, aún si el resto de cada cinta no fuese bueno. En Birth, por ejemplo, aparece una toma del rostro de Anna (Kidman) en primer plano, mientras de fondo se escucha in crescendo el momento más álgido de lo que a mí me pareció era algo como Berlioz. La armonía de la escena es rota un par de veces por el prometido de Anna, quien se acerca a ella para susurrarle algo al oído. Esto transcurre por un par de largos y tensos minutos sin que pase nada más, con resultados estremecedores. Por otra parte, en The Machinist, Trevor (Bale), convertido en casi un esqueleto, danza de manera macabra frente a Stevie (Jennifer Jason Leigh), una prostituta que le servía de confidente. Simplemente aterrador. Ambas también se desarrollan en una atmósfera casi monocromática acorde con la psicología de los personajes. En fin, vale la pena ir a verlas.
Pero hay algo más en ellas. Algo aterrador. Algo que se mueve en las dos cintas y que remite a aspectos más profundos que cuestionan el logos mismo de nuestra época. Dichos filmes dan cuenta de lo que a mi modo de ver constituye el más grande peligro de este periodo histórico: la disolución total. No me refiero al temor abstracto derivado las armas de destrucción masiva o de cataclismos naturales al que se enfrenta constantemente la humanidad. No. El peligro radica en un lugar más íntimo: me refiero a la disolución del Ser. La trama de ambas cintas se centra en la terrible pérdida de sí mismo, en la falta de sustancia, de cualquier cimiento para la construcción del Yo. Sin asidero alguno, el amor, otrora un sentimiento puro, el rasgo de la divinidad en lo humano, se vuelve desastroso: luego del amor, el ser transita por la vía de la locura, de la indestructibilidad cartesiana hacia una autodestrucción casi lúdica. El Yo, que alguna vez fuese totalidad con funciones bien delimitadas se transforma en un caos fragmentado de biografías imposibles de narrarse de manera coherente. El ser se ahoga en una multiplicidad de signos, en un océano de significados. En ambas películas hay un antes y un después que fácilmente puede asociarse con la terrible duda ontológica que es la marca de buena parte de mi generación: antes en el mundo de la vida se establecían fronteras claras y bien delimitadas. Había una distancia entre los objetos y las imágenes, era posible establecer la diferencia entre la representación y lo representado, entre la simulación y la verdad. Hoy todo está mezclado de manera intrincada, irremediablemente. La textura del tejido social aparece como algo caótico, fuera de lugar. El sentido del mundo se disuelve. El ser se disuelve. Ni siquiera las palabras bastan, ya no se acomodan a las cosas que hay qué decir. No queda nada más qué: ¿?
domingo, mayo 01, 2005
lunes, abril 25, 2005
Threesome!!!!
Poema
de pronto la obscuridad se hizo presente y la mujer se vio rodeada de sombras, una a una las negras figuras se acercaban; le marcaron la piel con golpes, le hirieron el alma con palabras, inundaron sus oídos con justificaciones, le robaron sus orgasmos y la libertad de sentir placer, la bañaron en inseguridad y la vistieron de miedo. Y en un segundo su rostro se había quedado sin luz, sin brillo, sin ganas de vivi,r la mirada clavada en el piso, los ojos inundados de lágrimas. Una garganta enmudecida, cansada de dar gritos que no eran escuchados.
De pronto mi cuerpo comenzó a dolerme y me di cuenta que la mujer era yo, podía sentir un cuerpo sobre el mío, y mi rostro de dolía, comencé a llorar... me quieres, me tienes pa placer tuyo, no soy mas que un muñeco de trapo entre tus dedos, ¿no lo entiendes? me lastimas, y sin embargo lo disfrutas... me duele el alma. La rabia me hace gritar y la sombras quieren callarme, al no lograrlo me lastiman mas, veo a mi alrededor y sé q no soy la única, ¡alguien tiene q despertar! ¡alguien que me haga despertar, estoy muriendo!.
Cuando logro abrir los ojos, lanzo un grito desesperado... sólo se oye silencio
No me veas como una amenza, no soy superior y mucho menos inferior a ti, estoy a tu nivel. No quieras verme débil porq sabes q no lo soy, sin miedo acepta q soy capaz de disfrutar, de decidir, de ser libre. No te pido igualdad, te pido respeto.
¿No que muy machos?
En este sentido, la relación que se establece entre lo masculino y lo femenino no ha quedado exenta de este proceso. Al conectar analíticamente las relaciones de género con la exploración de la mexicanidad se establecen varios marcajes. El primero y quizá el más evidente de ellos se observa en el lenguaje. Más allá de las reglas gramaticales [que quizá también sirvan para poner de relieve la hegemonía del Hombre], resulta cuando menos curioso que para (d)escribir «el ámbito que pertenece a la mujer» sea necesario acudir, pues, al género masculino [decimos «el campo de lo femenino» y no «la campa de la femenina»]. Ello coloca, de entrada, a las relaciones de género en una clara posición favorable al hombre. Si se invierte el signo de lo anterior se pone de relieve otro de estos marcajes: la sanción negativa que se le otorga a la homosexualidad abierta. Estos aspectos constituyen, sin duda, una arista que, aún cuando ha sido muy explorada, todavía tiene mucho qué ofrecer.
Ahora bien, siguiendo con esta idea puede decirse que los vínculos que se tienden de lo masculino a lo femenino se condensan en dos figuras que simbolizan nuestra particular mixtura de lo dionisiaco con lo apolíneo: el Macho y el Caballero. Los apóstoles de la mexicanidad han encontrado en estas figuras una fuente inagotable para sus disertaciones. Así, entre la caballerosidad churrigueresca del tipo lanchero acapulqueño, y un machismo neandertal de “pégame pero no me dejes”, buena parte de los mexicanos y las mexicanas van tejiendo sus relaciones en el mundo de la vida cotidiana. Ejemplos hay por miles. Mientras que el macho es capaz de mandar en camión a su mujer, o a pie si es preciso, por la ropa ajena que tiene qué lavar; el caballero le abre la puerta del auto a su dama para llevarla a cenar. Mientras que el macho le grita a la mujer desde la sala, entre el ruido de las luchas en la tele, el destape de las cervezas y los eructos: «sírveme los frijoles, pendeja»; el caballero invita a su dama a cenar al carrito de hot dogs, y además no se agüita si su aquellita no come cebolla. Mientras que el macho se levanta los domingos al mediodía para curarse la cruda; el caballero ya tiene listo el desayuno a las ocho de la mañana, y se lo lleva a la cama a su dama. Mientras el macho [coloque aquí usted su práctica preferida], el caballero [idem]. Así ad nauseaum.
Visto así, parece que el asunto no tiene mayores dobleces. Las actuaciones del macho se sancionan de manera negativa en sociedad porque humillan a la mujer, la colocan en una situación inferior con respecto al hombre. Preguntarse qué ocurre de puertas para adentro, en la especificidad de cada hogar abriría, creo, una línea de investigación que ya la quisiera la PGR. El caballero actuaría, por antonomasia, bien [“¡Ah, qué buen muchacho: todo un caballero!”, dicen las suegras cuando el yerno les lleva flores a las hijas]. Nadie dudaría que la caballerosidad y el machismo son, de este modo, dos nociones antagónicas. Pero, recordemos que los extremos siempre terminan tocándose en algún punto. Más allá del simplismo facilista que señala que hay machos caballerosos y caballeros bastante machos, si uno hace una lectura ideológica del tema puede encontrar otras aristas más profundas. Así, tal vez lo que parezca una conducta adecuada y razonable (la del caballero) sólo esté perpetuando de manera legitimada el papel subordinado de la mujer. ¿Acaso abrirle la puerta del coche a la dama no implica asumir cierta incapacidad de su parte? ¿Es que no resulta humillante para las mujeres que de entrada sea calificada positivamente una forma de actuar que las considera como entes menores que necesitan de cuidados especiales? ¿Es que verdaderamente la caballerosidad no es el rasgo más marcado de la discriminación de género? Recordemos que el macho desde un comienzo expone su evidente misoginia. Pero en esta misma medida ¿acaso la caballerosidad no ejerce una terrible labor de ocultamiento [conciente e inconsciente] del modo en el que verdaderamente ocurren las relaciones de género desiguales? De ser así, esta labor de enmascaramiento es tal que la desigualdad promovida por la caballerosidad es socialmente aceptada. Al argumentar lo anterior no quiero decir que el macho sea mejor que el caballero. Más bien, mi intención radica en señalar que ambos son igualmente peligrosos, y que la distancia que los separa es mínima. Nada más. Quisiera abundar sobre ello, pero la verdad es que Laclau está por llegar de su oficina y tengo que preparar la comida, barrer y trapera la casa. A ver si me alcanza el tiempo.
miércoles, abril 20, 2005
Provida
Ahora bien, el hecho de que una organización ultra-conservadora sea pillada en prácticas fraudulentas a raíz de la compra de lencería de encaje es, cuando menos, comiquísimo. Sin embargo, más allá de las irónicas aristas del caso y su significación en términos simbólicos, existen otras lecturas subyacentes. La publicidad con la que se anuncian los detergentes permite ilustrar lo anterior. En casi cualquier spot televisivo el mecanismo es similar: los agentes activos de la sustancia jabonosa penetran en lo profundo de las pequeñas manchas, arrancándolas de raíz, sin dañar el resto del tejido. Luego de esta operación la ropa queda casi como nueva, restituida y sin mayores daños. ¿Qué tal si en el caso de Provida opera esta especie de «lógica de detergente»? ¿Qué tal si al lavar «la mancha» generada por dicha institución se ejerce una labor de preservación que deja intacta al resto de la prenda? Recordemos que hay detergentes que dejan la ropa con un blanco casi azul. ¿Acaso el ataque frontal a la ultraderecha no estaría legitimando las acciones que se toman con respecto al otro lado del espectro político? ¿No será que en lugar de presenciar la reafirmación de la democracia estamos frente a uno de los gestos más autoritarios del régimen?
miércoles, abril 13, 2005
¿?
No obstante, quizá el aspecto más destacable de los signos de interrogación radique en la potencia subversiva que los caracteriza. Basta con colocar entre ellos una palabra o una frase cualquiera para desatar su temible facultad destructora. Y las consecuencias de lo anterior no son menores. Recordemos que en el espacio que se abre entre los signos de interrogación caben desde una letra hasta una vida; o el universo entero si se quiere. Si se está de acuerdo wittgensteinianamente en que nada hay fuera del lenguaje, los signos de interrogación son capaces de hacer estallar casi cualquier certeza. Veamos, por ejemplo, el vocablo «Yo». Así, a secas, define a la primera persona del singular. También constituye el referente identitario por excelencia, fundamento de la Razón Moderna, tal como Descartes lo implica en su famoso Cogito ergo sum. Pero basta con situar este «Yo» entre unos signos de interrogación para que opere una especie de desplazamiento histérico. Al llevar a cabo lo anterior, el «Yo», centro fundamental de la ontología occidental, es convertido en un «¿Yo?», es decir, en un frágil absoluto que se desmorona ante la duda, que se derrumba frente el abismo que los signos de interrogación abren a sus pies. Si la frase «Yo Soy» designa la más pertinaz afirmación del ser humano, el modo interrogativo «¿Yo Soy?» plantea la más profunda de las dudas existenciales. Vocablos como «dios», «libertad», «literatura» experimentan el mismo efecto. Todo estalla ante el encierro de estos dos signos aparentemente insignificantes.
Quizá, sin pretenderlo, los niños y los ironistas sean quienes utilizan la facultad destructiva de los signos de interrogación con mayor eficacia. Los pequeños, por ejemplo, nos desarman ante la terca insistencia de sus eternos «¿por qué?». Cuando anteponen esta pregunta a cualquier afirmación abren un proceso recursivo de corte gödeliano que no tiene final. Sea niño por un rato: lea de nuevo este texto e inserte un «¿por qué?» luego de cada frase. Verá que sí funciona. Los ironistas, por su parte, hacen gala de astucia. Si alguien les dice: «atropellaron a tu perro» o «tu mujer te engaña», sólo contestan «¿Y?». Esta actitud teflonesca desarma hasta al más pintado. Sin duda, preguntar(se) es un ejercicio peligroso. La sabiduría popular, que casi nunca se equivoca, bien lo señala cuando dice: «la ignorancia es felicidad» o «el que busca, encuentra». Recordemos que en última instancia, los signos de interrogación condensan en su forma más pura La Caída: ¿Acaso no fue la curiosidad lo que hizo que Adán comiera del fruto del árbol de la sabiduría; o lo que verdaderamente mató al gato? En fin, los signos de interrogación constituyen siempre una puerta que se abre hacia la incompletud, la marca indeleble de los perseguidores. Yo por mi parte, a pesar de que echo de menos mis signos de interrogación y los busco, prefiero no preguntar. Je.
martes, abril 12, 2005
Respuesta
“
1.- Que Síi, el Pejelagarto fue movido de la carrera por la presidencia porque así le conviene al grupo de CSG, hoy por hoy el grupo más poderoso política y económicamente de México. Y al mismo tiempo decir que nadie puede estar por encima de la Ley. AMLO, en su enorme soberbia, cometió el error de darles un motivo para poderle jugar una marranada como esta. La política no perdona y si te puede chingar, te chinga! Y más cuando todo lo maneja don Carlitos, ese wy nunca se anduvo con mamadas.
2.- Que lo que Rencoria llama en su post incipiente “democracia” (si, con comillas) no es nada mas que los intentos de una sociedad civil que permaneció dormida por mas de 60 años y que de pronto despierta hasta cierto punto (mas bien solo entreabre los ojos) para darse cuenta que la política sigue siendo la misma burra pero revolcada. Fox y sus amigos no pueden cambiar en 4, 5 o 6 años lo que se fraguó por más de 60. Menos aun cuando al final de cuentas sabemos que los actores manejando la política tras bambalinas siguen siendo los mismos.
3.- No, la izquierda no gana elecciones (tampoco la extrema derecha). La izquierda gana revoluciones. El PRD, a fin de cuentas un partido creado de los reproches del PRI, me parece un partido que enarbola la bandera izquierdista por necesidad. Ni ellos mismos acaban de creérsela y poco a poco se acercan al punto medio politico sacrificando ideales con el fin de de ganar gubernaturas. La presidencia del Pejelagarto en el 2006, necesaria para que se consolide el Bloque Rojo (del que hablaba el Maesse Rencoria) necesitaría de un pueblo desnutrido, mal atendido y que halla sufrido por larguísimos años de un gobierno que los trate pinchurrientamente. ¿Qué así es como esta México? Si, pero nos falta la conciencia cívica para poder hacer algo.
Termino con la frase que alguna vez leí en alguna parte y que siempre me ha hecho reflexionar en demasía: Cada pueblo tiene el gobierno que se merece.
Ps. Y he aquí mi formación financiera que sale a relucir para aclarar algo: No se confunda Maesse Rencoria, Los movimientos Financieros en la Bolsa de Valores y en los indicadores macroeconómicos la mayoría de las veces están condicionados por determinantes financieros como vencimientos de deudas, tiempos bursátiles y obligaciones económicas, tanto como gubernamentales como de empresa privada, que con política mexicana
”
Yo diría, con respecto al punto uno: de acuerdo. Pero antes de emitir un juicio con respecto a si fue un error por parte del Peje, me parece prudente esperar hasta que el asunto termine. Porque desde mi perspectiva, lo de AMLO va más allá de una soberbia ciega: puede constituir una estrategia de capitalización de la situación al punto de que, creo, se le estaría entregando la presidencia en bandeja de plata. No creo que AMLO esté a la altura de Muñoz Ledo en tanto estadista (pero quizá sí en tanto megalómano), pero de que es un gran estadista, lo es. Ni duda cabe. Habría que esperar a ver si verdaderamente lo eliminan del escenario electorero del 2006. En lo que refiere al punto dos: me parece que hablar de la “sociedad civil” constituye un mito, en el sentido en el que lo plantea Barthes. Hardt y Negri se refieren a ello como una lucha entre Imperio y Multitud. Los libritos de estos señores han vendido horrores. Gente que admiro dice que reescribieron el manifiesto comunista y lo actualizaron. Vamos, no se puede ser tan ingenuo como los mencionados autores. La sociedad civil como tal, como un “en sí” kantiano, no existe. Por supuesto que hay espectros que recorren el mundo. Pero así, en plural. Con la idea de “incipiente democracia” no me refiero a los estertores de la sociedad civil. Aludo a la bizarra convivencia de un régimen autoritario que no acaba de desaparecer, y un régimen democrático [más allá de lo formal], el cual, cada vez más, se ve como un horizonte lejano. En lo que hace al punto tres: el Maese Ivanovish se refiere al punto medio de la política con cierto desdén. Yo al contrario. A mí me parece que este país necesita un gobierno social demócrata. Ni el Peje, ni Creel ni Madrazo constituyen una oferta política adecuada para las demandas actuales. En el escenario político no alcanzo a ver a nadie que verdaderamente sea el o la candidata que requiere el país. Finalmente, en lo que refiere a la posdata dirigida a mí, le pregunto, Maese Ivanovish: ¿Acaso no resulta un tanto ingenuo pensar que el campo político y el campo económico están desvinculados? ¿Verdaderamente la pretendida autonomía de ambas esferas es algo más que un mito de la modernidad? Sin duda los factores que usted menciona inciden en la determinación de los indicadores económicos. Pero el más grande error de los economistas ha sido pensar en la esfera económica como un ente con existencia y reglas propias. Dicha esfera está constituida por personas de carnita y hueso que son las que toman las decisiones con base en los “entornos políticos”. Si no, ¿por qué existen denominadores tales como los del riesgo-país? Buena parte de los determinates de dicho indicador son políticos y juegan un papel crucial en la inversión extranjera directa. Hablamos, pues, de economía política. Basta recordar, estimado maese Ivanovish, que en los tres o cuatro días previos al desafuero, la Bolsa Mexicana acumuló una pérdida/caída de más o menos el 12 %. Las cifras para hacer el cálculo están disponibles por todas partes. El rastro de las decisiones políticas que hay detrás es más difícil de trazar, pero no imposible. La tendencia a la alza sólo se dio justo después de que el Peje llamara a la resistencia pacífica, en pleno zócalo defeño. Sé que no hay ninguna certeza con respecto a la manera en que lo económico y lo político se relacionan (i. e. no existe una ecuación que devele a ciencia cierta las causalidades recíprocas entre ambas esferas). Habría qué hacer un análisis multivariado y ponderar el peso de cada uno de los factores que usted menciona, pero a mí me da hueva. Lo que es cierto es que decir que los mercados financieros son independientes de lo que ocurra en el campo político formalmente instituido, pues…