martes, febrero 15, 2005

Aquí no pasa nada...

Quien tenga el sano vicio de ver la televisión se habrá dado cuenta de los graciosos spots que recientemente publicitan a nuestro querido y eficaz gobierno. Me refiero a esos que comienzan con un paisano o paisana, en primer plano, recitando la frase: «Hay gente que dice que en este gobierno no pasa nada. Y es cierto…». Pues bien, además de los ya conocidos (y sumamente graciosos), creo que faltaría uno en el que se fueran sucediendo imágenes vertiginosas de lo que verdaderamente ocurre en México. Una voz en off, sobría, grave, diría: «Hay gente que dice que en este gobierno no pasa nada. Y tienen razón: en nuestro país el narcotráfico se infiltra hasta en las más altas esferas de la política (imagen de Nahum), se colombianizan las cárceles y las ciudades (imágenes de los distintos CERESOS, o de Fox diciendo que el país es 99.99 % seguro), mueren mujeres a cada rato en Cd. Juárez (imágenes de los esqueletos y las camionetas del SEMEFO en medio del desierto), se meten a nuestras casas y nos dejan sin nada (imagen de una señora llorando, abrazando a su hijita), gana el Atlas (imagen de un necaxista incrédulo), etcétera (aquí ponga usted lo que quiera)». El narrador o narradora, con una gigantesca sonrisa irónica saldría luego en pantalla, diciendo: «Sí, en este gobierno no pasa nada. Punto». El spot se cerraría con la cortinilla de un símbolo patrio demediado (aguilita negra sobre fondo blanco, y cortada a la mitad por una franja tricolor).

martes, febrero 08, 2005

Martin, Medeski and Wood en Guadalajara

Para variar, el concierto comenzó poco más o menos una hora tarde. El Hard Rock era un asco, como siempre. Empecé a intuir que la noche iba a ser un fiasco cuando el recoge-boletos sospechosamente no nos regresó la partecita desprendible del boleto de entrada. No hace falta demasiado ingenio para vincular esa acción con las decenas de personas que afuera buscaban un boleto, y que, posteriormente, se amontonaron adentro. A treinta pesos el nimio vaso de cerveza tibia la espera, ya en el interior del lugar, se volvía fastidiosa a cada minuto. Sobre el escenario estaban distribuidos los instrumentos y demás adminículos musicales. Al fondo había una manta enorme con el logo del lugar estampado en el lomo. Ya cerca de las diez (no traía reloj, y jamás pregunto la hora, así que mi apreciación temporal quizá no sea la adecuada) llegó al escenario Trucker. La banda toca un jazz movido más o menos sabrozón, aunque extremadamente predecible. Las estructuras musicales de su propuesta me parecieron bastante formales, había poca síncopa y alguno que otro contrapunteo entre la trompeta y el saxofón. Nada de extravagancias, licencias o exploraciones metafísicas. Eso sí, individualmente me parece que todos son grandes músicos. En la ejecución no puede apreciar ninguna falla técnica que fuese significativa como para mencionarla. Quizá un atorón del bataco a media rola, pero nada grave, puesto que lo solucionó muy bien. Tal vez si se consiguieran un DJ…Y me refiero a un BUEN pincha discos, porque el que traen no aporta nada al grupo. Pareciera como si su mayor talento consistiera en ¡silbar! (ojalá y nadie se ofenda, porque parece que el susodicho es famosillo). Supongo que para los integrantes de Trucker el momento álgido de la noche ocurrió cuando, casi al final de su set, el percusionista de Martin, Medeski & Wood apareció en escena para acompañarlos El público ovacionó la “brillante” ejecución de Martin en su “genial” solo de ¡cencerro! Ja. El tipo se llevó las palmas. Ello me produjo una ligera sensación de desencanto que se iría incrementando (y confirmando mis sospechas) conforme se hacía más tarde. Trucker terminó, dejando al público más o menos entonado. Luego apareció Sara Valenzuela para anunciar, por fin, a MMW. Aunque cabe mencionar que entre el anuncio y la aparición en el escenario del grupo transcurrieron entre quince y veinte minutos. Insufribles, si he de decirlo: entre mi psicosis y el amontonadero de gente, y los empujones y la densa nube de tabaco y el olor a humanidad que cada vez se hacía más denso, quince minutos pueden convertirse en una eternidad. MMW aparecieron en silencio, y en silencio se fueron. He de decir que escuché por primera vez a MMW hace unos cinco años, y casi por accidente. Entonces me pareció una banda fascinante y de vanguardia (palabra gastadísima y hueca) porque se situaban en el límite, atravesaban ciertas fronteras jazzísticas que otros simplemente no tienen el coraje de cruzar. No soy un gran conocedor de ese género, pero algo he oído. Y me parecía que MMW tenían ese algo, una especie de no se qué que qué se yo. Esto es para señalar que mis expectativas con respecto al concierto de ayer por la noche eran más que amplias. Sin embargo, MMW fueron sólo radiografías de sí mismos, una regurgitación de lo ya hecho que sólo sirvió de marco para que Medeski intentara lucir su Hammond distorsionado sin mucho éxito. En su defensa he de decir que sí hubo dos momentos en que el grupo se conectó y verdaderamente se dedicó a explorar las fronteras del jazz, a tocar los límites y quizá doblarlos un poquito. Pero fue cuestión de un par de minutos. Nada más. Una cosa que me resultó bastante productiva fue que pude observar ciertos “rituales” que tienen lugar entre los y las concert goers: hay como una tendencia a exhibirse, a asistir a “los mejores eventos” (esto lo dijo un tipo que saludó a alguien situado junto mí: “como siempre, yo en los mejores eventos”) una especie de necesidad de ver y ser vistos. Un concierto como campo de socialización implica vetas analíticas interesantes, pero eso es harina de otro costal. Por otra parte, era fácil identificar a los verdaderos fans de MMW: tenían una cara de incredulidad y desasosiego ante la constante recurrencia del grupo a los trucos de perro viejo, a su caminar elefantoso y predecible, al engatusamiento desganado de un público facilón que no exige y aplaude con ganas a la menor provocación de un cencerrazo, que prefiere echarse una chela y saludar a los compas, sin importar que en el escenario se esté reificando lo irreificable, que se desdivinice y profane al jazz y se le encorsete de manera tan patética, tan como si. La noche valió la pena por los dogos con panela que, para la (in)digesta pesadez de Laclau y mía, nos devoramos atrasito del edificio administrativo de la Universidad. Yum.


jueves, febrero 03, 2005

Post-literatura húmeda

Afuera hace frío y llueve. Adentro, allá al fondo, suena bajito y rasposo un viejo disco de Gardel. Poco a poco, de pared a pared, la penumbra va ocupando esta habitación atestada de libros. Bebo un sorbo de café. Miro a la ventana y veo cómo las gotas van dejando sus rastros de agua en el cristal. Intento encontrar un tema que me permita escribir, pero la página en blanco no cede. En cambio, me distraigo diciendo lluvia, afuera, adentro. Y me sorprende la facilidad pasmosa con la que quedo atrapado en la evocación de un orden, en la enumeración fatalmente jerárquica de las cosas, en la parcelación del mundo. Clasifico a diestra y siniestra (¡a diestra y siniestra!), quizá por buscar una (falsa) seguridad ontológica que me haga saber que el mundo es como creo que es y no otra cosa: esto se llama «taza» y está «adentro»; aquello se denomina «lluvia» y ocurre «afuera». Pero ¿acaso no hay ocasiones en las que llueve también adentro? ¿Será que no es posible beber una canción de Gardel o escribir una taza de café? El orden, siempre el orden, como si la vida estuviera libre de toda contingencia. Intentamos domesticar el azar mediante el lenguaje, como si nombrar fuera verdaderamente una creación. ¿Cómo romper con esa visión reificadora y anquilosada? ¿Cómo destrozar esta ventana que delimita mi estar aquí adentro y todo lo que ocurre allá afuera? Quizá una vía sea la escritura. Pero ¿cuál escritura? Octavio Paz decía, palabras más, palabras menos, que el ensayo se ubicaba entre el aforismo y el tratado. Ello habla de un género en el que prima la libertad de forma y fondo. Sin embargo, aún siendo quizá el más potente de los géneros, el ensayo tiende a buscar cierta legitimidad y aceptación por parte de los “doctores de la ley”: para publicar un ensayo (y casi cualquier cosa) es preciso atravesar un campo minado lleno de editores, árbitros, escritores y demás habitantes de la republiquita de las letras. Por ello, desde mi perspectiva, el blog abre una brecha que desborda la autonomía del campo literario, y se convierte, quizá, en un nuevo género (el de la post-literatura) que puede resultar bastante fructífero. Si esto es cierto, el amplio rango en el que dicho género se desenvuelve permite pensar en la escritura de blogs como una actividad que puede llegar a ser subversiva, liberadora, casi catártica. El blog, pues, podría ser visto como un instrumento fundamental para trastocar el mundo, para abrir(nos) las ventanas y salir a escribir/beber un café, escuchar/leer, allá afuera, a Gardel y dejar que la lluvia nos humedezca el rostro/los ojos.


lunes, enero 31, 2005

"That´s not democracy, stupid"

En la edición dominical de Público-Milenio he leído un texto titulado “La democracia después de todo”, el cual apareció en una sección que lleva por nombre: La semana de Román Revueltas Retes [asumo que Revueltas es el autor]. Pues bien, Revueltas aborda el espinoso [y tan de moda] tema de la democracia en Irak. Primero trata de curarse en salud aludiendo eufemísticamente al “rotundo exotismo de los yanquis” por atreverse a tener en la oficina oval al “hijo de Bush”; o a la “entronización californiana” de Arnold Schwarze-negger [nota al margen: varón anglosajón, caucásico y reconservador con un apellido que suena como «nigga»: en el apellido lleva la penitencia]. Después, Revueltas apela al poderío militar y al sistema judicial gringo, para luego entrar en el tema de la democracia. Hasta ahí todo bien: concuerdo plenamente con utilizar el sarcasmo y la ironía para evocar lo gringo. Sin embargo, al referirse a las recientes declaraciones de Bush Jr., Revueltas Retes cae en una terrible trampa que no puedo evitar señalar: la total banalización de la democracia. Veamos: Bush ha comentado que si el nuevo gobierno salido de las elecciones realizadas el domingo 30 pide el retiro de las tropas del territorio Iraquí, esto se hará sin duda alguna. Ante esto, Revueltas dice:

“No son las palabras de un autócrata ni de un dictador, hay que decirlo, más allá de que el personaje no despierte nuestras simpatías. Desde luego, no faltará quien denuncie el carácter espurio de un régimen patrocinado por el invasor imperialista. Pero, las cosas son lo que son y aquí, en este caso, estamos hablando, primeramente, de democracia, de elecciones […] y, en segundo lugar, de un compromiso expresado públicamente por el presidente de la nación más poderosa del mundo. Si, por ahí, los nuevos gobernantes piden, en efecto, la salida de las tropas de la Coalición y Bush Jr. Cumple su palabra ¿podríamos imaginar situación más asombrosa?”.

Me parece que el tono pseudo irónico del texto oculta un problema que no es menor [que no es de carácter espurio, como lo llama Revueltas]: el de la imposibilidad de construir una democracia fundamentalista basada en el terror. Me explico:

1. A las palabras se las lleva el viento. Decir que lo declarado por Bush no son las palabras de un dictador ni de un autócrata implica negar que existe una brecha entre lo que Bush dice y lo que Bush hace. En nuestro país tenemos un personaje que cojea de la misma bota. Basta revisar dos o tres discursos [de Bush o de su Chesire con botas guanajuatense] para darse cuenta de la validez de sus palabras. Recordemos que, en última instancia, las armas de destrucción masiva fueron sólo palabras que justificaron la invasión del territorio Irakí. Los hechos, señor Revueltas, pongamos atención en los hechos. ¿Que el compromiso fue expresado públicamente? ¿Y? Quién lo hará cumplirlo, ¿la ONU? ¿Usted?

2. Por supuesto que habrá quien denuncie el carácter espurio de un régimen “democrático” como el impuesto por Bush y sus secuaces. Yo me cuento entre ellos. Una democracia a la fuerza, al igual que los zapatos, como reza el dicho popular, no entra. Una democracia que se abre paso a cañonazos es todo menos democracia. “No son las palabras de un dictador ni de un autócrata”, señala Revueltas. ¿Y las acciones tampoco son las de un dictador y autócrata?

3. “…estamos hablando de democracia, de elecciones”. Este punto lo dejo para el final, porque es, a mi modo de ver, el atolladero más profundo del razonamiento de Revueltas.

4. “¿Podríamos imaginar situación más asombrosa?”, se pregunta Revueltas al plantearse la (im)posibilidad de que Bush cumpla su palabra. Más que asombro o incredulidad, la interrogante me remite a la actitud de tierna extrañeza que adoptan los cachorritos mal educados después de hacer sus gracias en medio de la sala: Cómo ¿yo hice eso?, ¿acaso esa cagada es mía?

Ahora sí, con respecto al punto tres…

La idea de lo democrático a la que se adscribe Revueltas es sumamente pobre: “…estamos hablando de democracia, de elecciones”. En esa pequeña frase se lee entrelíneas una concepción fundamentalista de la democracia, la cual, me parece, es necesario rechazar de manera tajante. Al reducir la democracia a la coyuntura electoral, Revueltas deja entrever que su [teleológica] visión implica la existencia de un vínculo entre universalismo, racionalismo y democracia, es decir, que la democracia constitucional representa una etapa en el trayecto ascendente de la Razón, lo cual se imbrica con el surgimiento de formas universalistas de ley y moralidad (a la Habermas). Detrás de la perspectiva reduccionista de Revueltas se observa una rígida distinción entre el ámbito público y el ámbito privado. Con ello, el mencionado autor niega la complejidad de la trama que se teje entre ambas esferas. Sin duda un principio fundamental de la democracia radica en la distinción entre espacio público y espacio privado. Pero dicha distinción es, más bien, heurística: es necesario problematizarla y expresarla de modo que constituya una frontera maleable, inestable, que es atravesada constantemente. Ambas esferas se encuentran entrelazadas de manera inextricable, casi dialéctica más allá de una filosofía moral universal. La política se subjetiva en la medida en la que la subjetividad se politiza y viceversa. Es en este fluir en el que la democracia se construye día con día, socialmente. El análisis de este proceso requiere enfocar la mirada precisamente en el ámbito que media entre ambos pares [entre lo público y lo privado]. Esto no implica en modo alguno un reduccionismo en el que la politización es total, es decir, en el que el tejido de lo colectivo es idéntico a la madeja de lo privado. La politización de la subjetividad no remite a la disolución del ámbito privado en la esfera pública. Más bien implica una apertura analítica que hace énfasis en aspectos que trascienden lo formalmente institucionalizado y se vinculan, también, con el mundo de la vida cotidiana, y no al simplismo aducido por Revueltas. Por ello, el análisis de la construcción social de la democracia requiere romper con la idea de un campo político autónomo, dominio sólo de unos cuantos. La democracia no se reduce a las elecciones. Es necesario dejar de presentar a las instituciones creadas en el mundo occidental como si estas fuesen la solución al problema de la existencia humana. Es preciso, pues, preguntar por cómo viven las personas/sujetos/actores el régimen democrático; cuáles son, sí, las estructuras y reglas que delimitan el juego democrático; pero también como se tuercen y reajustan dichas reglas por aquellos quienes las aplican; cuáles son, sí, los instrumentos a los que los ciudadanos tenemos acceso para participar en [e interpelar al] campo político; pero también necesitamos indagar las maneras en las que los ciudadanos ejercemos una de las libertades políticas fundamentales, es decir, la libertad de la política [el derecho al silencio, como dijera Hannah Arendt]. Luego de unas elecciones marcadas por varios autos bomba, varios muertos, un toque de queda, el cierre de fronteras, la prohibición de reuniones en torno a los colegios electorales... ¿qué puede uno decir? Yo, por mi parte, y tergiversando un poco a (ja) Clinton: “That’s not democracy, stupid”.

PD1.
Honestamente, me hubiera gustado hacer llegar el texto a Publico Milenio, o al autor, pero no tengo idea de por qué medios hacerlos. Si alguien sabe con quién, por dónde, o conoce a Revueltas Retes, no deje de avisarme, plis.

PD2
Feliz cumpleaños a mí.

jueves, enero 27, 2005

A mexican way of life

A la enorme estrella de neón rojo que corona el edificio ya sólo le funcionan tres puntas. El piso del lugar está pegajoso. Del baño del fondo sale un olor duro. El tiempo se ha ido acumulando en los espejos, en las sillas, en las mujeres desnudas dibujadas en las paredes. Es esa hora precisa de la noche en que todo se torna irreal y la vida se hermana con los hombres. El lugar está casi vacío. El tipo sentado en la mesa del rincón levanta la vista, pero el tequila y el sueño le han causado estragos. Termina su trago. La mujer que está a su lado intenta llenarle de nuevo el pequeño vaso, pero la mitad del líquido cae fuera. “Parece de juguete”, piensa ella. No se sabe si se refiere al hombre aquel, o al vaso. Él bebe de nuevo. “¿Hasta ver el fondo?”, se interroga en voz baja. Teme contestarse. Suena una canción —su canción—. Ella se levanta. Quiere bailar. A él no le responden las piernas. Se tambalea al dirigirse a la pista. Camina un paso. Otro. “Estoy borracho”, piensa antes de derrumbarse. Lo demás ocurre como en cámara lenta: la botella cae al suelo, él queda de bruces sobre la mesa, en el rostro de la mujer se dibuja una mueca de horror. Justo antes de que se le detenga el corazón, el hombre se avergüenza de sí mismo. “En cada respirar, esta-ás tú. ¿Cómo te voy a olividar?”, escucha su canción. A su alrededor comienzan a arremolinarse los pocos curiosos. La estrella de neón intermite un poco antes de apagarse. “¡Qué siga la música!”, grita la mujer entre sollozos.

Relato envíado a Hipertextos

lunes, enero 24, 2005

La solución...

Hurgando entre los papeles de la hemeroteca de la biblioteca del estado descubrí que a finales de los ochenta había una tira cómica, realizada por Ochoa, que aparecía en el diario El Jalisciense. La dichosa tira se titulaba Don Concho. Un político a la mexicana. Revisando la edición del día 8 de enero de 1987, aparece una buena solución al problema del narco al que nos enfrentamos hoy. En el primer cuadro se observa que entra Jumentino —el típico gato de los políticos, y uno de los principales protagonistas de la tira— a la oficina de Don Concho, con un papel en la mano y diciendo: “felicitaciones y más felicitaciones, Licenciado. Sobre todo de los Estados Unidos”. Don Concho, un tipo chaparro, gordo y bigotón, de lentes oscuros y traje negro responde: “Tienen que reconocer nuestra capacidad, Jumentino”. Éste le comenta: “muchos están intrigados por la forma en que lo hicimos. Imagínese, acabar con el cultivo y tráfico de drogas casi de golpe y porrazo. Fue en verdad una tarea gigantesca, Licenciado”. Don Concho, un tanto orondo señala: “No exagere Jumentino, no exagere. La cosa fue así: formamos una empresa paraestatal que se encargaría del cultivo de todo tipo de droga. Esa misma empresa se avocaría a la explotación de la mercancía”. Jumentino interroga: “¿Y después?”. Don Concho le responde: “Pues nada, que pasó lo que pasa en toda empresa que administra el Estado. Motamex, que así se llamaba la paraestatal se llenó de pillos, de corrupción, de parientes recomendados, aviadores, los fraudes estaban a la orden del día…El presupuesto fue saqueado, no hubo cultivos, bajó la calidad del producto y se perdió el mercado internacional. ¡Se acabó la siembra, el tráfico y el consumo de drogas! La paraestatal Motamex tronó como chinampina… Fin de la tira. Me gustaría abundar en el marcado hegelianismo que impregna la concepción de lo político ofrecida por Ochoa, pero ello implicaría arruinar la deliciosa ironía de la trama que dicho monero desarrolla. Je.

domingo, enero 23, 2005

Welcome to the jungle....

Cárceles de máxima seguridad. Ja. Eufemismo para nombrar a las escuelas de más alta especialización criminal del país. La calle dejó de ser el lugar privilegiado para aprender a delinquir. Si quieres conocer las mejores triquiñuelas, ingresa a un CERESO. En lo que va del año ya se han perpetrado más de sesenta ejecuciones relacionadas con el narcotráfico, incluyendo los seis funcionarios masacrados justo afuerita de su chamba. Nada mal, ¿eh? Es evidente que el endurecimiento de la vigilancia en los penales ha traído consigo la puesta en marcha de los sicarios del narco. Sin embargo, dudo mucho que se esté gestando una guerra frontal por parte del Estado. Si hemos de ser honestos, es necesario reconocer que no se tiene con qué: carecemos de medios e infraestructura para ponernos al tú por tú con cualquier cártel, aún el más pinchurriento. No obstante, el queridísimo Fox, poniéndose bushoniano, dice que piensa librar “la madre de todas las batallas” en contra del narco. Ja. Perspectiva ilusoria de nuestro presidente. Pareciera no recordar que el poderío narqueril se ha colado incluso aún en el sacrosanto ejército (i. e. Gutiérrez Rebollo y sus secuaces). No, hombre, ninguna guerra. Simplemente estamos siendo testigos privilegiados del funcionamiento del aparato digestivo de la nación. Así funciona esto. No pretendo ser futurista, pero cualquiera con dos dedos de frente puede pronosticar que el verdadero problema va a surgir allá por el 2008, después de los primeros años del próximo gobierno. Imagínense al Peje en la silla. O a Madrazo. O (dios no lo quiera), a Alberto Cárdenas... Es como anunciaba el slogan de la película de Alien contra Predator: gane quien gane, nosotros perdemos...

Mientras escribo esto, no puedo evitar una risilla irónica: hace poco me invitaron a una boda en Medellín, a la cual, desafortunadamente, no pude ir. Lo irónico es que pareciera que si yo no voy a Colombia, ésta se viene (con todo) para acá.

lunes, enero 17, 2005

Feliz cumpleaños...

Mamá y yo teníamos ciertos rituales muy personales. Por ejemplo, cada año nuevo, cuando nos dábamos el abrazo, nos decíamos, invariablemente: “pues ya salimos de éste. El que sigue quién sabe”. No sé, me parece que ambos sospechábamos que… En fin, también me gustaba jugarle cierta broma en el día de brujas: “feliz día de tu santo”, le decía. “Cómo eres cabrón”, me contestaba, y luego sonreía de esa manera que dejaba entrever tantas cosas. Desde hace algunos años, cuando yo me había ido de Guadalajara, todos los diecisiete de enero, invariablemente la despertaba mi llamada a las 05:30 a. m.: “quería ser el primero en felicitarte, chatita”, le decía. Entre lágrimas de emoción y ausencia, ella me alcanzaba a decir: “Gracias, mi chiquito”. Hoy, mamá cumpliría 54 años. Pero ya no hay más abrazos, ni llamadas, ni rituales. Carajo, no es la muerte, mamá, es la ausencia. Cómo duele la pinche ausencia. Te extraño tanto, chatita. Te extraño tanto.

domingo, enero 16, 2005

Más [acerca de la] postliteratura...

La postliteratura es indigesta: exige la participación activa de los ácidos del lector, requiere ser convertida en una especie de bolo en el que lo literario, a final de cuentas, o se aprovecha o queda convertido en otra cosa. La postliteratura es efímera, fugaz, e implica la toma de posturas por parte de quien lee: exige cierta complicidad del lector, un acomodamiento o una desazón, pero siempre una reacción. En la postliteratura se reconoce que la creación literaria implica tanto al texto como al que lee [así como el hecho de abrir la puerta vincula tanto al que abre la puerta como a la puerta]. Así, la idea de la literatura como un campo autónomo, perteneciente al dominio de unos pocos es, cuando menos, idiota. La postliteratura es y existe sólo en el momento que se lee, nunca antes ni nunca después. Puro presente, sin contaminación del pasado o del futuro. Todo aquél que tenga dos dedos de frente es capaz de hacer postliteratura. Ésta atenta contra las ortodoxias literarias, contra los cánones que se acomodan en los consabidos estancos: esto es una novela, aquello es un cuento, este es un ensayo, aquel un blog, etc. Los textos postliterarios no se agotan en sí mismos, son abiertos y se reconstruyen a partir de las intersubjetividades. La posliteratura se tensa en la ambigüedad de lo post [pero sobre todo del post]: fluctúa entre ese ámbito dinámico que está más allá de la literatura [que ni siquiera es literatura] y el momento de fijar en letras las ideas. En última instancia, la postliteratura es verborrea jeroglífica, martillar de palabras, agolpamiento de ideas, bendito caos. Juego de espejos, hegelianismo baratísimo en la que la negación de la negación sólo afirma de manera más radical el punto de partida: hoy la literatura se postea, el post se (re)vuelve literatura y todo deviene en nada… ¿y?

sábado, enero 15, 2005

Crónicas de viaje

Eran cerca de las once de la noche cuando finalmente salimos de la casa. Yo hubiera preferido quedarme acostado leyendo, o adivinando figuras en los extraños decorados de las paredes [lo acepto, soy un ermitaño]. Pero era el último día del viaje y las mujeres querían salir a divertirse. Desde el principio, intuí que aquella noche sería un desastre [como verdaderamente lo fue]. Las discusiones para decidir a dónde ir lo confirmaron. Para mí, más de cuatro personas ya es una multitud, todo se convierte en un caos de indecisiones e imposición de voluntades. Hasta la repartición en un dos taxis se torna problemática. Después de varias penosas escenas de gritos y sombrerazos, por fin pudimos dirigirnos al lugar que me había recomendado una amiga [La República]. Yo iba temeroso: la conozco y sé que nuestros gustos son radicalmente opuestos [salvo en TJ, donde ir al As Negro era quite an experience]. Tomé el asiento de adelante. Atrás iban Laclau, Ninin y Marukis. El taxista iba escuchando a Silvio. «Breve respiro», pensé. En el trayecto, el taxi donde iba el resto de grupo se nos perdió de vista. Luego de un rato me anime a preguntar: «Si no los encontramos, ¿conoce un lugar donde podamos estar tranquilos, tomar un buen vino y escuchar ese tipo de música?». Me miró de arriba abajo. «El sitio al que van le va a gustar, joven », me contestó. Finalmente llegamos. Los demás nos esperaban a la entrada. «Parece que está curado el lugar», dijo alguien. Je. El sonsonete de una música idiota llegaba hasta la puerta de entrada. Cuando ingresamos no pude menos que sonreír mientras pensaba en la dulce madrecita de aquél chofer hidrocálido. Mientras los demás bailaban y se divertían, yo, como el good old snob que soy, no pude menos que tomar un montón de servilletas para utilizarlas como cuaderno de apuntes. Llené varias servilletas con notas y dibujos acerca de lo que estaba experimentando, de lo que veía, de las reflexiones que todo aquello me provocaba. Guarde las servilletas en la bolsa lateral de mi pantalón cargo. Estaba seguro de haber escrito algo brillante. Pero cometí un error garrafal: me olvidé por completo que había depositado las notas en el bolsillo. Las encontré hoy, hechas nudo, despedazadas. Solo pude rescatar una servilleta que quedó más o menos legible: la lavadora había sido mi peor verdugo. Je.

Uno de estos días posteo algunas reflexiones acerca de ese patético antro hidrocálido llamado La República.

miércoles, enero 12, 2005

El círculo (fragmentito)

Cuando se citaban en algún lado tenían por costumbre encontrarse unas calles antes del lugar acordado. El primero en aparecer se detenía justo en una esquina transitada, levantaba la vista y se quedaba mirando fijamente al cielo. A veces señalaba algo. Luego el resto de los de El Círculo se iba agregando poco a poco y se colocaban en la misma posición. De cuando en cuando intercambiaban frases inconexas y sin sentido, fingiendo conversar. Tras un rato, invariablemente se acercaba gente ajena a ellos, hasta arremolinarse un grupo más o menos numeroso, todos mirando al cielo. Luego, cuando uno de los extraños decía ver algo, los de El Círculo sabían que era hora de marcharse, ahora sí, al lugar de la cita, de uno en uno, tal como habían llegado. Mientras se dispersaban, a veces alguno volteaba a mirar lo que habían creado y sonreía. Así era El Círculo.

martes, enero 11, 2005

De viaje

Sin duda, cuando se viaja, es muy útil conocer a fondo los mapas, memorizar las vías, y saber las historias de los lugares que se visitan. De este modo se puede ser un turista en el buen sentido de la palabra: cámara al hombro, shorts cargo, y sandalias. Así, al viajar el turista se dispone salir de su hotel, recorrer las rutas establecidas, los restaurantes típicos recomendados en las revistas, visitar el obligatorio museo, bailar a la disco de moda, etc. El turista se encuentra con otros turistas formando una especie de masa vinculada por una hermandad momentánea y fugaz. Hacer turismo es casi una perpetuación de la historia, una serie de (re)conquistas culturales que inmovilizan el momento, que fijan el fluir de la vida cotidiana en instantes polaroid, en souvenirs que demuestren que sí se estuvo ahí. En alguna parte leí que el turismo es la Golden Horde. Dorada, sí. Pero siempre horda. No obstante, el viaje es algo más: no se reduce a la fotografía, al inventario arquitectónico, al guía soso que narra con visibles deficiencias. Es innegable que para el turista nombrar es crear: esta es la plaza llamada así, y fue construida en tal fecha, aquélla catedral es de un estilo de este tipo, éste es el platillo típico y se cocina de esta manera. Pero el viajero sabe que encanojar el mundo en esos pequeños estancos que nos son familiares nos proporciona una falsa sensación de seguridad, una especie de seguridad ontólogica que nos hace pensar que el mundo es tal como lo percibimos. Cuando hacemos turismo llevamos con nosotros una burbuja de cristal que nos protege, que nos permite ver el mundo pero nos separa de él. Someter a la razón el viaje implica reducirlo a lo externo, a lo objetivo y lo bien establecido: el hotel, los mapas, las guías, los monumentos. Con ello se corre el terrible riesgo de olvidar aquello que ocurre dentro de uno mismo cuando viaja. De este modo, viajar es distinto de turistear. Viajar remite a una serie reducción de las distancias entre las palabras y las cosas: implica vislumbrar un poco una especie de totalidad que nos excentra, nos identifica y vincula nuestras pequeñeces con otras tantas. Viajar nos sitúa en el mundo. La planificación de un viaje es un ejercicio inútil. El turista planea. El viajero simplemente viaja. Es necesario reconocer que viajar es un instinto, una especie de necesidad intrínseca que de vez en cuando nos rescata del sedentarismo. Una condición necesaria del viaje radica en dejar que los ojos se resbalen lento por la carretera hasta perderse en el horizonte. Dejar la cámara de lado y beberse el paisaje a borbotones, saborear los colores, oler la noche, palpar el sonido del motor. Por eso me gusta perderme cuando viajo, porque perdido es cuando mejor me encuentro. Viajar, sin duda, es mirarse al espejo y observarse diferente sabiéndose el mismo. Ja. Siempre me sucede: después de cada vacación descubro que para viajar no se necesita salir de casa.

lunes, enero 10, 2005

¿De vuelta?

Vengo conectándome con el mundo. No cabe duda que las vacaciones me esclerotizan. Hace tanto que no escribo que tengo las palabras todas oxidadas. Hay mucho que decir, pero los pensamientos se me arremolinan. Tropel maldito que impide traducir las ideas en letras coherentes, en algo que valga la pena ser leído. Por ejemplo, ahora pienso en que el inicio de año ha sido bastante agitado: primero, Laclau y yo compramos una casa y nos mudamos. Antes de lograr siquiera ordenar el terrible caos de trastos y tiliches que de un modo extraño aparecieron en el pequeño departamentito donde vivíamos, emprendimos un viajecillo por el bajío y estados anexos [ya contaré de los trayectos]. Regresamos a la anormalidad de una casa llena de cachivaches que, a decir verdad, nos queda un poco ancha. Ella de vuelta a su trabajo, y yo, pues a leer y a dejar que el XBOX juegue conmigo. Ya terminé el periodo escolarizado del doctorado, así que estoy tratando de inventar modos de matar el tiempo mientras me decido a seguir con el trabajo de campo [por cierto, se solicitan jóvenes de la zona metropolitana de Guadalajara que se dejen entrevistar. El único requisito es que tengan entre 15 y 29 años; luego saco una convocatoria más en forma]. ¿Escribir? No lo sé. En los meses anteriores al periodo vacacional se me secó el cerebro de tantas cuartillas que llené y llené. Ahora parece que no me queda nada. Durante los últimos días mi laptop sirvió sólo como centro de entretenimiento para ver películas y nada más. Eso sí, he devorado varios libros y releído otros tantos. Sin pena alguna, admito que leí casi todas las aventuras del Capitán Alatriste, de Pérez Reverte. Sin duda, el tipo tiene una pluma fácil y sus historias están bien contadas [claro, dejando de lado las precisiones históricas y el rigor de la técnica literaria]. También, sin vergüenza, declaro haber leído Fight Club [en inglés, porque no he encontrado traducción] y Diario, de Chuck Palahniuk. Por otra parte, leí un librito de ensayos que me pareció excelente: Crítica y sospecha. Los claroscuros de la cultura moderna. Es de Ricardo Forster, y la neta, me gustó. Otro texto más o menos decente que leí en vacaciones se titula Deconstrucción y pragmatismo, es compilado por Chantal Mouffe. De Zizek sigo leyendo El espinoso sujeto. El centro ausente de la ontología política; Violencia en acto y; El acoso de las fantasías. A mi modo de ver, todas son lecturas recomendables. ¿Celebraciones? Nah. Para mí siempre han significado bastante poco las grandes fechas: navidad, año nuevo, cumpleaños, etc. Más bien al contrario: a buena parte del hemisferio occidental del mundo le queda un año menos de vida. ¿Propósitos? Ninguno. Quizá ser menos peor que el año pasado. Pero no. Mejor no. De cualquier modo no los cumplo… Ja.


PD

A Betriz Patradox, Humphrey Bloggart, Leticia Cortés y Niña Murciélago: sépanse ustedes que son las personas con mayor potencia narrativa que he encontrado en el mundo del blog. Opinión humilde y personal, pero sin duda compartida por muchos. Gracias por venir. Mariposita, ya sabes que te quiero un montón. De veras.

viernes, diciembre 24, 2004

Es oficial: me voy de vacaciones. Regreso en enero.

viernes, diciembre 17, 2004

Trabajo de campo

Otra imagen del trabajo de campo hecho en días pasados.

miércoles, diciembre 15, 2004

La acción social: ¿Entre el futurismo de The Matrix y la guerra de guerrillas de Fight Club? (fragmento)

Hace más de un siglo, Marx y Engels planteaban que la historia de todas las sociedades aludía de una u otra forma a la lucha de clases. Las antiguas oposiciones entre hombres libres y esclavos, entre patricios y plebeyos, entre señores y siervos, podían entenderse como una constante confrontación entre opresores y oprimidos. En ocasiones, estas confrontaciones tendrían lugar de forma velada y discreta; en otras, se llevarían a cabo de manera abierta y franca, pero el resultado sería siempre el mismo: la transformación revolucionaria de toda la sociedad, o el hundimiento de las clases beligerantes. Sin embargo, esta perspectiva radicalmente transformadora muestra un discurso que en nuestros días resulta muy lejano. Hoy más bien pareciera que «todo lo sagrado se profana; que todo lo sólido se desvanece en el aire» —Marx dixit—. Las grandes movilizaciones revolucionarias (i. e. movimiento obrero, sindicalismo) se han particularizado y localizado (aún cuando sus demandas tienden a ser de corte universal, como es el caso del pacifismo o el ambientalismo). Ante un proceso globalizador que homogeneiza y fragmenta, los actores sociales intentan salvaguardar su capacidad de acción y se «retraen» al ámbito de lo local. Los antiguos sujetos monolíticos (i. e. clase obrera) se han venido diluyendo en una red compleja de interacciones más o menos desterritorializada, la cual actúa «desde abajo».
De algún modo, lo anterior se ha filtrado en la cultura popular actual. El cine de ciencia ficción es una buena muestra de ello. De hecho, dos de las películas más exitosas de la década pasada en este género (The Matrix y Fight Club) fijan su argumento tanto en la existencia de un conflicto central en el seno de la sociedad, como en las movilizaciones tendientes a la nivelación de dicho conflicto. Como ejemplo puede recurrirse una escena del filme The Matrix. Me refiero aquella en la que Morpheus, sentado en un confortable sillón, el cual parece estar suspendido en un universo inmaculadamente blanco y sin perfiles o relieves discernibles, muestra dos sendas cápsulas. Así, Morpheus le expone a Neo lo que a mi modo de ver es uno de los ejes argumentativos de la mencionada película: que la realidad a la que accedemos está siempre mediada, ya sea que se observe a través de un monitor, de una ventana, o de las omnipresentes gafas oscuras de los personajes (¿podríamos hablar de la falsa conciencia, aludiendo a Marx?). De este modo, Morpheus demarca el contexto en el que Neo ha de desempeñar su papel de «elegido», si es que se decide por la cápsula roja. En este sentido, sin mucho esfuerzo, se podría extrapolar el siguiente argumento de Marx, a Morpheus, justo en el momento en que éste le explica a Neo que con dichas cápsulas se plantea el escabroso dilema de tener acceso a la realidad, o seguir en la evanescente virtualidad: darse cuenta, pues, de que estaba siendo brutalmente explotado, atado de por vida a The Source [umbral semántico que remite al capital/la globalización neoliberal ] y actuar en consecuencia, o continuar con la ilusión de una vida satisfactoria a medias. Pensemos en Morpheus citando a Marx:

…en la producción social de su existencia, los hombres entran en relaciones determinadas, necesarias, independientes de su voluntad; estas relaciones de producción corresponden a un grado determinado de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se eleva una superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de vida social, política e intelectual en general. No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser; por el contrario, su ser social es lo que determina su conciencia. En una fase determinada de su desarrollo, las fuerzas productivas de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes […] Entonces se abre una época de revolución social. El cambio que se ha producido en la base económica trastorna más o menos lenta o rápidamente toda la colosal superestructura. Al considerar tales revoluciones importa siempre distinguir entre la revolución material de las condiciones económicas de producción —que se debe comprobar fielmente con ayuda de las ciencias físicas y naturales— y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas; en una palabra, las formas ideológicas bajo las cuales los hombres adquieren conciencia de este conflicto y lo resuelven.

Como podrán darse cuenta quienes hayan visto The Matrix, los hermanos Wachowski nos presentan una visión [postcapitalista] apocalíptica del mundo. En esta inesperada línea de coincidencia entre el cine de ficción de los Wachowski, y el análisis social riguroso de Marx, se observa una sociedad polarizada en dos grandes segmentos. Por una parte, hay un sistema, un deux ex machina que explota a los seres humanos como si éstos fuesen meros insumos industriales; como una materia prima más dentro del proceso de producción. El objetivo de este deux ex machina [equiparable a la idea del capital en el seno del capitalismo] no es destruir al ser humano, sino utilizarlo como fuente de energía para su supervivencia. A cambio de la venta de su fuerza de trabajo —única mercancía capaz de producir valor— los humanos obtienen como recompensa una serie de ilusiones (generadas virtualmente) que les hacen creer que viven una vida más o menos llevadera. Pero lo que realmente están haciendo es trabajar para la máquina: produciendo valor; reproduciendo el capital. Así, The Matrix [el capitalismo] les otorga a los humanos la fantasía de una henchida libertad, mientras lo que sucede es que son alienados, explotados, reducidos a su función. Por la otra parte, se tiene a un pequeño grupo del sector oprimido que ha logrado trascender la conciencia–en sí (se ha dado cuenta de que la realidad a la que accede es una ilusión, es decir, está mediada por una creación virtual; y que están siendo explotados, conectados al cerebro de The Matrix veinticuatro horas al día), y ha alcanzado la conciencia–para sí. Al haber optado por la píldora roja, Neo se transforma en uno de ellos. Pero no en cualquiera, sino en «el elegido». En él se amalgama lo que en términos de Lucien Goldmann sería la noción de sujeto transindividual. De este modo, el grupo rebelde conformado por Neo y compañía decide enfrentarse al sistema, es decir, a la gran computadora omnipotente. Pero este grupo no es equiparable con el proletariado de Marx. Sin pretenderlo, los hermanos Wachowski abren una posible vía para la actualización del marxismo: los sujetos dejan de ser bloques gigantescos y homogéneos, y se transforman en redes diversas. Aunque ello no implica abandonar la idea de Sujeto; más bien, lo que se quiere decir es que la subjetividad se politiza: Neo, además de ser el elegido, es un experto en computadoras; Morpheus es un diestro capitán y excelente piloto; Trinity es una hábil luchadora y estratega. El resto de la población de Zion está dedicada a otros menesteres, tales como producir el oxígeno o el agua que la sociedad consume (en una especie de comunismo futurista). Llevado al extremo, el ejemplo es un reflejo de la realidad actual: en un contexto de globalización, las nuevas formas de movilización social experimentan formas inéditas de articulación, valiéndose para ello de los medios que proporciona aquello que «combaten». En ello radica el carácter inédito de los nuevos modos de acción: en la capacidad de vincular sectores de la población marcados por la diversidad y, muchas veces, por cierto antagonismo, así como el uso de los recursos generados por le propio sistema.
Esta idea puede encontrarse también en la cinta titulada Fight Club, dirigida por David Fincher. En aquélla, Jack (el narrador) es un yuppie hastiado de la vida, que por alguna irónica razón se vuelve adicto a los grupos de autoayuda. Tyler Durden (la otra personalidad de Jack) es un pseudo–terrorista que, entre otras cosas, busca el fin de la civilización a través de la creación de un pequeño ejército llamado Project Mayhem. Específicamente, quiero destacar una escena en la que Tyler habla frente a un grupo de hombres de orígenes diversos: algunos van vestidos de traje y corbata, otros con overol o en mangas de camisa. El único vínculo que los une es el Club de la Pelea. Entre divertido y furioso, caminando entre ellos, mirándolos a los ojos, pero sin dirigirse a nadie en específico, Tyler comienza a reflexionar:

I see the strongest and the smartest men who have ever lived […] and these men are pumping gas and waiting tables. If we could put these men in training camps and finish raising them[…]You have a class of young strong men and women, and they want to give their lives to something. Advertising has these people chasing cars and clothes they don’t need. Generations have been working in jobs they hate, just so they can buy what they don’t really need. We don’t have a great war in our generation, or a great depression, but we do, we have a great war of the spirit. We have a great revolution against the culture. The great depression is our lives. We have a spiritual depression. We have to show these men and women freedom by enslaving them, and show them courage by frightening them […] Imagine, when you call a strike and everyone refuses to work until we redistribute the wealth of the world.

Como se observa, el argumento de Marx citado unos párrafos más arriba, bien podría ser el prólogo a la reflexión de Tyler. En última instancia, la transformación de un club en el que se «sacaban» las frustraciones y culpas a golpes, en un pequeño ejército subversivo llamado Project Mayhem, puede situarse dentro del proceso de adquisición de conciencia–para sí. En este sentido, es fácil imaginar a Tyler finalizando su monólogo con una cita —relatada de memoria— tomada de la Contribución a la economía política de Marx:

…se abre una época de revolución social. El cambio que se ha producido en la base económica trastorna más o menos lenta o rápidamente toda la colosal superestructura. Al considerar tales revoluciones importa siempre distinguir entre la revolución material de las condiciones económicas de producción —que se debe comprobar fielmente con ayuda de las ciencias físicas y naturales— y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas; en una palabra, las formas ideológicas bajo las cuales los hombres adquieren conciencia de este conflicto y lo resuelven.

En última instancia, esta esquemática y apretada exposición permite vislumbrar que, al acercarse al análisis concreto de los movimientos sociales actuales, el escenario que surge es en extremo diverso. No obstante, existe un factor común en buena parte de ellos: desafían los procesos actuales de globalización en nombre de las identidades que han ido construyendo (esto se observa tanto para el análisis social como para el cine de ficción). Pero este desafío se hace a partir de los recursos proporcionados por el mismo proceso de globalización (i. e. Internet). Así, se oponen a las consecuencias sociales, económicas, culturales y medioambientales a las que se ven frecuentemente sometidos. Castells señala —esperanzado— que estos movimientos “…que salpican todo el mundo están poniendo fin a la fantasía neoliberal de crear una nueva economía global, independiente de la sociedad, mediante el empleo de la arquitectura de redes informáticas…”. Sólo habría que poner de relieve que al eliminar la «fantasia neoliberal» también se corre el riesgo de sustituirla por una «fantasía totalitaria» (i. e. Gobierno Mundial, Estado Global, etc.). Recordemos el terrible despotismo burocrático en el que estaba sumergida la Unión Soviética. Es necesario destacar la importancia de captar, pues, los nuevos lugares de «condensación» de los significados políticos. En la actualidad se observan con mayor claridad los procesos de «re–localización» que se oponen a la desterritorialización económica y a la mundialización de la cultura [globalización]. Ello implica que los actores sociales responden a los «flujos globales» dotando de sentido a «nuevos territorios» [comunidades de sentido] (i. e. el grupo, el barrio, el colectivo cultural, etc.). Éstos territorios operan como un «círculo de protección» ante la incertidumbre generada por el vertiginoso «fluir del mundo», el cual supera la capacidad del actor para producir respuestas. El contexto esbozado en los párrafos anteriores permite poner de relieve que la relación entre globalización y democracia ha desbordado los límites tradicionales del campo político, habilitando con ello la construcción de formas distintas de ciudadanía (¿global, virtual?). Sin embargo, en ocasiones las cosas cambian sólo para permanecer iguales: las tendencias a la democratización se ven opacadas por la persistencia de un fuerte autoritarismo. Ello pone de relieve los «grandes temas» que sirven de ejes para las nuevas formas de movilización social, los espacios donde las nuevas ciudadanías condensan sus significados políticos, la persistencia de formas autoritarias de gobierno y, por ende, la incipiente construcción de una democracia con profundos déficit.

jueves, diciembre 09, 2004

Este blog está de luto.



Dimebag no era uno de esos intelectuales que piden la paz mundial. Más bien, era un cavernícola que dedicaba sus discos a las taiboleras de los bares que frecuentaba. Sus amigos decían que si te lo encontrabas en una noche de juerga, era mejor sacarle la vuelta. Pero caray, metaleros como él, ninguno. Con un Randall de transistores y una Dean, el tipo hacia maravillas. Ni James Hetfield estaba a su altura. Chingado, ¿por qué no moriste de una sobredósis, como el buen rockstar que eras? ¿Por qué tenían que agarrarte a balazos como a cualquier pseudo gurú jipioso que se las daba de mesías salvamundos? Chale. De verdad. Maese Dimebag, se le va a extrañar.


martes, diciembre 07, 2004

Shhh...

Parece que Salinas aprendió bien la lección: hay que callar a los hermanos incómodos antes de que sea demasiado tarde. Shhh. Que no lo sepa la Interpol.

PD

A las tres o cuatro personas que me leen : he estado muy ausente, es cierto. No es por falta de letras. Más bien al contrario, en estas dos semanas he escrito cientos de cuartillas para mis cursos de escuelita. Tal vez pegostee alguno que otro fragmento de mis ensayos bobos por aquí. Sólo me resta por entregar un par de documentos, un coloquio para presentar avances y voilá: termino mi periodo escolarizado . Ah, también se me viene encima una mudanza, la defintiva. Luego, de lleno a la tesis [a seguir sobreviviendo como precario conacyt, gracias por sus impuestos ] Y de vuelta a este maldito vicio de escribir. Ergo: amenazo con volver... Je.


martes, noviembre 30, 2004

Bum

Regresas de Vancouver. Tu conferencia fue un éxito rotundo. Hace frío. El aeropuerto de San Diego está repleto. Junto a ti pasa un hombre rubio, altísimo. A tus espaldas se escucha la voz de un niño: «Mami, ese señor huele bien raro», dice mientras jala del abrigo a una guapa mujer. Sonríes y piensas: «muy, jovencito, se dice: muy raro». Sigues con la mirada al extraño hombre. Suena tu celular. Es tu esposa. «No tuve con quien dejar a mis hijos», dice. «Please, toma un taxi, amor». Te molestas un poco porque no irá por ti. Cuelgas. Te das cuenta que el hombre alto se ha detenido justo en el centro de la sala. Parece nervioso. Marcas el teléfono de tu casa para preguntar si a tu mujer le apetece algo de La Trattoria, en la pequeña Italia. El hombre te observa fijamente. Sostienes la mirada y frunces el ceño. «Me acuerdo de tu cara, pero no sé de dónde», murmuras. «¿Aló?», se escucha la voz de tu mujer del otro lado del auricular. El hombre se abre el abrigo. Lo demás ocurre todo en el mismo instante, como si el tiempo se coagulara. Sin embargo, se impone tu lógica clasificadora, siempre mirando la vida en estancos: primero escuchas algo como un zumbido. Después sientes un calor insoportable. Luego, de golpe recuerdas dónde habías visto el rostro de aquél hombre. Finalmente, intentas gritar. Lo último que ves es un resplandor blanquísimo. Bum. You are dead. As everyone else in town. By the way, it was nuclear. The first portable. American Made. And we are proud of it.


Relato enviado a Hipertextos

miércoles, noviembre 24, 2004

Por fin...

Un quiz que sí me interesa...

If i was a serial killer i would be Jack the Ripper.










Jack the RIpper's murders are still unsolved.

Kill count: 5

Find what serial killer you would be, Take the Serial Killer Quiz now!


Jack the Ripper, by far the most notorious killer of all time. What would drive a man to kill 5 prostitutes, surgically mutilate the bodies, then stop, to never be heard from again? Most of the murders were pretty much the same, the victim had her throat cut and her abdomen exposed, the intestines were placed over her right shoulder and sometimes a kidney or even the heart had been removed.


jueves, noviembre 18, 2004

Trabajo de campo

Estas son algunas imágenes que documentan los recorridos de campo que estoy haciendo para un trabajo de mi escuelita (el ensayo versa acerca de las concepciones antropológicas de la pobreza). En cuanto tenga chance, espero darles un tratamiento digital, a ver qué resulta....










martes, noviembre 16, 2004

NaCo

Hace algunos años, a finales del siglo pasado, —siempre que me lo permitía la pesada vida monástica del becario mexicano— intoxicaba la nostalgia y el recuerdo recorriendo las librerías de viejo y las tiendas de discos usados en Hillcrest. Invariablemente iba armado de un gigantesco capuchino del Starbucks. Habría mucho qué decir acerca de los restaurantes, de los museos, de los parques de diversiones. Pero será en otra ocasión. El caso es que de cuando en cuando también me sentía atraído por los relucientes malls sandieguiños. En uno de tantos recorridos descubrí una little store llamada Hot Topic. La atmósfera de la tienda era oscura, muy parecida a la del Quinto Poder [ah, qué buenos recuerdos de ese lugarcito donde gastaba mis tardes preparatorianas, en la capital jalisciense]. En la Hot Topic había infinidad de artículos para que el pseudo-roquer [como yo] fuera quitándose un poco lo pseudo y quedándose nada más con lo roquer: anillos, colguijes, horror comics, botas militares, doc marteens, tatuajes falsos, g-strings, boxers… En fin, toda una imaginería para el wannabe. Honestamente, valía la pena la visita sólo para cotorrear con las dependientas, invariablemente llenas de piercings y tatuajes por todas partes [literalmente, me consta].
Pues bien, en uno de esos extraños días en que todo parece confabular para que las cosas salgan bien, yo traía treinta dólares en la bolsa [lateral de mi pantalón cargo, of course] y por casualidad “descubrí”, oculta en el fondo de un estante, una T-Shirt que tenía un pequeño letrerito que decía: “I can’t sleep, clowns will eat me”. Luego encontré otra que rezaba “I feel much better now that I’ve lost all hope”. La primera condensaba el horror que desde siempre les he tenido a los payasos. La segunda describía perfectamente el estado de ánimo que me atravesaba en esa época. Compré ambas playeras [junto con una preciosa figura demoníaca hecha por McFarland toys, de medio metro de altura]. Con el tiempo me hice de una colección de T-Shirts con mensajitos en la parte frontal, negras aquéllas, ácidos éstos (i. e. “Why do people with closed minds always opens their mouths?”). Mi pequeña colección de camisetas redundaría, un lustro después, en una divertidísima fiesta de cumpleaños. Pero esa historia la contaré otro día. Hoy baste con decir que mucha gente se sentía agredida por mi vestimenta. Entre ellos mis profesores, que no entendían cómo un tipo con mis fachas (vans, pantalones cargo, camisetas negras, nada fuera de lo normal), en una institución de excelencia académica, etcétera. Yo, por mi parte, me regocijaba con la bilis de los otros. Era todo un contento. Luego, hace no mucho, en una entrega de premios MTV, los de Molotov hicieron su aparición vistiendo unas camisetas que decían: “Frijolero”, “Na/Co” y cosas por el estilo. La primera impresión que tuve fue bastante grata. Pensé en las posibilidades de resemantización de aquello que constituye la cultura popular mexicana. “Ojalá y pronto se popularicen esas ideas” —pensé—.Tiempo después, me enteré que alguien en Tijuana era el artífice de lo anterior.
Ja. Hay un proverbio que advierte: “cuidado con lo que deseas, porque puede hacerse realidad”. Hoy, parece que todo el mundo tiene una camiseta de esas. Lo que al principio me parecía una buena idea resultó no serlo tanto. Con la proliferación de este tipo de T-Shirts se ha ido “desafilando” el sentido “incendiario” que alguna vez pudieran haber tenido. Está ocurriendo lo que le pasó a la imagen del Che: al ingresar en el mainstream de la mano de Furor, el contenido ideológico de la figura de Guevara se ha ido diluyendo. Es innegable que la línea NaCo tiene diseños excelentes, ideas frescas y originales. Por ejemplo, la simbiosis que se hace de la imagen del Che con el rostro de Cepillín es un ejercicio deconstructivo que a mi parecer raya en lo genial. También es innegable que la cultura popular mexicana ofrece un vastísimo campo para resemantizar y constituir referentes identitarios de, por ejemplo, las formas que adquiere aquello que es ser joven. Sin embargo, lo que en principio parecían formas significativas de reivindicación de lo mexicano [el hecho de que Molotov apareciese en un foro gringo-agringado con camisetas que decían “Frijolero”, resulta bastante ilustrativo. Y esto no lo digo sólo yo, está apoyado en el giro reivindicativo que se deriva de la Queer theory y los estudios post-feministas de Buttler] se ha vulgarizado y pervertido con mensajes del tipo: “Mi vieja me pega”. ¿Esta falta de originalidad se relacionará con el hecho de que los mexicanos leamos menos de un libro al año? ¿O de plano las mencionadas camisetas son un destello de genialidad que no alcanzo a comprender? No sé. Llámenme malinchista o conservador. Tal vez sea que estoy entrando en la vejez. Pero si se trata de camisetas con mensajitos, yo preferiré, siempre, aquella dice “I’m not good enough to have self esteem” sobre la que reza “Qué guapo amanecí hoy, me cae”. Me cae que sí.

viernes, noviembre 12, 2004

Elevador

Parece que ya se atascó este cachivache. Señorita, ¿sería tan amable de presionar el botón

[rojo, míralo que chapeteadote, no puedo creer que se haya puesto así por mí, está todo apenado el pobrecito cura, que por cierto no está nada mal, ¿realmente será
[virgen santa, mira nada más que escote trae esta mujer, no deja nada a la imaginación, quien lo fuera a pensar, de seguro es una
[puta, que bueno que la alarma ya está sonando, ya me anda de las aguas, ojalá vengan a sacarnos de
[aquí huele muy raro, debe ser el perfume dulzón de esta muchacha, me marea, de veras que se ve muy
[fuerte y viril el curita, eh, será muy sacerdote pero bien que me está desvistiendo con la mirada, que no se haga pedazos, si también se le ha de
[parar este maldito elevador, y con la prisa que tengo, no se me vaya a enojar la clienta. Eso de ser chippendale es un trabajo duro. Y todavía me hacen que me ponga esta pinche sotana, viejas pervertidas…]
Vaya, esto se tardó en funcionar menos de lo que pensé. Al piso tres, señorita, por favor. ¿Ah, también usted se baja ahí? Mire que coincidencia, jamás lo hubiera imaginado.


Relato enviado a Hipertextos

miércoles, noviembre 10, 2004

To B.

Entras con la ceja alzada, regalando tu mirada de dominamundos. Hablas con tanta suficiencia y seguridad que apabullas. Lástima: dices cosas tan huecas que sólo eres un mísero cascarón vacío.

Puag!

miércoles, noviembre 03, 2004

Felicidades...

...a Georgie. Y a todos los que votaron por el. No cabe duda que cada quien tiene el gobierno que se merece. Ya nos tocará a nosotros en el 2006. Ja.

lunes, noviembre 01, 2004

Que los cumplas feliz!!



Besos y abrazos muchos (al ratito)...

jueves, octubre 28, 2004

Bluesy

Es tarde y llueve otra vez, hora absurda; lluvia oblicua. Intento escribir pero la página en blanco no cede. En la ventana, las gotas dejan rastros que destellan a trasluz de esta vela. Estoy metido hasta el hartazgo en este viernes, rodeado de libros y apuntes. Afuera la humedad es diluviana. Adentro todo está cubierto de una inenarrable y seca vetustez. En ocasiones como esta no hay más salida que encender un cigarrillo y beberse los restos de la noche. Pero hace tanto que dejé de fumar. Quizá Benny Goodman me rescatase un poco. Aunque sin electricidad, eso es un afán inútil. Además, no hay Mad House que mitigue las soledades, ni Get Happy que palie las melancolías. Mejor que venga Armstrong con su St. James Infirmary para terminar de una vez. ¿Un vaso de vino? Habría que ir hasta la cavita. Pero no, mejor no: ya llevo dos botellas, y dicen que tres es multitud. Además, tocan a la puerta. ¿Haré espacio en el colchón, por si es la soledad que regresa acompañada? Probablemente es el viento y nada más. La página en blanco persiste y hoy toda inspiración es una ficción de funestas filias y fatales fobias. Cómo quisiera poder escribir los versos más tristes esta noche. Pero no soy nada. Nunca seré Nada. No puedo querer ser nada. [Pessoa, Neruda, Poe, Chaves. Impensables poetas malditos].


Texto enviado a Hipertextos. He de haclarar que hice un poco de trampa: tomé halgo que ya había hescrito y lo hadapté a los requerimientos del hejercicio.

martes, octubre 26, 2004

Portadas

Estoy tratando de diseñar algunas portadas para el demo de una banda de Death Metal (donde toco la guitarra). Van dos propuestas iniciales. Se aceptan sugerencias.




sábado, octubre 23, 2004

[Sigo buscando] post-literaturas

Hace unos días insistía en la necesidad [totalmente personal] de buscar elementos para ir prefigurando una pos-literatura [o quizá para una literatura del post —como bien me lo señalaba el estimado H. Bloggart—]. Quizá esto sea una búsqueda inútil para alguien que, como yo, sólo ha leído dos o tres libros en su vida y que, de literatura sabe lo mismo que de esloveno. De cualquier modo, el esfuerzo, creo, vale la pena.


Una tendencia más o menos reciente de las ciencias sociales consiste en desvelar lo que antes era preciso desaparecer. Así, hoy hay que evidenciar tanto el papel de la (inter)subjetividad como las condiciones en las que se producen los resultados de las investigaciones. Ello, se supone, ayudará a comprender/comprehender y dimensionar los resultados obtenidos a partir de, por ejemplo, un análisis de los registros discursivos y las competencias del habla de los seres humanos. Antes, la ciencias tenían que seguir el método científico de corte naturalista/biologicista para eliminar cualquier influencia del investigador/científico en sus resultados. Así —se pensaba— era posible lograr un mínimo de objetividad y acercarse al descubrimiento de «leyes naturales» para la sociedad. De modo que el positivismo en las ciencias sociales puede equipararse a los cuadros de Corot, Millet, o incluso con los de Singleton: en ellos se pretendía «retratar» la realidad y presentarla «tal como ésta es». Ahora las cosas han cambiado [sólo un poco] y quien hace ciencia social puede recurrir, incluso, a las artes como una estrategia de investigación perfectamente válida. Hoy, tales ciencias son equiparables, por ejemplo, a un cuadro cubista [un Feininger, quizá un Villon o un Malevich] en el que inciden diversas perspectivas a un mismo tiempo. De esta forma, puede decirse que las investigaciones no terminan con la presentación de los resultados, sino que interpelan a los mismo sujetos que se investiga, generando matrices recursivas que, etcétera.
Pues bien, haciendo malabares con las analogías, creo que en esta tendencias de las ciencias sociales actuales pueden encontrarse vías para enriquecer la búsqueda de una post-literatura. El desplazamiento hacia la subjetividad y el descentramiento de los núcleos probelmáticos tradicionales constituyen, a mi modo de ver, potentes llaves para explorar otros zaguanes. Una de las claves para llevar a cabo lo anterior puede encontrarse en el capítulo 125 de Rayuela. Quizá no es el mejor ejemplo, ni el texto más acabado que existe al respecto. Seguramente habrá otros documentos con mayor capacidad explicativa que el capitulito cortazariano al que refiero. No obstante, la virtud de Cortázar consiste en presentarnos, a manera de contenido, un ejercicio mediante el que ha ido construyendo a su personaje. Al integrar al texto novelesco lo que usualmente se quedaba en los archivos del autor, en dicho capítulo Cortázar pone de relieve una especie de te(rr)orizar, desde la literatura, acerca de la literatura. La manera en que éste desgrana a su personaje [asumo que habla de Oliveira] muestra, de forma clara, las entrañas del proceso creativo. Acompañar una novela de los elementos que permitieron crearla implica un leve dejo de sabotaje de ciertos cánones. Leer el 125 de Rayuela se convierte en un acto de «destrucción creativa» —Schumpeter dixit—, ya que es casi como presenciar una autopsia y un nacimiento a la vez: el cadáver de la literatura aún está tibio, y de la mano del mencionado autor va naciendo, aún informe y peluda, una posible vía para explorar literaturas distintas. Así, —como dice no recuerdo quién— decidir entre escribir un punto o una coma (o el punto y coma, que es lo mejor de ambos mundos) no es sólo cuestión de forma. Esto se trasmina hacia el resto de los argumentos, marca los ritmos, define las instancias [de la creación post-literaria]. Pero hay riesgos grandes: en la medida en la que la forma se infiltra en el fondo, existe el peligro de que, al final de cuentas, quedemos [en tanto autores] con un palmo de narices ante la astucia del lector o lectora que decide cambiar la hoja ante tanto despotismo pseudo ilustrado.
Otra estrategia [algo así como Cortázar meets Eco] para buscar nuevas vías para la literatura se plantea en la creación de una novela acerca de hacer una novela. Esto se puede extender ad infinitum [hacer una novela acerca de hacer una novela que versa acerca de hacer una novela que habla acerca de hacer una novela, hacer, una novela, etc.). Solo que habría que enfrentarse a inmejorables textos que han seguido tal vía (i. e. el protagonista principal de El nombre de la rosa es un libro). De cualquier modo, más que un obstáculo o una limitación, lo anterior constituye un aliciente. Ello propone un desafío que incita a explorar las resonancias y las evocaciones, los modos en los que la literatura, por ejemplo, se convierte en una matriz cognitiva, en un abrevadero, en un doble opuesto de la vida misma. Creo que es este carácter de paralelismo dopelgangero el que hace interesante —y necesaria— una post-literatura. Pero hay otros problemas que devienen retos. Por ejemplo, la estética tradicional de la novela lleva en sí una especie de coherencia, de extensión amplia, de ligaciones y reticulados que la dan cierta corporeidad al texto. De esta manera, la novela tradicional se vincula entre sí, se apoya en sus andamiajes de realidad y continuidad, formando un edificio con las ventanas bien situadas para que entren el aire y la luz. Atentar contra esa ortodoxia implica meter, en dicho edificio —a fuerza de subversiones— , elevadores que nunca se detengan en el onceavo piso y nadie sepa por qué; puertas giratorias que no conduzcan a ninguna parte; escaleras de agua y pasamanos electrificados. Pero ojo, la post-literatura es más bien un juego de palabras que tiende a reificarse y convertirse en aquello que se critica. En fin, hacer post-literatura implica fragmentar la literatura bonita, afearla y mostrarla como el ejercicio visceral que es: espejo roto, pintura abstracta formada a partir de piezas sueltas, tomadas de collages anteriores y puestas como imanes en el refrigerador. Así, si se tiene suerte —como piensa Morelli—, quizá algún día los fragmentos lleguen a coagularse en algo menos horrendo que lo que se tenía al principio. A lo mejor descubrimos que la post-literatura proviene del próximo disco de Tool o de Mogwai. Tal vez —y esto va para los del terruño— la mejor expresión de la post-literatura está colgada en el Museo de Arte de Zapopan (cuadro en material reticulado, verde tipo Matrix, horas contemplándolo, idiotizado).

Si yo tuviera un granito de talento, ya le estaría dando. Je.


PD
Ando urgido: Tengo encima tres ensayos y necesito sugerencias. El primero versa sobre las resonancias del medievo hispánico en la conquista de la Nueva Galicia; el segundo requiere poner en relación las ideas de ciudadanía y globalización (lo estoy titulando "Los nuevos movimientos sociales: entre el futurismo de The Matrix y la guerra de guerrillas de Fight Club") y; el tercero es acerca de una necesaria redefinición de la pobreza desde un punto de vista antropológico (obviamente, sin caer en la tosca ingenuidad de Lewis y su cultura de la pobreza. Ah, postearé algunas fotos del trabajo de campo...). Se aceptan sugerencias bibliográficas y temáticas. Thanks.

lunes, octubre 18, 2004

Se buscan...

...elementos para una (post)literatura:

1. El escritor como un espía [del poder, de la vida cotidiana].
2. ¿El interés por el otro?: pensar al ser humano como centro. Sólo para excentrarlo de la manera más deconstructiva posible.
3. A Bosch-like world: monstruos coexistiendo con seres «normales»... ¿pero cuál es cuál?
4. Encajar en en el desencanto
5. Calzar en el espacio producido por la propia ausencia de sí.
6. Hacer patente (en cada párrafo, en cada línea) la molesta presencia de quien escribe.
5. Despotricar con ton y son.

viernes, octubre 15, 2004

Biografía(s)

Damián es mi mejor amigo. Lo conozco desde que éramos pequeños. Entonces yo llenaba mis soledades infantiles de hijo único prendiéndole fuego a los juguetes que me regalaba mamá [era fascinante cómo las hormigas huían para evitar el plástico derretido sobre sus lomos]. Pero cuando Damián llegó ya nunca más estuve solo. Hacíamos todo juntos: íbamos a la escuela, jugábamos por las tardes, conversábamos tirados de panza en el césped. Fuimos creciendo, siempre juntos. Aunque hubo un tiempo —cuando ingresé en la secundaria— en el que casi no lo veía. En aquél entonces me hice de otros amigos, y Damián se distanció un poco. Luego, ya en la preparatoria, su presencia se hizo más frecuente. Sólo que ahora Damián era alguien más violento: ya no le bastaba reventar mininos a base de alka seltzer. Ahora agredía personas. A mí eso no me gustaba de él. Tampoco entendía el porque de tanta furia contra el mundo. Pero Damián es mi amigo y lo acepto así [él siempre ha estado ahí, y yo le debo tanto]. Es muy inteligente, y siempre se había salido con la suya. Hasta que se le pasó la mano con aquella señora [creo que se llamaba Esther y era cajera del minimarket de la esquina]. Terminó por matarla a golpes. Nadie me cree que fue él. Los médicos dicen que Damián vive sólo en mi mente, e insisten en tenerme aquí, encerrado, atado. Mamá opina igual. Tontos. Piensan que me tomo la medicina que me dan, pero no tienen idea. Ups, creo que logré zafarme un poco. Sí, mi mano está libre. Qué bueno, porque ahí viene la lindísima enfermera con esas chistosas pastillitas azules. Se parece tanto a mamá. Le sonreímos.



Una versión resumida de este texto se envió a Hipertextos

martes, octubre 12, 2004

A-diós, maese Derrida...

Qué mejor metáfora de tu partida que tu imagen plasmada en una maleta.

Hasta pronto.



La imagen es de troutball.com

domingo, octubre 10, 2004

Damián

«Damián». [Te] escuchas [decir] tu nombre [o crees que escuchas tu nombre]. «Damián Olache». Tu voz inunda la habitación. Nombrar[se] frente al espejo en el que el mundo es una repetición diestra. Contemplarse. Descubrirse un poco detrás de aquella figura. Hermanarse con aquel que (te) observa desde el otro lado. Mirar al espejo y ver a Damián. Alto. Robusto. Damián es Damián. Penetrar en aquel mundo repetido, mirar(se) en aquel mundo, estar allá pero también aquí, de este otro lado, guiñar un ojo y ver cómo aquél doble repite la operación, casi como un títere sin hilos (¿pero realmente él será el títere?), encajando calculadamente en el molde, haciendo parecer que todo está bien. Y tú Damián, esperando siempre que aquel dopleganger te desobedezca para saber que ya, que sí, que entonces sí, que todo era correcto, que ¿no? estabas loco (¿que no estabas loco?). Pero hoy toda esperanza es una ficción. Hoy aquel otro que eres tú mismo, figura enigmática, de negro siempre [de luto por la vida, hasta que te enteraste que García Ponce, que H. R. Giger, etcétera], repetido en el espejo, obediente, sigue[s] tus movimientos como una sombra patética, como una sospecha de la escisión, fiel marioneta que habita en un mundo invertido. Damián oscuro. Despeinado. Damián y su miopía fingida detrás de esos lentes de armazón de titanio. Damián y sus botas de minero. Damián y sus pulseras de cuero. Damián y sus libros. Damián y Olache. Damián. Damián mirando al abismo. Damián solo. Sólo Damián. Sólo Damián solo. Damián.


—«Yo soy así porque puedo», —murmuró el del espejo.
—«Hoy los espejos no son de fiar», —pensó Damián.

sábado, octubre 09, 2004

Ayer




Ayer, cerca de casa...

miércoles, octubre 06, 2004

Rutinas

Tras un par de horas de sueño, me levanto, a diario, a las cinco treinta de la mañana. Disciplina autoimpuesta a fuerza de insomnios crónicos, personalidades múltiples y café [lo tomaré negro; yo también, gracias]. Leo. A veces menos de lo que debería. A veces, también, escribo. Luego, de la mano de la rutina llegan la ducha, el desayuno, la ropa limpia, la mano sobre la perilla de la puerta y ni modo, tras un suspiro, a encajar en el molde. Los días transcurren marcados por el signo de lo conocido: primero entrar en el mundo, caminar hacia el callejón arbolado, doblar a la izquierda en la esquina, abordar el autobús. Cobijado por el malva del atardecer, deshago lo andado y vuelta a empezar. Bah. Falsa normalidad, desierto que aviva una persistente y terrible sed de trashumancia. Quisiera que esto fuese solo una idea difusa, algo que se rumia una y otra vez con ansia, como para aplazar cualquier descentramiento. Pero no es sino un deseo inútil, el falaz ocultamiento de un nómada sometido a golpe de sedentarismos. Sin embargo, hoy me di cuenta: estoy aquí, es cierto. Aunque hace tiempo que me he ido.

martes, octubre 05, 2004

Minino

Otra vez me he quedado desierto de letras. Por eso me he puesto a hacer "dibujitos". Je.

jueves, septiembre 30, 2004

Cumpleaños

Al entrar en la casa, a Fátima le costó un poco de trabajo acostumbrarse a la escasa iluminación. Estaba cansada y le dolía la cabeza. Pero era un día especial e intuía una sorpresa por parte del idiota de Orfeo. Y por supuesto, de la incansable Triana. Los quería, sí, pero… «Sorpresa, mi vida», se escuchó desde el fondo de la sala. Cuando la mirada de Fátima se ajustó a la penumbra, aquella escena le llegó como un golpe de viento cálido y sintió, después, algo como un vértigo que le atravesaba el cuerpo. Orfeo la miraba tranquilo, desde su sillón favorito, tan normal, tan sereno y mediocre como siempre. La única diferencia en él era el revolver que se había metido entre los dientes. Lo primero que sintió Fátima fue un pasmoso desconcierto. Luego, su rostro se transformó en una mueca horrible al descubrir que Triana, la hija de ambos, su pequeñita, yacía en la alfombra con un tajo en la garganta. Al ver el letrero en la pared, escrito con la sangre de la niña [«feliz cumpleaños, puta»], quiso gritar, huir, abalanzarse sobre Orfeo. Pero le fue imposible: estaba paralizada. Luego bang, un destello, hedor a pólvora, un agudo silbido en los oídos. Fátima temblaba. Sin apartar la vista del rastro púrpura que manchaba el sillón, se acercó y tomó el arma [¿Entonces sabías de lo mío con Irene, Orfeo?]. Cogió de la mesita una de las polaroid donde aparecía desnuda. Miró una vez más a Triana. «Feliz cumpleaños a mí», dijo —sin llorar casi— justo antes de jalar del gatillo.


Relato enviado a hipertextos.blogspot.com

domingo, septiembre 26, 2004

Opened

La poesía siempre sucede en ámbitos que me son muy lejanos. Quiero decir que yo no soy poeta, pues. Si acaso, he escrito (mejor dicho, he intentado escribir) siete u ocho versillos en toda mi vida. Aclarado lo anterior... va.

filo herrumbroso
certero redentor
deslizándote lento
tiñendo de púrpura
todo con tu rastro
de caracol perverso

eres óbolo místico
para un Caronte incierto
Tueris frente a Hel
Seker ante Akma
Ixtab bendita
o ingenua Bhadrakali

surcos abiertos
en diagonales pares
que me destilan lento
una gota cae, otra
bienvenido el sueño
por fin, opened

viernes, septiembre 24, 2004

Bluesy

Es tarde y llueve otra vez [hora absurda; lluvia oblicua]. Intento escribir pero la página en blanco no cede ni un ápice. Nina Simone, Ella Fitzgerald y Billie Holliday suenan quedito, allá en el fondo, como haciéndome compañía. El eco de sus voces se entreteje con el leve golpeteo que resbala por la suciedad de las ventanas. Las gotas dejan rastros de agua como lágrimas que brillan un poco a trasluz. Epítome idiota; metáfora inútil. Estoy metido hasta el hartazgo en este viernes, rodeado de libros y papeles, de apuntes fragmentarios como rompecabezas incompletos. Incompletud, bonita palabra. Afuera la humedad diluviana. Adentro todo está seco, desértico, cubierto de una inenarrable vetustez, lleno del polvo del tiempo perdido. Incluido yo. No cabe duda: en ocasiones como ésta no hay más salida que encender un cigarrillo, hacer figuras de humo en el aire y beberse los restos de la noche. Pero hace tanto que dejé de fumar. Además, a ratos, la ingenuidad de Benny Goodman me rescata un poco de este infeliz trashumar imaginario. Pero de cualquier modo sé que es un afán inútil: no hay Mad House que mitigue las soledades, ni Get Happy que palie las melancolías. Mejor que venga Louis Armstrong y su St. James Infirmary para terminar de una vez por todas. ¿El vino? [le contesto a una de las voces en mi cabeza]. Nah. Del vino sólo quedan pistas de la blanca redondez que ha dejado el vaso en la madera del escritorio. Quizá sería buena idea levantarse, ir hasta la cavita, abrir una botella más y escanciar un poco. Pero no, mejor no: dicen que tres ya es multitud y yo hoy elijo Soledad. Así, con mayúscula. Además, la página en blanco persiste y hoy toda inspiración es una falacia, una ficción de funestas filias y fatales fobias. Cómo quisiera poder escribir los versos más tristes esta noche. Pero no soy nada. Nunca seré Nada. No puedo querer ser nada. Maldito Pessoa. Maldito Neruda. Impensables poetas malditos.

miércoles, septiembre 22, 2004

Aberratio delicti


Justice is lost/Justice is raped/Justice is gone
/Pulling your strings/Justice is done
/Seeking no truth/Winning is all
/Find it so grim/So true/So real

James Hetfield

Se me queman los dedos (as in se me cuecen las habas) por escribir y escribir y escribir acerca del caso Trevi (i. e. los medios y su falso y sesgado pseudo papel de cuarto poder, y otras tantas tontas aristas analíticas). Afortunadamente para l@s dos o tres lect@res que aún circulan por aquí, el trabajo de campo y los ensayos se me han venido encima, por lo que [inusualmente] seré breve. Así, no cabe duda que nuestro amadísimo país está a la vanguardia en materia de Justicia. ¿Por qué?, pues porque aquí, más allá de toda discusión filosófica, ética o moral, la justicia cumple con el antiquísimo precepto de ser verdaderamente ciega: Gloria Trevi ya está libre; segurito que le sigue Raúl Salinas... recordemos que la apelación de éste está por hacerse efectiva, y creo que vamos ser testigos de algo sorpresivo con respecto al caso del hermano incómodo [ojalá me equivoque]. Caray, ante la impunidad total, el animus delinquendi resulta casi irresistible [ahora parece que uno puede pervertir y esclavizar a menores, o hacerse inmensamente rico a base de influencias, y salir inmaculado del proceso]. Me siento como Alicia: en el país de las maravillas. Sólo que ahora el gato de Chessire usa botas. Ja.


La imagen es de Paul Biddle [at] paulbiddle.com

Be aware...

El más antiguo de mis amores toca a la puerta: cuídense algunos, parece que, a pesar de que los signos digan todo lo contrario, Azevrec [el mejor de los nuevos dioses] aún respira.

martes, septiembre 21, 2004

Cada noche es una afirmación de la vida y una confirmación de la muerte...

viernes, septiembre 17, 2004

Tri-cágo-lo (o 3, 2, 1)

Las tres grandes máximas para convertirse en un buen escritor son dos: leer...

[desaforada e indiscriminadamente hasta convertirse en una «máquina devoradora de libros» —as Marx once dixit—]

PD
Ah, también resulta útil escribir de vez en cuando...

Texto enviado a hipertextos.blogspot.com

miércoles, septiembre 15, 2004

Farenheit 9/11

Por fin, después de un largo y resfriado fin de semana, ayer tuve oportunidad de ir al cine (hubiera querido ver Novo el viernes, pero la gripe me lo impidió). Como podrán imaginarse [sobre todo los dos o tres lector@s que me conocen], estaba indeciso entre Alien contra Depredador y Farenheit 9/11 (al fin y al cabo, intuía que ambas versarían acerca de lo mismo: «…gane quien gane, nosotros perdemos»). Por lo tanto, dejé la salomónica decisión en manos de LaClau. Así, a pesar de mi resistencia, entramos a la sala seis [una vez más pido disculpas por mis carcajadas a los que tuvieron la desgracia de asistir a la función de diecinueve cuarenta y cinco en los Lumiere de acueducto], donde proyectaban Farenheit 9/11 (sí, soy el naco que quería ver a Alien. Lo siento, pero en el mundillo deathmetalero de mi época, cuando yo era un rockstarcillo, había un cierto fetiche por H. R. Giger. Además, Adam Jones de Tool ayudó en el diseño de la dichosa figurita, so…). Aclaro que aún no sé si me gustó lo que vi. En lo que sigue trataré de explicar por qué.

Primero lo primero. Justo a la entrada de la sala había un cartel/fotomontaje en el que es posible observar a Moore tomado de la mano de Bush. Ambos están sonrientes y parecen ser los mejores amigos: caminan por un bonito y amplio jardín, teniendo como fondo un cielo tranquilo y azul y la Casa Blanca. La primera (y evidente) lectura que se deriva de lo anterior indica que el autor del filme está sacando a Bush de la Casa Blanca. Pero insisto, esta es la lectura que se impone. Puede haber otras, como veremos más adelante.

Con respecto al documental en sí, puedo decir que éste cumple con creces con su objetivo: poner en evidencia la soberana estupidez de Bush. En este sentido, uno de los momentos de mayor sublimación, a mi modo de ver, es aquella escena en la que le avisan al presidente de la nación más poderosa del mundo que ésta está siendo atacada. Ante tal aviso (frente a bunch of kids), el pobre señor se queda sin idea alguna, con la mente en blanco, en la baba, pues. Sólo le faltaban unas orejitas de burro para completar el cuadro. Luego de casi diez minutos de «ausencia» (no se explicarme mejor), Bush toma un librito de recortes, lo hojea, y, finalmente, para recuperar la mirada perdida, decide poner atención a la canción entonada por los párvulos que tiene enfrente. En fin, no quiero contar la trama, ni tengo nada que objetar con respecto a la hechura del documental. Me parece redondo en cuanto a forma y contenido y merece todos los premios que la hayan dado y los que le vayan a dar. Vayan a verla.

Lo que sí, es que al salir de la sala, y luego de burlarme un poco de la señora que a dos butacas de distancia de la mía intentaba disimular el llanto, sentí una desazón que no me permitía juzgar si en realidad el documental me había gustado, o no. Como era previsible, todos mis sentimientos antiyanqui se removieron a más no poder (sentimientos que en realidad no son muchos: me calzo con botas de la American Eagle, mis pantalones son Levi´s u Old Navy, mis T-shirts preferidas son las de letreritos de la HotTopic, utilizo el Hotmail y busco en Google, so, I´m the biggest hypocrite). Hasta me acordé de una conferencia que dio en mi escuelita la coordinadora en México de la campaña de John Kerry y hasta ganas de ser demócrata me entraron (aunque, pensándolo bien, históricamente, quizá desde antes de 1848, la facción demócrata ha sido la que más nos ha fregado ¿qué no?). Ya he mencionado el detalle del cartel a la entrada de la sala. Quizá esto pudiera ser insignificante, aunque creo que también puede ser una clave para acceder a otra lectura [más perversa y literal] del laureado documental: la de que, en última instancia, Moore no está sacando a Bush de la Casa Blanca. Más bien es Bush, sonriente, quien, después de haber ganado las elecciones, conduce a Moore lejos de su vista. Aclaro que ni por equivocación quiero decir que ese sea el objetivo de Moore (la lectura retorcida del cartel es totalmente mía). Más bien, pareciera que ello es un resultado inesperado de sus acciones, o sea, que a Moore se le voltió el chirrión por el palito [cosa no poco frecuente en el hacer humano: por ello las ciencias sociales son incapaces de convertirse en ciencia predictiva].

Para sustentar lo anterior recurro al primer post que pegotee en este blog. En aquél señalaba que siempre es necesario recordar que aún la acción más subversiva puede estar legitimando un orden: aquellos que se piensan radicales, contraculturales, marginales, fuera del sistema, etc., tal vez sólo estén reforzando las dinámicas de una arena [política] institucionalmente reificada y anquilosada. En este sentido, cabría preguntarse en qué medida Moore está cumpliendo con su objetivo inicial: sacar a Bush de la presidencia, o en qué medida está, más bien, contribuyendo a movilizar fuerzas para cimentar en mayor medida su reelección. Digo, si Bush ya una vez uso el monstruoso aparato gubernamental para ganar las elecciones anteriores (como ya bien lo puso de relieve Moore en su documental) ¿no es posible que lo haga otra vez? ¿Acaso no podría estar generando [Moore] con su hacer una reacción masiva del ala ultraconservadora que, en última instancia es la que ostenta el poder (i. e. New American Century)? (Véase por ejemplo una contribución mía en el site de ApistemA, titulada: «Cuando el destino (manifiesto) nos alcance»).

Basta recordar que faltan alrededor de seis o siete semanas para que se lleven a cabo las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Recordemos también que Moore renunció al Oscar cuando decidió transmitir su documental en la televisión nacional gringa. Si por algún extraño mecanismo, el mencionado documental está provocando una reacción inversa a la que buscaba originalmente…uf, uf y recontrauf. Si no estoy mal enterado, algunas encuestas realizadas por medios tales como Los Angeles Times, The Economist, The Washington Post Gallup y otros, demuestran, de entrada, que hoy día Bush tiene más posibilidades que Kerry en la carrera para llegar al trono del imperio. De hecho a este último (a Kerry, no al Imperio) se le ve desencajado, con el ánimo un poco perdido, demasiado solemne. Mientras Bush se nota jovial y alegre, como sintiéndose ya con el reinado en el bolsillo. Imaginen si Bush (el presidente de la guerra —como el mismo se autonombra—) se reelige: es casi seguro que los próximos objetivos de su peculiar política exterior podrían ser Irán y Corea del Norte. Pero éste último no es cualquier cosa y segurito que sí le enseña los dientes al Imperio (ingenuos Hardt y Negri). En este sentido, el panorama se vislumbra bastante turbio: más coaliciones por la paz; el derecho internacional violado; la ONU vituperada como payaso de rodeo; cientos y cientos de civiles y marines muertos; torturas como las de Abu Ghraib, y una larga lista de etcéteras. Como decía al principio: aún no he visto la de Alien vs Depredador, pero parece que su eslogan condensa lo que se avecina: «gane quien gane, nosotros perdemos». Terror begat terror. Una vez más, Zizek aludiendo a The Matrix ofrece una buena coda para cerrar este post: Welcome to the Desert of the Real….

martes, septiembre 14, 2004

"Das viele Lesen hat uns eine gelehrte Barbarei zugezogen"


Georg Christoph Lichtenberg

Ir o no ir: he ahí el dilema...

lunes, septiembre 06, 2004

Amor

«De esas pulgas no brincan en tu petate, Panzón» —decían todos cuando me sorprendían espiándote. «Esa es una puta de las caras, y tú no eres más que un bicho insignificante. Mírate en el espejo, pinche nerd: ¡pareces un sapo!». Se burlaban tanto de mí sólo porque te amaba (no eras una obsesión: yo te amaba de verdad). No entendían, no veían más allá de la miope inmediatez de su vida de misa dominical y de reuniones moralinas en casa de la abuela. No comprendían que, en el fondo, lejos de todo ese aparente glamour (eras como un misterio con tus zapatos a veces rojos, a veces azules), fuera o por detrás de la belleza inmensa que te elevaba sobre todos nosotros, pinches nacos de barrio, tú eras otra cosa: una especie de perversa virginal cuyas miradas sucias provenían de los ojos más bellos sobre la tierra. Lo siento, no lo puedo explicar mejor. No imaginaban que por eso mismo que ellos llamaban putería (y que para mí era la esencia de tu encanto) tú eras capaz de fijarte en un pobre idiota como yo. Yo sabía que por dentro (y ahora lo sé de cierto) eras buena, dulce, casi un ángel. Es verdad que a diario me hacías sentir como si no existiera, como si fuera un fantasma. Me aniquilabas con tu indiferencia. Hasta hoy. Ahora estás recostada en mi cama, envuelta en una dulce calidez casi pegajosa. Mientras beso el tatuaje en tu tobillo —y recorro con el índice este otro que recién descubrí en tu espalda— confirmo que ambos contrastan deliciosamente con el halo de inocencia que enmarca tu rostro. Me costó un poco de trabajo saber que realmente eras bellísima por dentro (mis manos son muy torpes, lo siento). Carajo, cómo me gustaría poder romper este inútil monólogo y que me escucharas. Pero necesitaría levantarme, separarme de ti e ir a sacar tu cabeza del refrigerador. Y la verdad es que se está tan bien aquí a tu lado (la sangre aún está tan gratamente tibia), que…

miércoles, septiembre 01, 2004

"Permítame, Sr. Presidente"


"el primer acto es un hombre desnudo.
una explosión colectiva de risa
atrae la mirada del reflector.
la gradería está repleta:

de payasos"

Luis Chaves. Espejos (fragmento)


Era de esperarse. El 4º informe del estado que guarda la administración pública de México fue un circo divertidamente estupendo. Y creo que el verso del poema de Chaves con que se abre este texto condensa, en buena medida, la lógica mandibulinesca en la que se vio [y se ha visto] inmerso nuestro querido Presichente (para quienes debido a su juventud no lo recuerdan, Mandibulín era un personaje surgido de la retorcida mente del dúo dinámico compuesto por Hanna-Barbera. El monigote en cuestión era un gigantesco tiburón blanco que tenía una terrible voz aflautada y se regía casi siempre por una cobardía absurda. Su frase favorita era: «ya nadie me respeta». Resuena ¿verdad?). Luego de la toma de postura de las [seis] distintas bancadas partidistas, fuimos testigos de cómo una Comisión de Cortesía literalmente «arreaba» a Vicente hasta el recinto del Congreso en San Lázaro: parecía que el presidente intuía lo que iba a suceder unos minutos después, porque hasta se jaló una sillita y se puso a «comentar el punto» con la vistosa Comisión, como para «hacer tiempo». A lo mejor Vicente ni siquiera tenía ganas de ir.

Luego del lujoso trayecto minibusero que experimentó la caterva de cortesía, y con su entrada triunfal al recinto, Vicente tenía todo bajo control. Aplausos, saludos, abrazos. Todo al por mayor. Hasta la lluvia parecía haberse puesto de su lado [recordemos que buena parte de los últimos informes han estado pasados por agua]. Todo era como un eufemismo de aquella pantomima del 2 de julio del 2000: el triunfalismo hacía acto de presencia y poco a poco se transminaba al ánimo del pueblo. Pero no era más que eso: una pantomima. Como una metáfora de los cuatro años del (des)gobierno foxista, al subir Vicente al foro [quizá] más importante de la República, lo que se observó fue cómo su botuda gallardía se transformaba en la desdibujada figura de un presidente que parecía estar ausente, debilitado moral y físicamente [o desnudo, como lo anuncia el verso de Chaves]. Y se le notaba en la voz: no pasaron un par de frases sin que Fox trastabillara:

Comparezco ante esta Soberanía para cumplir la responsabilidad que señala el artículo 69 de nuestra Constitución, de rendir cuentas sobre el estado que guarda la administración pública del país. Hago entrega del Informe escrito y sus anexos, que detallan los resultados de este año de gestión. En este mensaje me referiré únicamente a los aspectos más relevantes( ejem, ejem). Al asumir la Presidencia de la República, incorporé a mi propuesta de gobierno las aspiraciones democráticas de la sociedad, profundizar en la democracia. El mandato ciudadano que recibí fue muy claro: avanzar en la construcción de un país que tuviera como ejes la independencia de los poderes y el fortalecimiento del orden jurídico (tragito de algo amarillento que, desde mi perspectiva, no era agua).


Y ¡zas!, comenzó la primera de 36 interrupciones (por lo menos esas fueron las que alcancé a contar). Desde gritos tales como: «Se ve, se siente, la patria no se vende», hasta «No al desafuero» o «López Obrador» [voz ante la cual Vicente no pudo reprimir una casi imperceptible mueca de algo como el asco], hasta improvisados carteles que ofrecían medalla de oro a la mentira más rápida. Total, hasta Manlio Fabio Beltrones, recién estrenado presidente de la Cámara, se dio el lujo de interrumpir autoritariamente al presi: «permítame, Sr. Presidente» —¡lo calló!, Ja . Rato después, no cabe duda que la gradería del recinto de San Lázaro no estaba llena más que de payasos. En fin, cabe aclarar que no quiero demeritar los logros [si es que hay alguno más o menos decente] del mandato de Fox. Tampoco quiero discutir [por lo menos hoy, porque tengo que terminar para la clase de mañana un libro que versa sobre Manuel Lozada y, para variar, no he ni siquiera comenzado a leerlo. Y lo peor es que lo escribió el profe, así que ni forma de sacarle al parche] acerca de la cercanía de los proyectos neoliberales a ultranza a los que nos han subsumido nuestros gobernantes, por lo menos desde Miguel de la Madrid. Menos aún discutir acerca del espejismo del cambio o de la reducción electoral/electorera de lo democrático… Lo que quería poner de relieve es la manera en la que la presidencia ha afectado a Vicente. Se le nota en el rostro, en la frente cada vez más amplia, en el apoquinamiento. Si no, fíjense en cómo el presichente se iba hundiendo, haciéndose chiquito en la silla del águila, cuando Fabio Beltrones le contestaba de manera durísima pero conciliadora, su reporte del estado que guarda la nación (aunque la frase se oiga muy gringa, así es. Hay que recordar que el informe es el marmotreto en sí que Fox entrega para que lo glosen. Lo que vimos hoy es sólo un reporte).

Sólo resta decir que lo que vimos este día por televisión nos muestra que el sexenio de Fox fue cortísimo y, según parece, terminó hoy, hoy, hoy. El veloz nerviosismo con el que acabó de dar lectura a su informe nos lo confirma: Fox desea terminar con todo esto y dedicarse a los negocios, a su rancho, y a vivir de la pensión vitalicia que le pagamos nosotros, los súbditos. Perdón, los ciudadanos mexicanos. Tanto la movilización del domingo pasado contra el desafuero de LO y las acusaciones que penden sobre Creel, como la patética demostración que nuestros legisladores exhibieron hoy en televisión nacional son indicadores de: 1. Que la disputa por la silla presidencial está, oficialmente, en marcha; 2. Que el horizonte se pinta cada vez más negro y con una grave ausencia de proyectos de nación (¿López Obrador y su izquierda terriblemente anacrónica y anquilosada? ¿Santiago Creel y la perpetuación de un proyecto neoliberal a ultranza? ¿Las megalomanías de Muñoz Ledo o de Castañeda? ¿Madrazo y el inicio de un nuevo porfiriato? ¿Slim? ¿De la Fuente? ¿Kawaghi?. ¿to PRI/PAN/PRD or not to PRI/PAN/PRD? That is the question. Chale ¿dónde está la democracia social, que es lo que verdaderamente necesita este país?

Pd.

Como nota al margen, desde mi perspectiva, [y que conste que no tengo filiación política] la única postura que además de criticar ofrecía propuestas interesantes [que siempre terminarán por estrellarse contra la sempiterna falta de presupuesto] provenía de la facción conformada por el PT (con una grandísima presencia de seis escaños). El PRI (224 curules) y el PAN (151) y el PRD (97), igualitos: jalando agua para su molino. Como dijeran Bobbio y Giddens: no cabe duda que cada vez más estamos más allá de la izquierda y la derecha. Ah, y Jesús Ortega me provocó un episodio de risa cuando, en pleno ataque a las corruptelas panistas y priístas, palideció ante el grito de «Bejarano, Bejarano». Ja. Hubiera resultado más divertido si Ortega pudiera haber contestado: «Creel, Creel», o «Madrazo, Madrazo». Total, la lista es larguísima. Y del muchachito imberbe del PV (17 curules) mejor ni digo nada (ahora resulta que se valen de argumentos zapatistas para… uhg). Aclaro que no alcancé a escuchar la postura de Convergencia (5), por lo que hasta mañana que lea los diarios tendré una opinión formada. Ah, lo olvidaba: ¿qué tan significativa puede ser la presencia de Emilio Azcarraga Jean en el contexto del informe? ¿Y la de López Obrador? En fin… El asunto se pone cada vez más interesante por que cada vez se torna en algo más soso, cual novela de Easton Ellis.